Por la mañana, Eve se levantó temprano, se sentía angustiada y cansada. Como le acostumbraba a pasar des que estaba en Hogwarts, no pasó una buena noche y eso cada vez se reflejaba más en su rostro. Una ducha y un toque ligero de maquillaje quizás ayudarían a disimular las ojeras producidas por la falta de sueño. Rápidamente hurgó en su armario, se puso su habitual falda y la primera blusa que encontró y salió de su habitación.
Empezaba a verse movimiento en los pasillos de Hogwarts, el desayuno en el gran comedor no había empezado y esperaba encontrar el director aún en su despacho. Al llegar allí, antes de que pudiera pronunciar la contraseña, Minerva McGonagall la interrumpió.
– ¡Buenos días, querida!
– Buenos días Minerva.
– No haces buena cara, Eve, ¿te encuentras bien?– dijo medio preocupada Minerva.
– Si, solo me costó coger el sueño, los nervios de las clases supongo…– dijo ella con una media sonrisa.
– Eso me pasaba a mí de joven, querida, pídele a Severus una de sus pociones.
– En eso mismo estaba pensando...– dijo ella de forma casi imperceptible pensando que, realmente, era él el culpable de su insomnio.
– ¿Cómo dices?– dijo Minerva sin haber podido entender muy bien la respuesta de Eve.
– Sí, que pienso que puede ser una buena idea.– dijo Eve con una notoria sonrisa falsa que no pasó desapercibida.
– Tiene un trato difícil, ¿verdad?– añadió Minerva al notar la incomodidad de Eve.
Eve se sonrojó, si Minerva hubiera podido ver la imagen que le pasó en ese mismo instante por la cabeza en referente al trato que había tenido con él, no se lo explicaría. De hecho, ni ella misma se lo explicaba.
– Ibas a ver al director, querida?.– dijo Minerva rompiendo el silencio de la muchacha viendo que esta no quería responder a la pregunta, cosa que era lógica. Quien no odiaba a Severus Snape, pensó Minerva.
– ¿Cómo? No, no,… digo si,… si quería comentarle una par de cosas sobre… las clases.– intentó explicarse Eve saliendo de su particular trance.
– Pues eso tendrá que esperar, Albus no estará en Hogwarts hasta esta tarde, le requerían en el Ministerio. Si quiere, yo misma la puedo ayudar…
– No será necesario, no tiene demasiada importancia, lo hablaré con el director más tarde.
– Como quieras. ¿Vienes a desayunar al gran comedor?
– Oh, no…gracias Minerva, no tengo hambre.
– Oh desde luego que tienes hambre señorita Sanders, no acepto un no por respuesta, a ver si con un delicioso desayuno borramos este cansancio que veo en tu cara.
Minerva McGonagall era una de las personas a las cuales era mejor no llevar la contraria, empezaba a parecerse a la madre que nunca tuvo. Mientras se dirigían al comedor, solo deseaba que el profesor Snape no hiciera acto de presencia, verlo antes de un encuentro con Dumbledore solo le produciría más confusión. Su confianza en él pendía de un hilo y si en casa del profesor se hubiera dejado llevar por la razón posiblemente le hubiera matado en ese mismo instante.
Sus plegarias habían sido escuchadas, Severus Snape, no apareció durante el desayuno. Eve, comió rápido y no mucho, simplemente lo hizo para satisfacer a Minerva, que no le quitaba ojo de encima, terminado el desayuno desapareció del gran comedor dirección a su primera clase del día.
Tenía clase con los alumnos Gryffindor y Slytherin, entre ellos Draco Malfoy el cual acaba de hacer acto de presencia en el pasillo, dirigiéndose a su clase. Eve miró detenidamente al muchacho, parecía regodearse delante de los compañeros, más de lo habitual, ella, conociendo ahora su secreto, dudaba en poderse controlarse con sus evasivas y se sorprendió a si misma mirándolo con odio, un odio desmesurado que no paso inadvertido por alguien que la observaba des del otro lado del pasillo.
– Buenos días, profesora Sanders.– dijo el hombre de negro aproximándose a ella.
Eve, desvió su mirada del chico y la posó sobre el profesor, sus ojos escondían muchas cosas, lo único que dejaban entrever era la rabia que sentía hacia su persona. El hombre se acercaba, lentamente, al mismo tiempo que el corazón de Eve se aceleraba.
– Teniendo en cuenta que no ha podido comentar ciertos asuntos con Dumbledore, que debo remarcar que no le incumben, vengo a recordarle que no se precipite ni cometa ninguna estupidez al respecto en su próxima clase.– dijo él con cierta ironía.
– Ahora me controla, Snape.– dijo ella ocultando su nerviosismo.
– Solo quería advertirla, profesora.
– Muy acertado proviniendo de usted, profesor.– dijo ella sarcásticamente recordándole así cual era su tarea si Malfoy fracasaba.
Una leve risa irónica se puso sobre los labios de ese hombre, el disminuyó la distancia que les separaba para decirle una simple frase susurrada cerca de su oído…
– Sigue viva, ¿no es así?
Fingiendo no haber dicho nada y simplemente cruzarse con ella continuó su camino con su perfecto movimiento de capa, dejando a Eve perpleja a consecuencia de ese sutil susurro.
Después del breve acercamiento, un escalofrió recorrió el cuerpo del profesor y una película de imágenes en movimiento recorrió su mente, se ruborizó al instante al recordar el contacto entre ambos de hacía unos días. En qué demonios estaba pensando. Eran esos acercamientos los que precisamente debía evitar, aunque fueran involuntarios o simplemente con intención de provocarla para quitarle el control de la situación.
Eve, aun perpleja no era capaz de comprenderlo…a caso no era consciente ese hombre de lo que suponía un susurro, aunque fuera inconsciente. Le dolía su presencia, le dolían sus palabras, le dolía la falta de confianza, pero lo que más le dolía, era que le cautivara y excitara tanto, que ni todos los contras del mundo pudieran controlar sus impulsos.
La voz de tres de los alumnos predilectos de Gryffindor le hizo reaccionar…
– Buenos días, profesora.– dijeron Harry, Ron y Hermione prácticamente al unísono mientras pasaban frente a ella de camino a clase.
La clase iba empezar y lo único en lo que pensaba era en poder controlar las emociones, no iba a ser un clase fácil y parecía que el mal rato había empezado, acercándose a la entrada del aula empezó a escuchar lo que parecía una discusión.
– Que Potter, aún te siguen temblando las piernas por el incidente en el partido? – preguntó Draco Malfoy intentando provocar al muchacho.
– Sé que tuviste algo que ver en ello…– dijo Harry frunciendo el ceño y mirándolo con rabia.
– Y que vas a hacer? Contárselo a la asquerosa profesora sangre-sucia?
– Me las vas a pagar, Malfoy.– dijo Harry empuñando su varita con fuerza y apuntando a Draco.
– Te estoy esperando Potter.– dijo él con una sonrisa en la cara.
Eve irrumpió en el aula
– ¡Ya basta!– gritó Eve intentando evitar el enfrentamiento
– Profesora Sanders, siempre tan oportuna. No tendrás tanta suerte la próxima vez Potter, ni usted tampoco profesora.– dijo Draco amenazante
Eve entendió perfectamente de que se trataba pero evidentemente no podía reaccionar al respeto, sentía rabia, odio e impotencia. Intentaba sentirse impasible frente los comentarios del muchacho pero no podía evitar recordar quién era él y que pretendía hacer. Estaba decidida a actuar cuando…
– ¡Es suficiente!– gritó una voz fría y calculada des de fuera de la sala.
El silencio se apoderó del aula al ver quien había pronunciado las palabras, Severus Snape, estaba de pié, frente a la puerta, con su coraza de frialdad puesta observando la escena.
– Señor Potter, su arrogancia y atrevimiento le han costado 50 puntos a su casa, y si de mi dependiese estaría fuera de Hogwarts esta misma tarde. Señor Malfoy, a mi despacho, ¡ahora!
Alumno y profesor se dirigían hacia las mazmorras, Snape se veía furioso, caminaba rápido y apenas dirigió la mirada a su acompañante, el cual lo seguía, con una gran sonrisa de victoria en su cara. Llegaron al despacho de Snape, con un golpe seco de varita abrió la puerta y fijando los ojos en una silla hizo un ligero movimiento de cabeza con él que dio a entender a Draco Malfoy que se sentara. El muchacho empezaba a no comprender la cara de su profesor, debería de estar orgulloso de él, había plantado cara a Potter y a su queridísima profesora Sanders.
– Eres inútil Draco!– dijo Snape acercándose a él intimidante. – ¿Que es lo que pretendías con esas amenazas?
– Ese Potter me las va a pagar, al igual que esa asquerosa sangre sucia…
– ¡Cállate!.– dijo con rabia el profesor. –Ni Potter ni la señorita Sanders entran en tus planes, queda claro… sabes cuál es tu papel en esta historia y no debes hacerlo peligrar todo con tu estúpido comportamiento de hijo de papa. Puedo ayudarte Draco, pero no cometas más estupideces.
– No necesito su ayuda… el me eligió a mí, se cual es mi tarea!- dijo amenazante
– ¡Pues limítate a ello!– respondió tajante el profesor, separándose de Malfoy y dejando paso libre para que se marchara.
Por fin las clases habían terminado, Eve salía de su despacho y nerviosa andaba dirección hacia el despacho del director, esperaba con ansias encontrarlo allí. Caminaba rápido, sin parar atención a su alrededor, con la mirada fija al suelo, cuando al tomar el giro hacia el pasillo que conducía al despacho de Dumbledore, una figura la hizo detenerse llegando casi a impactar con ella. Snape, restaba inmóvil a unos escasos centímetros de ella. Eve se tensó al instante.
– Veo que tiene prisa profesora Sanders.– dijo él rompiendo el tenso ambiente que se había creado
– Obvio, profesor Snape, si me disculpa.– dijo ella intentando evitar el contacto
– Por supuesto, no debe de hacer esperar al director. – dijo él en tono provocador y dejando entrever que la tenia absolutamente bajo control.
– Espero que no le este cogiendo gusto a esto de tenerme vigilada. Y… a propósito, profesor Snape, puedo arreglármelas sola con los alumnos de este colegio, especialmente con los de su casa. ¿Comprende? – dijo ella recordando el encuentro con Malfoy.
– No tengo la menor duda.– dijo él apartándose a un lado y dejando el paso libre.
Eve, levanto la cabeza y con aire de superioridad fingida cruzó por delante del profesor que resiguió su paso con la mirada, al instante soltó…
– Y…a propósito, profesora Sanders, la estaré esperando… – dijo él sin dar tiempo a réplica alguna y, antes que Eve pudiera entender el motivo de la frase, se fue.
Acto seguido, la profesora continuó su camino maldiciendo a Snape y su superioridad, no era suficiente que controlara todo lo que pasara por su mente que ahora tenía que controlarla a ella también, pensó. Teniendo en cuenta la situación sabia que esperar de la conversación con Dumbledore, aún así hablaría con él, necesitaba oírlo para no volverse más loca de lo que ya creía que estaba. Pronunció la contraseña y subió por las escaleras de caracol que le llevaron ante la presencia del director.
– Buenas tardes profesora- dijo el hombre con voz amable.
– Buenas tardes director, necesito hablar con usted- dijo Eve en tono de preocupación.
– Sé a que ha venido, Eve, y también creo saber que usted intuirá mi contestación. No pienso recriminarle el hecho que fuera en busca de respuestas, pero asumió un gran riesgo. Sabe más de lo que usted necesitaba saber y eso la compromete aún más profesora.
– Albus, necesitaba…
– Lo sé Eve, todo el mundo necesita respuestas. – dijo el viejo interrumpiéndola. –El plan de su padre es muy claro, y si, efectivamente ha ordenado a Draco que me mate y yo mismo pedí a Severus que llegado el momento fuese él quien lo hiciese. Draco es muy joven, aún puede escoger un camino mejor, en cambio a mí, me queda poco tiempo, querida– dijo el viejo fijándose en la maldición de la mano.
– Pero Albus,… Snape lo juró, pronunció el juramento inquebrantable…– dijo ella aterrada.
– Era necesario. – la interrumpió Dumbledore.
– Porqué… porqué confía tanto en él, porqué no duda de que pueda jugar a dos bandas. Si llegado el momento… él… No puedo comprenderlo… – dijo nerviosa.
Albus cerró los ojos y suspiró, le vino en mente un breve recuerdo que podía responder a esa simple pregunta…
– Dijo… dijo que la mantendría a salvo.– dijo Severus Snape con ojos llorosos.
– Lilly y James confiaron en la persona equivocada, Severus, igual que tu. El chico ha sobrevivido…– intento calmarlo Dumbledore.
– No necesita protección, el señor tenebroso se ha ido…
– El señor tenebroso volverá y cuando lo haga el chico correrá un grave peligro. ¡Tiene sus ojos! Si realmente la amabas…
– ¡Deme su palabra!– le advirtió Snape
– De que nunca revelare lo mejor de ti Severus…– dijo Albus
– ¡Deme su palabra!– casi rugió él nuevamente
– …mientras tú arriesgas tu vida a diario para proteger al chico…– añadió el viejo.
El director posó su mirada amable sobre Eve, y dejando entrever cierto pesar contestó...
– No puedo responder a eso, señorita Riddle, no me corresponde a mí.
– Pero pretende que yo…– protestó Eve.
– Eve, vino hasta aquí sin tener una mínima duda de cuál sería mi respuesta. Sé que usted también confía en él. Y también sé… que no va a ser capaz de decirme el porqué. Solo le pido una cosa, Eve, continué con lo establecido.
