El sol empezaba a entrar por las ventanas de la sala común Slytherin, Draco Malfoy estaba sentado en un sillón, con la mirada perdida pero con la impaciencia recorriéndole el cuerpo. Esa noche no había podido dormir, de hecho, desde que se le encomendó su tarea, el insomnio era el mal de cada noche. Quería demostrarse a sí mismo que era capaz y debía de hacerlo por su familia y por enorgullecer a su señor, pero en realidad lo único que le impulsaba a matar a Dumbledore era el miedo de no hacerlo, temía a Voldemort por mucho que aparentara lo contrario frente los demás. Intuía que Snape lo sabía, por eso no recorrió a él para contarle su plan y que informara a su Señor, su orgullo le pedía a gritos hacerlo por él mismo.
Ahora, nervioso por el encuentro, pensaba en como contarle a Lord Voldemort su plan, sin quedar delante de él como un completo cobarde. Sus preocupaciones no solo se centraban en ser capaz de matar a Dumbledore, también deseaba salir con vida de ello y tanto si fallaba como si no, quería algún tipo soporte con él para la huida rápida. De allí vino la idea de armario Evanescente.
Su plan era sencillo, comprobar la conexión del armario con el del Callejon Knockturn, arreglarlo, asegurarse del buen funcionamiento y hacer entrar los Mortífagos en Hogwarts. Era una forma de cubrirse las espaldas, cierto, pero lo que pretendía venderle a Voldemort era que así no había posibilidad de error.
El encuentro se produciría en las dos horas libres que tenia después de la primera clase, en la Casa de los Gritos, aún disponía de tiempo para mentalizarse.
De mientras, en una habitación de la torre Gryffindor, Harry Potter buscaba con desesperación dentro de su baúl.
– Qué es lo que estas buscando, Harry?– le preguntó Ron que se había despertado por el ruido que hacia su amigo.
– El Mapa de Merodeador…– contestó Harry sin detener su búsqueda.
– ¿Y es necesario que lo hagas a las siete de la mañana?– dijo molesto Ron sin obtener respuesta a su pregunta.
– ¡Aquí esta!– exclamó Harry.
– Me alegro, ahora deja de hacer ruido…– dijo Ron tumbándose otra vez en su cama. Pero, tras dos minutos de silencio…
– ¿Para qué quieres el mapa?– dijo Ron que ahora no podía dormir por la curiosidad.
– ¿No estabas durmiendo?– dijo Harry a sabiendas que a Ron no le gustaría su respuesta.
– Pretendes controlar a Sanders y a Snape, ¿verdad?– preguntó Ron habiendo ya llegado a esa conclusión.
– Si lo sabes, ¿para qué preguntas, Ron?
– Harry, tiene que haber otra explicación, quizás solo discutían por algo ocurrido en clase o quizás…
– ¿Tenían su primera discusión de pareja? – dijo Harry con ironía.
– Antes me creería que Sanders es una de ellos– dijo Ron con cierta expresión de repulsión.
– No lo sé, pero ayer en la cena volvió a ocurrir, y siento como si Voldemort se hiciera más fuerte. Por cierto, creo que va siendo hora que te levantes o no llegaremos a desayunar hoy.– dijo Harry sin querer hablar más del tema.
Después del desayuno, y terminada la primera clase del día, los alumnos de sexto año de Gryffindor y Slytherin tenían dos horas libres. Hermione se fue a ayudar a Ron con sus deberes, algo habitual en ellos. Harry se dirigió camino a la lechuzería, se sentó en las escaleras de la torre y de su bolsillo extrajo el mapa del Merodeador.
– Juro solemnemente que esto es una travesura.– pronunció apuntando con la varita en el pergamino.
En verdad, no esperaba encontrar nada fuera de lo normal, comprobó que Snape estaba solo en su despacho, seguramente preparando pociones y la profesora Sanders paseaba por los pasillos de Hogwarts en dirección, quizás, a su despacho. Iba a pronunciar el hechizo para poder guardar el mapa cuando algo le llamó la atención. Los pasos de Draco Malfoy se dirigían hacia las afueras de Hogwarts, Harry seguía atentamente su recorrido, cada vez más y más cerca del Sauce Boxeador. Toda su atención se centro en Malfoy, no había duda alguna, se dirigía al majestuoso árbol y llegando allí desapareció.
Se le aceleró el corazón, sabía que lo único que podía haber hecho desaparecer a Draco delante del árbol es haber entrado en la Casa de los Gritos desde allí, estaba tan inmerso en el mapa que no se percató de quien subía las escaleras de la torre oeste, al oír unos pasos miró en el pergamino, la profesora Sanders estaba a escasos metros de él.
– Travesura realizada.– pronunció rápidamente Harry y nervioso con la presencia de la profesora escondió el mapa en su bolsillo.
– Estudiando, señor Potter?– preguntó Eve al ver Harry sentado en el suelo interrumpiendo su camino.
– No, solo pensaba…– dijo Harry, aún con la mano en su bolsillo, y sin saber muy bien que decir.
Eve se sorprendió de esa respuesta, miro fijamente a Harry y pudo notar el nerviosismo en él, intuyó que había interrumpido algo pero no pensaba en indagar en ello, ella no era Snape pensó.
Harry, para desviar la atención de su profesora, teniendo en cuenta que desconfiaba plenamente de ella, encontró una fácil solución para disculpar su extraño comportamiento. Rápidamente sacó su mano del bolsillo, y ocultando el mapa, extrajo una foto de sus padres, sin que ella le pidiera nada, le mostró la foto.
Eve, conociendo gran parte de la historia de Harry, comprendió al ver la foto que el chico a veces necesitara pensar, no debía de ser fácil para un niño crecer sin sus padres, contestó al gesto del muchacho con una ligera sonrisa, y miró detenidamente la foto de la pareja, pues nunca antes había puesto cara a los padres de Harry, James y Lily Potter.
– Tienes los ojos de tu madre, Harry.– dijo ella amablemente mientras miraba la imagen.
Harry, respondió a ello con una sonrisa fingida, quería salir de allí lo más rápido posible. Sin más comentario, la profesora le devolvió la foto y él la guardó en su bolsillo.
– Te dejo solo…– dijo ella con una sonrisa sin querer molestar más al muchacho, luego continuó su marcha.
Cuando la profesora se alejó, Harry Potter, se levantó a toda prisa, y sin que sus piernas dieran para mas corrió hacia su habitación en busca de la capa de invisibilidad. Tenía poco tiempo, no quería perder a Draco, algo debía de tramar dirigiéndose solo a la Casa de los Gritos. No había tiempo de avisar a Ron y a Hermione sobre el suceso, él sólo se fue a gran velocidad hacia la entrada escondida del Sauce Boxeador, cubriéndose con su capa y haciendo el menor ruido posible se adentro en él.
En la casa de los gritos, las cosas no iban como Draco Malfoy había previsto. Se había preparado a conciencia por el encuentro con Voldemort y deseaba alardear de su plan frente a él, pero el Señor Tenebroso, no acudió a su cita. Bellatrix Lestrange estaba, ahora, delante de su sobrino, Draco Malfoy.
– Draco, de verdad te creías tan importante como para que el Señor Tenebroso se presentara ante ti- dijo ella imitando la cara de un niño disgustado.
Draco no contestó a eso, en verdad, incluso se alivió al verla. Detenidamente contó a Bellatrix sobre la existencia del armario y lo que pretendía hacer con él. A Bellatrix le gustó la idea de entrar en Hogwarts, informó a Draco que le contaría el plan a su Señor Tenebroso y se reunirían para preparar la intromisión si Voldemort estaba de acuerdo con ello.
Harry, oculto por la invisibilidad de la capa y guiado por las voces, llegó frente a la puerta entreabierta de una habitación de la Casa de los Gritos. Allí la voz estridente de una mujer, que reconoció al instante, le heló la sangre.
– El Señor Tenebroso estará orgulloso de ti, Draco,… mucho más de lo que lo está de tu padre.– dijo ella riendo estrepitosamente con la última parte de la frase.
Dicho esto, Bellatrix desapareció del lugar dejando el rastro de una sombra negra y el eco de esa risa estremecedora. Harry, inmóvil y escondido con su capa, esperó pacientemente a que Draco se fuera, lamentándose de no haber llegado a tiempo para poder escuchar la conversación que había tenido lugar en esa habitación. Aun así, lo que había descubierto era de cierta importancia y gravedad, Draco ya era uno de ellos, era un Mortífago, tenían que ser precavidos, algo se estaba preparando en Hogwarts y ahora sabía claramente que Voldemort estaba detrás de todo.
