CAPÍTULO 6
Cediendo
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Su padre dejó todo de lado cuando lo llamaron del colegio avisándole que su hija no se había presentado a ninguna clase después del horario de almuerzo. El señor Hyuga puso a su personal a buscarla y estuvo a punto de llamar a la policía. Sólo cuando Hinata llegó a su casa se dio cuenta del alboroto que había causado; Nunca había visto a su padre tan molesto y llegó a pensar que la golpearía. No podía culparlo, pues cuando tenía sólo tres años la habían intentado secuestrar y revivir ese miedo trajo de vuelta viejos recuerdos en él.
Cuando le preguntó dónde había estado, inventó una historia sobre cómo se había sentido mal y decidió caminar un poco para ver si se le pasaba el malestar, perdiéndose en las calles afuera del colegio; su padre no le creyó. No obstante, prefirió que la llamara una mentirosa antes de decirle la verdad y tener que explicarle como había decidido escapar de clases porque Naruto Uzumaki jamás correspondería sus sentimientos.
Demás está decir que no sólo tuvo problemas en su hogar. Al día siguiente, se enteró que había ganado una falta que quedaría en su historial y su castigo era quedarse toda esa semana a limpiar el salón una hora después de clases.
Esa no era la peor parte de su castigo; No era la única que había sido sancionada.
―Te faltó limpiar cerca de la puerta ―dijo Sasuke sin mirarla, mientras ella barría.
Lo observó de reojo mientras éste seguía sentado en un pupitre mirando por la ventana. Sacudió el rostro encrespándose, recordando lo que había pasado el día anterior y cómo estúpidamente había permitido que la besara. No sabía en qué había estado pensando, o mejor dicho, no había estado pensando en nada. Sólo sabía que por un momento había deseado ser alguien distinta y antes de que se diera cuenta él la estaba besando.
Tuvo deseos de decirle que en vez de criticarla tomara una escoba y la ayudara, pero permaneció en silencio mordiéndose los labios para no decirle todo lo que pensaba de él. Sasuke había permanecido sentado sin hacer nada toda la hora de castigo, dejándole a ella el labor de ordenar el salón. No se quejó al respecto al verlo inmóvil en su asiento; si hacer las cosas por sí misma le evitaba tener que cruzar palabras con ese despreciable ser, mucho mejor. Sólo tenía que esforzarse en terminar las cosas ahí lo más rápido posible y entonces podría irse a casa a seguir su castigo encerrada en su cuarto.
―Haz estado callada toda la tarde, Hyuga. De hecho, todo el día ―dijo de pronto Sasuke, sin despegar la mirada de la ventana― ¿No tienes nada que decirme hoy?
―No ―respondió ella dándose la vuelta para poder ordenar los libros en los estantes y sacudir el polvo de éstos―. Y preferiría que siga así.
Sasuke se levantó del asiento entonces. En un comienzo, Hinata intentó ignorarlo pero cuando vio que se dirigía al escritorio del profesor no pudo sino observarlo con curiosidad. Cuando notó qué era lo que estaba haciendo parecía demasiado tarde.
―No puede revisar las cosas que hay ahí ―le dijo horrorizada―. Nos meterá en problemas si…
―Nadie se dará cuenta ―respondió casualmente mientras examinaba lo que había entre papeles y libros―. No exageres.
―Por favor, ya tengo suficientes problemas como para agregar uno más.
―¿Dónde está tu curiosidad? ―le preguntó Sasuke mientras sacaba el libro de clases que se encontraba en el cajón de los legajos―. Deben estar las calificaciones de los parciales aquí…
―¡Basta! ¡No debería hacer eso! ―comenzaba a sentirse realmente asustada. No quería tener más problemas de los que ya tenía y tenía el horrible presentimiento que Sasuke la metería nuevamente en una situación que la perjudicaría― Publicarán las calificaciones cuando sea el momento adecuado.
Sasuke abrió el libro de clases y comenzó a leerlo ignorando a Hinata, quien de pronto se sentía pasmada. No importaba cuando alegara o le pidiese que dejara los legajos en paz, Sasuke la ignoraría. Pensó en ese instante que si se daba la vuelta y no veía lo que él hacía, no había forma de que luego la culparan por ello. Si no sabía nada, no podía hacer nada.
―Mira Hinata, tu legajo ―le dijo con una siniestra sonrisa, mientras se ponía a leerlo en voz alta―. Nombre: Hyuga Hinata. Fecha de nacimiento: 27 de diciembre. Apoderado: Hyuga Hiashi… ¿Y tu madre? No dice siquiera su nombre ―Hinata bajó el rostro y Sasuke no continuó leyendo sino que levantó la mirada hacia ella.
―Falleció cuando tenía cinco años ―respondió con quietud, pensando que distinta sería su vida si su madre estuviese viva.
―¿Qué le sucedió?
―Otou-sama no habla de eso. Es muy triste para él ―Hinata recordaba haberla visto cargando a su hermanita bebé un día, y al siguiente se había ido para siempre.
―Lo siento ―Hinata levantó la mirada un tanto sorprendida, era la primera vez que escuchaba salir esas palabras de la boca de Sasuke―. Debe ser difícil.
―Ni si quiera la recuerdo ―dijo quietamente, intentando recordar la sonrisa de su madre como una memoria que se le escapaba entre los dedos. Apenas recordaba la nana de cuna que solía cantarle en una época de su vida que parecía muy distinta a como las cosas eran ahora. Quizás más alegres―. De cualquier forma, debería dejar eso donde estaba.
―Si quieres puedes leer el mío.
―N-no ―negó horrorizada―. Eso es privado.
―Como sea. De cualquier forma no dice nada interesante ―Sasuke puso los legajos en el lugar que correspondía.
De alguna manera, el ambiente entre ellos no parecía ser tan tenso como antes. Aún sentía mucha desconfianza y nerviosismo alrededor de Sasuke, pero notar su interés en lo que había ocurrido con su madre hizo que viera una faceta en él que le pareció distinta. No hubiese llegado tan lejos como para decir que pensaba que el Uchiha era considerado, pero al menos no lo creyó tan egoísta como antes.
Respirando profundo y aprovechando que se volvían a hablar, se paró frente a Sasuke. Había pensado todo el día en cómo aproximarse a él para conversar de lo que había sucedido el día anterior, pero no había encontrado la manera de hacerlo. Ahora sólo tenía que ser un poco más decidida y simplemente decirlo.
―Hay algo que m-me gustaría pedirle ―entonces hizo una profunda reverencia―. Por favor, le suplico que no le diga a nadie lo que ocurrió ayer. Me comporté de una forma completamente inapropiada y le pido perdón por ello.
Sasuke permaneció en silencio. Hinata no supo qué decir y permaneció en la posición que estaba dejando que el silencio del salón los rodeada. Lentamente volvió a pararse derecha, sólo para ver como él se reclinaba contra la silla subiendo los pies a la mesa y colocándose los audífonos como si la conversación comenzara a aburrirlo.
―¿Qué te hace pensar que soy el tipo de persona que le dice al resto lo que hace? ―una sonrisa sarcástica adornó sus labios―. Ah… olvidaba que opinas lo peor de mí. Además de ser maleducado, grosero, desarreglado y egoísta, ahora soy indiscreto.
―No quería ofenderlo ―se disculpó Hinata rápidamente, lo que menos quería era iniciar otra discusión con él. Sólo deseaba solucionar la situación en que se encontraban y ponerle fin a todo ese extraño comportamiento que se había desarrollado entre ambos los últimos días―. Sólo… no me gustaría…
―Nadie lo sabrá, a menos que tú quieras que lo sepan ―Sasuke comenzó a buscar en su celular alguna cosa que escuchar― Estoy aburrido, ¿Quieres pagar lo que me debes ahora?
―¿Está hablando en serio? ―a veces creía que él tenía algo redimible y luego salía con ese tipo de comentarios desubicados.
―Nunca digo algo si no es en serio ―la miró impávidamente despegando la vista de su celular.
―No le debo nada ―frunció los labios molesta, se dio la vuelta y comenzó a limpiar uno de los vidrios― ¿Acaso no recuerda que rompió la carta? Si no hay carta, no hay nada que decirle a Naruto-kun.
―Yo creo que hay mucho que decirle ―respondió Sasuke poniéndose de pie―. No soy una persona muy paciente, Hinata.
No supo en que momento él se escabulló detrás de ella. Su cercanía la encrespaba, pero no iba a darle el gusto nuevamente de mostrarse débil ante él. No la pondría nerviosa, ni la haría querer huir. Sólo tenía que demostrarle que no era un juego y quizás entonces comprendiera que no tenía deseo alguno de que se le acercara.
―¿Por qué no te volteas y me miras a los ojos? ―le preguntó entonces, haciendo que Hinata detuviera el fuerte roce del paño contra el vidrio―. Quiero que me mires mientras te hablo.
Frunciendo los labios, respiró profundamente y se dio la vuelta. Sasuke estaba tan cerca de ella que apenas un movimiento habría bastado para que la acorralara contra el ventanal. No obstante, no se movió. Tenía que marcar su territorio y decirle una vez más que no estaba interesada en su patético intento por hacerla sentir nerviosa.
―Mucho mejor ―dijo el Uchiha observándola sin expresión alguna.
―¿Cuándo me dejará en paz? ―le preguntó molesta, yendo al grano.
―Cuando me pagues lo que me debes ―le respondió con frialdad.
―Usted rompió la carta, no hay nada que yo…
―Me mantuve en silencio cuando la carta existía. Podría habértela quitado frente a Naruto y haberla leído para que todos escucharan tu triste confesión de amor. Pero no lo hice. Guardé tu secreto.
―Y le agradezco que así fuera, pero eso no significa que me humillaré haciendo algo tan vergonzoso.
―¿Crees que besarme es humillante? ―Hinata se arrepintió casi de inmediato de haber dicho algo así, podía ver en las expresiones de Sasuke que se sentía ofendido por sus palabras.
El Uchiha eliminó la distancia entre ellos haciéndola sentir sumamente incómoda, pero al mismo tiempo, atenta de lo que intentaba. Había decidido no dar pie atrás, no dejar intimidarse por su oscura mirada. Tenía que encontrar valor dentro de sí misma para confrontarlo o estaría accediendo a ser su juego mientras él estuviese aburrido.
―¿Entonces por qué dejaste que te besara ayer? ―le preguntó el pelinegro.
―En ningún momento pretendí que las cosas llegaran tan lejos ―respondió tragando saliva.
Su mirada era tan penetrante que le causaba escalofríos. Sentía deseos de esconderse debajo de una mesa o gritar para que alguien viniera a interrumpirlos. Podía leer a través de sus intenciones sólo por su mirar. Quizás no era una buena idea intentar confrontarlo después de todo. Bajó la mirada y volteó el rostro, evitando así que Sasuke hiciese algo impertinente
―Estoy sumamente avergonzada por mi comportamiento de ayer ―dijo en apenas un susurro, sintiendo como su rostro se abochornaba―. Me siento horrible cada vez que lo recuerdo.
―Mentirme es una cosa. Mentirte a ti misma, es otra ―la mano de Sasuke se posó en el mentón de Hinata, haciendo que girara el rostro hacia él nuevamente―. Si quieres seguir con ese verso de que no lo deseabas, bien. Puedes repetírtelo tantas veces como quieras hasta que termines creyéndolo ―su voz a diferencia de otras veces era suave, apenas más alto que un murmuro. Estando en un lugar cerrado y a solas, no hacía falta que hablara más alto que eso. Su estómago comenzó a tensarse y sus rodillas a flaquear. Nunca nadie le había hablado de esa forma, como si le tuviese afecto pero al mismo tiempo desdén―. Aún así, ambos sabemos que dejaste que te besara porque lo deseabas, porque muy en el fondo no me desprecias tanto como dices. Quisiste ser como cualquier otra chica, aunque fuese por un instante.
―Eso no es…
―¿Si no es así, por qué no me puedes mirar a los ojos? ―permaneció en silencio entonces, porque no podía responderle. No sabía por qué no podía subir la mirada, quizás era porque Sasuke la ponía nerviosa o tal vez porque no sabía qué pasaría si se miraban una vez más como lo habían hecho el día anterior. Sin si quiera percibirlo comenzó a sentirse angustiada y el deseo de correr de ahí la embargó―. Naruto jamás ha hecho que tu respiración se agite sólo con mirarte.
―Basta, por favor. No me agrada que me toque ―le repitió una vez más, subiendo la mirada suplicándole con sus ojos que la dejara ir, que desistiera de toda esa idea de querer quebrar su entereza ―. Me pone nerviosa. Sólo eso. No es porque me guste. Por favor, entiéndalo.
―Y tú entiende esto, Hinata ―una de sus manos se posicionó en la cintura de la joven, tocándola con suavidad sobre la tela de su blusa. El tacto hizo que un suave gemido se escapara de los labios de la peliazul―. Me perteneces y mientras sea de ese modo, haré contigo lo que se me plazca.
―No soy ese tipo de mujer, ¿Es que aún no lo entiende? ―Sasuke soltó un ligero suspiro, enfocando su mirada en los labios de Hinata―. Nunca había besado a un chico. Estaba esperando el momento adecuado para besar a alguien a quien amase con todo mi corazón, pero usted me robo aquello, ¿Acaso eso no es suficiente?
―No ―su tono era tan suave que Hinata experimentó escalofríos de nuevo, sobre todo al sentir los dedos de Sasuke escabulléndose por su torso―. No es suficiente, Hinata.
―¿Cuándo será suficiente? ―y aún así, no tenía la fuerza de moverse, de gritar, de decir algo para que se detuviera. Quizás Sasuke tenía razón y ella era la responsable de lo que estaba sucediendo por no saber ponerle un final.
―¿Podrías confiar en mi aunque sea esta vez?
―Sasuke… yo…
―Sólo cierra los ojos. Sólo hazlo sin preguntar nada. No te voy a lastimar. No haré nada que no desees. Sólo quiero mostrarte lo equivocada que estas.
No confiaba en él. No se sentía cómoda con él. Pero por algún motivo no pudo evitar cerrar los ojos y una vez más dejarse caer ante ese malicioso encanto que Sasuke emanaba. Sabía que se arrepentiría de ello, pero no podía evitarlo. Había intentado ser fuerte, rechazarlo, pero había algo que no la dejaba retroceder. No era curiosidad ni miedo, era más bien una vocecilla dentro de ella que la instaba a dejarse llevar. Podría haber sido instinto o incluso excitación, quizás curiosidad. Fuese lo que fuese, estaba haciendo que traicionara todo lo que creía correcto.
―Dame tu mano ―Sasuke no esperó que ella se moviera, sino que buscó apretar su muñeca para guiar todo su brazo hacia un lugar que Hinata no quería tocar. Sus músculos se contrajeron para evitar moverse, pero no pudo impedir que eventualmente, su mano bajara por el abdomen de Sasuke hasta posicionarse en el lugar dónde él la guiaba―. Quiero que sientas lo que provocas. No tengas miedo. Sólo deseo que me sientas y entiendas por qué…
―No ―lo interrumpió apretando los párpados con fuerza―. Por favor… ya es… ya es suficiente… ―Sasuke presionó su mano contra la tela de su pantalón, justo sobre su sexo. Podía sentirlo debajo de la tela, lo cual la hizo querer retirar sus dedos como si estuviese tocando una brasa al rojo vivo. No podía creer que estaba haciendo algo como eso sin desmallarse―. No es apropiado…
―Olvídate de eso ―susurró sobre su boca con la respiración completamente alterada―. Qué importa si es apropiado o no ―y entonces, comenzó a percibir como Sasuke se endurecía entre sus dedos. Era ella quien estaba causando aquello, y sólo saberlo la hizo sentir un sentido de poder que nunca antes había experimentado―. Me excitas, Hinata. Estar cerca de ti y saber que no puedo tenerte provoca esto en mí ―el Uchiha tragó saliva, intentando controlar su respiración mientras rozaba la mano de la joven contra su erección―. Cuando me desees del mismo modo te haré completamente mía y no habrá nada que me detenga.
Y entonces, como si hubiese recuperado el control de sí mismo, Sasuke retrocedió y se sentó en un pupitre vacío, dejándola contra el vidrio con las piernas aún temblando y la mirada perdida.
No volvió a hablar después de aquello. En secreto, Hinata lo agradeció.
Cuando pensaba que estaba en el mismo salón que él su corazón se oprimía de miedo y sentía el deseo de desaparecer. Fue una tortura si quiera tener que estar en el mismo lugar que Sasuke el resto de la hora de castigo. No obstante, antes de que se diera cuenta pasó el tiempo de detención.
Kakashi entró al salón y después de inspeccionar que todo estaba en orden los dejó retirarse por el día. Hinata agradeció en silencio y salió del lugar avanzando lo más rápido posible por el corredor sintiendo que en cualquier momento se quebraría a llorar. Quería dejar todo aquello atrás como un mal sueño y no volver a pensar en ello.
―¡Hinata!
Su corazón se saltó un latido al escuchar su alegre voz. Subió la mirada lentamente experimentando un intempestivo calor en las orejas, cuando sus ojos se cruzaron con las iris azules de Naruto Uzumaki. Era la última persona que quería ver en ese momento, incluso menos que a Sasuke.
―¿Ya terminó su detención? ―le preguntó animosamente.
―S-sí… ―dijo ella apegando sus cosas al pecho, sin saber qué más podía decirle. Se sentía tan avergonzada, como si hubiese estado traicionando todo lo que sentía por él por un simple juego absurdo de sus hormonas.
―Los estaba esperando ―dijo el rubio rascándose la nuca, explicando qué era lo que hacía ahí―. Mientras limpiaban, todos decidimos ir a la playa a celebrar que terminaron los parciales. Tenemos que aprovechar de divertirnos antes que comiencen los finales. Le pediré a Sasuke que nos lleve pues el resto ya está allá, ¿También vendrás verdad?
―N-no ―respondió ella sonrojando profundamente y bajando la mirada―. Estoy castigada.
―¿Por lo de ayer, verdad? Le pregunté a Sasuke por qué se escaparon las últimas horas, pero no me quiso decir ―Naruto se cruzó de brazos un tanto molesto― ¡Podrían haberme dicho! También hubiese faltado. Odio las clases de químicas. Aunque se me hizo un tanto extraño que Sasuke te convenciera de algo así. Siempre eres tan responsable Hinata ―y entonces fue como si el rubio acabase de recordar algo―. ¡Es cierto! Obtuve todas las respuestas de los ejercicios de matemáticas correctas gracias a ti, ¡Te debo la vida! ¿Cómo podré agradecértelo? Si no fuese por ti sería imposible aprobar este año.
―No necesita agradecérmelo, me hace feliz que Naruto-kun haya obtenido una buena calificación ―quiso ser lo más educada posible, sintiendo como su estómago se llenaba de mariposas al observarlo. Y aún así, sentía un horrible pesar en su pecho al saber que él nunca correspondería ese sentimiento y que ahora, ella misma había traicionado a su corazón dejándose llevar por un errado impulso―. Debo irme ya. Mi padre me quitó los privilegios, así que debo caminar a casa. Espero que s-se diviertan hoy.
―Tú también vendrás ―la voz fría de Sasuke la hizo encresparse.
―P-pero… ―iba alegar, decirles que no podía ir, pero Sasuke le dio la espalda y siguió de largo― Si no llego dentro de treinta minutos, mi padre me matará.
―¡No te preocupes por eso Hinata! ¡Somos expertos en darle excusas a nuestros padres! ―dijo el rubio animosamente, lo cual la hizo sonreír con timidez― ¿Crees que con mis calificaciones mi madre me dejaría ir a la playa?
Naruto rió mientras la tironeaba para que siguieran a Sasuke. Dejándose llevar por el chico que amaba y aquel que temía, Hinata no sabía si estaba en medio de un sueño o una pesadilla. Lo único que podía decir con certeza era que Sasuke Uchiha estaba removiendo algo dentro de ella, y comenzaba a resentirlo por alterar lo que había sido hasta ahora una existencia completamente tranquila.
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NOTA
Quería agradecerles a todos los que están siguiendo este fic y me han dado palabras de ánimo para que lo continúe. He recibido muchas críticas por este fic de personas cuya opinión valoro bastante, pero que esta vez tendré que obviar. Sólo yo se cual es la real trama del fic y lo que está escondido detrás de una historia ligera. Lamento decepcionarlos, pero escribiré lo que sienta y lo que me divierta.
No soy muy buena escribiendo este tipo de narración, pero estoy haciendo el esfuerzo por darle mi toque. Hasta que no me salga mejor, les pido paciencia que lo erótico no es mi fuerte. Supongo que por lo mismo quise escribir esto y así mejorar.
Muchas gracias de nuevo. Seguiré dando mi mayor esfuerzo!
PD: La mayoría de los encuentros de Sasuke y Hinata hasta este momento han sido sacado de hechos verídicos de mi vida y la vida de aquellos que me rodean. Para aquellos que piensen que cosas así no podrían pasar o son medias fantasiosas, TODOS los encuentros de Hinata y Sasuke son basados en hechos verídicos lo cual me trae de vuelta a mis años perdidos de adolescencia. Nostalgia.
