Vida
La vida tenía muchos giros, la vida era un asco, la vida no valía pena. Sin trabajo por más de seis meses, su esposa lo había abandonado y con ella sus hijos. La botella de alcohol que llevaba en sus manos por un momento no le parecía pesada, aún sin abrir su contenido era más tentador que nunca. Apenas si estaba viviendo con el poco dinero que le quedaba, pero la pena y la amargura era demasiadas para una sola persona. Al menos esta noche, aunque fuera solo una noche, quería olvidar. Ya no estaba seguro que si lo que experimentaba podía ser llamado vida.
La noche no podía ser más oscura, giro distraídamente tomando un callejón. El barrio era peligroso, pandillas y sucesos extraños ocurrían a cada instante, cada mañana una familia sufría una perdida, toda noche se sufría una perdida. Con una sonrisa socarrona pensó que tal vez no sería tan malo si esta vez era él quien fuera la perdida.
Salio del callejón, una pequeña parte de sí maldiciendo que nada hubiera pasado, otra parte dándole las gracias a un Dios que hace tiempo abandonó; y en ese instante la explosión lo aturdido y la botella rodó.
Gritos tanto de dolor como de rabia, vidrio roto, sus aturdidos sentidos fueron atacados por la súbita conmoción. Frente a él una banda imposible de no reconocer peleaba contra unas sombras ágiles y tenebrosas en la nube de polvo espesa. Se apoyo sobre sus manos; el terror había invadido su corazón, amenazando con estrangularlo y gateo, lo más lejos que pudiera, lo más desapercibido que pudiera. Un disparó, una bala, una sombra frente a él, un gritó para se alejará y un par de katanas. Tras un basurero noto su brazo sangrante, su chaqueta rápidamente se teñía de rojo. Los gritos, los disparos y uno, dos… más cuerpos, sin vida iban acumulándose en el piso.
No supo como, solo que lo hizo y que de alguna manera había llegado al hospital. Su brazo había sido vendado y su cara estaba escondida entre sus manos.
- ¡Papi!
Dos gritos, dos voces pequeñas y llenas de preocupación; pisadas rápidas, brazos calidos y llanto lleno de alivio. Frente a él estaba su ex-esposa, las lagrimas corrían por su rostro y con ellas la mascara que se acumulaba en sus mejillas, sobre su boca estaban sus manos; sus hijos lo miraban, sonrisas pequeñas, le decían cuanto lo amaban, lo alegres que estaban de que estuviera bien.
Su esposa de su cartera saco unos papeles, su temor más grande, los papales de su divorcio. Con lagrimas en los ojos los hizo trisas y tal como sus niños lo abrazo, dio las gracias a los cielos y a él le pidió mil y un disculpas, todas tan rápidas que parecían mezclarse en una sola palabra. Sintió como algo se rompió y al fin después de tanto tiempo, lloró.
La vida era extraña, muchas cosas podían pasar, buenas y malas, pero recordó que la vida, en si, no era buena ni mala. Esa noche no podía estar más agradecido de la vida, que tras la horrible experiencia le había devuelto a su familia.
En la ciudad, a las afueras de la destrozada tienda, una tortuga de mascara roja tomó la abandonada botella. La observó y la arrojó al basurero, la bebida no presentaba ninguna utilidad para los guerreros.
NA: Lo siento por el intervalo repentino, estaba terminando el semestre en la universidad y me encontré sin tiempo para revisar y subir esto adecuadamente.
