La noche caía en el castillo, Eve se dirigía hacia las mazmorras, se sentía angustiada, notaba que se acercaba algo, y tenía un mal presentimiento. Paró en frente del despacho de Snape, necesitaba centrarse antes de llamar a su puerta, recordó la última vez que estuvo allí y la actual situación con el profesor. Sabía que al entrar allí se convertiría, al instante, en la mujer más vulnerable del mundo, desnuda y sin nada que ocultar, eso, conllevaba una motivación extra, no tenía nada que perder. Si ese juego era lo que le divertía al profesor, ella jugaría con él, su orgullo se lo pedía a gritos y, por supuesto, no iba a rendirse ahora que le tocaba el turno. Se armo de valor y llamó.

– Señorita Riddle… ¿ansiosa por empezar?– dijo Snape con sarcasmo al verla cruzar la puerta.

– Esperaba acaso que no, profesor, ayer se lo deje muy claro, no.– dijo ella insinuante.

Snape no esperaba esa reacción, el juego era divertido si se obtenía el afecto deseado, y esa respuesta no era precisamente la que esperaba escuchar. Temiendo a que, por tercera vez, la mujer le dejara sin habla, abandonó el juego por un instante y desvió la conversación a cosas más serias.

– Me temo señorita Riddle, que su encuentro hoy con Lucius no nos favorece. Hacerla intervenir en ayuda del señor Potter ha sido muy imprudente por mi parte, pero necesario, ahora la deja al descubierto. Espero que no se centren en usted, no nos conviene.– dijo él seriamente.– Concentrase y empecemos, el control de su mente nos urge más de lo que esperábamos.

El cambio de conversación de Snape le hizo ver a Eve que había ganado el primer asalto, pero lo que ahora no podía llegar a entender era el hecho de que él se preocupara tanto por Harry, acaso no lo odiaba, que había detrás de todo eso, que era lo que él escondía… Quería quitarse eso de la cabeza pero no hubo tiempo…

– ¡Legeremens!.– había pronunciado el hombre.

– Señorita Riddle, como ayer le dije mis asuntos no son de su incumbencia.– dijo él mientras recordaba las palabras de Dumbledore pidiéndole lo contrario. – Va a tener que hacer lo mejor. ¡Legeremens!.– prosiguió.

Esta vez sí, de hecho sentirse desnuda ante él le brindaba una clara ventaja, se concentró y no sin un gran esfuerzo logro controlarlo.

– Bien señorita Riddle, vamos mejorando, espero que bajo presión no lo eche a perder.

– Piensa provocarme…, profesor Snape.- dijo ella volviendo a retomar su tono insinuante.

– ¿Eso es lo que quiere, señorita Riddle?– dijo el siguiéndole el juego con cierta incredulidad...

– Adelante….– respondió ella mordiéndose el labio inferior.

Claramente era ella quien le estaba provocando y muy en el fondo para Eve no era un juego, algo le atraía hacia aquel hombre pero esta vez no iba a demostrárselo. Snape, en cambio, se veía en desventaja, ella estaba consiguiendo desorientarlo por completo, aún sabiéndolo todo de ella, era capaz de sorprenderlo y gratamente. Así pues, se propuso volver a intentar descubrir que es lo que realmente pasaba en ese momento por la cabeza de la profesora.

– ¡Legeremens!

Eve cerró los ojos, allí es donde quería tenerlo, y le iba a servir en bandeja una de las mejores imágenes. A ver cómo reaccionas a esto Severus, pensó ella. Con mucho esfuerzo, Eve, centro su atención en ella misma, empezó por sus ojos, siguió por sus labios, continúo por su cuello y siguió bajando, despacio…. Al igual que su mente estaba desnuda delante de él… ahora le dejaba presenciar su cuerpo en imágenes,… por mucha frialdad que quisiera aparentar Snape, era un hombre. Aun así, Eve, no podía bajar la guardia, el hecho de que Snape pudiera verla desnuda, evidentemente, la causaba cierta excitación, y ahora no podía permitirse el lujo perder el control de su mente y dejarse llevar, decidió que él ya había visto bastante, trato de volver a poner la mente en blanco y así finalizo el hechizo.

Eve estaba en frente de él, mirándolo fijamente y esperando impaciente la respuesta del profesor a lo que había visto. Pero esta, estaba tardando en llegar.

– Y bien, profesor Snape, ¿lo he hecho mejor esta vez?– dijo ella lentamente disfrutando de cada palabra al pronunciarla.

Las imágenes que le había dedicado esa mujer no paraban de repetirse en su cabeza, y no era solamente eso lo que le desconcertaba, sino que, una vez más, lo había vuelto a sorprender, y en efecto, gratamente. Le fascinaba esa virtud, ella era imprevisible y era eso, la falta de control sobre ella lo que le atraía cada vez más. Al momento, le vino en mente ese enterrado recuerdo de la primera noche, no había sido un mero instante de debilidad, por mucho que él intentara verlo así. Des de un principio, creyéndose bajo control intento quitar importancia a esas sensaciones y provocar ese juego estúpido con ella, y estaba muy claro que ya no era un juego, y ahora, a sabiendas que esa atracción era mutua tenían los dos mucho que perder si él no lograba borrarla de su mente, ella le hacía vulnerable y la odiaba por eso.

– Basta de juegos, ¡márchese!– dijo el secamente sin mirarla.

La respuesta de él y su cara de desconcierto y preocupación le fueron a ella razón más que suficiente para intuir en el profesor una complicada lucha interior. Fue como verse ella misma reflejada en un espejo. En cierto modo, ella también se odiaba a si misma por ese deseo irrefrenable que no se veía capaz de controlar. Sin ser muy consciente de su acto se acerco a él, quizá demasiado…

– Yo no estoy jugado Severus.– dijo ella sin tener un control sobre sus palabras.

Snape la observa en silencio, hacía mucho tiempo de la última vez que se sintió así que casi ya no lo recordaba. Notaba como su cuerpo luchaba contra su mente, deseaba dejarse llevar, perder el control, pero no podía permitírselo.

Ella, permanecía inmóvil frente a él, esos ojos la desarmaban, lentamente parecía que iba perdiendo el control de su cuerpo, respiraba agitadamente, el corazón palpitaba con fuerza y todo su cuerpo se estremecía. Luchaba contra eso pero era consciente de estar perdiendo consigo misma… decidió abandonar la lucha, lentamente acorto el espacio que los separaba y junto sus labios con los del él… Snape podía luchar contra sus ojos, podía luchar contra su cuerpo, pero no podía luchar contra sus labios y la exquisita sensación que le acababan de brindar. La tentación era demasiado grande para resistirse. Se dejaron llevar por la pasión, y el primer suave contacto desapareció nada más darse, dando paso a una necesidad sin límite de sentirse el uno al otro mediante ese beso, lo necesitaban, se necesitaban, por mucho que quisieran esconderlo o disimularlo con frases de odio mutuas y con malas palabras, el incompresible y peligroso deseo podía más que ellos. Sus labios se buscaban, sus lenguas se entrelazaban, solo la ropa ahora era un impedimento de lo que en verdad querían, y las manos no dudarían en empezar a buscar rincones por donde poder notar un contacto más íntimo con el cuerpo del otro. Él acorraló a Eve contra la pared, que al sentirse atrapada aumentó su excitación convirtiendo su agitada respiración en suave gemido pero… fue en aquel preciso instante, cuando, como si de una jarra de agua fría se tratara, la realidad cayó sobre ellos y se detuvieron.

Solo transcurrieron unos pocos segundos de silencio pero para ellos fue como una eternidad. La lujuria y excitación aún se podían entrever en sus ojos que ahora se miraban con temor y arrepentimiento a escasos centímetros de distancia. Snape se separó, despacio, sin apartar la mirada de ella, intentaba contener la respiración y poder así articular cualquier palabra para decir, fuese la que fuese, pero solo era capaz de negar con la cabeza y mirarla con terror.

Eve lo miraba de la misma forma pero trato de reaccionar rápido, antes de que se arrepintiera más de lo que había sucedido o pudiera llegar a suceder si se quedara un instante más en esa habitación, se dirigió hacia la puerta y la cruzó, sin duda alguna, en ese momento de racionalidad, pensó que era lo mejor que podía hacer.

Ni el ruido de la puerta en cerrarse hizo reaccionar a Severus Snape que trataba de luchar, con todas sus fuerzas, para evitar revivir todas esas sensaciones. Cuando, de repente, una punzada de dolor proveniente de la marca de su brazo, le ayudó en su tarea. Al instante, únicamente una sola persona le vino en mente, Eve. Precipitadamente salió de su despacho en su búsqueda y la encontró allí mismo, tendida en el suelo, inconsciente y pronunciado unas palabras que le helaron la sangre.

– Y dime Lucius…, mi fiel sirviente…, ¿quién es ella? / Eve Sanders, mi señor…/ Bien, bien Lucius,… vamos a ver que nos cuenta Severus de ella…

Apresuradamente, Snape cogió en brazos la mujer y sin pensarlo, decidió llevarla al despacho del director. No tenía demasiado tiempo, tenía que acudir a la llamada de Voldemort y sabía claramente que quería su señor de él. Sólo esperaba que, lo que hacía unos instantes había sucedido con Eve, no jugara en su contra. Tenía que conservar la mente fría ante el señor tenebroso.

Sin embargo Snape ya había bajado la guardia. No se percató de quien estaba presenciando esa escena y había podido escuchar todo lo que la mujer llegó a pronunciar. Draco Malfoy, atónito y algo confundido, estaba escondido en la oscuridad detrás de una de las columnas de piedra.

Intentando recuperar la sangre fría, Snape pensó que la noche jugaba a su favor, mientras sujetaba a la mujer en brazos de camino al despacho de Dumbledore, esperaba que nadie hubiera presenciado esa escena. Pronunció la contraseña y subió rápidamente las escaleras hasta llegar ante la presencia de Dumbledore.

– ¿Qué pasó Severus?– preguntó preocupado el viejo.

Severus dejó el cuerpo de la mujer en el sofá y se dirigió a Dumbledore.

– Van tras ella, Albus, quieren saber más sobre la señorita Sanders. Ella misma lo pronunció estando inconsciente.– dijo él con preocupación. -Yo la puse en peligro salvando al maldito Potter, tengo que ir.

Albus Dumbledore miraba con preocupación la cara de su profesor de pociones, lo conocía muy bien, quizá más que nadie y esa expresión solo la había visto una vez des de que lo trataba. Recordaba muy bien ese día…

– La profecía no se refería a una mujer, sino a un niño nacido a finales de julio…– dijo Dumbledore firmemente.

– Pero él cree que se refiere al hijo de Lily. Pretende darles caza ahora para matarlos. Esconda… esconda a todos, se lo suplico.– dijo Snape con preocupación y desespero.

– Que me darás a cambio, Severus.– dijo el viejo serio aproximándose a él.

– Lo que usted quiera.– contestó el hombre abatido.

Dumbledore permanecía delante de él, observándolo, temía por él, por Harry y por la señorita Riddle. Sabía que Severus tenía que acudir a la llamada de la marca tenebrosa, pero le preocupaba que lo que él intuía en sus ojos, pudiera ser descubierto por Voldemort, si eso llegara a suceder tanto Severus como Eve estarían perdidos y su as en la manga desaparecería con ellos.

– Severus, espero que sepas mantenerte en tu sitio. Ve.

El profesor Snape sabía a lo que el viejo se refería, su rostro dejaba entender muchas cosas, quizá demasiadas. Ese era el motivo por el cual pretendía alejarse de todo el mundo, y sobre todo de ella. Un solo momento de debilidad ante Voldemort y los dos acabarían muertos. Severus, intentando mantener la mente alejada de todo, salió del despacho y acudió a la llamada de su señor.

Eve empezaba a recobrar la conciencia, intento abrir los ojos pero le costaba horrores y descolocada miraba a su alrededor, intuía una silueta pero no lograba distinguirla.

– Severus...– pronunció reclamando la presencia de él.

Esa simple palabra le confirmaba al viejo lo que sospechaba, ciertamente no era el odio lo que unía a ambos profesores, había algo más y eso era un peligroso problema.

– Señorita Riddle, ¿cómo se encuentra?– dijo el viejo sin obtener respuesta.– ¿Recuerda algo de lo sucedido?– añadió.

– No,… yo solo… salía de.. y vi, no recuerdo… Malfoy...– dijo ella intentando centrarse.

– Cálmese Eve, despacio, que es lo que vio.– dijo el hombre.

– Recuerdo haber salido del despacho de Se... del despacho del profesor Snape y vi… vi a Draco Malfoy, luego sentí un dolor y no… no recuerdo más.

– ¿Draco Malfoy? ¿Está segura de eso?– dijo seriamente el viejo.

– Creo… sí, creo que si…sí, sí, estoy segura.– afirmó ella un poco más centrada.

– Si eso es cierto, señorita, Lucius Malfoy no tardará en desconfiar de Severus y su padre… tampoco.– dijo el viejo intentando encontrar una solución.

– Severus… Severus tiene que estar prevenido, tenemos que informarle de…– dijo ella agitadamente.

– Me temo, Eve, que ya es demasiado tarde. Confío en que Severus será capaz de encontrar una salida a esto. Esté tranquila.