CAPÍTULO 3

Beneficio de la Duda

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Se sentó en su escritorio esa tarde, sacó los cuadernos e intentó terminar los ejercicios de matemáticas que no había alcanzado a terminar en clase. Una vez finalizara haría una copia para entregársela a Naruto y así ayudarlo a poder entender al menos lo que estaban viendo en matemáticas. Sonrió sólo de pensar en la expresión que pondría cuando los recibiera. El pobre realmente necesitaba de ayuda, pues sus notas eran tan malas que podría perder el año.

Yo te ayudaré Naruto-kun. No perderás el año… no si puedo evitarlo ―pensó mientras se esforzaba lo máximo posible en resolver todas las difíciles ecuaciones en la hoja de ejercicio.

Suspiró en ese momento queriendo ser lo suficientemente fuerte para haberle ofrecido su ayuda en vez de dejarlo copiarle, pero no se atrevía a hablarle, pues cada vez que lo había intentado su voz temblaba, su visión se volvía borrosa y las palabras no salían. Por ello había decidido escribir la carta, la cual sacó de su bolsillo delantero y puso frente a ella, observándola con tristeza

¿Por qué no podía ser más decidida e intentar alcanzar lo que realmente quería? Había intentado cambiar toda su vida y siempre terminaba con el mismo resultado, rindiéndose antes de si quiera intentarlo. Había puesto su corazón en ese pedazo de papel y aún así, no podía hacerlo llegar a destino. Si tan sólo hubiese tenido un poco más de determinación y valentía, quizás Naruto hubiese conocido cuanto lo amaba y en ese momento, ella podría haberse encargado de hacerlo feliz el resto de sus días.

Miró la hora que marcaba el pequeño reloj en su velador entonces. Era tarde ya, una hora correcta para dormir. Se puso un camisón lila que le cubría hasta las rodillas, pero que era lo suficientemente fresco para las calurosas noches que comenzaban a hacer ahora que el verano estaba a la vuelta de la esquina. Lo único que faltaba era poner todo dentro del bolso escolar, peinar su cabello azulado para que no se le formaran nudos y aplicarse un poco de crema. Subió su mirada al espejo de su tocador mientras buscaba el frasco con el humectante, cuando de pronto vio el reflejo de alguien que la miraba por la ventana.

Por instinto quiso gritar pero en vez de eso, al reconocerlo, se sintió horrorizada de que alguien lo viese ahí.

―¿Qué hace aquí? ―le preguntó despavorida― No puede estar aquí. Si alguien lo descubre…

―Eso da igual. No seré yo quien estará en problemas sino que mi novia que me dejó entrar ―respondió casualmente, abriendo un poco más la ventana y sentándose en el marco de ésta.

―¡No soy su novia! ―alegó ella buscando algo con lo cual taparse.

―No es eso lo que le diré a tu padre ―Sasuke la miró con malicia―. Me pregunto qué diría al ver a su hija con alguien en su cuarto y vestida así.

―¿Por qué está haciendo todo esto? ―le preguntó Hinata completamente avergonzada―. Ya le di mi palabra de… de… de hacer lo que me pidió y aún así… ¿Cómo si quiera logró entrar?

―¿Realmente pensaste que una cerca me iba a detener? ―su rostro impávido volvió a reflejarse, lo cual lo hacía lucir extremadamente aburrido.

―Nadie debería poder pasar la entrada hoy ―y estaba segura de haber dicho que no recibiría visitas ese día―. Hay guardias y…

―Tengo mis medios.

Hinata lo observó con fastidio, preguntándose cuál era el verdadero motivo para que él estuviese ahí. No comprendía por qué había tenido en ese último día más contacto con Sasuke Uchiha que en toda su vida siendo compañeros en el colegio, pero no le agradaba en lo más mínimo. El joven era un desubicado, pensando que era apropiado entrar al cuarto de una dama a esa hora y simplemente no quería tener más contacto con él. Todo lo que decían de Sasuke estaba resultando ser verdad y ya no tenía la paciencia para darle el beneficio de la duda.

―Quiero que se vaya ―le dijo poniéndose de pie y olvidándose de cómo estaba vestida―. Esto es completamente inapropiado de su parte.

―Pensé que te había dicho que estaría aquí a las siete ―Sasuke levantó la mirada entonces para observarla―. Me atrasé un poco subiendo la cerca pero aquí estoy, ¿Por qué no estás vestida?

―Porque… porque ya va a anochecer y debo dormir ―era lógico, cuando llegaban las nueve de la noche ella apagaba su lámpara del velador, abrazaba su osito de felpa y dormía pensando en Naruto Uzumaki.

―¿Quién se va a la cama antes de las once hoy en día? ―le preguntó extrañado― Sí que eres rara, Hyuga. Pero da igual. Dejaremos la salida para otro día.

―Si eso es todo lo que me quiere decir, debo pedirle una vez más que se vaya ―dijo con firmeza.

―No me iré a ningún lado, al menos no por ahora. Pensé que eso estaba claro ―le respondió entrando a su habitación para mirar de un lado a otro―. Así que este es el templo sagrado de la virgen Hinata. Bastante predecible. Y aburrido ―tomó uno de los ositos de felpa que había en su cama y rió por lo bajo con burla― ¿Es en serio? ¿Crees que tienes edad para jugar con este tipo de cosas? ―soltó el muñeco que fue a parar al suelo.

―No lo uso para jugar ―respondió ella ofendida, agachándose para recogerlo.

―Al menos tu pijama es apropiado ―la miró de pies a cabeza― ¿Quién hubiese pensado que escondías todo eso debajo de tu sweater tres tallas más grande? Deberías vestirte mejor para enseñar ese cuerpo, quizás Naruto te pondría más atención.

Hinata se cubrió el torso con las manos abrazándose a sí misma cuando vio a Sasuke enfocado en sus senos. Estaba horrorizada y por primera vez no supo qué decir ni qué hacer frente a él. Una de las manos de Sasuke se deslizó hacia su cintura entonces y antes de que pudiera moverse para rechazar el contacto con éstas, el pelinegro la detuvo.

―Si te mueves un milímetro te arrepentirás ―y su amenaza, o más bien, su tono de voz fue tan serio que no pudo hacer más que quedarse quieta y dejar que él tocara el raso de su camisón lila―. Se me olvidaba lo diferente que se siente tocar a las chicas bien y las... demás.

―Me está poniendo incómoda ―le dijo cerrando los ojos con fuerza.

―Esa es la idea ―respondió él apáticamente―. Baja las manos. Quiero ver tus senos ―le ordenó, comentario que casi le quita el aliento.

―Gritaré si no se va de inmediato ―lo amenazó, bajando una de sus manos, pero para forcejar con la de él.

―Hazlo ―la retó de vuelta, aferrándose a su cintura con más fuerza―. Entonces tendrás que explicarle a tu papito por qué estoy aquí.

―Mi padre no está en casa.

―Lo sé. Sé que estamos solos. Pero si gritas vendrá alguna de tus niñeras y le terminarán diciendo a tu padre cómo Hinata-hime se encontraba a solas, con un chico en su cuarto, vestida de forma provocativa ―Hinata abrió los ojos con sorpresa, sin creer lo que estaba escuchando. Su expresión denotaba la desesperación que sentía por no ser lo suficientemente fuerte para luchar con lo que estaba sucediendo―. Cuando me pregunten qué hago aquí, les diré que tú me invitaste y será tu palabra contra la mía. Puedo ser muy convincente cuando quiero serlo, ¿Sabes?

―Yo nunca haría algo así ―lloriqueó en protesta―. Y usted no mentiría de esa forma.

―Pruébame ―su mirada se volvió tan seria de nuevo, que Hinata supo enseguida que no estaba bromeando―. Además, realmente no puedes culparme por querer saber que hay debajo de toda esa tela si me recibes vestida así. Sabías que vendría.

―¿Qué es lo que quiere de mí? ―Hinata estaba a punto de ponerse a llorar. Sasuke había pensado bastante bien en todo― ¿Por qué no me deja en paz? Jamás lo traté mal en mi vida y yo…

―Creí que era bastante obvio lo que quiero de ti ―y entonces su mano se deslizó lentamente desde su cintura hasta casi tocar uno de sus senos, momento en el cual la retiró riendo por lo bajo. Hinata sintió que todo el cuerpo le ardía, pero en vez de demostrarlo, dio un paso atrás completamente avergonzada por la manera en que él la había tocado― Pero dejemos eso para otra ocasión. Te traigo un regalo.

―¿Un regalo? ―preguntó sonrojada, queriendo borrar de su memoria de inmediato lo que acababa de ocurrir.

―Sí ―entonces él estiró la otra mano que había estado en su bolsillo hasta entonces, mostrándole un papel doblado en dos―. Ten.

―¿Qué es eso? ―respondió desconfiada.

―El teléfono del perdedor ―se mostró confundida al escucharlo― Naruto.

Estiró su mano temblorosamente, dudando con cada centímetro que avanzaba que estuviese haciendo lo correcto, pero había deseado por tanto tiempo tener el número de Naruto o al menos atreverse a pedírselo, que ahora que Sasuke se lo facilitaba, brillaba en sus manos como un puñado de monedas de oro.

Lo tomó de una vez y lo estrechó contra su pecho con una sonrisa, algo que a Sasuke pareció divertir, pues sonrió con malicia. Entonces Hinata comprendió que seguramente tendría que pagar algún precio por tan valioso presente.

―¿Por qué me da esto? ―tragó saliva, aún intentando cubrirse los senos abrazándose a sí misma.

―Pues, para que lo llames ¿Para qué más? ―le respondió levantando una ceja un tanto confundido.

―¿Llamarlo? ―nunca se hubiese atrevido a hacer algo como eso― ¿A Naruto-kun?

―Sí. Vas a llamar a Naruto ―sentenció sacando su celular― ¿O prefieres hacerlo desde el tuyo?

―P-pero… yo no podría… ―bajó la mirada entonces enrojeciendo hasta las orejas.

―Descuida. Le dije que me enviara un mensaje… exactamente en… ―su celular sonó―. Ahora ―Sasuke llevó el aparato frente a él y leyó el mensaje para luego mostrárselo a Hinata―. Le dije que vendría a terminar los ejercicios de matemáticas contigo y que me mandara un mensaje para agradecerte. Piensa que fue un castigo por llegar atrasados hoy, así que no pongas esa cara de espanto.

"GRACIAS X EL DELISIOSO BENTO, HINATA!"

―¿Usted le dio mi bento a Naruto-kun? ―Hinata no podía creerlo. Era la primera vez que lo veía hacer algo desinteresado, que incluso se podría haber calificado como un acto gentil y por ello Naruto le agradecía con un mensaje bastante mal escrito.

―Sí. Como siempre se levantó atrasado y no alcanzó a prepararse nada ―Sasuke bajó entonces el celular e hizo el ademán de entregárselo― ¿Ves? No soy tan egoísta como piensas. Anda, respóndele.

―¿Pero qué debería decirle? ―le preguntó con timidez. Sasuke conocía a Naruto mejor que nadie y aunque había sido grosero y vulgar con ella, era lo más cercano que había logrado estar de Naruto hasta entonces. No podía desaprovechar esa oportunidad.

―No lo sé. Usa tu imaginación ―Sasuke se sentó en el borde de la cama― ¿Quieres que marque yo? Está esperando tu llamada. Le dije que lo llamarías, no querrás desilusionarlo ahora, ¿Verdad?

Y antes de que tuviera la oportunidad de decir alguna cosa, Sasuke marcó el número.

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―¿Qué hay perdedor? ―lo saludó cuando percibió que Naruto contestaba.

Recibieron las notas parciales y no están nada feliz ―respondió Naruto―. Estoy considerando seriamente desaparecer de aquí hasta que oka-san deje de gritarme.

―¿Tienes que levantar cuantas?

Casi todo ―dijo desilusionado― ¿Estás con Hinata? Deberías dejar de perder el tiempo intentando ganar la apuesta. No irá contigo al baile. Ya deja de torturarla.

―Ya veremos eso. De hecho, Hinata quiere hablarte ―la joven negaba con las manos, pero era demasiado tarde, Sasuke le pasó el teléfono.

―¿Na-Naruto-kun? ―dijo ella con un hilillo de voz, respirando agitada y completamente roja. La imagen era divertida y el Uchiha rió en silencio, burlándose del infantil comportamiento de su presa― Ho-hola…

Hinata se volteó rápidamente entonces para que él no la viera entrar en shock. Estaba avergonzada y Sasuke lo podía notar. Esa había sido su intención desde el comienzo, verla mortificarse frente al chico del cual parecía estar enamorada. Llegaban a temblarle las piernas y su voz era tan suave que Naruto apenas la debió haber oído.

Pero no era suficiente castigo. Realmente debía pagar por humillarlo el día anterior. Ninguna mujer en su vida se había atrevido a cortarle el rostro y menos frente a alguien más. Ella lo había avergonzado frente a Naruto y ahora él le haría lo mismo.

Sin pedirle permiso ni esperar, puso una mano dentro de los muslos de Hinata aferrándose a su pierna. Era frágil pero al mismo tiempo firme, suave y cálida, contorneada delicadamente. Mientras la tocaba, pensó que seguramente era el primer hombre en atreverse a delinear la pierna de la peliazul con los dedos, lo cual lo irritó más que agradarle. Odiaba a las personas perfectas y su nivel de perfección virginal pedía a gritos ser ultrajado.

La joven pareció estremecerse con el contacto entre su piel y la de él, soltando un grito de sorpresa. De inmediato intentó alejarse del Uchiha, lo cual Sasuke impidió enterrando sus dedos en su suave pierna. Extrañamente, sintió un peculiar placer al pensar que dejaría una marca en ella que diría a todos que él había sido el primero.

―¡No!… No fue nada, yo… ―comenzaba a explicarle a Naruto que aún la escuchaba del otro lado de la línea, pero Sasuke no le dio más tiempo― Yo… ―pasó su mano libre por el abdomen de Hinata y la atrajo hacia él, obligándola a sentarse en su regazo― No… no… no es nada… ―decía nuevamente mientras intentaba liberarse del afiance de Sasuke―. Creí ver… creí ver…

Sentada sobre el Uchiha las palabras se perdían en la garganta de la joven. El pelinegro hundió entonces su rostro en el cuello de Hinata, inspirando su aroma, memorizando la sensación de rozar con sus labios la inmaculada piel de su nuca. Quería morderla, dejar marcas que todos vieran al día siguiente, que murmuraran a sus espaldas sobre ella, manchar su diáfana reputación y verla caer de su pedestal de inocencia.

Tuvo que sujetarla con fuerza para que no se le escapase, pues no planeaba dejarla ir a ningún lugar. Pero entre más succionaba su cuello apretando los dientes contra ella, menos resistencia veía de su parte, lo cual lo incitó a poner con poco cuidado una de sus manos entre las piernas de la joven.

―¡Ahhh! ¡No! ―reclamó Hinata entonces, cerrando sus piernas con fuerza―. Es que… es que dejé caer mi… mi vaso… y… y…

Sasuke sonrió. Nunca hasta ese momento se había divertido tanto torturando a una mujer de esa forma. Había tenido alguna que otra oportunidad de follar en lugares públicos, pero sólo tocar a Hinata con Naruto escuchando al otro lado era diez veces mejor. Sentía tanta satisfacción de lograr estremecerla con tan poco, que pronto no pudo evitar empujar su erección contra ella. Había algo perversamente excitante en romper su virginal imagen y controlarse estaba resultándole más difícil de lo que había anticipado.

―¿Te gusta? ―le susurró en el oído que ella mantenía libre, sintiendo como chocaba su aliento alterado contra la piel de la joven, mordisqueando su oído mientras ella apenas y podía hablar― Gime para mí. Anda Hyuga, muéstrame cuanto te agrada.

―No… estoy bien ―decía ella temblando sobre Sasuke, quien en ese momento rozaba sus genitales con los de ella. Lo único que le impedía entrar en Hinata era la tela de sus ropas, la cual consideraba un estorbo. ―. Deberé… deberé volver a los estudios, Naruto-kun… yo…

―Deja de resistirte ―le susurró subiendo su mano por las piernas de la joven, retirando la tela lila que le molestaba. Quería sentir todo lo que ella podía entregarle en ese momento y hacerla pagar por cada una de las cosas que le había dicho. Quería percibir cómo se mojaba con el simple roce de su sexo y de su boca lastimando su cuello―. Naruto nunca te haría sentir así.

―¡Debo colgar! ―exclamó ella en ese momento, dejando caer el celular y forcejeando con Sasuke para que la soltarla― ¡Basta! ¡Por-por favor!

Entonces Sasuke la soltó, momento que ella aprovechó para saltar hacia adelante y alejarse lo máximo posible de él. Sus mejillas estaban rojas y su respiración completamente descompuesta, sus piernas temblaban y lucía como si se en cualquier momento fuese a llorar.

El Uchiha supo que por mucho que lo negara, lo había disfrutado. Su cuerpo no mentía. Hinata había pasado toda su vida sin el contacto de nadie y sentir por primera vez las manos de alguien sobre su cuerpo seguramente era una experiencia completamente nueva que ni si quiera lograba entender.

―Te llamaré después ―dijo al auricular y colgó la llamada.

―¿Por qué me está haciendo todo esto? ―le preguntó ella nuevamente al borde de las lágrimas.

―¿No es obvio? ―la cuestionó intentando controlar su respiración.

―No para mí ―respondió ella arreglándose el camisón que con el movimiento había dejado expuesto uno de sus hombros.

―Haré que supliques que te folle ―le dijo con media sonrisa―. Te convertiré en una ramera que sólo servirá para satisfacerme cuando se me antoje.

―¡Sólo responda mi pregunta! ¿Qué hice para que quiera destruir mi vida?

―Eso lo tendrás que averiguar por ti misma, Hyuga ―le dijo lentamente.

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