La oscuridad empezaba a notarse en los pasillos de Hogwarts. Eve daba vueltas a las últimas reacciones de Severus Snape frente a ella conteniendo la rabia e impotencia que le provocaban. A sabiendas del pasado de él, quizás ella solo fue un mero pasatiempo sin importancia que le hacía olvidar y al mostrarle abiertamente sus sentimientos abrió una gran brecha en algo que, en verdad, nunca había existido. Pero no se lo echaría en cara, ni iría detrás de él a pedir explicaciones, su orgullo se lo impedía y ahora no era lo más importante, si Severus Snape estaba de regreso en Hogwarts, ella corría peligro. Subió rápidamente las escaleras que conducían al despacho del director, y adentrándose en él vio a Albus Dumbledore absorto en sus pensamientos y con cierta preocupación en el rostro.
El director, le contó lo sucedido en la mansión Malfoy detalladamente, y Eve, poco a poco iba comprendiendo que su vida o bien la de quién ella amaba pendía de un hilo.
— ¿Que opciones tengo, Albus? — preguntó retóricamente Eve.
— Enfrentarte o huir, querida, no hay más opción.
— Huir no es una opción, no quiero que alguien más pague por ello.
— Si vas a ir a Hogsmeade estarás sola. No podemos protegerte, todo dependerá de ti y tus habilidades para enfrentarte a ellos. Sabes lo que te espera y puedes evitarlo. Yo no puedo decirte que hacer Eve, sé que tomaras la decisión correcta.
Terminada la discusión, Eve se dirigió a sus aposentos, ¿en verdad era una opción huir?, ¿sería ella capaz de salir corriendo a sabiendas que pondría en peligro a Severus? Su instinto de supervivencia gritaba con fuerza que así fuera, ¿por qué darlo todo por alguien que solo la consideraba un entretenido pasatiempo? Pero rápidamente la razón se interponía en ello, ¿qué tan valiosa era ella ahora que sabían de su conexión? La respuesta era clara y concisa, su vida no era importante ahora mismo, debía de enfrentarse a la situación y si fuera necesario morir con dignidad.
Llegando a la habitación, busco en su armario una necesaria poción para dormir y se tumbó en la cama, poco a poco la poción empezó a surtir efecto y se quedó plácidamente dormida.
Para Eve, la noche pasó rápidamente, se despertó descansada y con energía, sentía la mente despejada, cosa que no tardó en cambiar, rápidamente golpeo en su mente todo lo que le esperaba en ese largo día, quizás el último. Decidió ir con normalidad a desayunar en el gran comedor, aunque eso le doliera y más si cierto profesor estaba en la mesa.
Albus Dumbledore la contempló al entrar, con una mirada amable y un gesto de aprobación, Eve se sentó en su sitio habitual y sin comentario alguno empezó a desayunar junto con los otros profesores.
— Querida, ¿preparada para tu primera salida a Hogsmeade? — preguntó la profesora McGonagall para iniciar una plácida y banal conversación.
— Por supuesto— afirmó Eve, dejando claras sus intenciones ante el director y causando una mirada de desaprobación en Severus Snape.
— Bien, ya que Severus ha podido eludir su responsabilidad— apuntó Minerva con reproche— Trataré de unirme a ti en Hogsmeade lo antes posible, espero que no se alarguen mucho las tutorías de hoy.
— Gracias Minerva, no creo que me den muchos problemas los alumnos— le contestó Eve fingiendo tranquilidad.
Con rapidez, Eve dio su último sorbo al café y se levantó de la mesa.
— Bien, si me disculpan, quiero ir a recoger algunas cosas— dijo Eve despidiéndose de los profesores y tomando el camino de salida del gran comedor.
En el instante que la figura de Eve desapareció por la puerta, Severus Snape, con cierta brusquedad e ímpetu, se levantó de la silla con la mirada fija en la puerta, dejando prácticamente intacto su plato. Sin saber muy bien ni cómo ni por qué, quería detenerla, hacerla cambiar de opinión y evitar que se fuera, en ese preciso instante nada más rondaba en su mente.
— Severus— irrumpió Dumbledore negando con la cabeza al comprender las intenciones del profesor.
Snape contestó a su interrupción con una mirada que no necesitaba palabra alguna y sin vacilación, abandonó el gran comedor dirección los aposentos de Eve Riddle.
En su habitación, Eve permanecía sentada en su sillón, con la mirada perdida y los pensamientos sumidos en lo que sucedería en las próximas horas. Si daban con ella y debía de responder ante su padre, sabía lo que le esperaba. Intentarían del modo más cruel posible sonsacarle toda la información posible y estaba decidida a morir antes de que eso sucediera. Al momento, la puerta de su habitación se abrió estrepitosamente y Severus Snape hizo acto de presencia con su particular porte.
— ¿Que es lo que quieres?— preguntó Eve poniéndose rápidamente a la defensiva ante la sorpresiva presencia de él.
Severus Snape, cerró la puerta y se dirigió a ella que se encontraba de pie frente a su escritorio.
— Te creía más inteligente, Riddle. No creo que seas consiente a lo que vas enfrentarte. — dijo él con cierto tono de arrogancia.
— Tanto dudas de mis habilidades, Snape. — le reprochó ella.
— Insensata, ¡te mataran! — contestó Snape con rabia.
— Eso no debería de importarte. — respondió ella con indiferencia fingida.
— Y no lo hace— se apresuró en añadir Snape fríamente —Pero tu papel en esta guerra si, tienes acceso privilegiado a su mente, Riddle, a mí solo me dan lo que quieren darme.
Severus Snape sabía que eso no era la verdadera razón y no era difícil dar una réplica a ello, pero asumir el verdadero motivo que le llevaba a actuar así era sumamente complicado, no solo por aceptar lo que sentía o dejaba de sentir, sino que la situación no llevaba a ningún sitio. Su mente estaba en lucha continua, llevaba gran parte de su vida luchando por un pasado sin presente que lo único que hacía era provocarle dolor y se veía incapaz de ahora luchar por un presente sin futuro que le pagaría con la misma moneda.
— Yo también te creía más inteligente, Snape, sabes perfectamente que la conexión con mi padre ha dejado de tener importancia. Espero que a él sepas darle mejores explicaciones que las que me das a mí. No hay más opciones, no pienso huir, no soy una cobarde. Si me disculpas tengo cosas que hacer. — contestó ella, queriendo dejar por zanjada la conversación antes de que le doliese más de lo que ya lo hacía.
— Estúpida, donde crees que va a llevarte tu valentía. — le echó en cara Snape sorprendiendo a Eve por tanta insistencia.
— Vete, por favor. — pronunció Eve, con unas palabras que cada vez salían con menos fuerza, e intuyendo, poco a poco, la lucha interior del profesor de pociones.
— ¡Maldita sea Riddle, no quiero que vayas! —soltó él como si se le escapasen las palabras y no pudiera controlarlas.
— No te importa lo que me pase, ¿recuerdas? Vete. — dijo ella intentando provocarlo más para que sacase lo que quisiera que fuese.
— No vayas…— repitió con cierto dolor sin querer continuar la frase.
— ¿Por qué? Severus, ¡Dilo! — dijo ella mirándolo con insistencia y brindándole una perfecta oportunidad para abrirse a ella.
El silencio inundó la habitación, Severus Snape, se debatía en una lucha interior perdida pero que no podía admitir ni permitirse perder, pero era consciente que Eve sabia la respuesta a esa maldita pregunta y él también. La amaba.
Poco a poco y con tristeza ella rompió el contacto visual que había perdurado a lo largo del sepulcral silencio. Ante la presencia estática de él, Eve recogió su bolso y sin decir nada se dirigió hacia la puerta.
— ¡Eve! — pronunció, prácticamente en un susurro él, interrumpiéndola antes de abrir la puerta.
Despacio, pero sin una pizca de esperanza reflejada en el rostro, Eve se giró y volvió fijar la mirada en esos ojos negros inescrutables. La triste mirada de ella no pasó inadvertida, pudo ver el dolor en sus ojos, un dolor que él mismo había provocado, que él mismo había catado en el pasado y no quería volver a catar. Quizás era él quien no actuaba con valentía, pero no encontraba el valor suficiente para hacerlo.
—Te… Te quieren viva, no puedo confirmarte que solo venga uno, estate preparada y no dudes en matar. — eso fue lo único que su coraje le permitió pronunciar cuando en realidad su corazón decía a gritos que la amaba y no quería perderla.
Eve, tragándose el dolor que le había provocado esa frase, asintió con pesadez y lentamente avanzó hasta él, dejó un fugaz beso en los labios y sin separarse de ellos le susurró con sufrimiento.
— ¡Cobarde!
Severus Snape, vio desaparecer la figura de Eve Riddle por la puerta de la habitación. En el fondo sabia que ella hacia lo correcto y quizás podía salir con vida de ello. Decirle lo que sentía tampoco hubiese cambiado la situación pero ella tenía razón, y así se sentía, como un completo cobarde y se maldecía por ello.
