Sin prestar atención a lo que ocurría simultáneamente en los pisos inferiores, dos alumnos Gryffindor preparaban sus pertinencias para su salida a Hogsmeade en su sala común.

— ¿Lo tienes todo Ronald? — le preguntó Hermione

— Si, Hermione— respondió él resoplando — ¡Cada día te pareces más a mi madre!

— La necesitas más de lo que crees… ¿Y Harry? ¿Aún no ha vuelto? — preguntó con un tono maternal y algo preocupado.

— ¿Lo ves?, ¡Lo has vuelto a hacer! — le contestó Ron con burla y cierto espanto.

— ¡Oh, vamos, cállate Ronald! — le reprendió ella.

— Mira a tus espaldas, histérica, ¡allí lo tienes! — dijo Ron al ver llegar a su amigo.

— ¡Harry! — saltó Hermione al verle. — ¿Pudiste hablar con Dumbledore? — le preguntó al momento.

— Mas o menos, lo alcancé a la salida del gran comedor— dijo él con algo de decepción.

— ¿Y? — apuntó Ron con curiosidad.

—Y… nada, apenas me escuchó, o eso me hizo notar. Le conté por encima lo que vi y lo único que me dijo es que estuviera tranquilo, que estaba al corriente y que confiase en él y en quién él confía.

— ¿Pero le hablaste de Snape y de la profesora Sanders?— apuntó Hermione.

— Si, lo hice, pero me volvió a decir lo mismo. No sé qué pensar.

— Ese viejo…, quizá lo que dice "El profeta" tiene parte de razón, está empezando a chochear— comentó Ron negando con la cabeza.

— ¡Ron! — le reprendió Hermione nuevamente.

— También me dijo que tenía algo que mostrarme, y que acudiera a él en la próxima semana.

— Quizás entonces te cuente que es lo que está sucediendo. Vámonos o llegaremos tarde y no pienso ir a Hogsmeade andando. — dijo Hermione.

Al instante, Harry, salió rápidamente dirección a las escaleras de la Sala Común que conducían a los dormitorios y se adentró en ellos. Rebuscó rápidamente en sus cosas y volvió a encontrarse con sus amigos.

— ¿Qué haces con el mapa y la capa de invisibilidad? — preguntó Hermione sin muchas ganas de conocer ni de formar parte de sus intenciones.

— Nos acompaña la profesora Sanders, ¿verdad? — contestó Harry con ciertos aires de Merodeador. — Juro solemnemente que esto es una travesura— pronunció apuntando con la varita en el pergamino.

El mapa empezó a revelar los pasillos de Hogwarts junto con sus ocupantes, los tres muchachos, sin pensarlo dos veces, recorrieron el mapa en busca del nombre de su profesora, que al parecer aún se encontraba en sus aposentos, pero en ellos había alguien más…

— ¡¿Snape?! — exclamó Ron al momento. —Ese murciélago no tiene contacto prácticamente con nadie de este castillo y ¿ahora aparece en su habitación?

— ¿Celoso, Ron? — preguntó entre sorprendida e incrédula la chica ante la reacción de su amigo pero sin dar mucha importancia al hecho de que su profesor estuviera allí.

— Creo que Harry tiene razón, algo deben de estar tramando.

— No tienes remedio, Ronald. ¡Anda, vamos! — dijo la chica mientras empujaba a sus amigos fuera de la sala común.

En el vestíbulo se empezaban a amontonar los alumnos que asistirían a la salida, algunos ya en dirección a los carruajes que les conducirían hasta Hogsmeade. La profesora que les acompañaría, Eve Sanders, permanecía de pie ante el director.

— Cuando lleguen allí y se dispersen los chicos, dirígete a la Casa de los Gritos, nadie debe de verte. Estate atenta, querida. — dijo Albus con una serenidad aterradora.

Ante aquellas palabras, Eve parecía no inmutarse, pero interiormente su mente trabajaba a gran velocidad, sabía a qué se afrentaba. La única opción de escapada era la de no llegar nunca a presentarse ante su padre y salir por sus propios medios de un encuentro que debía fingir ser inesperado. Todo podría llegar a torcerse si fallaba. Si el agresor, sorprendido ante Eve, lograba escapar por ser ella conocedora de su ataque, Severus Snape pagaría las consecuencias. Pero si el agresor no se presentaba solo, las pocas opciones de lucha se desvanecerían con ella.

Unos metros por encima de sus cabezas, en un pequeño ventanal de vistas al vestíbulo de la entrada de Hogwarts, Severus Snape tenía puesto sus ojos en Eve. Él también sabía las opciones y batallaba internamente en busca de una elección mejor inexistente. Una vez más, la vida se reía de él con crueldad y era consciente, después de todo lo que había hecho, de que se lo merecía con creces. Él no tenía derecho a ser feliz, y menos con ella, pero no era ella quien tenía que pagar por ello, sino él. Quizás, el cruel destino sabia que la mejor forma de hacerle sufrir era quitándole lo que más deseaba, y lo que él mas deseaba no era su vida, sino la de ella.

Los carruajes rumbo a Hogsmeade, empezaron a desaparecer de las vistas de ciertos habitantes del castillo de Hogwarts. En ellos, los alumnos emocionados siempre con sus anheladas salidas, estaban impacientes por llegar a su destino y escuchar a su profesora pronunciar las ansiadas palabras que les aportaban por unas horas ser libres y disfrutar los pequeños placeres del pueblo.

Así pues, al llegar a sitio, abandonando sus carruajes, todos se dispersaron hacia los locales de ese pequeño pueblo mágico, sin prestar atención de la actitud estática de su profesora la cual parecía que su mente se hubiera quedado en el castillo.

Harry Potter, en cambio, si parecía percatarse de que algo no andaba bien, quizás un presentimiento, quizás la desconfianza hacia su profesora pero no podía evitar observarla con cautela.

— ¿Os apetece una cerveza de mantequilla? — preguntó Hermione emocionada siempre con esas salidas.

— Si invitas, tú…— contestó Ron rápidamente.

— Id vosotros, yo voy a dar una vuelta— dijo Harry con los ojos puestos aún en su profesora que parecía andar sin rumbo alguno.

— ¿Qué sucede? — preguntó Hermione al reparar en la mirada de su amigo.

— ¿No os parece que está esperando algo? — dijo el chico, haciendo un gesto disimulado hacia su profesora prácticamente ya fuera del alcance de su vista.

— ¿Aún sigues con esto? ¿No pensaras controlarla todo el día? — dijo Ron con cierto aburrimiento.

— Tengo un mal presentimiento, dame la capa Hermione— dijo Harry con cierto nerviosismo al perder a su profesora de vista.

— ¿Te quedarás más tranquilo si la seguimos hasta que se meta en alguna tienda? — dijo Hermione al ver que no podría evitar las intenciones de su amigo.

— No hay tiendas en esa dirección, vamos— apuntó Harry con cierta preocupación.

Simultáneamente, en el castillo de Hogwarts, Severus Snape se encaminaba hacía al vestíbulo de la entrada con determinación. Había tomado una decisión, quizás por primera vez, no dictada por su objetividad, ahora actuaba solo por impulsos irrefrenables marcados tal vez por sus sentimientos.

— Lo siento, muchacho — pronunció Albus Dumbledore tratando de hacer tiempo percatándose de las intenciones de su profesor de pociones.

— ¿La ha mandado a morir y eso es lo único que se le ocurre decir? — le recriminó Severus Snape con ira y sin disminuir sus veloces pasos hacia la salida del castillo.

— Dije que no era conveniente…— le recordó el director para mantener viva la conversación y detenerle.

— ¡Déjeme en paz! — soltó Snape evitándolo.

— Confió en ella plenamente y tu también deberías hacerlo, Severus. Actúa con racionalidad, sabes que es la única opción. — continuó Dumbledore tratando de hacerlo entrar en razón.

Las palabras de Albus Dumbledore parecían no inmutar a Snape de sus intenciones y sin contestación a las advertencias del director continuó su camino en dirección a Hogsmeade.

— ¡Severus! — le cortó el viejo agarrándolo por el brazo deteniendo así su paso.

— Intente impedírmelo y terminaré con usted antes de lo previsto— espetó secamente Snape arrastrando las palabras, mientras agarraba su varita con ansias y la dirigía hacia el hombre que trataba de privarle la marcha.

Albus Dumbledore se separó de él prudentemente y negando con la cabeza se retiró para dejar vía libre al profesor de pociones. Severus Snape, a paso firme se dirigió hacia la salida del castillo y dejando atrás la gran verja desapareció dejando tras él una negra neblina que se esfumó al instante.