Pasión

El reloj marco las 5:45 cuando volvieron a casa, cada uno de los hermanos cayeron rendidos ante los brazos de Morfeo mientras su maestro se retiraba a dormir en silencio tras la noche de espera, sin dejar que sus hijos notaran su presencia. Unas pocas horas más tarde, una alarma sonó suavemente durando solo unos segundos para ser apagada por un adolescente somnoliento. Leonardo bostezo mientras se estiraba, su mente aún difusa se iba aclarando de a poco al salir de la cama y encontrarse con el frío agradable del suelo.

Sigilosamente se dirigió a la cocina y desayuno en el más absoluto de los silencios, años de entrenamiento mostrándose en su día a día. Luego de terminar de comer y ordenar entro al dojo donde su maestro se encontraba meditando, tras saludarlo con una pequeña reverencia se ubicó a un lado del salón de entrenamiento para comenzar su rutina con repeticiones de katas. Una hora más tarde entro Raphael y al rato después escucho a Donny entrar a su laboratorio. Mikey no despertó sino hasta un par de horas de después.

El día continuo normalmente, tanto como un día normal podía ser para ellos. Tras un desordenado almuerzo en familia, entrenar bajo la supervisión de Splinter y un poco de descanso posterior a la práctica, salieron en la noche a patrullar. Leonardo guío a su hermanos en un recorrido simple, con uno que otro juego en que podían emplear sus habilidades. Para su suerte, la noche había sido tranquila.

Cerca de las tres de la mañana volvieron a su hogar y la rutina que el mayor de las tortugas se había autoimpuesto se repitió.

A pesar de ser uno de los miembros de la familia que dormía menos horas al día y que dedicaba menos tiempo al ocio, no podía decir que se encontrará insatisfecho o molestaba, así como tampoco la situación le importunaba. Él poseía pasión por lo que hacía y con gusto dedicaba largas horas solo a pulir sus habilidades.

La alarma sonó unas pocas horas después y nuevamente fue desactivada por un adolescente somnoliento con ganas de practicar.