Una nueva mañana en Hogwarts, las clases estaban a punto de empezar y Harry, Hermione y Ron, permanecían apoyados contra la pared del pasillo frente el aula de Historia de la Magia esperando dar inicio a la clase.
– ¿Por qué han prolongado un año más esta asignatura? ¡La odio!– dijo Ron molesto.
– Ron, tu odias todas las asignaturas– le contestó Hermione con su particular tono de sabelotodo.
– ¡Eso no es cierto!– protestó el chico
– Vaya, es verdad, olvidaba tu nueva afición a los Estudios Muggles– añadió Hermione irónicamente
– ¿Celosa Hermione?– pregunto Ron haciéndose el interesante
– ¿Tanto se me nota?– dijo Hermione fingiendo preocupación
– ¿En serio?– preguntó Ron sorprendido
– No, Ron, solo te estaba vacilando– dijo ella incapaz de creerse el hecho de que su amigo no hubiera captado la ironía.
– Nunca entenderé las mujeres– murmuró Ron dirigiéndose a Harry el cual hacia un buen rato que no sabía cómo ocultar la risa.
El fantasma de Cuthbert Binns pasó en frente de ellos, interrumpiéndoles la charla y dejándolos sorprendidos ya que, rara era la vez, que él no entrara por detrás de la pizarra.
– Buenos días profesor Binns.– se apresuró a decir Hermione.
Acto seguido, los alumnos tomaron asiento, esa era otra clase compartida con los Slytherin y acostumbraba a ser una clase bastante monótona y aburrida.
– Buenos días alumnos, sacad vuestros libros, página 87. Hoy dejaremos apartada la historia y nos centraremos en ciertos objetos mágicos. Antes de empezar a leer... ¿Quién de vosotros es capaz de decirme formas de teletransportarse de un lugar a otro en el mundo mágico?– preguntó el profesor.
Hermione levantó la mano al instante, cosa que no sorprendió a nadie en el aula.
– Señorita Granger?
– Los trasladores, los polvos Flu y la Aparición– contestó altivamente Hermione.
– Bien, bien señorita Granger, pero se olvida de uno, poco conocido, ciertamente. Los Armarios Evanescentes, estos actúan como un pasaje entre dos lugares, pudiendo a si transportar objetos de un lado al otro si ambos armarios están conectados. Actualmente solo se conoce el paradero de uno, dicen que se encuentra en Callejon Knockturn.– añadió el profesor.
– También puede trasladar personas, profesor?– preguntó curioso Harry.
– Efectivamente, señor Potter. Bien pues, pueden tomar nota, para su próxima clase quiero un trabajo exhaustivo sobre las formas de teletransporte en el mundo mágico.
Un murmullo se hizo en el aula, los trabajos extras nunca eran bienvenidos.
– Silencio por favor.– pidió el profesor Binns.– Señor Longbottom proceda con la lectura, página 87.
Las tres clases siguiente transcurrieron con normalidad, aparcando el hecho de que el humor del profesor de pociones había empeorado notablemente. Después de comer y con el resto de la tarde libre, los tres alumnos predilectos de Gryffindor estaban en la biblioteca para avanzar su trabajo de Historia de la Magia, en la misma, también se encontraba Draco Malfoy y los que parecían sus guardaespaldas. Harry se percató de quien había en la mesa contigua pero aquel no era lugar para montar un escándalo y menos con Madame Pince en la biblioteca, mejor no hacerla enojar o les vetaría la entrada hasta el fin de sus días.
– ¡Creo que he encontrado algo!– gritó Hermione cubriéndose automáticamente la boca viendo la mirada de Prince. – Mirad, el Armario Evanescente…–añadió ella mostrándoles un libro con imágenes.
– ¡Harry, no te suena esta imagen!– exclamó Ron. –Yo he visto este armario antes, en la Sala de Menesteres– añadió.
– Tienes razón Ron, ¿vamos a ver?– preguntó Harry.
– ¡Ni se os ocurra! – exclamó Hermione. –Según pone aquí, estos armarios están relacionados con las artes oscuras, muchos usados por Mortífagos y las consecuencias por un mal uso o una mala conexión entre ellos puede ser mortal. Y lo peor de todo, es que el trabajo es para pasado mañana!– dijo ella seria.
– En serio Hermione, tienes que poner en orden tus prioridades. – dijo resoplando Ron. –Solo queríamos echar un vistazo…
– ¡Iremos luego! Si queréis que os ayude con el trabajo más vale que no os mováis de aquí.– cortó Hermione tajante.
–¡Esta bien! Eres peor que Madame Prince.– le contestó Ron.
Draco Malfoy parecía absorto en su trabajo pero en verdad había prestado mucha atención en la conversación de los Gryffindor, si lo que la sangre-sucia había dicho era cierto ese armario podría de serle de gran ayuda. Así pues, recogió todas sus cosas y se fue de la biblioteca a comprobar los hechos inmediatamente.
Bien entrada la noche, Eve Riddle se dirigía nuevamente a las mazmorras, su expresión había cambiado, a su manera, había asimilado la situación y se había concienciado a fondo para el inevitable encuentro con Snape. Suponía cual sería la reacción de él al verla, evitación, negación e indiferencia pero ella no estaba dispuesta a aceptar ese trato, su ego no se lo permitía y menos si tenían que mantener un contacto diario. A lo hecho pecho, ella había aceptado la situación y él también debía de hacerlo. Evidentemente, cuando pensaba en aceptar la situación, no se refería a los sentimientos eso tenía que dejarlo muy en el fondo de su corazón fuese como fuese. Respiró hondo y llamó a la puerta.
– Pase– dijo Snape con su habitual sequedad.
Snape estaba preparado para el encuentro, después de las palabras de Dumbledore, actuar con indiferencia y obviando los hechos era la mejor manera de proceder. Quizás era una forma de protegerse de ella y apartarla, pero no quería pensar en ello. En particular, temía la reacción de Eve, ella era impredecible y esperaba poder afrentarse a lo que viniera.
Eve se adentró en el despacho e intento no venirse abajo, resultaba fácil poner en orden su mente sin la presencia de él y fuera de esa habitación, pero dentro, le costaba horrores, debía de mantener su sangre fría a cualquier precio y por lo que más quisiera no mostrarse a sí misma y menos lo que en realidad pensaba y empezaba a sentir.
– Cierre bien la mente, señorita Riddle, porque le aseguro que no tengo ganas de presenciar lo que pasa por ella– dijo Snape seria y rápidamente cuando la vio aparecer.
– Me alegra saber que estamos de acuerdo en algo, profesor.– apuntó irónicamente Eve mientras hacía tiempo para poner la mente en blanco.
– ¡Legeremens!– pronunció el profesor con su hábil movimiento de varita evitando así cualquier intento de charla.
Snape no pudo penetrar en su mente, Eve la mantenía en blanco y con poco esfuerzo, era capaz de controlarla, al menos delante de él, esperaba poder hacerlo frente a Voldemort si llegara a ser necesario.
– Felicidades profesora. Avanza rápido, pronto podré olvidarme de sus molestas visitas.– dijo Snape con cierta cara de asco.
– No sabe lo feliz que me hace escucharlo.– sonrió forzadamente Eve al volver a notar como él usaba sus agrias palabras a modo de protección contra ella.
– Bien profesora, usted sabrá que hay formas de evitar un hechizo para leer la mente, ¿me equivoco?– dijo él para que ella no le desviara mucho de su estructurado guion.
– Por favor…me ofende– dijo ella
– Demuéstrelo, acompáñeme.
Ambos dejaron atrás su despacho, dirigiéndose a la Sala de los Menesteres, donde podían poner en práctica sus habilidades a sus anchas. Girando por uno de los pasadizos, el ruido de una puerta, que no debería de estar allí aún, hizo parar a Snape, que al instante, corto el pasó de Eve con el brazo y la acercó en la oscuridad de la pared. Ciertamente era una situación incómoda para ambos pero no era el momento de pensar en ello.
– Quieta.– le susurró agarrándola por el hombro.
– Malfoy...– dijo Eve con un bajo hilo de voz al ver al chico salir de esa puerta.
– Mejor que no se percate de nuestra presencia. ¡Protego Totalum!– pronunció Snape, consiguiendo así evitar ser vistos.
Draco Malfoy no se percató de nada, absorto en sus pensamientos por su recién descubrimiento, pasó por delante de los profesores dirigiéndose hacia el gran comedor.
– ¿Que es lo que andará buscando Malfoy en la sala de menesteres?– preguntó Eve dudando de que Snape le revelara la respuesta.
– Luego me encargare yo de eso.– dijo Snape enfatizando en el yo. – Finite Incantatem!– pronunció él finalizando el hechizo protector que había creado y alejándose prudentemente de la cercanía de la profesora. – Vamos.– añadió.
Al entrar en la sala, esta, adaptándose a las necesidades de los integrantes, reveló un espacio amplio e ideal para enfrentarse en duelo. Ambos se colocaron en su sitió dispuestos a empezar. Ese duelo significaba mas para cada uno de ellos de lo que en verdad daban a aparentar. Era otra forma de expresarse y Eve no iba a desaprovechar la situación.
– ¿Preparada Riddle?– preguntó Snape.
– Cuando quiera.– contestó Eve con una ligera sonrisa.
– Le advierto profesora, no voy a contenerme. ¡Legeremens!– empezó Snape.
– ¡Protego!– dijo Eve evitando el hechizo. – No será la primera vez que no se contiene conmigo, profesor Snape. ¡Expulso! – lanzó Eve.
– ¡Protego!– dijo Snape evitando también el hechizo de ella. – Creo que estará mejor callada ¡Silencius!– lanzó él y fallando por pocos centímetros.
– Falló profesor… y… ayer, no decía eso… ¡Expelliarmus! – lanzó Eve impactando el hechizo contra el suelo.
– Usted también falló… ¡Envertestatil!– pronunció Snape haciendo que el hechizo impactara contra ella y la lanzará varios metros atrás. –Demasiado lenta profesora…
– Y usted… demasiado rápido, profesor…– dijo ella irónicamente des del suelo con una sonrisa, haciéndole comprender al profesor que no se refería al hechizo.
– ¡A ver si ahora es capaz cerrar su mente a parte de su boca!– contestó él fulminándola con la mirada.– ¡Legeremens!
Eve controlaba la situación, a diferencia de él, no había perdido la calma, y por mucho que le hubiera dolido esa conversación, con la que aparentaba disfrutar, no se dejó llevar por sus emociones. Al instante, puso la mente en blanco sin dejar rastro alguno de emoción o sentimiento.
– Suficiente por hoy señorita Riddle, puede irse.– dijo Snape secamente.
– ¿Hasta cuando piensas fingir que no ocurrió nada?– preguntó Eve seriamente buscando la mirada del profesor.
– No es capaz de mantener la boca cerrada, verdad señorita Riddle?– dijo él encaminándose hacia la puerta y saliendo de la sala para perder la privacidad, y así finalizar cuanto antes la conversación.
Eve lo siguió instintivamente, no iba a dejarlo así, quería ver otra vez esa parte de él, la de debajo la máscara, la que mostraba algo más.
– ¿Hasta cuándo? – insistió con rabia ella des de el linde de la puerta sin atenerse a que alguien pudiera escucharlo fuera.
– Hasta que tu dejes de recordármelo a cada momento. –le contestó él mas sinceramente de lo esperado, motivado por la irritación.
– Dejaré de hacerlo si aceptas la situación, deja de tratarme como si fuera una de tus alumnas, no necesitas fingir nada conmigo, ya somos mayorcitos Severus y estamos los dos metidos en esto. No te estoy pidiendo nada más. – dijo ella intentando hacerlo reaccionar.
Severus Snape no respondía a la petición, permaneció quieto unos segundos, mirando fijamente a Eve, esas palabras le habían hecho reflexionar e incluso replantearse la situación durante unos breves instantes, pero no podía tomar una decisión en frente de ella, una decisión tan repentina y a la vez importante, debía de meditarlo profundamente. En verdad, dudaba de si quitar esa protección hacia ella era correcto dadas las circunstancias e incluso dudaba de si deseaba hacerlo.
Así pues, sin responder a esas últimas palabras de Eve, los pasos de Severus Snape le condujeron hacia el final del largo pasillo haciéndole desaparecer en la oscuridad de la noche. Eve, cerró los ojos frunciendo el ceño con cierta decepción por esa marcha sin respuesta, pero sin arrepentirse de las palabras pronuncias, abandonó el lugar en dirección opuesta al profesor.
Ambos, demasiado inmersos en su particular lucha, habían perdido una vez más la cautela. Esas últimas palabras no solo habían retumbado en oídos y mente del profesor, tres alumnos desconcertados, permanecían en silencio, en el mismo sitio donde no hacía mucho, los dos profesores se había escondido al percatarse de la presencia de Draco Malfoy.
