Al salir del despacho del director, Eve recordó su última conversación con Snape, en su rostro apareció una sonrisa irónica recordando la última frase del profesor, la estaré esperando. Ciertamente las particulares clases con Snape debían de continuar, pero eso sería complicado sin antes mantener una conversación con él y aclarar las cosas. Era evidente que no solo era ella la que tenía una lucha interior y debía de evitar sus impulsos, quizás hablando sobre ello y no negándolo continuamente se podrían evitar ciertas situaciones incomodas, si es que se podían llamar así. Pensando en cómo poder mantener una conversación civilizada con Snape, Eve se dirigía hacia las mazmorras.
Snape, en su despacho intentaba poner orden a los trabajos entregados por los alumnos sin mucho éxito. Su mente daba vueltas a la visita de Riddle, sabía que tarde o temprano ella llegaría y solo esperaba dar una clase simple de oclumancia sin tener que mantener una conversación con ella y menos de ciertas pasadas situaciones, quizá así, llegara a olvidarlo, era lo más conveniente. Ligeros toques a la puerta corroboraron el hecho, solo podía ser ella y mas a esas horas.
– Pase.– dijo Snape secamente.
Eve se adentro al despacho, eso iba a ser demasiado difícil, lo primero que le vino a la cabeza fue la última vez que estuvo allí, se empezaba a sentir incomoda y algo ruborizada y por lo que intuía no era la única, Snape también estaba rígido y al parecer sin ser capaz de pronunciar palabra. No era la situación ideal para dar una clase de oclumancia precisamente, y sin pensarlo mucho y evitar que se lo replanteara Eve lo soltó sin más.
– Snape tenemos que hablar.
– No hay nada de qué hablar, tenemos trabajo que hacer, ¿recuerda?– reaccionó Snape poniéndose apresuradamente a la defensiva.
– Recuerdo muchas cosas, Snape, demasiadas.– le contestó Eve rápidamente intentando que no la desviara de la conversación.
– Mire profesora, ya que la veo tan hábil en recuerdos, podría emplear ese control de la mente para la clase de oclumancia, y no para echarme en cara sus debilidades...– reprochó Snape fingiendo indiferencia hacia ella.
– ¿Mis… debilidades? Quiere, profesor, que le recuerde quién fue quien me empujo contra la…– contestó Eve con rabia.
– ¡Ya basta! ¡Olvídelo! Entiende… ¡olvídelo!– interrumpió Snape.
– ¿A caso lo ha olvidado usted? El hombre que lo tiene todo bajo control, el frio e inalterable profesor Severus Snape.– dijo ella en tono de burla. Seguidamente se puso seria, lo miró fijamente y se acerco a él. – Tiene miedo… lo veo en sus ojos… Sé el porqué de sus evasivas, el porqué de sus agrias palabras, de sus miradas de odio y de su absoluto control sobre todo lo que hago.
– ¡Usted no sabe nada, nada!– gritó Snape perdiendo su habitual temple
– Lo sé, simplemente porque solo al mirarlo, me veo reflejada en un espejo.
Snape se quedó pensativo frente a esas palabras, en verdad no podía ocultarlo y ella tampoco, entre ellos había deseo, eso era un hecho, un hecho que por muchas razones debía desaparecer, solo les conllevaría sufrimiento si esa atracción mutua llegara a más.
– Y lo que nos jugamos con esto profesora, ¿esto también lo sabe? Esta estúpida situación nos hace vulnerables, no creo que lo haya pasado por alto. Mentí por usted, Riddle, mentí por usted delante de Voldemort… usted vio las consecuencias, demasiado estoy arriesgando.– soltó el profesor con rabia.
– ¿Acaso crees que es fácil para mí? - dijo ella molesta.
– Pues, olvídalo, olvida lo que pasó, mantente a tu sitio y deja de complicar las cosas por un simple…
– ¡Un simple qué, Snape! ¿Un simple beso? ¿Eso es lo que fue?
Eve se sorprendía de sus propias palabras, su tono con él había cambiando sin darse cuenta, le habla de tu a tu, no era una discusión irónica como las que siempre habían tenido, esas con las que, en el fondo, disfrutaba. En verdad ni ella misma sabia que pretendía con esa discusión, puede que no sentirse tan vulnerable y desnuda delante de él, saber que no solo ella luchaba contra ese deseo y, quizás, conocer un poco más el hombre que se escondía detrás de la coraza de ese frio profesor de pociones…
– ¡Que es lo que quieres saber, Riddle! ¡Que te deseo, que te deseo tanto como tú a mí! ¡Maldita sea!– gritó el profesor como si se estuviera quitando un gran peso de encima desprendiéndose por un momento de su frialdad y dejando entrever sus emociones.
Lo había dicho, todo aquello que había intentado negarse a si mismo ahora lo había dicho en voz alta y delante de ella. La deseaba, como cualquier hombre puede desear a una mujer, pero él no podía permitírselo, el placer le estaba vetado o eso era lo que su pasado le recordaba a cada momento, después de todo lo que había hecho no se merecía ese lujo. No se sentía culpable por Lily, a Lily la amaba y la amaría siempre, era libre de desear a otra mujer, puramente por placer, pero no debía de dejarse llevar por esa tentación, no se lo merecía y demasiado había en juego.
Eve permanecía en silencio, sentía un nudo en su garganta, esas palabras retronaban en su cabeza una y otra vez. En verdad ella lo sabía, pero escucharlo en su propia voz era un hecho impensable y que la dejó atónita. No sabía cómo afrontarlo, se maldecía a ella misma por haber provocado esa situación de la cual no sabía cómo salir, pero lo que si sabía era que lo deseaba con todas sus fuerzas. Ciertamente había demasiado en juego y se conocía demasiado a sí misma para dejarse llevar por ese deseo a sabiendas de lo que podría llegar a sentir por Snape si algo más llegara a suceder entre ellos. Así pues intentando mantener la cabeza fría dijo…
– Sera mejor que me vaya…
Eve se dirigió despacio hacia la puerta, deslizó su mano hacia el pomo y cuando se dispuso a abrir le privaron de ello. Snape, apoyando su brazo con fuerza, la había acorralado contra la puerta. Sentir la respiración de él a escasos centímetros de su oído la hizo estremecer, su cuerpo no podía evitar reaccionar a eso, se le aceleró la respiración y podía llegar a escuchar su propio corazón latir con fuerza. Cerró los ojos, trataba de controlarse y evitar girarse para no encontrarse con esos ojos negros que sabía que le harían perder la noción de la realidad otra vez.
Lentamente y con una expresión que dejaba claro el hecho de que hacia cuanto podía para no dejarse llevar, se giró e intentó, entrecortadamente, pronunciar alguna palabra que pudiera evitar esa situación pero, irremediablemente, los labios de él le cerraron la boca al instante. Eve fue incapaz de reaccionar con una negativa a eso, todo lo contrario, deseaba sentir esos labios y ese beso se transformó en necesidad, una necesidad de sentirse el uno al otro, se besaban con fuerza, con furia, con pasión y con ansias de más, de mucho más. Por falta de aire se separaron por un instante, se miraron a los ojos con lujuria, con deseo y esta vez no había vuelta atrás y así lo demostró Eve, cerrando nuevamente los ojos e inclinando ligeramente la cabeza hacia atrás dejando su cuello a merced de los labios de él, quien entendió perfectamente que pedía ella. Snape empezó a besar su cuello, al mismo tiempo que dirigía sus manos a los botones de su blusa desabotonándolos con ansias para acariciar su cuerpo. La agitada respiración de Eve se convirtió en suaves gemidos los cuales excitaron aún más al profesor y aumentó el hambre que tenia de ella, placer puramente físico. Eve empezó también una lucha para desvestirlo, quería sentirlo, sentir su piel en contacto con ella, con soltura desabrochó los botones interminables de su levita y rápidamente él termino de despojarse de la prenda tirándola con fuerza al suelo, al mismo tiempo que ella se deshacía de su blusa y sujetador. Volvieron a juntar sus labios con prisas, Eve, acariciando su torso fue bajando sus manos suavemente con intención de desabrochar el pantalón de él. Snape con ganas de más, empezó a bajar lamiendo su cuello hasta posarse en sus pechos. Al mismo tiempo sus manos se detuvieron en sus caderas unos segundos, lentamente se deslizaron hacia abajo acariciando las piernas, subiendo su falda hasta llegar a las partes más intimas de ella, donde rápidamente la ropa interior dejó de ser un obstáculo. La excitación y la necesidad conllevaron a la prisa, el deseo era demasiado fuerte para parar atención en los preámbulos, con un ágil movimiento Snape levanto a Eve y ella lo rodeó por la cintura con sus piernas. Cargó con ella hasta el escritorio y se deshizo de todos los trabajos de encima con un barrido de su brazo, Eve se apoyó en ella sin dejar de besarlo ansiosamente mientras con sus piernas lo agarraba fuertemente presionándolo contra ella. Necesitaba desesperadamente sentirlo dentro, no pensaba en los remordimientos, no pensaba en las consecuencias, por una vez quería dejarse llevar por el puro placer y acercando sus labios a su oído solo susurró…
– Te necesito…
Esa necesidad era compartida, Snape no iba a echarse atrás, deseaba sentirla y dejarse llevar por la pasión, lentamente entró en ella, Eve emitió un fuerte gemido que fue atenuado por los labios de él al instante, escucharla era una autentica delicia pero solo para él debía de ser ese lujo, era incapaz de describir lo que sentía en esos momentos. El suave movimiento de vaivén se volvió más fuerte y rápido disfrutando de cada movimiento. Eve no podía contenerse, se mordía los labios para no gritar pero no podía evitarlo, cada vez le presionaba más fuerte contra ella y él, al notarlo, aumentó el ritmo y le cerró los labios con los suyos, fundiéndose en ese beso se dejaron llevar y vencer por el placer llegando al clímax.
En el despacho, ahora, podía escucharse solo la respiración agitada de ambos, permanecían aún inmóviles mirándose fijamente sin pronunciar palabra y aún gozando de las sensaciones vividas. Lentamente se separaron, perdiendo el contacto de sus cuerpos pero sin dejar de mirarse. Sus expresiones relajadas fueron cambiando paulatinamente cuando tomaron consciencia de lo que habían sucedido y así volviendo de nuevo a la realidad.
Eve rompió el contacto visual bajando la mirada y cubriéndose el rostro con ambas manos. Se sentía furiosa consigo misma por no haber sido capaz de evitarlo y aún más por haberlo disfrutado tanto. Nerviosa, empezó a recoger su ropa del suelo y a vestirse con prisas. Lo único que quería era desaparecer y no pensar en nada pero era inevitable preguntarse como actuarían ambos después de eso.
Snape, recompuso su ropa rápidamente y reposó sus manos en la mesa, bajó la cabeza y trató de recobrar la calma, se desconocía a sí mismo. Él, siempre capaz de controlarlo todo, siempre capaz de mostrarse frio e inalterable, sin mostrar sentimiento alguno, esta vez había perdido el control, eso le dolía, se sentía débil y encima no podía obviar el hecho que le había gustado demasiado. Su mente daba vueltas a todo sin llegar a ninguna parte, tenía que actuar con ella e intentar aceptar la situación y aparcarla. Habían cometido un terrible error dejándose llevar pero tenían que seguir adelante, intentar pasar página y seguir el plan establecido.
Ella, alterada, trataba de recobrar su compostura para poder salir de ese despacho antes de que los sentimientos le jugaran una mala pasada, en ella había una auténtica lucha interior de negación y sabia que todo lo que él pudiera decir al respecto dolería demasiado. Tenía claro lo qué era correcto hacer y estaba dispuesta a actuar acorde con lo establecido pero necesitaba tiempo para interiorizarlo y ese no era el mejor sitio para hacerlo. Antes de poder salir de ese despacho una voz la detuvo al linde de la puerta.
– Eve…– dijo él con una pizca de voz casi imperceptible. – Esto no… esto no debería de…
– No lo digas…– dijo ella con cierto dolor. – Lo sé, Severus… lo sé.
