Harry Potter entró estrepitosamente en la sala común Gryffindor, respiraba agitadamente, estaba pálido y su expresión era de preocupación extrema. Ron y Hermione se encontraban en la sala, estudiando tranquilamente, cuando les sobresaltó la llegada de su amigo.
– ¿Qué pasa, Harry? – dijo Hermione al ver el rostro de su amigo.
– Vi a Draco…– intentó pronunciar mientras calmaba su respiración para continuar la explicación.
– No es una buena experiencia, cierto, pero no crees que exageras un poco? – dijo Ron sin dar mucha importancia a Harry.
– No Ron, es mucho peor que eso.– continuó serio el muchacho. – Al despedirnos después de clase, eche un vistazo al mapa del Merodeador, no esperaba encontrar nada fuera de lugar pero vi a Draco desaparecer frente al Sauce Boxeador.
– Desaparecer…– dijo Ron sin comprender muy bien.
– Entró en la Casa de los Gritos. – dijo Hermione, comprendiendo perfectamente a Harry.
– Exacto. Seguí a Malfoy hasta allí con la capa de invisibilidad, pero llegué demasiado tarde.
– ¿Tarde para qué? – dijo Ron confuso.
– Draco estaba con Bellatrix, Bellatrix Lestrange. No sé de lo que hablaban, solo puede llegar a escuchar que el Señor Tenebroso estaría orgulloso de Malfoy. ¿Lo entendéis?. Eso significa que…
– No puede ser Harry.– dijo Hermione incapaz de creérselo.
– Si Hermione, es uno de ellos. Draco es un Mortífago, igual que su padre. Y algo traman…
– Harry, debes informar a Dumbledore. – dijo Hermione seriamente preocupada.
– Sí, eso haré, ahora mismo.– contestó Harry.
En el despacho de Albus Dumbledore, Minerva McGonagall, ponía en orden la correspondencia en ausencia de Dumbledore, mientras esperaba la llegada de Severus y Eve. La entrada, no esperada, de Harry en el despacho la sorprendió y la misma reacción tuvo el muchacho al encontrar allí a su profesora en lugar del director de Hogwarts.
– Buenas tardes Señor Potter.– dijo Minerva McGonagall.
– Profesora… Quería hablar con el director.
– Lo siento, el director estará fuera un par de días, por asuntos personales.
– Pero es muy urgente, profesora, tengo que hablar con él.
– Me temo que eso no va a ser posible, señor Potter. – lamentó Minerva.
Harry dudaba de si era correcto contar todo lo que había presenciado y deducía sobre Draco a McGonagall, pero alguien más debía de saberlo, si ocurría algo debían de estar preparados, mientras daba vueltas a la situación permanecía en silencio, con cierta tensión. La profesora al percatarse del nerviosismo del muchacho preguntó.
– ¿Qué es lo que sucede Harry?
– No sé como contárselo profesora, creo que está ocurriendo algo, no puedo explicárselo pero Vol…Quien usted ya sabe se hace más fuerte.
– Son tiempos difíciles, señor Potter, todos debemos estar preparados, ciertamente. - confirmó la profesora sin entender muy bien a donde quería llegar su alumno con esa conversación.
En esos mismos instantes, fuera del despacho del director, Severus Snape y Eve Sanders se encontraron delante de la entrada. Se saludaron con un cruce de miradas y una ligera sonrisa por parte de Eve, que no fue correspondida, ambos subieron hacia el despacho sin pronunciar palabra. Antes de adentrarse en él, escucharon parte de la conversación que acontecía detrás de la puerta.
– No solo me refería a eso, profesora McGonagall, están actuando y Draco Malfoy está con ellos, preparan algo.– continuó Harry.
– Señor Potter, esa es una acusación muy grave. – dijo seriamente la profesora McGonagall.
El rostro frio de Severus Snape se volvió expresivo de golpe, Eve notó una rabia exagerada en él y no entendía muy bien el motivo, ella sabía que Harry era un chico listo y con mucha intuición, quizás un poco entrometido, pero no era un mal chico, y sus deducciones estaban en lo correcto, simplemente tendrían que alejarlo y vigilarlo más de cerca para que no se entrometiera en el asunto antes de lo que era debido.
– ¿Tiene pruebas? – dijo Snape desde el linde de la puerta interfiriendo en la conversación.
Esas palabras paralizaron a Harry al momento, deseaba explicarse con McGonagall pero no delante de Snape y mucho menos de Sanders, puede que ellos formaran parte de lo que fuese que Draco planeaba, cada vez más, desconfiaba de todo y todos.
– Simplemente lo sé.– mintió el muchacho.
– Simplemente lo sabe… una vez más me asombra con sus dotes Potter, veo que continua alardeando de ellos, es incluso más arrogante e insolente que su padre. - dijo Snape, viendo como eso provocaba la ira del muchacho, cosa sumamente satisfactoria para él.
– No diga una palabra contra mi padre o…
– Verdades, señor Potter, solo verdades.– dijo Snape secamente y con desprecio.
– Señor Potter, le sugiero que vuelva a su sala común. – dijo McGonagall mas sorprendida por las acusaciones de Harry que por el agrio comentario del profesor de pociones.
Harry, aún en silencio, con los puños apretados y conteniendo la ira salió de la habitación dejando en ella a los tres profesores. Minerva McGonagall decidió que a su tiempo ya informaría a Dumbledore, pero ahora, desconociendo que tanto sabía la profesora Sanders de todo lo sucedido con Harry, Voldemort y el pasado de Snape zanjó el tema delante de ellos.
– Profesores, les he hecho venir por comunicarles que el próximo fin de semana tendrán que cubrir la salida a Hogsmeade. - dijo la profesora McGonagall rompiendo el silencio que se había producido luego de la salida de Potter.
– Olvídalo Minerva, si no quieres que tu apreciada casa se quede sin puntos.– dijo Snape secamente.
– Lo lamento Severus pero no hay otra opción. Pedid a los alumnos que entreguen las autorizaciones en su próxima clase. Pueden irse.
Eve solo asintió, no le desagradaba la idea pero no iba a ser fácil para ninguno de los dos, des de esa noche no habían sido capaces de mantener una conversación civilizada, sin reproches, sin malas palabras y sin segundas intenciones, y ella entendía que hasta que él no fuera capaz de aceptarlo como ella lo había hecho eso no sucedería. Pero en estos momentos otra preocupación rondaba en la cabeza de la profesora, que tanto sabía Potter y de donde había sacado la información, eso era realmente preocupante al igual que el trato de Snape hacia él. Des de su punto de vista, todo aquello que significaba algo para Snape era digno de menosprecio, si eso era cierto, ella también significaba algo, pero cuanto de importante era Potter y porqué...
Eve, saliendo de sus pensamientos, abandonó el despacho junto con Snape, el cual mandó un leve movimiento de cabeza hacia ella para que la siguiera y se dirigió hacia las mazmorras. Con cada paso la tensión entre ambos aumentaba, demasiados sentimientos y recuerdos hacían que estar a solas fuera demasiado incomodo e inapropiado para las clases que se disponían a continuar.
– Empecemos, Riddle, lo que va a practicar hoy es la Legermancia. Le dejaré entrar en mi mente, pero no se haga ilusiones, todo lo que vera será solo lo que yo le deje ver. – dijo él intentado pasar por alto la situación en la que se encontraban una vez mas y fingir normalidad.
– No tenía la menor duda de eso. – dijo ella.
– Cuando quiera pronuncie el hechizo, concéntrese, vamos a comprobar si controlando no pierde la conciencia. Esta vez cerraré mi mente, no verá nada pero infórmeme si algo va mal.
– ¡Legeremens!. – pronunció Eve con su movimiento de varita sin producir efecto alguno.
– ¿A eso le llama hechizo, profesora? Inténtelo de nuevo.
– ¡Legeremens!. – pronunció Eve nuevamente.
Un vacio apareció en la mente de Eve, era como ver la nada, ni rastro de sentimiento, ni rastro de emoción ni una simple imagen durante escasos segundos, y sin poder aguantar más volvió a la realidad. No lograba concentrarse, sus pensamientos sobre Harry y sus sentimientos hacia Snape no ayudaban en la tarea.
– Solo es cuestión de concentración, Riddle, de la cual hoy andamos escasos veo.
– Pensaba…
– Sé en qué pensaba, profesora, entrar en mi mente le conlleva cerrar la suya y no lo ha hecho.
– Entonces complázcame con las respuestas.
– Referente a lo que piensa le diré que no le concierne y en cuanto a lo que s… no le complacerían mis respuestas.
– Ya… y que es lo que usted cree que me complacería profesor?
– No empieces con tus estúpidos juegos de palabras Riddle!
– Bien, ahora podemos entendernos. ¿Será necesario incomodarte cada vez para que me tutees?
– Veo que, en parte, ya estas complacida. ¿Podemos empezar la clase o tienes alguna pregunta más que hacer? – dijo Snape con cierta ironía.
Eve se sentía satisfecha por lograr romper esa barrera de seguridad, pero quería ir más allá y sabia que como continuar sacando de sus esquemas a Snape, sin vacilación alguna sacó el tema de Harry.
– ¿Porque ese trato con Potter? Que ganas con ello, es solo un crio, bastante listo, por cierto. Te debe de importar mucho para que lo trates así. ¿no es cierto?
– Le trato como se merece y él no me importa lo más mínimo. Y para complacerte un poco mas… ¡tu tampoco! Concéntrate y empecemos.
Severus Snape deseaba que fueran ciertas esas últimas palabras pero eso no era así, la incomodidad, la tensión, el deseo reprimido y todo lo que esa mujer le provocaba no era falso ni fingido, no podía negárselo mas a sí mismo por mucho que aceptarlo conllevara traicionar el recuerdo de Lily, lo único que podía hacer era luchar contra ello y evitarlo, pero la mujer que tenía delante, la cual se acercaba peligrosamente, parecía no querer evadirlo, sino más bien todo lo contrario.
Las últimas palabras de Snape, no dolieron a Eve en absoluto, sabía que era lo que pasaba por la mente del él sin necesidad de entrar en ella, recordaba sus reacciones al verla, sus manos en su rostro, sus miradas… Entendía que no era correcto, que se jugaba mucho pero no podía negarse a sí misma sus deseos ni sentimientos. Estaba dispuesta a conocer el porqué de esa coraza y deshacerla, lo amaba, sin saber ni cómo ni porque, pero lo amaba a pesar de todas las dudas que daban vueltas a su persona.
– Lo dudo…– susurró Eve insinuante a escasos centímetros de él.
Lentamente y sin vacilación acortó el escaso espació que había entre ambos y lo besó con brusquedad, solo con el contacto Snape le correspondió con creces, deseaba besarla cada vez que la tenía cerca, cada vez que cruzaban sus miradas, cada vez y siempre la deseaba.
– Curiosa forma de no dar importancia a las cosas. – dijo Eve separándose de él bruscamente y dejándolo con ganas de mas.
Ella retomó el beso, con ansias, deseaba volverse a perder en él, sin importar todo lo demás, pero fue Snape quien se separó de ella bruscamente recobrando un fingido control de la situación que duró solo el tiempo de pronunciar una frase…
– Curiosa forma de concentrarte– dijo él respirando agitadamente.
– Cállate. – contestó Eve, tapando su boca con otro beso.
Las ganas de seguir y parar el mismo tiempo quedaban reflejadas en ese curioso juego de besos reprimidos que cada vez llegaban más lejos. Respiraban agitadamente, deseaban no parar y volver a catar sus cuerpos una vez más, pero la lucha interior se hacía presente entre gemidos con palabras de negación. Cuando estaban decididos a abandonar la lucha y dejarse llevar Eve dejó de corresponder los besos, su respiración se agitó de una forma muy distinta y en su rostro podía entreverse una mirada de terror que Snape captó rápidamente.
– Eve… no, no, ahora no… no pienses en nada…
Si algo no era fácil en esa situación era, precisamente, no pensar en nada, Snape era plenamente consciente de eso, sujetó a Eve y la condujo a su sillón, debía de conseguir que se relajara y que dejara fluir las imágenes pero, si ella no era capaz de controlar su mente y no perdía el conocimiento su mente quedaría abierta para Voldemort.
– Relájate y por lo que más quieras, pon tu mente en blanco. Puedes hacerlo. No prives la entrada pero no pierdas el control de tu mente. – dijo él intentando hacerla reaccionar.
– No, no puedo… – contestó mirándolo con terror.
– Si, si puedes, cierra los ojos y concéntrate.– le dijo mientras le sujetaba el rostro con ambas manos.
Eve cerró los ojos y logró un ligero control de su mente, para evitar el dolor dejó que fluyeran las imágenes que temía que le aterrorizaran pero, en ese momento, no se sentía sola frente a ellas. La imagen de su padre se dibujó en su mente, pronunciando unas palabras que no llegó a entender mientras él empuñaba su varita, estaba convocando a los Mortífagos. La visión se desvaneció y Eve volvió a la realidad.
– Severus, os está llamando…tu brazo…– logró pronunciar ella.
Simultáneamente Snape sintió una punzada en su brazo y la marca tenebrosa se hizo más visible. Miró fijamente a Eve con cierta preocupación y la soltó.
– No podemos seguir con esto Eve.
– Logré controlarlo.
– Quizás esta vez sí, pero arriesgamos demasiado… Tengo que ir.
– Lo sé.
