En la oscuridad de la noche, Snape se dirigía hacia la casa de Lucius Malfoy, allí era donde tenían habitualmente las reuniones con Lord Voldemort. A diferencia de muchas otras veces, esta, sabía a lo que iba, Voldemort pedía explicaciones. Él podía hacerlo, le había mentido en muchas otras ocasiones, aún así debía cubrirse las espaldas, la última visión de Eve hubiera podido, a su vez, ser presenciada por el señor tenebroso.
Al fin llegó a la inmensa mansión Malfoy y con un golpe seco de varita quitó el encantamiento que mantenía la casa alejada de intromisiones. Cruzó la puerta, siguió su camino hacia la sala, escuchó voces y reconoció algunas, entre ellas la de Bellatrix, esa mujer cuya risa te helaba la sangre. Esa era pues una reunión de vital importancia, muchos habían sido convocados... Sin perder su concentración y sangre fría se adentró en la habitación…
– Severus…, empezaba a preocuparme de que te hubieras perdido, ven te hemos reservado un asiento.– dijo el hombre con voz susurrada.
– Mi señor.– dijo Snape a modo de reverencia hacia Lord Voldemort, sentándose seguidamente en la mesa junto con los otros invitados.
– Traerás noticias…, confío...– dijo Voldemort mirando fijamente al hombre que asintió levemente pero sin convicción.
El silencio se hizo en la sala, el ambiente era tenso, Snape hecho un breve vistazo a los presentes, pero se detuvo en Bellatrix, a diferencia, ella no estaba tensa, estaba satisfecha y lo miraba amenazante. Si algo sabia de esa mujer era que le odiaba, nunca había confiado en él y menos trabajando como Mortífago tan cerca del enemigo. Así pues, esa mirada de satisfacción dejaba entrever algo que él no sabía pero cada vez sospechaba más.
– Y bien pues… que puedes contarnos de la señorita Sanders, Severus… – empezó Voldemort. – Dejando aparte el hecho, claro, que fue capaz de frustrar ese insignificante intento de Lucius de dejar entretenido a Potter durante un largo periodo de tiempo.- añadió arrastrando las palabras con ánimo de ridiculizar aún más a Malfoy que, des de aquel entonces, había dejado de ser la mano derecha del señor tenebroso.
Su respuesta debía de ser lo más superficial posible, dejándole en una posición de desconfianza ante ella pero sin suponerla como un peligro para los planes del señor tenebroso. Así que, manteniendo la fingida calma, respondió.
– La señorita Sanders es la protegida de Dumbledore, mi señor, pero tiene el don de la inoportunidad, debemos desconfiar de ella a sabiendas que está del lado de Potter.
Al momento Voldemort se levantó, lo miró con superioridad y lo apuntó amenazante con su varita.
– Severus… viejo amigo… creo que el don de la inoportunidad no es el único don que debe de preocuparnos de la señorita Sanders, cierto…
– Si… mi señor.– dijo él entendiendo que su señor sabía mucho más acerca de ella.
– Entonces… ¿premonición?– preguntó Lord Voldemort clavándole la varita al cuello.
– No sé hasta qué punto, mi señor.– dijo el intentando cubrirse las espaldas.
– Eres inteligente, Severus… esta respuesta no me complace… y lo sabes… no me hagas dudar de ti ni de tus capacidades.
– Mi señor…– dijo el hombre intentando buscar una salida a la situación
– ¡Crucius!– gritó Voldemort.
Esa palabra retumbo en su cabeza, la maldición de tortura, la cual infringe un insoportable dolor a las víctimas sin producir ningún daño físico, había quienes decían que prácticamente quemaba los huesos y era eso lo que Snape pudo llegar a sentir, finalmente el hechizo terminó. Le dejó el cuerpo entumecido y ese dolor le duraría varias horas, ahora intentaba recobrarse y mantenerse inalterable.
Los presentes contemplaban la escena, inmóviles en sus respectivos asientos, se podía intuir cierto temor en sus caras, pues sabían cuál era el precio de importunar a su señor. En cambio, Bellatrix se divertía con esa situación, y una sonrisa se podía leer claramente en su rostro.
– Bellatrix querida,… puedes refrescarle un poco la memoria a nuestro infiltrado en Hogwarts contándole lo que Draco Malfoy ha tenido la suerte de presenciar esta misma noche.– dijo Voldemort.
Al instante Snape lo comprendió todo, había bajado la guardia y le estaba costando caro, muy caro, ahora sabia que tanto sabia su señor al respecto y eso le permitía una ligera ventaja, la mente le trabajaba a todo velocidad, si fallaba no lograría sobrevivir esa noche.
– No será necesario, mi señor… permitirme que os explique… por favor.– dijo el bajando la cabeza mostrando su servidumbre ante él
– Habla.– dijo Voldemort amenazante.
– La señorita Sanders posee el don de la premonición, ciertamente, aun así ella no es consciente de ello, por lo que eso juega en nuestro favor, mi señor…
– Explícate Severus.
– Antes de que Draco presenciara la escena, estuve con la señorita Sanders en mi despacho. Como le dije antes, mi señor, desconfié de ella y sus rápidos reflejos al salvar a Potter durante el partido. Pude entrar en su mente y ver que no era consciente de lo que le pasaba por la cabeza durante sus visiones.
– Pretendes salvarla con tus palabras… Severus.– dijo Voldemort desconfiado y amenazante.
– No mi señor. Permítame continuar… Dumbledore me ha pedido que vigile a la señorita Sanders, puesto que está al corriente de su don, de esa forma, si usted me lo permite podré controlar sus visiones y contar a Dumbledore solo lo que a usted le interese que sea contado, mi señor.
– Entiendo…– dijo Voldemort mientras se giraba de espaldas a él. – No me desagrada la idea… Severus, y encaja perfectamente con mis propósitos.- dijo Voldemort aún reflexionando.
Luego de varios minutos de silencio, Voldemort alardeando de superioridad y en calidad de anfitrión, como si en su propia casa estuviera, se dirigió nuevamente a todos los invitados de la sala, en ese mismo instante, Snape supo que había superado la prueba.
– Bien… prosigamos con lo que nos interesa,… como antes de la llegada de Severus os contaba, me enfrento a una desafortunada complicación, mi varita y la de Potter comparten un mismo núcleo, son, por así decir, gemelas, podemos herirnos el uno al otro pero no fatalmente. Si he de matarle debo hacerlo con la varita de otro y es bien sabido que la varita más poderosa es…
– La varita de Sauco….– dijo Snape como si se le hubiera revelado por arte de magia todo el plan de Voldemort al momento.
– Estas en lo cierto, Severus.– confirmó el hombre.
– Mi señor, esa varita pertenece a…– dijo Severus.
- Dumbledore…efectivamente. –dijo Voldemort lentamente, continuando luego su discurso.- Fallado el intento de Lucius de dejar a Potter fuera de circulación unos días, y así, poder actuar sin intromisiones contra el viejo, hemos de hallar otra forma para hacernos con la varita. Teniendo ahora en cuenta a la señorita Sanders, mis planes para ti han cambiado, Severus. Tenla bajo control y te daré instrucciones al respeto.
– Sí, mi señor.
– Por lo que al viejo respeta…. Veamos,… ¿alguien querría gozar de tal honor? -dijo Voldemort dirigiéndose a los invitados. Lucius!... trae al chico….
Lucius Malfoy se levantó, y muy a su pesar, volvió a la sala con su hijo. El rostro de Draco Malfoy, ante la presencia del señor tenebroso, carecía de la prepotencia y la arrogancia que le acompañaban siempre, más bien precia un niño asustado.
– Bien, bien… Draco, a ti te confiaré tal honor, considéralo como una iniciación y un acto para recuperar la reputación de tu familia que tu padre a echado a perder.– dijo suavemente pero con malicia Voldemort.
– Pero mi señor.– protestó Lucius viendo la mirada aterrada de su hijo.
– ¡Silencio! Ven conmigo hijo– dijo Voldemort dirigiéndose al muchacho.- tenemos que preparar tu iniciación como Mortífago.
En Hogwarts, Eve daba vueltas por los largos pasadizos de la escuela sin rumbo alguno, todo era silencio y oscuridad. Con cada paso se le repetía una idea que la torturaba por dentro, él aún no había regresado. Sus pasos le llevaron, por tercera vez esa noche, delante de su puerta. Pensaba en esperarlo pero después de su último encuentro dudaba de ello, ese maldito beso lo complicaba todo, y en cierto modo esa situación no llevaba a ninguna parte.
Severus Snape aún podía sentir el daño provocado por la medición cruciatus, y el viaje hasta Hogwarts no había ayudado en ello, le costaba horrores moverse y dudaba en tener fuerzas suficientes para llegar a sus aposentos. A pocos metros de llegar, paró para coger aire, fijo su mirada hacia la puerta de su habitación y la vio. Ella estaba de pié, esperándolo y se veía preocupada, por un momento no pudo evitar sentir algo indescifrable al verla, no estaba acostumbrado a tener alguien esperando por él, aunque solo fuera por saber si seguía vivo, pero después de lo sucedido tenía que mantener las distancias con ella y ahora más que nunca.
– No… no… debería de estar… aquí, profesora.– dijo él a modo de saludo.
– Severus!
El rostro de preocupación de Eve pasó a ser una mezcla extraña entre alivio y desconcierto sin saber muy bien cómo actuar frente a él. Al instante, pero, se dio cuenta de que el hombre podía desplomarse en cualquier momento, se acercó a él para ayudarlo pero el hombre rechazó su ayuda.
– Señorita Riddle, será… mejor… que se vaya.– dijo el sin querer tenerla cerca. Suficiente complicadas están las cosas… como para que usted quiera complicarlas aun más. Mañana Dumbledore la pondrá al corriente de todo. Ahora lárguese…puedo… puedo arreglármelas solo.– dijo el secamente y con desprecio.
Eve se quedó quieta, después de largas horas de preocupación y espera esas palabras le dolieron más de lo esperado. No podía pensar, no podía rebatirle nada, simplemente permanecía mirándole en silencio.
– ¿Qué es lo que no ha entendido, señorita?– dijo él para forzarle su reacción.
Intentó pronunciar algo parecido a una palabra pero era incapaz, tenía un nudo a la garganta, sentía sus ojos humedecerse sin querer entender por qué. Después de las agrias palabras de Snape lo único que quería era evitar parecer débil delante de él, bajo la cabeza para poder esconder sus ojos y a paso rápido y sin pronunciar palabra alguna se perdió en la oscuridad.
