CAPÍTULO 4
Mundo Real

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¿Qué habré hecho para que Sasuke Uchiha me esté tratando así? ¿Acaso fui mala con él? ―pensó Hinata, intentando esconder lo humillada que se sentía mientras avanzaba por los corredores de los alumnos de último año― ¿Por eso me está torturando de esta manera?

Sasuke había tomado su celular y se había marchado de su habitación sin despedirse ni darle una explicación, dejándola deshecha en lágrimas de culpa. Había tomado un baño, pues se sentía sucia e indigna, para luego descubrir con horror la marca morada en su cuello.

Ese día la llevaba oculta lo mejor que podía y aunque hacía calor, todos los botones de su blusa estaban abrochados y el corbatín rojo mantenía la tela blanca en su lugar. Nadie vería su deshonra y se aseguraría de que su secreto estuviese a salvo. El problema era tener que volver a ese lugar en donde seguramente lo vería de nuevo, algo que la hacía sentir petrificada de miedo.

Si Naruto-kun se entera… creerá que soy una cualquiera ―pensó con el corazón oprimido.

Se moría de miedo sólo de pensar que alguien pudiese descubrir la marca morada y estuvo a punto de fingir estar enferma para no tener que ir ese día a clases. Todo lo que le estaba sucediendo era demasiado humillante y realmente no creía tener el valor para enfrentarse a Sasuke ese día.

La escena que había vivido la noche anterior se repetía una y otra vez en su cabeza, mortificándola cada vez más. Sólo de recordar como ese Uchiha la había tocado sin recelo le provocaba deseos de llorar, pero al mismo tiempo, le causaba un profundo pesar saber que por un segundo, casi se había dejado llevar por ese peligroso juego. Tenía que mantenerse lo más alejada posible de Sasuke, de lo contrario no dudaba que fuese capaz de intentar algo peor contra ella de lo que ya había hecho.

Ni si quiera le agradaba el Uchiha, realmente lo consideraba presuntuoso, grosero y vulgar. Desde que eran pequeños se había creído superior al resto y constantemente buscaba motivos para verse infeliz. Era completamente diferente a Naruto, que a pesar de tener todo en contra, siempre sonreía y contagiaba su alegría a quienes lo rodeaban. El Uzumaki era el sol que brillaba con calidez en la vida de los demás, mientras que Sasuke parecía ser la oscuridad que los rodeaba en los días lluviosos. Nunca había comprendido cómo ambos habían terminado siendo mejores amigos, pero también reconocía que había algo en su dinámica que los hacía ver especiales cuando estaban juntos.

Recibió de pronto el empujón de alguien que pasaba a su lado, lo cual la sacó de sus pensamientos para hacerla subir el rostro. Era Karin, quien le daba una mirada fatal para seguir de largo, lo cual la hizo cuestionarse qué le habría hecho a la pelirroja para ganarse ese desprecio. Pero no tuvo mucho tiempo para considerarlo, pues escuchó la voz alegre de Naruto por el pasillo, lo cual hizo que se volteara sobre el hombro para verlo.

Caminaba junto al Uchiha, quien pareció ignorarla por completo mientras pasaban junto a ella rumbo al salón. Se sintió aliviada de inmediato de volverse invisible una vez más para todos, deseando en lo profundo de su corazón que las cosas volvieran a ser como lo habían sido hasta entonces. No le gustaba llamar la atención y entre más rápido pasaran los días para terminar la secundaria sin tener problemas, mejor.

Comenzó el día entonces con la clase de literatura a la cual ella ingresó sentándose en el pupitre vacío de la última fila, junto a la ventana. Ese era el asiento que le habían designado a comienzo de año. Naruto se sentaba junto a ella y era la única oportunidad que tenía de estar cerca de su amada persona. Para Hinata, era invaluable iniciar el día entregándole su mejor sonrisa cuando éste llegaba y se había vuelto un ritual intentar hacerse notar a través de un energético "¡Buenos días, Naruto-kun!".

No obstante, ese día, quien se sentó a su lado no fue el chico con quien soñaba sino a quien más temía.

―¿No me vas a desear buenos días? ―le preguntó Sasuke de forma apática, sin mirarla, lo cual la hizo sentirse aún más confundida.

―Este es-es el asiento de Naruto-kun ―dijo confundida.

―El perdedor me cambió de asiento y se sentará junto a Karin hoy y el resto de los días hasta que terminemos las clases ―Hinata bajó el rostro sintiendo una horrible punzada en el pecho―. Luces decepcionada. Pensé que te agradaría pasar más tiempo conmigo.

Lo que menos quiero es pasar tiempo junto a usted ―pensó, hundiendo su mirada en el libro que leía, sin si quiera notar los ojos curiosos del resto del alumnado femenino que se dirigían con odio hacia ella.

Para su sorpresa, Sasuke se pasó la mayoría de la clase mirando por la ventana en vez de torturarla y sólo volvió en sí cuando la campana sonó anunciando el término de la primera hora. Aunque detestaba su presencia y le encrespaba si quiera tenerlo cerca, no pudo evitar preguntarse qué era lo que había afuera de la ventana que llamaba tanto la atención del Uchiha. Aunque claro, en ningún momento se lo preguntó y él tampoco le habló cuando el horario terminó.

La ignoró durante literatura y también física, lo cual realmente agradeció. De por sí era complicado para ella concentrarse cuando había números involucrados, pero ahora que tenía cerca a alguien que la ponía nerviosa, era aún peor.

Sin embargo, no logró salvarse de Sasuke cuando llegó la hora de matemáticas. Sucedió cuando el joven tomó sin preguntarle las hojas de ejercicios que había sobre su carpeta.

―¿Por qué dos? ―le preguntó sin mirarla, examinando lo que contenían.

Hinata no le respondió, quitándole las hojas y ocultándolas bajo el libro de matemáticas que utilizaba, lo cual pareció molestar a Sasuke quien la despojó de ambas planillas de respuestas nuevamente.

―Por favor devuélvame eso ―le pidió ella intentando quitarle las respuestas, pero Sasuke se lo impidió con facilidad.

―¿Para quién es la otra? ―Hinata frunció los labios y miró hacia un costado―. Si piensas que voy a cambiar el beso que me debes por tus respuestas…

―No son para usted ―lo corrigió irritada.

―Entonces sólo pueden ser para Naruto ―Sasuke miró la delicada hoja en que Hinata había escrito paso por paso como llegar a la respuesta de las ecuaciones, incluso explicándole como se llegaba a una y otra conclusión―. Pero teniendo en consideración las notas de Naruto, jamás le has entregado algo así antes.

―N-no ―respondió ella con quietud mientras Sasuke le devolvía sus hojas.

―¿Por qué no lo haces?

Porque soy una cobarde ―pensó cabizbaja, pero sólo terminó levantando los hombros, como diciendo que no sabía el motivo de ello.

―¡Oi! ¡Naruto! ―la voz de Sasuke la sacó de su ensimismamiento y sintió un agujero emerger de su estómago. Casi se cae del asiento cuando vio que el rubio levantaba su cabeza desde el otro lado del salón para ver por qué Sasuke lo estaba llamando en medio del recreo.

―¡N-no…! ―intentó detenerlo con desesperación, poniendo su mano sobre el brazo del Uchiha, pero éste ya se había volteado por completo a hablar con su mejor amigo.

Su corazón comenzó a latir con fuerza e intentó de algún modo hacer que el pelinegro no le dijera nada a Naruto, pero antes de que pudiese detenerlo, Sasuke se encontraba de pie junto al rubio.

―Hinata te quiere entregar algo ―dijo apático.

―¿En serio? ―preguntó Naruto sonriendo emocionado― ¿Qué es, Hinata? ¿Es más de tu deliciosa comida? ¿Sí? ¿Sí?

―Y-yo… ―su corazón golpeaba con tanta fuerza contra su pecho que apenas podía respirar― yo…

―¿Estás bien? ―le preguntó Naruto un tanto preocupado― Desde ayer vienes actuando muy raro, quizás te vas a enfermar o algo.

―No está enferma ―Sasuke rodó los ojos y se cruzó de brazos―. Dile Hinata.

―Hice… ―sujetó el papel entre sus dedos temblorosamente y lo estiró hacia Naruto. No había caso en seguir ocultándolo― hice esto para… para…

―¡Los ejercicios de matemática! ―exclamó Naruto como si todos los problemas en su vida estuviesen solucionados―. ¡Y están todos resueltos paso por paso! Será fácil poder copiarlos así. ¿Puedo copiarlos Hinata?

―Los hice para, Naruto-kun ―dijo ella sintiendo mariposas fluir por su estómago al notar que esa sonrisa en él era por causa de algo que ella había hecho.

―¿En verdad? ¡Eres genial Hinata! ―miró los ejercicios sin poder parar de sonreír― ¿No te dije que era genial?

―Creo que lo mencionaste ―dijo Sasuke tomando asiento nuevamente― ¿No hay nada más que quieras entregarle a Naruto, Hinata?

La pregunta la dejó abrumada. Sasuke estaba siendo especialmente cruel con ella y a pesar de que no mostraba gesto alguno en toda esa conversación, notaba que había cierto placer macabro que irradiaba en él, como si disfrutase de verla afligirse. Primero hasta le había agradecido en el fondo de su corazón que la hubiera empujado a darle la hoja con los ejercicios a Naruto, pero ahora veía que no lo había hecho con la intención de ayudarla, sino que sólo para intentar ponerla en apuros una vez más.

―Debo ir al baño ―dijo ella rápidamente, poniéndose de pie y saliendo del salón a toda velocidad con el corazón latiéndole tan fuerte que en cualquier momento se le podría haber salido del pecho.

Caminó con paso rápido, casi corriendo, hasta llegar al baño y una vez ahí cerró la puerta tras de sí y comenzó a jadear con una mano sobre el pecho. Se sentía tan exaltada como si hubiese corrido un maratón y tan avergonzada como si lo hubiese hecho desnuda. La mera idea de que Naruto recibiera su carta la horrorizaba. Sasuke era realmente cruel y había sido descuidada en dejar que tomara ventaja de una de sus debilidades para intentar hacerla sentir miserable nuevamente.

No alcanzó a calmarse demasiado cuando la puerta tras de sí se abrió y notó como entraba un pequeño grupo de jovencitas, entre ellas Karin. Supo de inmediato que estaba en problemas.

―¿Se puede saber por qué Sasuke-kun se está sentando contigo? ―le preguntó una de las chicas.

―N-No lo sé ―respondió ella retrocediendo un poco.

―Claro que lo sabes, no te hagas la mosquita muerta ―recibió un empujón entonces que la hizo tambalearse un poco hasta caer sentada al suelo.

―¡Démosle una lección Karin! ―reclamó otra.

―Lo haremos, pero primero quiero hablar con ella ―interrumpió la chica que parecía ser la líder del bando de matonas, para pararse frente a Hinata con las manos en la cintura―. Así que este es el proyecto del mes de Sasuke-kun ―dijo la pelirroja observándola desde su posición superior, arreglándose los lentes―. No te creas especial. Eres insignificante al lado de cualquiera de nosotras, pequeña engreída.

―Se están confundiendo ―alegó Hinata con timidez, intentando levantarse para ser empujada nuevamente por una de las chicas.

―¿Por qué si quiera se fijaría en ti? ―le dijo la rubia― Eres patética.

―Sasuke-kun te usará y se aburrirá de ti, igual que con todas las demás ―Karin se agachó y tomó con fuerzas las mejillas de Hinata, apretándolas―. Ni si quiera recordará tu nombre cuando acabe el verano.

―¡Karin! ―la voz potente de alguien que ingresaba al baño hizo que Hinata levantara la mirada. Era Sakura Haruno― Déjala en paz, ¿Te volviste loca?

―Esto no es asunto tuyo ―le dijo la pelirroja.

―Si crees que voy a dejar que maltraten a Hinata sólo por sus absurdos celos, perdieron finalmente el juicio ―alegó empujando a Karin para posicionarse frente a Hinata―. Si quieren hacerle algo tendrán que pasar por encima de mí.

Karin la miró con desdén, tanto que Hinata no tuvo más remedio que hundirse entre sus hombros. Pero hasta la imponente Uzumaki se veía empequeñecida cuando Sakura se mostraba tan molesta y decidida a defenderla, por lo cual sólo retrocedió hasta la puerta.

―Nos veremos luego, Hyuga ―dijo para salir del baño.

―Date por muerta, mojigata.

―Cuando menos te lo esperes.

Suspiró aliviada entonces, pero con pesar. No entendía por qué le estaba pasando todo eso cuando nunca le había causado problemas a nadie. Esos últimos días habían sido horribles y todo había comenzado cuando Sasuke se acercó a ella para invitarla al baile de graduación. Si hubiese sabido que su negativa iba a causar todo ese efecto domino de odio hacia ella, quizás hubiese aceptado ir con él.

―¿Estás bien? ―le preguntó Sakura ayudándola a ponerse de pie.

―Sí ―respondió cabizbaja.

―Karin es muy territorial ―dijo Sakura mientras le pasaba un pañuelo para que secara sus lágrimas―. Pero tampoco debiste dejar que te tratara así. Estoy segura que podrías haberle hecho frente si hubieses querido.

―No lo creo ―respondió mientras las lágrimas recorrían su rostro.

―Pero no te preocupes, se le olvidará todo este asunto para mañana. Digo, a todos nos sorprendió un poco que Sasuke se sentara contigo hoy, pero no es motivo para…

―No es lo que creen… ―alegó sintiendo que se le apretaba el pecho. Ella no tenía ningún interés en el Uchiha―. Él sólo…

―No es asunto mío ―la cortó Sakura como si lo siguiente que fuese a salir de la boca de Hinata fuesen palabras que realmente no quería oír―. No tienes que explicarme nada, Hinata. Lo que ocurre entre Sasuke-kun y tú, es algo que no… no quiero saber.

Había admirado a Sakura Haruno toda su vida, deseando ser un poco más parecida a ella. Pero en ese momento, por primera vez notó la profunda tristeza que la rodeaba y que parecía presentarse sólo con nombrar a Sasuke Uchiha.

―Gracias por ayudarme ―finalizó Hinata, devolviéndole el pañuelo.

―No es nada ―dijo ella recibiéndolo―. Sasuke-kun me pidió que viniese a verte al baño. Cuando vio que Karin salía de la sala atrás de ti, supuso lo que pasaría.

―¿Él hizo eso? ―no podía creer que la personaje que la había estado torturando tanto esos días hubiese pensando en alguien más que no fuese sí mismo.

―Luces sorprendida ―le dijo Sakura riendo por lo bajo―. Sé que Sasuke puede mostrarse un poco huraño con todos, pero… no ha tenido una vida fácil. En el fondo es un chico muy gentil.

―Parece conocerlo mejor que nadie.

―Éramos amigos. Hasta…

Y nuevamente esa tristeza, sólo que esta vez fue tan palpable que incluso su pecho se apretó al ver sus ojos melancólicos. Quizás frente a todos Sakura se mostraba como una chica radiante y alegre, pero era sólo cuestión de nombrarle a Sasuke para que todo aquello se viese rodeado de oscuridad y desolación.

―Usted… ¿Está bien? ―le preguntó preocupada.

―Sí, no te preocupes por mí. Volvamos a clases ―con una enorme sonrisa, Sakura tomó a Hinata del brazo y la saco del baño.

No pudo evitar notar mientras caminaban hacia el salón que varias personas la miraban y murmuraban. Seguramente ya se sabría lo que Karin le había hecho en el baño, pero la manera en que Sakura caminaba con tanta confianza y la cabeza en alto le dio una seguridad que no pensó encontraría y aunque por dentro se quebraba de pena, caminó sin vergüenza, con la mirada en frente, ignorando a las personas que la juzgaban al pasar.

Se sentó junto a Sasuke sacando sus cosas de matemáticas, pero éste ni si quiera la miró. Parecía más interesado en observar a Karin con recelo, haciéndose notar que había tensión entre ambos.

―Karin no volverá a molestarte, te lo aseguro ―le dijo después que tocó el timbre.

―Gracias ―respondió avergonzada, sin saber qué pensar de los cambios de actitudes de Sasuke.

―No me gusta que se metan en mis asuntos. Soy el único que puede torturarte ―y entonces Asuma entró a la sala y no tuvo tiempo si quiera para responder.

Al finalizar la clase de matemáticas, tenían que terminar 20 problemas para el día de mañana. A pesar de estar casi terminando el año, Asuma no les daba respiro. Hinata no estaba demasiado entusiasmada con ello, pero se preocupaba más por Naruto que por sí misma. De alguna manera debía levantar sus calificaciones.

Lo observó en silencio mientras todos abandonaban el salón para almorzar. Por lo general le gustaba quedarse sola un poco antes de hacerlo también. En ese momento se atrevía a sacar sus cosas para comer, pues temía que alguien se burlara del presuntuoso bento que los empleados de su hogar hacían para ella todos los días, que era bastante más elaborado que la comida de tres minutos que la mayoría llevaba para almorzar.

No obstante, cuando cerró su libro de matemáticas para ponerse de pie, notó que había una pequeña hoja doblada en cuatro bajo éste. Con manos inseguras la sujetó un momento, examinándola, recordando el lío en que se había metido el día anterior cuando recibió en un papelito el número de teléfono de Naruto Uzumaki.

Sabiendo que se arrepentiría de leerlo, lo abrió.

"Ven a la azotea cuando leas esto".

Sus dedos comenzaron a temblar de inmediato. Realmente no quería ir a ese lugar, pero temía mucho más de lo que él fuese capaz de hacer o decir si se negaba. Ya había demostrado en un solo día lo diabólico que podía llegar a ser cuando lo rechazaba y de verdad no quería hacerlo enojar más.

Arrugando el papel y botándolo en el tacho de basura, salió de la sala cabizbaja caminando en dirección a donde había sido citada.

Subió los tres andares que la separaban del tejado y con cuidado de que nadie la viera abrió la puerta que decía "Sólo Personal Autorizado" que llevaba a las últimas escaleras antes de la azotea. Observó que la puerta de entrada al techo ya estaba abierta, lo cual la hizo pensar que Sasuke la estaba esperando ahí para almorzar o conversar. Ni si quiera consideró que fuese alguien más que estuviese ahí, pero cuando escuchó la voz de Naruto, se sintió paralizada, ¿Acaso Sasuke la había citado ahí junto a Naruto?

―…y sé que viniste pensando que te encontrarías con Sasuke pero no sabía de qué otro modo…"― al parecer estaba hablando con alguien más.

¿Es por eso que cambiaron puestos? ¿Él me citaba aquí y tú permitías que se sentara con la mejor alumna de la clase? Son unos idiotas, los dos.

Sabía que debía irse. Lo sentía en sus entrañas. Era un presentimiento fuerte de que nada bueno resultaría de lo que estaba a punto de hacer, pero no pudo evitar subir los últimos tres peldaños y mirar por el espacio entre el marco y la puerta. Quería saber qué era lo que estaba pasando y el motivo para que la hubiesen citado a ese lugar.

Para su sorpresa, Naruto estaba acompañado por Sakura Haruno. Parecían estar discutiendo de algún modo y de inmediato pensó que no era apropiado que siguiera ahí. Pero antes de poder voltearse, alguien sujeto con fuerzas sus brazos para que no se moviera de su posición.

Sabía que era Sasuke. Ni si quiera tuvo que voltearse para saberlo.

Si querías hablar conmigo podríamos haberlo hecho en otro lugar. Está prohibido subir aquí, Naruto ―se quejaba la joven pelirrosa.

No quería que nadie nos interrumpiera.

¿Interrumpir qué?

Sakura-chan, hace mucho tiempo quiero decirte algo. Vamos a salir de la secundaria y si no lo hago pronto, perderé toda esperanza de…

¿De qué estás hablando Naruto?

Se mi cita para el baile de graduación. Haré lo que tú quieras… yo…

Su corazón pareció romperse entonces. Era como si alguien hubiese maquinado su peor pesadilla y la estuviese forzando a verla. Quiso darse la vuelta entonces y huir de allí, pero el cuerpo de Sasuke se lo impedía, forzándola a observar lo que ocurría entre Naruto y Sakura.

Por supuesto que no iré contigo. Ya sabías eso antes de preguntármelo, ¿Qué es lo que te sucede?

Yo… Estoy enamorado de ti, Sakura-chan. Siempre lo he estado.

Pero tú sabes que… Sasuke. Lo sabes Naruto.

Lo sé. Pero tenía que intentarlo. No podía seguir posponiéndolo, ¿Sabes?

Entiendo. Siento mucho no poder corresponder…

No tienes que disculparte. Seguramente tienes una hilera de invitaciones que rechazar antes de la mía…

Si Sasuke no me invita iré sola. Ya lo decidí.

Sasuke no irá contigo. En cambio yo estoy frente a ti invitándote, diciéndote que quiero ser tu pareja y tú sigues pensando en él.

Aunque seas mi amigo, no siento eso por ti, ¿Cuándo lo entenderás Naruto?

¡Jamás me rendiré! Algún día te conquistaré y…

―Por favor basta ―pidió entonces Hinata dándose la vuelta y hundiendo su rostro en el pecho de Sasuke, no quería seguir viéndolo―. Por favor.

―¿Quieres que nos vayamos de aquí? ―le preguntó en un susurro, sin tocarla.

―Sí ―no le importaba cuan despreciable le parecía el Uchiha, en ese momento era lo único de lo cual aferrarse para no haberse quebrado a llorar.

―Pídemelo como corresponde y te sacaré de aquí.

―Por favor… Uchiha-san.

―Di mi nombre. Nunca volverás a llamarme de ese modo.

―Por favor, Sasuke…

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―¿Dónde estamos? ―le preguntó abriendo los ojos. Pareció despertar sólo cuando Sasuke paró el motor del automóvil.

―Eso no importa.

―Supongo que no ―dijo ella sacándose el cinturón de seguridad.

La había sacado del colegio en un estado que nunca imaginó.

Se divertía a veces causando situaciones dramáticas, pero extrañamente la reacción de la chica no fue encarar a Naruto como él pensó o quebrarse a llorar por todo el colegio. En cambio, había sido como si el alma abandonara su cuerpo y aquello que la hacía brillar se apagara por completo, volviéndose su mirada vacía. Esa inocencia que mostraban sus ojos ya no se encontraba más ahí. Las palabras habían desaparecido de su vocabulario y sólo asentía o negaba cuando él le hablaba al bajar las escaleras.

No tuvo que pedirlo dos veces cuando le propuso que se olvidaran de entrar a las aulas y se fueran a pasar el día en un lugar lejos de ahí.

Condujo por la carretera sin un rumbo que seguir, hasta que Hinata se quedó dormida. En ningún momento cruzaron palabras pues era innecesario hacerlo. Cuando vio el puente descendió por un camino secundario hasta llegar al parque Naka y estacionó su automóvil cerca del muelle del riachuelo, esperando que ese lugar estuviese lo suficientemente alejado para ella. Y extrañamente, también para él. Verla así lo hacía experimentar una extraña angustia que en ningún momento anticipó.

―¿No tendrás problemas en tu casa por escaparte de clases? ―le preguntó Sasuke, pero ella ni si quiera le respondió, sólo abrió la puerta del automóvil y bajó.

La observó por algunos minutos parada en el extremo del muelle, observando el fluir del arroyo Naka. Se preguntó si estaba pensando en saltar o algo por el estilo, pues había escuchado que las chicas despechadas hacían cosas bastantes raras. No obstante, no dijo nada cuando él mismo bajó del auto, sólo se apoyó en el capó, observando su espalda en silencio, dejando que su pequeña burbuja de cristal se quebrara junto a sus sueños.

Y los minutos se volvieron horas.

Para su sorpresa, no sintió placer en verla hundida en su miseria. Más bien, se sentía irritado, como si aún faltase algo… como si haber hecho todo aquello no fuese suficiente para que estuviesen a mano. No había hecho más que abrirle los ojos a la realidad, después de todo. Nadie podía ser tan inocente como ella y pensar que todas las historias de amor tenían un final feliz. Era bueno que se diera cuenta que el mundo no era ese cuento de hadas que seguramente creía y adoraba ser el que la iniciara en su viaje por el mundo real.

La dejó sola todo el tiempo que fue necesario, pasando el sol hasta la posición del atardecer. Sólo entonces Hinata pareció reaccionar al observar que el sol se estaba poniendo en el horizonte y se volteó hacia él. Para su sorpresa, Hinata no estaba llorando, ni si quiera se veía tan demacrada como antes. Lucía calmada y hasta con un extraño resplandor que le proporcionaba a su piel la luz del atardecer.

―¿Estás mejor? ―le preguntó. Era la primera cosa que salía de su boca desde que abandonaron el colegio.

―Gracias ―le respondió ella en un susurro.

―¿Por qué me estás agradeciendo? ―¿Era en serio? ¿Acababa de hacer que se quebrara en dos su patético corazón sólo por verla sufrir y ella se lo agradecía? Que le mostrara esa sonrisa vacía no lo hacía sentir como si se hubiese vengado, sino como que hubiera perdido en todo aspecto― Eres tan rara.

―Me hace feliz saber que Naruto-kun ama a alguien ―dijo abnegadamente, observando el horizonte que se perdía en el alto pastizal―. Sólo quiero que sea feliz, aunque no sea yo quien pueda lograr hacerlo sentir de ese modo.

―¿Tienes idea de lo cursi y falso que suena eso? ―le preguntó mirándola extrañado de reojo, desconfiando de su artificial reacción― Parece como si estuvieses leyendo de un guión de una película trillada de adolescentes.

―Lo sé ―dijo ella riendo suavemente―. Pero así es como me siento.

―Pues no te creo nada. Pareces un estereotipo de la niña tonta sacada de algún manga rosa. Realmente no puede existir alguien tan ingenua.

Tomó la muñeca de la Hyuga con fuerza obligándola a seguirlo. Prácticamente la arrastró por todo el muelle hasta que llegaron a la orilla, lugar en donde se agachó y tomó una piedra para ponerla en su mano.

―¿Qué hace? ―le preguntó confundida, bajando la mirada hacia la palma de su mano.

―Arrójala al río ―le exigió.

―¿Por qué? ―Hinata comenzaba a lucir atemorizada.

―Tienes derecho a sentirte infeliz, a llorar, a gritar, a odiarlo si es necesario ―tomó entonces una piedra él mismo y la arrojó con fuerza al río― ¡Perdedor estúpido! ―gritó Sasuke mientras el agua chapoteaba sobre la superficie―. Ahora tú. Arrójala al río y di lo que de verdad sientes.

―P-pero yo jamás podría odiar a Naruto-kun… ―alegó Hinata frunciendo los labios.

―No tienes que ser perfecta todo el tiempo, Hinata ―le reclamó zamarreándola por los hombros. Su actitud comenzaba a cansarlo. Sabía que si la empujaba un poco podría descubrir lo que realmente había dentro de ella ―. Nadie sabrá si actúas de una forma que no sea el que se espera de ti. Sólo estamos tú y yo. Dime como realmente te sientes.

―Yo…

―¡Dilo Hinata! ―le gritó, estaba exasperado con su actitud.

―Triste ―dijo en un susurro.

―No, dilo como si realmente lo sintieras.

―Estoy muy triste ―repitió en el mismo tono de voz, comenzando a sollozar.

―Dilo más fuerte ―le exigió apretando sus hombros con fuerza.

―¡Estoy triste!

Escucharla gritar era placentero. Sentía que ese peso que había estado en su pecho hasta entonces se levantaba. El alivio fue inmediato, pues de alguna forma, él había logrado que esa capa de falsedad y gentileza comenzara a derretirse. Quería encontrar en ella a una chica igual que el resto, no a la que su padre había moldeado para ser su niñita perfecta.

―Eso está mejor. Ahora arrójala al río ―observó cómo los labios de Hinata se fruncían nuevamente al arrojar la piedra al río con fuerza y sus ojos se llenaban de lágrimas― ¿Qué más?

―Duele… me duele muchísimo.

―¡Grítalo!

―¡Duele! ―su voz fue más fuerte de lo que jamás la había oído― ¿Estás feliz? ¡Me duele no ser lo suficientemente buena para que alguien se fije en mí!

¿Realmente creía eso? No lo comprendía. A sus ojos era ella era distinta al resto, sí, pero no en un mal sentido. Era reservada y elegante, casi inalcanzable para cualquiera. Era hermosa en su propio modo y aunque quizás no tenía ojos verdes como Sakura o cabello largo y rubio como Ino, su tradicional apariencia la hacían ver como una princesa de los cuentos de samurái que a veces Kakashi los hacía leer. Su voz era melodiosa y lo mejor era que sólo la utilizaba cuando era estrictamente necesario. Su caminar era distinguido y hasta la persona más refinada se habría sentido opacado por su delicadeza al hacer cualquier labor. Su perfección era irritante, sí, pero atrayente y ver que ella no la veía la hacía simplemente irresistible.

―Quiero que pagues lo que me debes ―fijó su mirada en los labios de Hinata entonces, acortando la distancia entre ambos, colocando sus manos alrededor de la cintura de la joven y atrayéndola hacia él con violencia―. Ahora.

Y entonces en medio de la nada, Sasuke Uchiha besó a Hinata Hyuga sin esperar su respuesta e indiferente de su reacción. Pero no lo hizo buscando quebrar su perfecta imagen, ni tampoco porque quisiera vengarse de ella, sino porque en ese momento sintió que era la única forma de calmar algo que quemaba en él.

Para su sorpresa, la joven no se movió. Quizás asombrada, quizás rendida ante la idea de olvidar su corazón roto. Pero no le importó. En lo más mínimo. Si ella quería utilizarlo para olvidarse de Naruto, bienvenida era. Podía utilizarlo toda la noche por lo que al le importaba.

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