La noche había caído en el castillo, los tres jóvenes Gryffindor regresaban a su sala común a toda prisa después de la cena en el gran comedor. Tan solo llegar, Harry, se dirigió a su baúl en busca del mapa del Merodeador, no podía pasar por alto el hecho que Severus Snape y Eve Sanders no hubieran asistido a la cena, y después de lo sucedido en el despacho de un ausente Dumbledore no podía ser mera coincidencia.
– Juro solemnemente que esto es una travesura– pronunció Harry apuntando con su varita en el pergamino ante la atenta mirada de Ron y Hermione.
Los tres jóvenes esperaron con ansias ver aparecer el nombre de Severus Snape, fijaron la mirada en el despacho de este pero por su sorpresa la profesora Sanders se encontraba en él, sola.
– Que hace allí y sin Snape?– preguntó Ron atónito.
– No lo sé, Ron, pero Snape no está en el castillo, al menos no dónde podamos verle.– afirmó Harry.
– A ver, nadie en su sano juicio se atrevería a entrar en el despacho de Snape sin su consentimiento, o sea que, o sabe que él esta fuera o bien él le ha permitido estar allí. La verdad, no sé que es peor.– dijo Hermione intentando poner en claro la situación.
– Voy a por la capa de invisibilidad.– dijo Harry.
– ¿Estás loco? - le frenó Hermione.– No es prudente, y menos sin Dumbledore en el castillo.
– Y que propones, esperar dos días a que vuelva?– preguntó Harry.
– No, pero si podemos esperar hasta que vuelva aparecer Snape y poder anticiparnos a él.– dijo Hermione intentando calmar las ganas de ir de su amigo.
Durante más de dos horas los tres Gryffindors esperaron observando atentamente el mapa, todos los profesores permanecían en sus aposentos a excepción del señor Filch que hacía sus habituales rondas de guardia y la profesora Sanders que vagaba por los pasillos de Hogwarts, al parecer, sin rumbo alguno, pero pasando continuamente por delante del despacho de Snape.
– Es como si lo estuviera esperando, ¿verdad?– trató de pronunciar Ron mientras bostezaba.
En ese mismo instante el nombre de Draco Malfoy, saliendo de su sala común captó la atención de Harry, el cual se incorporó rápidamente y fijo su mirada en el.
– ¿Va hacia el tercer piso?.– dijo Hermione algo confusa.
– Dadme el mapa, voy a seguirle, no pienso quedarme aquí de brazos cruzados, ya tardé demasiado la última vez, quizás esta vez sepa lo que se proponen –dijo Harry.
– ¡Vamos contigo!– dijo Hermione viéndose incapaz de detener esta vez a su amigo.
– No, Hermione, alguien tiene que informar a McGonagall si algo pasara.– dijo Harry.
– Harry tiene razón.– apuntó apresuradamente Ron sin ningunas ganas de ir, recibiendo así una mirada desaprobación de su amiga.
Con determinación, Harry cogió el mapa y su capa de invisibilidad y salió de su sala común siguiendo los pasos de Draco Malfoy con el pergamino. Estos, efectivamente, le condujeron al tercer piso donde, a lo lejos, empezó a vislumbrar la figura de Draco Malfoy caminando a través del largo pasillo.
Draco Malfoy, parecía algo nervioso, muy pendiente de no ser visto y eso no jugaba a favor de Harry que tratando de hacer el menor ruido posible se aproximaba cada vez más a él. Malfoy se detuvo, y el ruido de sus pasos se detuvo con él evidenciando así la presencia de alguien más cerca. Rápidamente el Slytherin apuntó su varita hacia lo que parecía la nada y pronunció.
– ¡Petrificus totalus!
– ¡Protego!– pronunció Harry, protegiéndose del hechizo de Draco y descubriendo así su posición.
– Potter…– dijo con asco Draco Malfoy.
– Sé lo que eres Malfoy, sea lo que sea lo que tramas no te saldrás con la tuya…– dijo Harry desafiante.
– Desaparece, asquerosa sangre sucia.– gritó Malfoy apuntándole con la varita de la cual salió un rayo resplandeciente que Harry pudo evitar escondiéndose detrás de una de las columnas del pasillo.
– ¡Expelliarmus!– pronunció Harry, fallando contra el suelo.
Una lucha incesante de hechizos empezó entre ambos estudiantes en el pasillo del tercer piso del colegio, una lucha que, por el momento, pasaba desapercibida por todo el mundo. Por un momento, la discreción de Harry desapareció, él perseveraba absorto en esa disputa sin percatarse de que los pasos de Severus Snape habían aparecido en el olvidado Mapa del Merodeador.
En el rostro de Malfoy podía verse claramente reflejado el odio y la rabia hacia Harry y no dudo en apuntarlo con su varita al tiempo que empezaba a pronunciar una de las maldiciones imperdonables.
– ¡Cruci…!– llegó casi a pronunciar Malfoy.
– ¡Sectumsempra!– pronunció Harry haciendo impactar el hechizo en el cuerpo de Draco, dejándolo tendido en el suelo lleno de cortes y sangre.
Harry quedó paralizado al ver lo que había hecho, el desconcierto y el miedo le recorrían el cuerpo al igual que la sangre recorría el de Malfoy, ni él mismo se reconocía capaz de hacer aquel cruel acto, la ira le había empujado a cometer esa atrocidad y no había vuelta atrás. Despacio, se aproximó al cuerpo inmóvil de Malfoy, aún con vida, sin ser saber cómo contrarrestar los efectos de la maldición que él mismo había pronunciado.
Quieto, frente al cuerpo, pudo vislumbrar como una figura se le acercaba mirándolo fijamente con unos ojos intensamente negros. Severus Snape, sin dirigir palabra alguna a Harry, se arrodilló junto al cuerpo de Draco Malfoy.
– Vulnera Sanentur… Vulnera Sanentur… Vulnera Sanentur…– pronunció Snape, provocando que la sangre remitiera sanando así las heridas del muchacho, que ahora empezaba a retomar la consciencia..
Harry, retrocedía poco a poco, el coraje Gryffindor le abandonaba a cada paso, aterrado por los acontecimientos y tembloroso ante la figura de Severus Snape, deseaba salir de ese pasillo lo antes posible pero las palabras del profesor de pociones lo detuvieron.
– Lo he subestimado, señor Potter. –dijo Snape lentamente. –Veo que no solo alardea de sus dotes, también los pone en práctica con los demás estudiantes.
– No pretendía hacer eso, solo me defendía, profesor.– dijo Harry desviando la mirada.
– No cabe duda que es hijo de su padre, mentiroso, arrogante… quiere a caso probar sus dotes contra mi Potter. Sabe, su padre no me atacaba sin que fueran cuatro contra uno…– espetó Snape, perdiendo un tanto su calma ante ese niño que tanto le recordaba su pasado.
Esas palabras llenaron de ira a Harry, quién permeancia de pie frente Snape, ahora con los puños apretados con rabia y levantando lentamente la mirada hacia él.
– Severus… – se hizo notar la voz de Eve proveniente de detrás de las columnas.
Después de un prolongado silencio, Snape, recobrando su porte y teniendo en cuenta a los presentes añadió.
– Señorita Sanders… acompañe al señor Potter a su sala común. Y… por cierto Potter, se ha ganado usted un mes de castigo.– añadió.
Mientras Eve y Harry desaparecían en la oscuridad del largo pasillo, Snape se encaminó hacia Draco Malfoy, quién intentaba a duras penas ponerse en pie.
– Te lo advertí Draco, no mas estupideces. Juré por ti, pronuncié el juramento inquebrantable.– le dijo Snape secamente.
– Yo no te pedí que lo hicieras.– contestó el chico a la defensiva.
– Sé que tienes miedo Draco, eso te hace vulnerable, te ayudaré si te limitas a tu tarea. No querrás que el señor Tenebroso este descontento contigo, ¿verdad?– le advirtió Snape.
Dicho esto, Draco Malfoy hizo algo parecido a un gesto de aprobación y se dirigió hacia su sala común, sus heridas se habían curado, pero aun así su cuerpo seguía dolorido y unas largas horas de sueño le irían bien para recuperarse plenamente.
