Severus Snape, desapareció de Hogwarts dirección a la mansión Malfoy, no debía de retrasarse, sin un exacto conocimiento de los planes de su señor, lo único que quizás podía salvarle de la muerte fuera la rapidez de ir a su encuentro y su servidumbre hacia él. Estaba preparado y seguro de ser capaz de mantener su mente a salvo de sus intrusiones, solo debía de alejar de su mente sus sentimientos hacia ella, evitar cualquier señal de que ella le importaba y encarar así la situación fuese cual fuese.

Se adentró a la gran mansión y rápidamente se dirigió al comedor, donde solían efectuarse las reuniones. Lord Voldemort no estaba solo, Bellatrix Lestrange estaba vagando por la sala, con su peculiar aire de niña curiosa, y un par de Mortífagos más estaban sentados en la larga mesa. Voldemort permanecía de pie y no parecía molesto ante la llegada de Severus Snape.

—Me complace tu presencia Severus, por un momento dude de ti. — pronunció el señor Tenebroso al ver llegar a su fiel siervo.

—Mi señor— se apresuró en contestar Severus mientras hacia un rápido vistazo a los presentes y percibía un ambiente relajado. Al parecer había hecho bien en acudir a su llamada rápidamente.

—Debo comunicarte un cambio de última hora en nuestros planes que te concierne— dijo Voldemort pausadamente.

— ¿De qué se trata, mi señor? — preguntó falsamente relajado Snape.

—Sabes que no me gusta la incompetencia y fallaste en tu tarea con la señorita Sanders, Severus. —dijo Voldemort, respondiendo a su pregunta.

—No comprendo, mi señor— se apresuró en contestar, mostrándose sorprendido.

—Serias un necio si lo hicieses y aún así te presentaras ante mí— apuntó Voldemort con frialdad.

En ese mismo instante la mirada penetrante de Lord Voldemort quedo fija en Snape, y este comprendió que pretendía, así pues, con sus dotes de oclumante dejo ciertas barreras de su mente abiertas y permitió ver a su señor lo que quería ver, escondiendo todo lo demás.

— Puedo ver que no mientes Severus. Al parecer, la señorita Sanders no solo tiene el don de la premonición, sino que tuvo la desfachatez de adentrarse en mi mente— continuó Voldemort.

—Pero eso es imposible, mi señor—contestó Snape con seguridad.

—Como osas llevarme la contraria, Severus.

—Lo siento mi señor, no pretendía ofenderte, solo digo que es imposible acceder a su mente, es usted un gran oclumante. —apuntó rápidamente para evitar importunarlo a sabiendas de las consecuencias.

—Tienes razón en lo que dices, por eso quiero que se presente ante mí.

Fue en ese momento cuando los temores del profesor de pociones se confirmaron, sabía que salvar su vida comportaría poner en riesgo la de Eve, pero ahora mismo no tenia opción ni tiempo de pensar en cómo evitarlo, si bajaba la guardia o se perdía en sus pensamientos con ella, Voldemort lo percibiría.

En el otro extremo de la sala, Bellatrix Lestrange, que hacía un buen rato que había puesto toda su atención a la conversación de su amo, se acercaba cada vez más con ganas de participar.

— ¿Es esa mi tarea? mi señor— se apresuró en contestar con fingido orgullo y como si estuviera recibiendo una grata noticia al captar, rápidamente, las intenciones Bella.

—No Severus, me eres más valioso dentro de Hogwarts— respondió el Lord.

—Yo la traeré, mi señor…— casi gritó Bella con emoción y cierta sed de sangre que se vio frustrada con un solo gesto de su señor.

—No, Bella, no dudo de tu capacidad, querida, pero debo asegurarme de que llegue viva.

—Pero mi señor… —intentó replicar ella, obteniendo un nuevo gesto de desaprobación.

—Cuando termine con ella, será todo tuya Bella— dijo Voldemort provocando así la cara de satisfacción de Bella.

Severus Snape, procuraba en gran medida controlar su rabia que aumentaba cada vez más con el sonido de la estridente risa de Bellatrix al escuchar el gran ofrecimiento de su señor. Las opciones se terminaban, esa tarea debía de llevarla él a cabo o Eve correría un gran peligro, si llegara a la mansión Malfoy la torturarían hasta llevarla a la muerte, y eso le hacía hervir la sangre.

—Rodolphus— pronunció Voldemort, captando la atención de uno de los Mortífagos de la sala y haciendo salir de sus pensamientos a Snape.

—Sí, mi señor.

—Ve a por ella, ahora. — le ordenó Voldemort

La mente de Severus Snape empezó a funcionar rápidamente, debía de impedirlo fuese como fuese pero sin exponerse, o bien, conseguir algo de tiempo para poder informar a Dumbledore y a Eve de la situación. Al segundo, como por arte de magia, la respuesta a sus preguntas apareció.

—Si me permite, mi señor— interrumpió Snape. —Mañana, la profesora Sanders tiene que cubrir la salida a Hogsmeade, la tarea será mucho más fácil fuera de Hogwarts. Yo mismo puedo conducirla cerca de la casa de los gritos.

—Interesante Severus, pero no serás tú quien vaya con ella, quiero que permanezcas cerca de Dumbledore, pero no dudo de que serás capaz de encontrar un motivo para que se acerque a la casa, sola.

—Por supuesto, mi señor— dijo Snape, inclinando la cabeza mostrando su subordinación y así finalizando su conversación con él.

Severus Snape salió de la mansión Malfoy dirección a Hogwarts, con su reunión había conseguido algo de tiempo y ahora una sola idea rondaba su cabeza, proteger a Eve. Debía de informar a Dumbledore de la situación y su punto de vista. Su interpretación de los hechos era simple, ambos tenían acceso a los planes de Voldemort, ella con su conexión y él como espía, pero ella era más valiosa, ella podía decantar la balanza, al igual que Potter, ella era más importante que él. En su mente se repetía eso, pero en sus más profundos e inadmitidos pensamientos, sabía que ella no era más valiosa que él si no que era más valiosa para él.

Al llegar al castillo, Snape se dirigió sin vacilación hacia el despacho del director, pronunció la contraseña y se adentró en él. Dentro, un preocupado Albus Dumbledore permanecía sentado en su sillón, y frente a él se encontraba Eve Riddle, con el rostro lleno de lágrimas que cambio radicalmente al reconocer el hombre vestido de negro que acababa de hacer acto de presencia en la habitación.

—Severus…— pronunció Eve con cierto alivio.

Severus Snape, evitando cruzar la mirada con ella, se dirigió al director fríamente.

—Albus, debo hablar contigo, a solas.

—Por Merlín, Snape, sabes que esto me incumbe, hasta cuando pretendes evitarme— protestó Eve frente al comentario de Snape.

—Por favor Eve…— dijo Albus Dumbledore amablemente y haciéndole un gesto invitándole a salir del despacho.

Con una mirada de desaprobación, Eve Riddle se dirigió hasta las escaleras que la conducirían fuera del despacho.

Severus Snape, sabía que lo que pretendía hacer no seria del agrado de Eve, conocía sus sentimientos hacia él, y ella no actuaria de forma racional, y en cierto modo, sin saberlo, él tampoco lo estaba haciendo.

—Cuéntame Severus— pronunció el director, invitando con un gesto al profesor a sentarse sin obtener resultado alguno.

—La quiere a ella, Albus, sabe de su conexión, pero ignora el motivo. Han planeado que Rodolphus se haga con ella durante la salida a Hogsmeade, debe ir sola, es todo el tiempo que he podido conseguir—dijo Snape secamente. —Escóndala, envíela con la Orden o donde sea. No quiero seguir mas con esto, vendrán a por mí, pero a ella no la encontraran—continuó el profesor, con un tono ligeramente amenazante.

—Severus, ahora que Voldemort sabe de su intrusión no podemos confiar en sus visiones. — apuntó Dumbledore

— ¿Pretende mandarla a morir?, ¿esa es su forma de actuar?, ¿todo por el bien mayor? — replicó Snape frente al duro comentario del director

—Si no hay más opción, si, así es. Pero ira preparada, sabrá lo que le espera, puede enfrentarse a un Mortífago, confió plenamente en sus habilidades — respondió con cierta resignación el viejo.

—No pienso permitirlo—dijo secamente Snape

—Esa decisión no depende únicamente de ti, Severus— dijo serio el director

—Bien Albus, díselo, dile lo que pretendes que haga, y espero por su bien que decida irse bien lejos de aquí lo antes posible. ¿Crees de verdad, que la podrás manipular como lo haces conmigo Albus? ¿De verdad te crees eso? — espetó Snape con cierto odio e impotencia.

—No me satisface, Severus, pero como tú has dicho, es por un bien mayor. Lo siento muchacho. Pero Eve debe tomar la decisión.

Dicho esto, Severus Snape, desapareció del despacho sin despedirse. Bajo las escaleras, Eve Riddle permanecía de pie con cierta rabia contenida, que se reflejó en su mirada cuando vio salir del despacho al profesor de pociones. A su parecer, Severus Snape sabía que era lo mejor, cuanto más lo odiase ella, más fácil sería que tomara la decisión que él creía más adecuada, así pues, sin tan siquiera mirarla y con expresión fría, pasó frente a ella dirigiéndose hacia las mazmorras.