El fin de semana había llegado a Hogwarts, Snape continuaba tumbado en la cama intentando recobrar fuerzas para levantarse, aún se sentía entumecido por la maldición, esas pocas horas de sueño ligero no le habían hecho desparecer el dolor, esperaba que una ducha y una de sus pociones le ayudaran en ello. En parte, así fue, su cuerpo no le dolía, pero no se sentía bien e intuía que Eve tenía algo que ver con eso. Ante todo debía informar a Dumbledore sobre todo lo sucedido antes de que ella fuera a verlo. No quería encontrársela y menos delante de Albus.

La calma y el silencio aún reinaban por los pasadizos de Hogwarts, a paso ligero, Snape, caminaba dirección al despacho de Dumbledore. Delante la entrada, pronunció la contraseña y subió las escaleras que le llevaron frente a él.

– Severus… te esperaba.– dijo Dumbledore aliviado de verlo.

– Albus, el momento se acerca– dijo Snape mirando fijamente al viejo. Voldemort se hace más fuerte, muchos asistieron a la reunión de ayer y los planes están claros. No quiere otro enfrentamiento en vano con Potter. Quiere la varita, Albus, su varita de Sauco y está instruyendo a Draco para que le mate.

Dumbledore se levantó de su butaca y se dirigió hacia la ventana, tranquilo, reflexionando y con la mente fría asumió…

– Era cuestión de tiempo que Voldemort quisiera asesinarme, Severus..., pero si Draco fracasa, es de esperar que el señor oscuro recurra a ti. Me queda un año, quizá menos, tú mismo me avisaste de ello cuando contraje la maldición con el anillo Gaunt. Cuando llegue el momento, tú debes de ser quien me mate, Severus. Solo entonces podrá el señor tenebroso confiar en ti completamente.– dijo seriamente el viejo para luego continuar...– Llegará el momento, en que Harry Potter deba saber algo, pero tienes que esperar a que Voldemort este lo más vulnerable posible.

– ¿Qué ha de saber?– dijo Snape confuso.

– La noche que Lord Voldemort fue a Godric's Hollow para matar a Harry y Lily Potter se interpuso entre ellos, la maldición rebotó, cuando eso ocurrió, una parte del alma de Lord Voldemort se adhirió a la única vida que pudo encontrar, la de Harry. He ahí la razón por la que Harry puede hablar con serpientes, he ahí la razón por la que puede ver la mente de Lord Voldemort…una parte de Voldemort vive en él.

Severus intentaba procesar toda la esa información, lo que intuía que Albus quería decir era que uno no podría vivir sin el otro, entonces…

– Así que, llegado el momento, ¿el chico debe morir? –dijo como si se le hubiera abierto la mente.

– Si, si… debe morir.– asintió Dumbledore.

– Le ha mantenido con vida para que pueda morir en el momento propicio, ha estado criándolo como un cerdo para llevarlo al matadero.– decía casi incapaz de asimilarlo.

– No me digas que le has cogido cariño al chico.– dijo medio asombrado el viejo.

Sin darle una respuesta, Severus, cogió su varita y con una rotación por encima de su cabeza pronunció…

– !Espectro Patronum!

Un ciervo, idéntico al Patronum de Lily Potter, salió de su varita, esa era su respuesta a la pregunta, todo lo que durante esos años había hecho era por ella, por Lily, porque su muerte no hubiera sido en vano, por eso, solo por eso él aún protegía al chico, tenía los ojos de su madre y Dumbledore, en el fondo, también lo sabía.

– Lily– dijo el viejo. –¿Después todo este tiempo?–preguntó Dumbledore.

– Siempre. – afirmó el profesor. – Así que llegado el momento, el chico debe morir…– continuó Snape, no podía obviar esa frase.

– Si, debe morir y Voldemort ha de ser su verdugo, eso es esencial.– confirmó Albus Dumbledore.

Severus parecía más pálido de lo habitual, las palabras de Dumbledore le habían llevado demasiados recuerdos y demasiado dolor. El recuerdo de Lily, volvió a su mente, siempre había sido ella, pero ese recuerdo parecía más nublado que antes. Cada vez era más incapaz de mantenerse sereno ante esa situación. Sin decir palabra alguna, se dirijo hasta las escaleras, necesitaba irse de ese despacho y pensar…

– Severus!– dijo Dumbledore interrumpiendo su marcha.– Que sabe el señor tenebroso de la señorita Riddle? Ella es nuestro as en la manga, no lo olvides.

– Ella es otra pieza verdad.– dijo Snape con odio en la mirada. -Voldemort cree que tiene el don de la premonición, yo mismo le dije de utilizarla para manipular su versión en sus visiones a su favor.– dijo el ocultando cierta culpa.

– Es bueno saberlo, si Voldemort perdiera tu confianza solo nos quedaría Eve y la conexión con su padre para poder prever sus movimientos, ella debe de llegar a controlar sus visiones y sus efectos en ella, de ti depende eso… Severus.- dijo el viejo

– Albus, no…

– Severus, es necesario.– interrumpió secamente el viejo sin dejar réplica al profesor.

Snape en el fondo sabía que Dumbledore tenía razón, no podía permitir que lo que le producía esa mujer le nublaran la mente. Haría lo que Dumbledore quería, debía hacerlo, y si por eso tenía que mantenerse frio, distante y duro con ella lo haría, lo que sucedió la pasada noche no debía de repetirse y ante la situación dejaba de ser importante.

Al instante unos pasos interrumpieron los pensamientos de Snape, Eve irrumpió en el despacho de Dumbledore.

– Albus, disculpe que me presente sin avisar pero dado a las circunstancias yo…– Eve enmudeció cuando vio que Albus Dumbledore no estaba solo.

Sus miradas se cruzaron, se podía entrever que la mujer no había pasado una buena noche, sus ojos estaban enrojecidos y ligeramente hinchados, al instante Eve desvió la mirada.

– Lo siento, no pensé…–dijo ella quedándose sin habla.

– No pensó… en llamar, señorita Riddle.– dijo Snape que se puso a la defensiva nada más verla.

– Pasé Eve, no debe disculparse, la estaba esperando.– dijo Dumbledore intentando hacer pasar por alto el comentario de Snape.

– Si me disculpan.– dijo Snape dirigiéndose hacia la puerta.

– ¡Severus!.– dijo el viejo deteniendo a Snape al linde de la puerta. –Ten presente lo que hemos hablado, ahora pondré al corriente a la señorita Riddle.

Sin tan siquiera girarse, el profesor Snape escucho las palabras de Dumbledore a las cuales asintió con un ligero movimiento de cabeza y luego, se fue.

Eve se quedó con Albus Dumbledore en el despacho, midiendo mucho sus palabras, el director contó la situación en la que se encontraban. Eve parecía entender todo lo que el director le contaba aún así, podía intuir ciertas lagunas en esa explicación, no había un plan. Evidentemente, Albus no contó lo que pretendía que hiciera Snape, ni le contó su maldición, ni mucho menos los motivos por los cuales Snape estaba tan inmerso en la situación y obedecía apenas sin rechistar.

– Albus, que es lo que esconden usted y el profesor Snape.– dijo ella.

– Eres lista, Eve, pero debes entender que hay cosas que no dependen de mi ser contadas y otras cosas que no te puedo contar. Llegado el momento lo comprenderás todo.- dijo el hombre dejando en suspenso a la profesora. - Eve, si Voldemort destapara a Severus, todo dependerá de ti y de Harry para terminar con él, el control de tu mente es necesario, tienes que continuar tus clases con Severus.

– Lo comprendo.– dijo ella bajando la cabeza.

– Mantente en tu sitio, Eve, de lo contrario,… las cosas se pondrán mucho más difíciles.

Eve, entendió perfectamente esa última frase de Albus, pero hasta que punto ella tenía control sobre eso, a caso era mantenerse en su sitio tener una conversación irónica, cortante y dañina con Snape solo para reafirmarse a sí misma, o caso era mantenerse en su sitio evitar tenerlo cerca para no lanzarse a besarlo. Las palabras mantenerse en su sitio englobaban tener un control de sus impulsos, no solo evitarlos.

Después de la conversación con Dumbledore, Severus Snape decidió que lo mejor que podía hacer era irse a casa un par de días y centrarse. Los planes del señor tenebroso eran muy recientes, sería un fin de semana tranquilo, no actuarían aún, ni mucho menos. El podría estar tranquilo e intentaría enterrar el recuerdo de esa última semana muy al fondo de su mente, por mucho esfuerzo que eso supusiese.