Capítulo 7

INALCANZABLE


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En verdad Naruto era un experto cuando se trataba de evitar los castigos de sus padres. De hecho, pasaba más tiempo que nadie cumpliendo penitencias, ya fuese por las constantes peleas que se buscaba o sus calificaciones. Su madre era especialista en ingeniárselas para castigarlo donde más le dolía (como alimentarlo sólo con vegetales o prohibirle los videojuegos) y no faltaban ocasiones en que ambos se dedicaran a gritarse uno al otro sobre lo severa que era con él. Sasuke lo sabía bien, pues había pasado bastante tiempo de su adolescencia en casa de los Uzumaki. Y no del todo por su propia voluntad. Aun así, era mejor que estar en su propia casa, si es que así podía llamarle al lugar donde vivía.

Naruto no tuvo demasiados problemas en llamar a Kushina Uzukami explicándole lo desesperado que estaba por subir sus calificaciones y que ese día se quedaría con Hinata en la biblioteca hasta tarde. Cuando ésta pareció estar de acuerdo en que era necesario que alguien aplicada y responsable como Hinata Hyūga le ayudase a estudiar, Naruto le suplicó que se comunicara con los Hyūga para decirles que Hinata estaba con él estudiando en la biblioteca y que él mismo se responsabilizaría en llevarla a casa más tarde. La amable Kushina no pudo negarse.

―Te dije que todo saldría bien ―comentó Naruto sonriendo mientras colgaba la llamada―. Ahora, apagar celulares. Es mejor que no se puedan comunicar con nosotros hasta que lleguemos a mi casa. El secreto de una buena mentira es mantener la misma versión y si nos comienzan a llamar por separado, pueden descubrir que no estamos en la biblioteca.

―S-sí ―asintió la joven. Aunque por su tono de voz, no estaba del todo convencida.

―Basta con que cualquiera vaya a la biblioteca para que se den cuenta que no están allá. Tu mentira tampoco es demasiado ingeniosa, perdedor.

La observó de reojo desde el retrovisor, percibiendo su nerviosismo. Miraba hacia un costado por la ventana lateral, sus manos entrelazadas sobre sus piernas, practicando ese irritante hábito de jugar con sus dedos. Mientras miraba nuevamente en frente se preguntó qué era lo que estaba pensando y por qué había accedido en ir con ellos sin reclamarle que la dejara en paz, como usualmente venía haciendo los últimos días.

La respuesta era evidente; Naruto estaba con él. No obstante, sentía que al menos esta vez había algo más.

Tampoco entendía del todo por qué Naruto estaba tan interesado en que Hinata asistiera a la reunión del curso cuando en cuatro años no se había tomado la molestia si quiera de notarla para ese tipo de cosas. Aunque, Hinata tampoco era el tipo de persona que iba al shopping, a la cafetería o incluso a las fiestas con el resto del grupo. Tampoco él lo era, pero de alguna forma y otra Naruto terminaba convenciéndolo en asistir a esas tonterías y siempre estaban Sakura e Ino con ellos.

Comenzó a considerar seriamente que el Uzumaki podría estar planeando algo torcido para arruinar sus posibilidades de ganar la apuesta. Y no podía culparlo. Él habría hecho exactamente lo mismo. Si ese era el caso, Naruto tendría sus propios planes para ella, apuntando a hacerlo perder. Aquello era respetable, pero poco característico de él. En cualquier caso, Sasuke no iba a permitir eso. Ni si quiera consideró en sus sombríos pensamientos que aquellos eran los últimos días que estarían juntos antes de tomar distintos rumbos en sus vidas; era normal que Naruto se sintiera un poco melancólico y quisiese que todos los miembros de su clase estuviesen presentes.

Llegaron al lugar en donde los chicos de último año se iban a reunir cerca de las cuatro de la tarde. Era un sitio relativamente apartado de las playas más populares y por lo que sabía, las chicas ―Ino, Sakura y Karin― solían frecuentar bastante. Al parecer, Suigetsu había propuesto ir allá al ser una playa retirada en donde sólo los surfistas iban, pues había que caminar un buen trecho desde los estacionamientos hasta llegar a esa pequeña bahía, pasar por piedras altas, árboles caídos y terrenos escarpados. No fue fácil para ellos que aún llevaban el uniforme escolar cruzar todos los obstáculos, pero después de unos cinco minutos de caminata dieron con el lugar.

―¡Sasuke-kun! ―la voz irritante de Karin lo sacó de sus pensamientos mientras se acercaban al grupo― ¡Viniste! Pensamos que Naruto no conseguiría convencerte.

La escultural silueta de la pelirroja se levantó levemente de la toalla arreglando sus gafas en un revelador y ajustado bikini negro, del cual parecía sus senos escaparían en cualquier momento. Lucía provocativa y hermosa, aunque cada vez que abría la boca aquella imagen se arruinaba. Ese era el mayor problema de Karin, cada vez que hablaba algo en él se crispaba.

―No pude evitar venir.

Los ojos rojizos de Karin se clavaron en Hinata como una daga, frunciendo los labios al verla llegar junto a ellos. Aquello le recordó nuevamente que la Uzumaki se había metido en sus asuntos y quien la miró mal fue él.

―Pensé que era una reunión entre amigos, ¿Por qué la trajiste? ―le preguntó con molestia.

―No te debo explicaciones, Karin ―respondió, ignorando su evidente enfado celópata y dirigiéndose hacia donde estaban todos los demás.

―No seas así con Hinata, Karin ―la sermoneó Naruto, siguiéndolo.

Un poco más allá se encontraron con más personas que cursaban último año de preparatoria con ellos. Shikamaru estaba debajo de un gran quitasol rojo durmiendo y junto a él Shino leía alguna cosa con sus pesadas gafas de sol. Gaara y Fū hacían un castillo de arena, la joven riendo por la forma en que Gaara había logrado alzar una pequeña torre y éste observándola sin entender cuál era el motivo de su risa. Sakura e Ino disfrutaban del sol acostadas sobre una toalla de playa, luciendo pequeños bikinis florales, bastante llamativos, pero no tanto como el de Karin. Por su parte, Kiba asaba un poco de carne junto a su gran perro, reclamándole alguna cosa a Shino, quien lo ignoraba por su lectura. Chouji lo observaba como si el mundo se fuese a acabar si no se cocía pronto todo lo que estaba sobre la parrilla. Suigetsu y Juugo estaban bañándose, riendo sobre alguna cosa que no alcanzó a escuchar y Sai se encontraba un poco más alejado de ellos sentado bajo una palma, dibujando alguna cosa en su croquera, aunque nadie parecía prestarle atención.

Cada miembro del grupo parecía estar en su propio mundo, pero aquello terminó cuando Naruto, Sasuke y Hinata aparecieron.

―¡Sasuke-kun! ―exclamó Sakura felizmente mientras se sentaba sobre su toalla― ¡Pudiste venir!

―Ven Sasuke-kun, siéntate conmigo ―Ino lo miró coquetamente mostrándole su botellita de bloqueador solar―. ¿Podrías ponerme un poco de loción? No quisiera quemarme.

―No quiero que las manos se me llenen de grasa ―respondió, sentándose bajo una sombrilla anaranjada, desabotonándose la camisa―. ¿Por qué no se lo pides a Sai?

―Porque sus manos no son tan hábiles como las tuyas ―le respondió ella guiñándole un ojo, lo cual le hizo recordar algunos episodios pasados sobre la habilidad de sus manos entre las piernas de Ino.

―¿No trajeron ropa de playa? ―les preguntó Kiba un tanto sorprendido al ver a Hinata, Sasuke y Naruto aún con el uniforme escolar.

―Nos vinimos directo desde el colegio ―respondió Naruto por los tres―. Pero da igual, es sólo doblar un poco el pantalón y taram, shorts de baño.

Sasuke imitó a Naruto abriéndose la camisa y subiendo el doblez de sus pantalones hasta la rodilla. No era un traje de baño de ninguna forma, pero al menos no pasaría calor. Aunque, no podía decir lo mismo de Hinata que ya lucía abochornada.

―Te morirás asada vestida así Hinata-san ―reclamó Ino buscando entre sus cosas―. Ten, traje dos pues no decidía cual me quedaba mejor ―y ahí estaban dos pequeñas piezas de nylon, floriadas y bastante llamativas. Todo el rostro de Hinata se volvió rojo―. ¿Quieres que te acompañe para que te cambies? Así puedes broncearte con nosotras. No podremos disfrutar del sol las próximas semanas debido a las pruebas finales y es bueno recibir un poco de vitamina D.

―Estoy bien ―dijo Hinata negando con las manos―. Por favor, no se preocupe por mí. No suelo broncearme con el sol, sólo me pongo roja.

―¡Que mala excusa es esa! No seas tímida. Ve a cambiarte ―le dijo Ino riendo―. Te acompañaré. Había un chico bastante lindo cerca de los tocadores, quizás aún esté ahí.

―Vamos Hinata ―Sakura parecía animada también, levantándose de la toalla y prácticamente arrastrando a la joven a los cambiadores―. Te verás muy bien con algo así.

―Realmente estoy bien ―insistía Hinata.

Podría haber permitido que Ino y Sakura convencieran a Hinata de usar una cosa tan extravagante como lo que ellas estaban luciendo. Dios sabía que agradecía cuando las jóvenes se quitaban la ropa para mostrar un poco de piel, claro, en circunstancias más íntimas. No obstante, no quería que lo que había visto en la habitación de Hinata fuese de conocimiento público o quizás tendría competencia y en ese momento era lo que menos necesitaba. De por sí la situación no era del todo favorable para él y si Naruto, Gaara, Suigetsu o inclusive Kiba se daban cuenta de lo que había debajo de toda esa ropa holgada, no se quedarían de brazos cruzados viéndolo actuar por su cuenta.

―Basta ―dijo con autoridad, haciendo que ambas se detuvieran de inmediato al escuchar su voz―. No todos se sienten cómodos caminando prácticamente desnudos por la playa. Déjenla en paz.

Tanto Ino como Sakura se pusieron rojas ante el comentario de Sasuke, pero volvieron a su lugar sin molestar más a Hinata, quien parecía que casi había tenido un infarto.

―¿Cómo hicieron que Sasuke viniera? ―preguntó de pronto Shikamaru bostezando al notar lo tenso que se había vuelto el ambiente entre todos―. Siempre falta a estas cosas problemáticas.

Y era cierto. En cualquier otra ocasión habría pasado de ir a ese lugar, pero ahora que tenía la oportunidad de torturar a Hinata un poco más, no se lo iba a perder.

―Sasuke-kun siempre es tan difícil de convencer ―dijo Karin apareciendo entre ellos y sentándose junto a él, reclinandole su sudoroso rostro sonrojado contra el brazo.

―Oye Karin, no te pongas tan cómoda ―reclamó Ino mirándola con desagrado.

―Sakura-chan, ¿Quieres que te ponga un poco de loción? ―le preguntó Naruto riendo por lo bajo con malicia―. Si te quemas te terminará doliendo la espalda toda la noche.

Naruto eventualmente se ganó una bofetada al insistir en querer ponerle bloqueador a Sakura. Era la eterna dinámica entre ellos. A pesar de que todos en el grupo rieron por el incidente, Hinata parecía un tanto ajena a todo eso, observando con melancolía las olas que acariciaban suavemente la costa, sonriendo atentamente cada vez que Naruto hablaba para luego sonrojar y mirar la arena.

Sasuke no dijo nada al respecto, pero la estudiaba de reojo sin realmente mirarla. Debía ser paciente en escoger el momento adecuado para acercarse a ella sin que le huyera como venía haciéndolo los últimos días y tampoco podía exponer su interés en la jovencita sin que Karin, Ino o Sakura se dieran cuenta de ello y lo comentaran. Lo último que quería era que la Uzumaki se entrometiera de nuevo en lo que estaba intentando hacer, y mucho menos que Ino expusiera la naturaleza de su relación con él.

―Hermosa, me permites un momento ―Sai pareció sorprender a todos cuando se acercó sigilosamente junto a Ino, estirando una hoja de papel hacia ella.

―¿Qué es eso? ―preguntó la rubia un tanto sorprendida.

―Un dibujo. Para ti ―respondió sonriendo, aunque a Sasuke dicha expresión le parecía vacía y forzada.

―¿Es en serio? ―los ojos se Ino se iluminaron al verse retratada sonriente y bajó el sol, corriendo por la arena. Un suave sonrojo evidenció lo que sucedía―. Gracias ―susurró ella observando el retrato que Sakura ya comenzaba a ojear sobre el hombro de Ino.

―Vaya, sí que eres bueno dibujando ―lo complemento―. ¡Has uno para mí después!

―Lo siento, sólo puedo dibujar a Ino. Es una necesidad mía ―respondió Sai a lo cual Sakura levantó una ceja.

―Eres muy amable, Sai ―le agradeció Ino, cuya voz perdía toda su picardía cada vez que hablaba con el seudo artista―. ¿Quieres ir por un helado? Es lo menos que puedo hacer para agradecerte esto.

―Helado, sí ―respondió él.

Mientras se alejaban juntos, Sasuke pensó en lo transparente que era la chica Yamanaka y estaba seguro que no era el único. Al pedirle que fueran por helados, lo que realmente buscaba era una excusa para estar a solas con él.

―Y ahí va Ino… ―dijo Sakura mirándola con una sonrisa forzada y suspirando.

―No me sorprendería que se pusieran de novios antes de que terminen las clases ―comentó Karin rodando los ojos―. Ino es bastante rápida, si saben a qué me refiero.

―No hables así de ella, cuatro ojos, que tú tampoco te haces mucho de rogar ―espetó Sakura con molestia, haciendo que Karin no comentara nada más al respecto.

Efectivamente, Karin no se equivocaba. Ino Yamanaka era una fuerza de la naturaleza que sabía lo que quería e iba atrás de ello. No estaba en su naturaleza esperar por las cosas y aquello le parecía una cualidad bastante atractiva y el motivo por el cual en más de alguna ocasión dejó caer sus barreras y dejarla acercarse. Era una de las chicas que podía decir conocer a fondo, y aun así, no le importaba para nada que intentase sacarle celos con Sai en cada oportunidad que tenía. Para él, Ino no existía en un plan sentimental desde segundo año de preparatoria en que habían intentado salir un par de veces. Se dio cuenta rápidamente que lo esencial para formar una pareja no estaba presente entre ellos y que las cosas que podían quebrarlos eran defectos que tenían en común. Ambos eran obstinados, ninguno perdía cuando se trataba de una discusión e intentaban salirse con la suya sin importar las consecuencias: era una receta para el desastre. Por otro lado, entre más tiempo pasó con ella, más lo comenzaron a irritar las cosas que salían de su boca, su personalidad era escandalosa y le faltaba mucha elegancia para realizar cualquier acción que requiriera de fineza. A pesar de ser preciosa, fuerte y hasta divertida en cierto modo, lo que pensaba, decía y hacía le parecía extremadamente escandaloso e irrelevante. Todo era demasiado lento para ella y forzaba demasiado los asuntos para que se volviesen como los deseaba.

La historia con Karin era similar; habían salido un par de veces cuando Sasuke entendió que no lograría sacársela de encima a menos que aceptara ir al cine con ella. La diferencia, claro, era que la pelirroja no se molestaba en ser utilizada cuando el aburrimiento le ganaba. No le importaba que la idea de una relación seria y formal con él estuviese completamente descartada. Parecía disfrutar del sexo, frío, indiferente, sin besos ni caricias, rudo e impersonal; nunca se quedó toda la noche y se largaba de su cama sin que él tuviese si quiera que pedírselo. Aquello lo hacía bastante sencillo con ella. Le agradaban los encuentros casuales y furtivos, escabullirse a cualquier hora en que las hormonas reclamaran su presencia y hasta experimentar las fantasías más insólitas que a ambos se les podía ocurrir. Y, A pesar de esto, habían pasado ya bastantes meses sin que tuviese un encuentro con la pelirroja, algo que ella siempre le reclamaba cuando lo veía. Quizás, que todo con Karin fuese tan fácil (y no precisamente que ella fuese fácil, sino que era sencillo mantener una relación de cualquier tipo con la pelirroja pues a todo decía que sí, sin pelear ni argumentar), lo había vuelto tan poco interesante.

Muy distinta era su historia con Sakura Haruno. A diferencia de las demás, la joven le importaba, aunque fuese un poco. Jamás había cruzado la línea con ella precisamente porque si lo hacía, no habría vuelta atrás. Si daba ese paso y le prestaba atención, no sería sólo para meterla a su cama. Sakura no era ese tipo de chica y ella lo amaba, o al menos eso le había dicho en más de alguna ocasión. Lo que lo hacía experimentar algo de culpa era saber que la lastimaría profundamente darse cuenta que no era el tipo de persona que la amaría de vuelta. O para ser más exactos, que amaría a cualquiera de vuelta. Sabía que Ino y Karin no lo amaban, sólo se sentían estúpidamente atraídas hacia él. No obstante, no podía decir con certeza lo mismo de Sakura.

Lo comprobó el día en que ella le pidió un momento al terminar las clases durante el primer año de preparatoria y no pudo negarse. Tenía esa mirada patética y melancólica en el rostro hacía días desde que Ino se había metido a su cama por primera vez. Así que en vez de subir al automóvil que lo esperaba para llevarlo a su domicilio, se detuvo, la miró en silencio y esperó que hablara.

Escuchó las palabras "Te amo, Sasuke-kun", sin inmutarse, sin pestañar, sin alterarse ni sorprenderse. Escuchó todo lo que ella tenía que decirle, desde el momento en que se había percatado de estos sentimientos, lo mucho que él la había cambiado, cuan feliz se sentía al estar cerca de él y la promesa de que si le daba una oportunidad haría todo lo posible por hacerlo feliz cada día, el resto de su vida.

Sasuke había sospechado que Sakura estaba enamorada de él desde mucho antes que ella lo dijera, por lo cual, no le extrañó que se confesara (como lo hacían el resto de las chicas). No la culpaba del todo, pues las jóvenes de su edad solían sentirse atraídas hacia él, sin que entendiera el motivo. No obstante, Sakura era distinta a la mayoría de las personas. Había una cierta fuerza en su mirada que hasta a él le parecía intimidante cuando algo la apasionaba. Curiosamente, esa misma fortaleza desaparecía cada vez que le hablaba y frente a él sólo quedaba una chica débil y patética, sin ningún tipo de amor propio.

¿Por qué amarías a alguien como yo? ―le preguntó finalmente, pues conocía a Sakura desde que era una niña, y ella mejor que nadie sabía la basura que él podía llegar a ser. Seguramente Ino se lo había dicho.

No entendía del todo el motivo de ello. Por mucho tiempo también me pregunté qué había distinto en ti que me hacía sentir así. Sé que no soy tan bonita como Ino o tan simpática como Karin, pero, te amo.

Ni si quiera sabes lo que significan esas dos palabras, Sakura.

Te… te equivocas. Amo cuando tu mirada se pierde y me pregunto en qué piensas. Y amo cuando eres el único que está en silencio mientras todos hablan al mismo tiempo. Amo la forma en que te esfuerzas por tener las mejores calificaciones y como ayudas a Naruto a no quedarse atrás. Es tu forma de ser. Amo tu forma de ser… amo como me siento cuando estás cerca de mí.

Si crees amar mi forma de ser, es porque no me conoces. No me conoces nada, Sakura.

Y así terminó ese asunto. Nunca dejó que Sakura volviese a estar a solas con él, evitándola sin darle explicaciones. Y a pesar de que en sus ratos de ocio podría haber pasado un buen momento con ella, el problema radicaba principalmente en que su mejor ―y quizás único― amigo estaba enamorado de la joven, convirtiendo a Sakura Haruno en alguien con quien no podía jugar.

Por otro lado, jamás se fijó en Fū o en cualquier otra chicha de su propio salón. La alegre jovencita era una versión femenina de Naruto y suficiente tenía con el perdedor jodiendo toda su existencia. Cuando escuchaba hablar a Fū, era como escuchar al rubio, lo cual lo exasperaba.

Y por último estaba Hinata Hyūga con quien había sido compañero de curso toda la vida; curiosamente, jamás había tenido interés en conocerla si quiera. La heredera del clan Hyūga no llamaba su atención, y eso se debía quizás a que era precisamente el tipo de persona que pasa desapercibida para la mayoría. Los años que habían compartido juntos como compañeros habían sido de mutua indiferencia, como si ninguno comprendiese del todo que el otro existía. Nunca se había detenido a observar a Hinata porque, la joven no hablaba. Si se hubiese dado cuenta antes de algo que Naruto sabía con certeza ―que Hinata estaba fuera del alcance de todos ellos― la habría buscado con desesperación. Era su forma de ser. Pero la joven Hyūga parecía vivir en su propio mundo, silenciosa, introvertida, demasiado buena para ellos.

Lamentablemente, había estado equivocado rotundamente. No era que Sasuke hubiese sido indiferente a ella, sino que ahora se percataba con amargura que la situación había sido la inversa; Hinata lo había ignorado por completo. La joven peliazul lo consideraba demasiado inferior para ella o cualquiera. No sólo eso, para empeorar todo, Hinata creía que había alguien mejor que él y en esa persona estaba enfocados esos preciosos ojos que tenía. Sus atenciones, suspiros, sonrojos, anhelos y sonrisas estaban dedicadas a Naruto, quien ni si quiera parecía percatarse de ello. Patéticamente, se sintió celoso por primera vez en su vida mientras ella le sonreía a su mejor amigo deseando con amargura que ese gesto fuese sólo para él.

―¡Oi! Vamos a jugar volley ―llamó Kiba con una pelota de playa en la mano―. Mi equipo contra el tuyo, Naruto. Los perdedores invitan la cena.

―¡No perderé! ―gritó el rubio poniéndose de pie― ¡Vamos a darle una lección a Kiba, Sasuke!

―Paso ―dijo el pelinegro observando el mar.

―¿Eh? ―Naruto estaba confundido― ¿Por qué?

―No tengo que darte explicaciones, perdedor ―bufó Sasuke.

―¿Chicas? ―preguntó el rubio, desanimadamente.

―Voy mientras no tenga que estar en tu equipo, Naruto ―dijo Sakura riendo.

―Lo siento, yo me quedaré con Sasuke-kun ―dijo Karin coquetamente, enrollando una hebra de cabello pelirrojo en su dedo índice.

―Ve. Te miraré desde aquí ―la animó Sasuke pensando que finalmente tendría una excusa para estar a solas con Hinata y tenía que deshacerse de Karin―. Si ganas, quizás te compre algo para beber.

―¿De verdad? ―preguntó Karin sorprendida, confundiendo la perspicacia de Sasuke con amabilidad e interés― ¡Entonces acabemos con ellos, Naruto!

―¿Te animas Hinata? ―le preguntó Kiba.

―Lo siento. N-no estoy vestida para eso ―respondió cabizbaja.

―Yo pido a Suigetsu entonces ―exclamó Naruto.

―¡No quiero ser del equipo de ese sujeto! ―se quejó Karin mientras se alejaban.

―¿Shikamaru? ¿Chouji? ¿Shino? ―preguntó Kiba cuando notó que faltaban miembros para su equipo.

―¿Por qué siempre me preguntas de último? ―lo cuestionó Shino con frialdad, pero visiblemente ofendido, mientras se ponía de pie para unirse al juego.

―Ganaré esa cena gratis ―dijo Chouji riendo.

―Jugar con este sol es muy problemático ―se quejó Shikamaru quien seguía entre dormido y despierto junto a Hinata.

―Vamos, ayúdame a ganar. Es una cena gratis ¿Sabes cuánto podré comer si es gratis? ―le rogó Chouji.

―Es cierto. Eso significa que no tendré que pagar yo en caso de que tu dinero no alcance.

Shikamaru suspiró pesadamente y se puso de pie ante la exclamación de ánimo de Chouji. Kiba se retiró con ellos y se fueron a jugar con el resto. Hinata los observó con algo de melancolía a la distancia y Sasuke percibió su tristeza al escucharla suspirar. Sabía que la joven se moría por habérseles unido, pero como siempre su engreimiento le impedía jugar algo que era para gente ordinaria.

Con la luz atravesando el quitasol rojo su piel se veía un tanto rosada. Hasta saludable. Seguía teniendo ese aire de superioridad, o más bien, de perfección. Ni si quiera estaba sudando como el resto, a pesar del grueso uniforme escolar que portaba.

Que irritante era. Sintió que algo ardía en su estómago al darse cuenta de que esa chica que venía ignorando por años era realmente inalcanzable para alguien como él y quizás todo el resto de los presentes. Tal vez alguien como su hermano hubiese podido conquistarla si se lo proponía, pero ni si quiera Naruto, con la ventaja que tenía al estar ella enamorada de él, podría haberse mantenido a su altura demasiado tiempo. Una chica así debía ser todo un desafío de satisfacer, desde sus refinados gustos hasta el tipo de cuidados que requería que nadie más se diera cuenta de lo perfecta que podía llegar a ser y anhelarla para sí. Estar con alguien como ella seguramente era vivir en constante miedo a perderla.

De pronto, Hinata volteó su mirada hacia él y lo descubrió observándola. Era demasiado tarde para pretender que no lo hacía, por lo cual le sostuvo la mirada con irreverencia. Por muy perfecta que ella fuese, él seguía siendo un Uchiha. Eso significaba algo.

―¿Qué sucede? ―le preguntó Hinata visiblemente incómoda.

―Nada ―respondió.

No deseaba decirle lo mucho que le ardía el estómago percatarse de lo imbécil que había sido todos esos años por no intentar cortejarla en otra circunstancia. Quizás podría haberla convertido en su novia por un tiempo, aunque se aburriera de ella con rapidez. Valdría el esfuerzo poderse regodear de ser el primer hombre en su vida, de eso no había duda.

―¿Te incomoda estar a solas conmigo, verdad?

―Sí ―respondió ella sin hesitaciones en su voz―. Sobre todo por la forma en que se ha comportado estos días conmigo.

―¿Acaso no te estás divirtiendo? ―Hinata pareció confundida por su pregunta―. Luces como si hubiese muerto tu mascota. Disfruta mi compañía, no suelo regalarle mi tiempo al resto.

―Que egocéntrico es.

―Añadiré eso a la lista que enumeraste el otro día.

Hinata lo miró dubitativa como si estuviese discutiendo consigo misma decirle lo que realmente pensaba. Sasuke la dejó considerarlo un par de minutos sabiendo lo que ella iba a decir a continuación, tan pronto consiguió armarse de valor para ello.

―No me pareció apropiado lo que hizo durante nuestro periodo de detención.

―¿Nunca habías tocado a un hombre de esa manera, o me equivoco? ―le preguntó con algo de burla―. Por eso exageraste de esa forma.

―Si vuelve a hacer algo como eso, hablaré con las autoridades del colegio para reportar su conducta. Quiero que me deje en paz.

―No te obligué a nada y seguiré haciendo cosas como esa hasta que admitas que no te desagradan tanto como pretendes ―respondió divertido, ante su sorpresa―. Puedes reportarme. Hazlo. Será nuevamente tu palabra contra la mía. No tengo nada que perder, no hay nadie a quien le importe lo suficiente como para molestarse por mi comportamiento en el colegio, por si piensas que tus pequeñas amenazas me asustan.

―¿Qué? ―preguntó confundida― ¿A qué se refiere?

―¿No fui bastante claro? ―su tono se volvió neutral y apático―. Haré lo que se me da la gana contigo.

―No. No me refería a eso ―el tono de voz de Hinata se volvió suave― ¿Por qué… por qué dice que a nadie le molestaría si se mete en problemas?

―Eso no es de tu incumbencia.

Realmente no lo era. Ni si quiera sabía por qué las palabras se le escaparon como si nada. Sintió que un nudo se le formaba en la garganta y no pudo creer que lo que él mismo había dicho le ardiera en el estómago de esa manera. Hinata pareció notarlo pues lo observó con compasión. Odió la forma en que sus ojos lo miraban en menos.

―No quise… lo siento ―dijo finalmente―. No es asunto mío inmiscuirme en su vida. Lamento haberlo preguntado.

―Si lo quieres saber ―se burló con media sonrisa―, maté a la única persona a quien quizás le importaba un carajo. No veo a mi padre hace tres años y mi hermano… ―no pudo continuar. Su hermano quizás era distinto a su padre, pero era parte de lo mismo. Una persona que pretendía y pretendía, que siempre actuaba del modo que se esperaba de él, jugando a ser el mártir de la familia Uchiha, quien había sacrificado su brillante futuro en el extranjero por quedarse con él, cuidándolo, por mucho que le insistiera que no necesitaba que nadie lo hiciera.

―¿Mató? No… no entiendo.

―Murió en mi parto.

Si Hinata tenía curiosidad en saber más, no lo demostró. Enfocó sus ojos nacarados en la arena blanca y abrazó sus rodillas con delicadeza.

―Y-yo… no lo sabía. Lamento mucho su pérdida. No quise…

―Da igual.

No quería seguir hablando de ello. Su madre había muerto y hablar sobre el asunto no iba a traerla de vuelta. Nunca la había visto, ni había escuchado su voz, ni si quiera tenía imágenes de ella porque el desgraciado de su padre las había hecho desaparecer al no soportar el dolor de perderla. Pero ese dolor no había durado demasiado. Se había vuelto a casar hacía cinco años y ahora tenía una hija con su nueva esposa, una mocosa que Sasuke sólo había visto de lejos. El primer año que vivió con su nueva madrastra había hecho todo a su alcance por hacerla desaparecer de sus vidas, al punto que su propio padre se dio por vencido con él. Era parte del motivo por el cual Itachi y él vivían solos desde que su hermano tuvo la edad para convertirse en su guardián legal. Convivir con la nueva familia de Fugaku no era una opción.

Hinata sólo se hundió más entre sus hombros y fijó la mirada en la arena.

―¿Por qué haces eso? ―preguntó Sasuke.

―¿Qué?

―Cada vez que estás incómoda ante algo, evitas el contacto visual con el resto. Es un tanto cobarde.

―No soy cobarde ―respondió ella intentando recuperar su compostura digna.

―Sí, lo eres. Y sabes que lo eres. Eso es lo peor ―Hinata clavó su mirada ofendida en él―. No haces nada para cambiarlo. Todo el tiempo intentas actuar como se espera que lo hagas. Perfecta, predecible, el orgullo del clan Hyūga, la princesa heredera, la doncella virginal con la cual se miden el resto de las mujeres. Aburridamente predecible. Trágico, inclusive ―bufó con amargura de forma divertida haciendo una pausa, convencido de lo que iba a decir y también enojado por su realización―. Te pareces tanto a él.

Sasuke no quiso seguir ahí. Se puso de pie y se marchó dejando a una muy confundida Hinata detrás.


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No habían alcanzado a terminar el partido de volley cuando Sasuke le gritó a Naruto que se marchaba y que si quería que lo llevara debía irse ya. Por mucho que los chicos insistieron en que se quedaran al menos hasta que la carne asada estuviese lista, nada detuvo a Sasuke, quien se alejó sin decir palabra alguna.

Hinata se sintió mortificada de vergüenza cuando Naruto la tomó de la muñeca para hacerla correr tras Sasuke que se perdía entre el escarpado terreno y tuvo una visión hermosa de la parte trasera de su cabeza. Su cabello dorado resplandeciendo con el sol la hizo perderse entre la realidad y la fantasía, pensando de verdad que soñaba despierta. Estaba segura que repetiría esa imagen una y otra vez antes de dormirse. Su corazón latía tan rápido que las orejas le zumbaban.

Subieron al automóvil de Sasuke temiendo de verdad que él los dejara en ese lugar, pues no parecía esperarlos. Tan pronto cerraron las puertas, éste comenzó a conducir sin decir nada ni mirar a nadie, con el ceño fruncido y una mirada letal hacia adelante. Nunca lo había visto tan molesto y aquello la asustaba.

Naruto le preguntaba una y otra vez qué era lo que pasaba con él para actuar así, pero Sasuke no hablaba. El camino se hizo insoportablemente tenso para Hinata, quien pensó en decir alguna cosa para romper el silencio, pero tan pronto quiso hacerlo, Sasuke prendió la radio y subió bastante el volumen para no tener que escucharla.

La música varió bastante durante el trayecto de quince minutos; sonidos que le parecieron rápidos y energéticos, bastante diferente a lo que ella estaba acostumbrada a oír. De vez en cuando se daba cuenta que Naruto cantaba las canciones que conocía y tan pronto lo hacía, Sasuke cambiaba la pista. Evidentemente estaba molesto por algo, pero no sabía qué era. Tampoco le importaba a decir verdad, mientras él la dejara en paz. Se preguntó un momento si sería su culpa por haber hablado de su madre.

Tan pronto llegaron a casa de Naruto, Sasuke apagó el motor y comenzó a reír. Ambos chicos lo miraron con sorpresa, pues su reacción distaba mucho de la actitud que venía mostrando la última media hora

―Esto debe ser una pésima broma ―dijo con amargura.

―¿Qué hace Itachi aquí? ―preguntó Naruto.

Hinata volteó la mirada hacia el patio delantero y pudo observar que frente a una mujer pelirroja y bastante bonita, estaba sentado con una postura erguida y solemne un hombre de cabello oscuro y tez muy pálida. Imaginó que era él a quien Naruto llamaba Itachi.

Si bien el nombre no le era completamente desconocido, no era el tipo de persona que pusiera atención o si quiera le importara la vida del resto. No se dedicaba a los chismes porque le parecía de pésima educación hablar de los demás sin que estuviesen presentes. De haber prestado más atención, sabría que Itachi era el hermano mayor de Sasuke y que hasta el día de hoy muchas jovencitas recordaban su paso por el colegio Konoha.

―¿Crees que se habrá dado cuenta que nos fuimos a la playa y se lo esté diciendo a mi madre? Si es así estoy muerto.

―No ―respondió Sasuke―. Vino acá porque apagamos los celulares y debe estar buscándome.

―Eso no suena muy a Itachi. Él siempre te deja hacer lo que se te da la gana, ¿No?

―Sí. Pero teníamos algo que hacer hoy.

―¿Y cómo sabía que te encontraría acá? ―preguntó Naruto un tanto perplejo.

―Porque es Itachi.

Sasuke se bajó del automóvil luciendo más sombrío que nunca. Naruto lo imitó arreglándose un poco la ropa, aunque lucía desastroso de cualquier forma. Hinata tomó su mochila con algo de vergüenza y también bajó. De acuerdo con Naruto, su madre se había ofrecido en ir a dejarla a su casa y seguramente había hablado con su propio padre. No había querido pensar en ese asunto hasta ese momento, pero sabía que también a ella la habían estado llamando sin poder comunicarse. Habían apagado el celular.

La casa de Naruto era muy linda. Había detalles por toda la entrada que indicaban la presencia de una dama muy energética y activa. Había remolinos de viento de distintos colores, figuras de cerámica y maceteros llenos de flores por doquier. Justo ahí en medio de éstas había un espacio circular en donde el suelo estaba cubierto de piedras y sobre éste se había construido una adorable terraza. Ahí se encontraba Kushina Uzumaki bebiendo limonada junto a un joven que Sasuke y Naruto habían llamado Itachi.

Seguramente no tenía mucha más edad que ellos, pero se notaba en su mirada la sabiduría que da la experiencia. Su cabello era tan negro como la noche, ojos oscuros y almendrados, pestañas delicadas, labios finos y mirada amable. De inmediato notó la forma en que sostenía el vaso para llevarlo a su boca, con firmeza y delicadeza. Sus movimientos y expresiones eran elegantes, su aterciopelada voz resultaba de ensueño.

Tan pronto se acercaron, Kushina e Itachi se voltearon a observarlos. No pudo evitar sentirse paralizada cuando la mirada oscura e instigadora del pelinegro se posó en ella, haciéndola detener sus pasos y dejar de respirar. Era como si la presión de un océano hubiese caído sobre sus hombros y de pronto ni si quiera sus piernas le respondían.

―¡Naruto! ¡Estuviste jugando de nuevo después de clases! ―la voz de Kushina quebró el contacto visual entre ella y el joven desconocido, permitiéndole bajar la mirada hasta el suelo empedrado― ¡Tu uniforme es un desastre! ¿Crees que es fácil para mí estar lavando ropa todo el tiempo?

―Deja de avergonzarme frente a mis amigos, oka-san ―le rogó Naruto sonrojado.

―Oh, es cierto ―Kushina pareció darse cuenta de la presencia de Sasuke y Hinata en ese momento y su furiosa expresión pasó rápidamente a una de amorosa madre―. Hola Sasuke-kun, cada día estás más alto y guapo ―el pelinegro pareció no oír el comentario, sus ojos estaban fijos en los de Itachi quien le sostenía el gesto con la misma intensidad― ¿Y esta señorita es Hinata-san? ¡Cuánto has crecido linda! La última vez que te vi llevabas el cabello cortísimo y no me llegabas ni si quiera a la cintura. Te has vuelto una hermosa jovencita, ¿Verdad, Naruto? Espero que mi hijo no haya sido una molestia mientras estudiaban. Aunque si trae señoritas tan lindas a casa no me molestaría ser abuela pronto…

―¿Eh? ―Naruto miró a Hinata como si sólo entonces se hubiese acordado que Hinata era una chica y que se suponía debían haber estudiado― ¿Oka-san, podrías dejar de avergonzarme?

―¿Qué haces aquí? ―todos miraron a Sasuke cuando su fría voz atravesó el espacio entre él e Itachi como un cuchillo, comprendiendo que el momento para cruzar palabras lindas había terminado.

―Te lo explicaré rumbo a casa ―respondió el alto pelinegro con tranquilidad, para luego ponerse de pie―. Kushina-san, le agradezco su amabilidad. La limonada estaba deliciosa y su compañía fue encantadora, como siempre ―Itachi hizo una reverencia que a los ojos de Hinata fue digna y elegante al igual que sus modales―. Espero que nos podamos encontrar en otra ocasión ―y justo cuando lo decía, nuevamente sus ojos se cruzaron con los de ella y se sintió empequeñecer. Lucía serio, frío y lejano, pero había una cierta calidez en su mirada que le encogió el pecho.

―Por supuesto cariño, son bienvenidos cuando quieran venir a visitar.

―Muchas gracias ―sus ojos negros eran incluso más intensos que los de su hermano y de verdad se sintió infantil, ridícula e insignificante en su presencia―. Sasuke.

No tuvo que llamarlo dos veces pues se retiraron uno al lado del otro sin hablarse, perdiéndose en la entrada de los Uzumaki. Hinata pensó que era mala educación espiarlos mientras se marchaban, por lo cual se quedó parada junto a Naruto esperando que le dijeran cuando la podrían llevar a su hogar.


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Estaba completamente irritado. Por lo general, Itachi tenía el suficiente sentido común para no meterse en su vida. Era una cuestión de límites y respeto entre ellos. La casa de Naruto era un lugar que frecuentaba desde pequeño, no porque le agradase la compañía del perdedor ni nada por el estilo, sino porque en mucha ocasiones su padre le había pedido a los Uzumaki, como favor, cuidar de él hasta que pudiera recogerlo después del trabajo. En más de una ocasión él e Itachi habían pasado sus tardes en esa casa, esperando que los recogieran, pero hacía mucho que habían dejado de necesitar una niñera. Eran hombres en todo el sentido de la palabra y podían cuidarse solos. Que fuese a buscarlo a uno de los pocos lugares que era un refugio para él le parecía de mal gusto y una clara invasión a su espacio.

―¿Se podría saber qué rayos haces acá? ―le preguntó finalmente cuando atravesaron el umbral de la entrada de la residencia Uzumaki―. Yo no me voy a meter a esos antros pestilentes a canabis donde tú y tus amigos se emborrachan después de clases.

―Yo no bebo ―Itachi suspiró―. Y sabes el motivo. Teníamos que estar en el cumpleaños de Sarada hace más de una hora. Te lo dije la semana pasada, y también anoche ―le respondió con la misma calma y frialdad de siempre―. Otou-san nos pidió a ambos que estuviésemos ahí.

―Como si me importara lo que ese tipo me pide o deja de pedirme ―bufó Sasuke― ¿Dónde está tu auto? ―le preguntó mirando de un lado a otro buscando el automóvil que su hermano conducía.

―Vine caminando. Sabía que estarías acá si apagabas el celular y no tendría sentido ir al cumpleaños de nuestra hermana en dos automóviles ―Itachi se tomaba todo su tiempo en hablar con lentitud para darse a entender, como si Sasuke fuese un estúpido.

―Media hermana. Y hasta eso podría ser tema de discusión considerado que su madre es una cualquiera ―Itachi no le respondió, pero lo observó con una preocupación casi paternal. Odiaba esa mirada condescendiente―. Sube ―le ordenó abriendo con el control remoto las puertas de su auto―. Te llevaré a ese cumpleaños, pero no esperes que yo asista. Te dije que no lo haría.

―Lo harás ―Itachi no parecía dejar lugar a dudas―. No es a nuestro padre o su mujer a quien vas a visitar, sino a nuestra hermana.

Sasuke bufó molesto, porque en parte Itachi tenía razón. No por eso se la iba a dar y estaba seguro que pelearía tener que entrar a esa casa hasta el último segundo. Por mucho que Sarada fuese su hermana, no la consideraba como tal y eso no iba a cambiar. No le importaba que compartiera la mitad de su adn, esa mocosa no tenía nada que ver con él.

Itachi subió en silencio al automóvil y se sentó junto a Sasuke sin mirarlo. Tan pronto la llave hizo contacto y el motor comenzó a ronronear con suavidad, escuchó a Itachi suspirar cansado. Sabía exactamente el tipo de conversación que se venía.

―Sarada no tiene culpa de la situación entre Otou-san y tú.

Sasuke no contestó. No iba a discutir sobre una niña que no significaba nada para él. Había nacido hacía tres años, ¿Y qué? ¿Sólo por eso tenía que ir a esa casa detestable y soportar ver el rostro de su padre y su estúpida mujer que pensaba podía decirle qué hacer todo el tiempo? No era su madre, no tenía que obedecerle. Para él, la mujer de su padre no significaba absolutamente nada. Además, tampoco sabía mucho de la mocosa. La había visto un par de veces y sinceramente no experimentaba nada fraternal por ella. Que tuviesen la misma sangre no significaba que eran hermanos. A veces incluso dejaba de pensar en Itachi como tal, y eso que se habían criado juntos y vivían bajo el mismo techo.

―¿Se divirtieron en la playa? ―preguntó finalmente su hermano cuando llevaban conduciendo un buen par de minutos. A Sasuke ni si quiera le sorprendió que supiese que el pretexto de estudiar había sido una mentira.

―¿Qué quieres saber exactamente, Itachi? ―iría al grano. Odiaba que las personas le hicieran perder el tiempo con conversaciones superficiales y temas insignificantes.

―Me imagino que debes sentirte un tanto nostálgico al estar tan cerca del final de tus años escolares ―Sasuke rodó los ojos―. ¿Esa joven con la cual estaban, era Hinata Hyūga, verdad? ―su hermano realmente estaba esforzándose en sacarlo de quicio ese día.

―Sí ―le respondió secamente―. ¿Cómo lo sabes?

―Es difícil ver a un Hyūga y no reconocerlo ―bastante cierto―. Sólo recordé que la heredera de los Hyūga era tu compañera de curso.

―¿Heredera? ―si bien Sasuke sabía un par de cosas sobre los clanes antiguos del país y tenía nociones sobre el clan Hyūga, tampoco pensaba que Hinata fuese alguien tan distinguida―. ¿De qué? ¿A qué te refieres?

―Hiashi Hyūga, el padre de Hinata-san, es el patriarca del clan Hyūga y posee la mayor cantidad de acciones en la gran cantidad de empresas de la familia, las cuales son muy considerables. Su hija mayor, Hinata, heredará su patrimonio y rango dentro del clan ―Sasuke comenzaba a sentirse un tanto interesado por lo que estaba escuchando―. Esa jovencita tendrá un imperio que manejar en un par de años. Debe ser difícil estar bajo toda esa presión. Además de vivir en constante miedo a…

―¿Miedo? ―lo interrumpió―. ¿Qué quieres decir?

―¿No lo sabes? ―Itachi lo observó sorprendido.

―No. ¿Miedo de qué?

―Hubo un incidente hace un par de años relacionado a ella. Bastante triste.

―¿Qué incidente?

―Bueno, yo era un niño, pero lo recuerdo bien. Salió en todos los noticieros y era el único tema de conversación ―Itachi empezó a hacer memoria―. Fue cerca de navidad. Un grupo armado ingresó a la residencia de los Hyūga y los mantuvieron rehenes por un par de horas. Intentaron escapar cuando se vieron acorralados por la policía y usaron a una niña como escudo mientras hacían su huida. Toda la ciudad estaba consternada de que alguien pudiese ser capaz de hacerle algo así a una pequeña de tres años y tan cerca de la navidad. Esa niña era Hinata Hyūga.

―¿La secuestraron? ―nunca Itachi había logrado mantenerlo tan atento.

―Te lo diré si entras conmigo un momento a saludar a Sarada ―y ahí estaba. ¿Cómo no se había dado cuenta que Itachi lo estaba manipulando con una de sus debilidades? Información.

―Bien. Pero no omitas nada.

―No lo haré ―Itachi sonrió complacido de haber logrado su propósito―. Por lo que recuerdo, la policía irrumpió en la casa de los Hyūga para intentar liberarlos. Hubo un intercambio de disparos y uno de los miembros de la familia murió por ello. Se llevaron a Hinata al escapar en un automóvil. De cualquier forma, la tuvieron secuestrada hasta navidad, de eso me acuerdo bien. Toda la ciudad oraba por la pequeña y su fotografía salía a cada momento por la televisión. No había ánimo festivo en nadie, todos estaban preocupados por Hinata Hyūga.

―¿Y cómo terminó todo? Pues si está viva, me imagino que la debieron encontrar o algo.

―La familia pagó el dinero del rescate y la liberaron.

―¿En serio? ¿Cuánto pagaron? ―Sasuke no podía creer que detrás de alguien tan predecible y aburrida hubiese toda una historia de asesinatos y crímenes.

―No lo recuerdo muy bien ―respondió Itachi excusándose con una sonrisa amable―. En todo caso, me extrañó verte con ella o que le hubiesen permitido estar con ustedes sin algún tipo de guardia. Además, no es el tipo de chica que usualmente frecuentas ―Itachi sonaba divertido.

―¿Desde cuándo te importa el tipo de personas que me rodea? ―le preguntó a la defensiva. Algo en el tono de voz de Itachi lo irritó.

―No seas injusto ―le dijo fingiendo tristeza―. Siempre me ha preocupado. Es bueno tener amigos en la vida.

―Como sea. No es mi amiga ―quería dejar de hablar de Hinata. No sabía por qué Itachi había sacado ese tema y ahora que estaba hablando de ella se sintió molesto, como si fuese algo que no deseaba compartir con nadie y un instinto territorial afloraba en él―. Quiero que sea mi novia ―y ni si quiera estaba seguro de por qué se lo había dicho a Itachi de todas las personas, pero ahora que lo escuchaba en voz alta, estaba más seguro que nunca de que no iba a dar marcha atrás.

―¿Y por qué aún no lo es?

―Está enamorada de otro y parece odiarme.

―Pues, eso te podría complicar un poco las cosas ―se burló Itachi lo cual lo irritó. No obstante, al notar su expresión su hermano pareció cambiar su aproximación al tema que discutían―. Es sin duda la mejor elección para una pareja en tu instituto. Una joven de buena familia y con clase ―Itachi dejó de hablar lo cual hizo que Sasuke se impacientara. Sabía que no había terminado de decir lo que realmente pensaba.

―¿Pero?

―¿Pero qué?

―Puedes decirlo ―se burló con media sonrisa―. Di lo que estás pensando.

―¿Qué quieres que diga?

―Eres tan transparente, Itachi ―Sasuke rodó los ojos―. Quieres decirlo desde que te subiste al automóvil: que ella no se fijará en mí y que es demasiado buena para alguien como yo ―Sasuke bufó chasqueando la lengua―. Lo pensaste desde el momento en que la viste y no le quitabas los ojos de encima.

Permanecieron nuevamente en silencio. Odió a Itachi por ello, así como detestaba su falsa actitud de mártir, de conciliador, de intentar complacer al diablo y a dios todo el maldito tiempo. ¿Por qué no podía decirle por una vez en su vida que las cosas resultarían bien para él en vez de hacerlo dudar de sí mismo?

―Hinata-san está fuera de tu alcance ―sentenció Itachi haciendo que tuviese deseo de detener el automóvil y exigirle que se bajara―. Pero nunca te ha detenido eso, ¿o me equivoco?

―Me conoces bien.

―Y sin embargo, ese no es el problema, Sasuke ―Itachi suspiró―. Esa chica no es para ti.

―¿Por qué dices eso? ―realmente perdía la paciencia y comenzó a respirar con calma para no gritarle.

―Porque es perfecta, de pies a cabeza.

―Explícate.

―No usa maquillaje que hagan de sus finos gestos algo exagerado o vulgar. Su perfume es hecho especialmente para ella y se puede percibir su suave olor a lilas a cinco metros de distancia. Llevaba todos los botones de su camisa abrochados, como una verdadera dama, a pesar de su corta edad. Su falda le daba un aspecto recatado al llegar hasta sus rodillas, dejando a la imaginación lo que hay dejado de esa tela. Su ropa no era ajustada como la del resto de tus compañeras, indicando que no le interesa lucir su figura y…

―¿Por qué ese tipo de cosas la haría perfecta? ―no lo dejó terminar. Estaba describiendo la imagen de Hinata y para su gusto ésta distaba de la perfección―. Ni si quiera la conoces para decir algo así. Es cobarde, tímida y demasiado predecible. Tiene un estúpido hábito de voltear el rostro hacia el costado cuando la miras a los ojos y juega con sus dedos como si tuviese cinco años. Cuando se pone nerviosa se le corta la voz y no es capaz de decir una frase sin una muletilla parecida a tartamudear. No es perfecta.

―Te falta mucho aún sobre aprender observar a una persona. De verdad observarla. Puedes intuir la forma de ser de alguien con sólo escucharla y abrir los ojos. El exterior de alguien puede decir bastante de su interior ―Itachi suspiró―. Las cualidades que acabo de describir en esa chica me indican que es alguien humilde, elegante, delicada, gentil y hermosa. Y lo mejor, es que seguramente ni si quiera lo sepa.

―Pero tú lo supiste apenas la viste, ¿no? ―se burló Sasuke con amargura. Odiaba a Itachi más que nunca en ese momento.

―Se adquiere ese tipo de conocimiento con los años. Algún día podrás darle un vistazo a una mujer y saber si vale la pena o no. Si es una chica bien o alguien que merece ser descartada, por atractiva que luzca.

―Pero no estamos hablando si vale la pena o no, sino, por qué Hinata Hyūga no es la chica para mí.

―Creo que tú sabes perfectamente el motivo de ello ―Itachi bostezó como si toda esa conversación ya lo hubiese aburrido y comenzó a ver alguna cosa en su celular.

―No lo sé. Explícate.

―Porque te aburrirías de ella tan pronto se enamore de ti, tonto hermano menor ―esa idea había cruzado su cabeza, pero no le importaba. De cualquier forma quería conquistarla―. Eres el tipo de persona que busca desafíos y ella no te los daría una vez se enamore de tí. Tu relación sería monótona, pacífica y formal. Lo odiarías.

―No tienes modo de saber eso.

―Te conozco lo suficiente para saber cómo actuarías. Quieres ganar, conquistar y triunfar en un terreno que parece a todas luces imposible. Si la indiferencia de esa chica llegara a cambiar y mostrase afecto por ti, haría todas las cosas tan sencillas entre ustedes, que comenzaría a desagradarte su compañía, la alejarías y finalmente comenzarías a considerarla algo irritante en tu vida.

―¿Estamos hablando de amor o de una relación? ¿No son esas cosas entre hombres y mujeres algo complicadas? Nunca pensé que sería fácil tener a una novia como Hinata Hyūga ―a Sasuke le comenzaba a parecer divertida dicha conversación. Itachi siempre mostraba puntos de vista que parecían difíciles de argumentar.

―No. Es ahí donde la mayoría de las personas se equivocan ―Itachi sonrió con algo parecido a calidez en sus gestos lo cual provocó en Sasuke un amargo sabor en su boca―. El amor, así como las relaciones, son lo más sencillo del mundo cuando son genuinos los sentimientos. Cuando dos personas se aman de verdad, el resto fluye. Las personas que complican las cosas, son aquellas que confunden el amor con la amistad o intentan forzarlo producto de su soledad.

―¿Realmente crees que dejaría ir a una chica así? ―le preguntó de golpe sintiendo que era eso lo que le insinuaba―. Debes estar loco.

―No soportarías su proximidad después de un par de semanas. Ni si quiera querrías besarla. Aunque ella es perfecta… no es perfecta para ti. Sólo terminarás lastimándola. Y quizás lastimándote a ti mismo en el proceso.

Perfecta… curiosa palabra que usas para describirla ―como detestaba cuando Itachi tomaba ese aire de sabelotodo―. Es la segunda vez que lo haces.

―Lo es, Sasuke. Es la joven que cualquiera querría tener a su lado el resto de su vida. Le romperá el corazón a muchos hombres al ver que no pueden estar a su altura.

―No es para tanto. Es sólo una mujer más.

―Quizás. Pero, un hombre que aspira a grandes cosas, siempre debe buscar a una mujer que lo acompañe y ayude a lograrlas.

―¿Y ella es ese tipo de mujer?

―No ahora, pero lo será algún día.

―Un hombre que está destinado a grandes cosas no necesita de alguien más para lograrlas, Itachi ―y realmente lo creía.

―Si bien es cierto lo que dices, no entiendes el punto.

―Ilústrame entonces, genio del amor ―se burló, ya que Itachi nunca había tenido si quiera novia y le parecía bastante ridículo que ahora se las diera de consejero sentimental.

―Está bien ―respondió su hermano con calma―. Un hombre común y corriente puede enamorar a una mujer así, pero sólo si se vuelve alguien grandioso primero ―y si ella amaba a Naruto ¿Entonces su mejor amigo era alguien grandioso? Algo no encajaba en todo lo que Itachi decía, al menos no en su mente―. Una chica como Hinata Hyūga saca lo mejor de cualquiera a flote. Ese es su poder. Puede convertir a un fracasado en un ganador. Y por lo mismo, es tan atrayente. Y peligrosa.

―¿Peligrosa? ―repitió Sasuke sin entenderlo.

―Sí. No tienes idea lo que le provocaría a un hombre que la ame con sinceridad llegar a perderla.

Sasuke se sintió extremadamente molesto. No era de hablar de sus cosas con Itachi, de hecho ni si quiera entendía del todo por qué estaban hablando de amor, chicas y romance. Era estúpido, cursi e innecesario. Aun así, lo que más le molestaba era saber que en cierto punto su hermano no estaba equivocado y que seguramente Hinata Hyūga no era más que un capricho. Si bien había comenzado como un tema de orgullo, empezaba a sentirse interesado en ella y eso no era algo que le sucediese todos los días con los demás, menos con una chica.

¿Qué más daba? No era como si le resultara agradable tener que pasar tiempo con su hermano. De hecho, hacía todo lo posible para evitarlo y últimamente la situación parecía ser recíproca. Lo peor del asunto era que Itachi sabía que no tenía deseo alguno de asistir al cumpleaños de Sarada, se lo había dicho en varias ocasiones durante la semana, y aun así había hecho todo lo posible para que asistiera al punto de ir a la casa de los Uzumaki por él. Estaba casi seguro de que su padre tenía algo que ver en ese asunto, porque su hermano no lo habría obligado a hacer algo que no quería.

―¿Le compraste algo a Sarada? ―le preguntó de pronto, pensando que él no lo había hecho.

―Sí, compré algo de parte de ambos ―respondió Itachi silenciando su celular―. Nos están esperando para cortar el pastel.

―¿Me recuerdas nuevamente por qué tenemos que ir? ―Sasuke podía sentir algo hirviendo dentro de él sólo de pensar en estar en ese lugar.

―Porque Sarada es nuestra hermana.

Soportaría estar en la presencia de su padre y su mujer un par de minutos. Estaba seguro que podría sobrevivirlo si mantenía la boca cerrada.


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Tragó saliva mientras se retiraban por el umbral de la entrada uno al lado del otro. Kushina ofreció llevarla a su casa, lo cual ella declinó amablemente aduciendo que vivía cerca. No pudo negarse a que Naruto la acompañara y ahora iba a caminar alrededor de diez minutos junto al joven que amaba. Su corazón se le estaba saliendo por la boca.

Esperaba poder decir algo coherente para agradecerle su amabilidad, pero sólo mantenía la mirada fija en los pliegues de su falda escolar y los dedos aferrados a los bordes de su camisa blanca. Naruto era tan gentil y alegre, que sólo estar cerca de él hacía que las cosas parecieran más luminosas y los colores más intensos.

―Me hubiese gustado que te quedaras a cenar Hinata ―le dijo de pronto, mirándola con una sonrisa de oreja a oreja―. Pero, me imagino que al estar castigada, no puedes.

―S-sí… ―respondió sintiendo como las mejillas le comenzaban a arder―. Gracias por acompañarme a casa.

―¿Qué tipo de amigo sería si no lo hiciera? Tú siempre cuidas de mí en clases ―volvió a reír mientras Hinata intentaba mantener la calma―. Me hubiesen dicho que se iban a escapar del último periodo ayer. También habría ido ―su mirada risueña se volvió un tanto más apagada―. La tarde se hizo insoportablemente larga.

Sabía que Sakura lo había rechazado, seguramente debía sentirse triste por ello aún. Sólo pensarlo la hizo acongojarse al recordar lo que ella misma había experimentado al escucharlo. No obstante, no se trataba de lo que ella sintiera sino, lo que él estaba pasando. Quería poder apoyarlo en ese momento aunque la hiriera escuchar que prefería a alguien más. De cualquier forma, siempre supo que no tenía ninguna oportunidad con Naruto. De haber creído lo contrario, se habría atrevido a darle su carta.

―A veces, hago las cosas sin pensar ―volvió a reír.

―P-pero, eso te hace ser quien eres, Naruto-kun.

―Un tonto.

―¿Quieres… quieres hablar sobre eso? ―Naruto la miró extrañado―. D-digo… uhm… si necesitas conversar con alguien, estoy aquí. Aunque, n-no tienes que decírmelo si no quieres.

―Ah, pues, hice algo estúpido y pagué las consecuencias de ello ―Naruto volvió a sonreír mirando hacia al frente―. No te preocupes. Yo no lo hago.

―Sí…

Caminaron un par de cuadras en silencio. Notó que Naruto la miraba de vez en cuando como si tuviese algo en mente, pero por algún motivo no lo expresaba. Pensó que era probable que estuviese inmerso en sus propios asuntos y quisiera decirle algo más del tema, pero no tenía demasiada seguridad, hasta que al doblar por la colina que llevaba a su hogar pareció decidirse a hablar.

―Oye, Hinata ―Naruto la miró algo extraño, lo cual la hizo encogerse entre sus hombros―. ¿Sasuke… uhm… te habló sobre ir con él a la fiesta de graduación?

―Sí ―recordaba el día en que lo había hecho y las veces que ella negó que iría con él―. Él me invitó.

―¿Y… entonces… qué le dijiste? ―Naruto lucía preocupado por algún motivo.

―Que no iré con él ―respondió confundida.

―¿A ti no te gusta Sasuke como al resto, verdad? ―Hinata enrojeció hasta las orejas―. Quiero decir, todas las chicas de la secundaria mueren por él, pero tú no.

―No. Sasuke-kun no me interesa de esa forma. De ninguna forma, de hecho.

Por la expresión en el rostro del joven, no se esperaba esa pregunta. Por unos momentos no supo qué decir lo cual le extrañó. Naruto era bastante impulsivo a la hora de hablar y decía siempre lo que había en su mente. No obstante, había algo que lo parecía tener un poco incómodo y tenía esa misma mirada que le mostraba al profesor de matemáticas cuando le preguntaba si estaba usando la calculadora y él decía que no, cuando ella lo había visto utilizándola bajo la mesa.

―¿Por qué… por qué querías saber eso, Naruto-kun? ―le preguntó con timidez.

―No, por nada ―se rascó la nuca un tanto nervioso―. ¿Ya tienes una cita para la fiesta que rechazaste a Sasuke?

―No, no es eso. Yo no asistiré.

―¿Por qué? ―Naruto lucía un tanto extrañado.

―No puedo ir ―dijo sintiendo que el alma le abandonaba el cuerpo―. Coincide con la fecha en que falleció mi tío Hizashi.

―Lo siento, no quise…

―Está bien. Fue hace mucho ―y aun así, el recuerdo la hacía sentir que debió ser ella quien muriese. Al menos su familia no la culparía en silencio por lo acontecido ese día―. ¿Tú irás, Naruto-kun?

―Bueno, supongo que sí ―Naruto volvió a lucir decepcionado―. Aunque creo que lo haré solo. Bastante patético.

―¿No has… no has invitado a nadie? ―Hinata sonrojó suavemente, no debió habérselo preguntado pero no podía evitarlo.

―No. La chica con quien me hubiese gustado ir, no querrá ir conmigo ―rió fingiendo estar bien con ello―. Está esperando que Sasuke la invite.

―Sakura-san.

―Eh… sí ―rió nervioso nuevamente―. P-pero no me importa. Sasuke no irá con ella. Quizás aún tenga una oportunidad.

―Espero que puedas ir con Sakura-san ―le dijo con sinceridad, sonriéndole, a lo cual Naruto la miró un tanto extrañado―. Espero que algún día Sakura-san… se de cuenta de… lo maravilloso que eres.

―¿Eh? ―Naruto la miró sorprendido―. ¿Tú crees que soy… maravilloso?

―Sí ―respondió ella sonrojando, fijando su mirada en el pavimento mientras subían la suave pendiente de la colina―. Lo eres, Naruto-kun.

―Oye, Hinata ―Naruto sonrojó suavemente―. ¿Alguna vez te he dicho que eres bastante genial?

―¿Ge-genial? ¿Yo? ―sus mejillas intensificaron su color rojizo.

―Claro. Eres realmente gentil y amable conmigo. La mayoría de las chicas me ignora o me insulta. Hasta me golpean. Pero no tú… tú eres distinta al resto ―Naruto la miró fijamente a los ojos lo cual la hizo sentirse mareada―. Eres una chica muy buena. Así que… sólo… uhm… Sasuke… él…

―¿Qué sucede con Sasuke? ―le preguntó al verlo enredarse con sus palabras.

―¿Te has acercado mucho a él estos días, no? ―Hinata sintió que se le apretaba el estómago con su pregunta.

―¿Por qué me… me preguntas eso? ―un nudo se formó en su garganta pensando que quizás Naruto sabía lo que Sasuke la había hecho pasar hasta ese momento.

―No es nada, sólo… ―Naruto miró hacia un costado―. Los he visto bastante más unidos.

Hinata no quiso decir nada al respecto. ¿Cómo podía decirle a Naruto que Sasuke la había estado tratado de forma horrible? ¿Cómo decirle que le había faltado el respeto y tocado de forma inapropiada? Incluso la había besado y hacía un par de horas, él había puesto su mano… no, ni si quiera quería pensar en eso. Le causaba escalofríos recordar su mirada lasciva y la manera en que su respiración había chocado contra su piel.

―Mi casa es aquí ―dijo Hinata cuando se acercaron al portón eléctrico.

―¿En serio? ¿Vives en la antigua mansión de la colina del Fuego? ―preguntó Naruto animado y abriendo los ojos con mucha energía.

―Sí. Mi familia vive aquí hace tan sólo un par de años ―dijo Hinata suspirando. No le agradaba del todo ese lugar. Prefería su antigua casa que era más pequeña pero hogareña.

―¡Sasuke y yo jugábamos aquí todo el tiempo cuando éramos niños! La gran mansión estuvo deshabitada mucho tiempo. Hay unos acueductos muy geniales que vacían los humedales de la propiedad y nos metíamos por ahí a cazar sapos.

―Nunca los he visto ―respondió ella entendiendo ahora cómo Sasuke se había metido a su habitación hacía unas noches a pesar de la seguridad.

―¿Quieres que te lleve a conocerlos? ―la sonrisa infantil de Naruto hizo que el corazón se le acelerara.

―¿En… en serio?

―Claro. Aunque, quizás no estemos vestidos apropiadamente para esa aventura… y si llego con el uniforme sucio, mi madre terminará por matarme ―se quejó Naruto haciéndola reír suavemente―. ¿Qué tal mañana?

―Me gustaría mucho, pero estoy castigada ―dijo ella bajando levemente el rostro.

―Eso tiene fácil arreglo. Entraré por los acueductos y ya. En esta época deben estar secos pues aun no comienza la temporada de lluvia ―la sonrisa de Naruto la hizo asentir sin pensarlo dos veces―. ¿Sabes dónde está la fuente con el ángel gordo que salpica agua por esa trompeta? ―Hinata volvió a asentir―. ¿Qué tal si nos encontramos ahí cuando comience a anochecer? Mañana podemos afinar todos los detalles.

―Está bien ―dijo animada, era como una cita.

Naruto se despidió con un gesto de su mano mientras la cerca electrónica se abría de par en par. Hinata no pudo evitar sentir que en cualquier momento iba a despertar de ese sueño y se lamentó de que hubiese acabado tan pronto.


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Nota- Hace tiempoooooo que tenía esto escrito pero no me animaba a publicarlo por la oleada negativa que me llega cada vez que publico algo nuevo en este fic. Si bien siempre dije que esto era bien light y una trama un tanto trillada, igual le intenté dar mi toque para que al menos quedara bien hecho a pesar de que iba a ser originalmente tan solo smut. Quizás ya no. Tal vez le voy a dar una trama profunda y hermosa (?). O quizás no y siga siendo sólo smut jajajaja. De cualquier forma, me llegan muchos reviews positivos y de ánimo sobre este fic (El fandom Sasuhina siempre me ha apoyado y las amo por eso, ya que amo esa pareja y no le dedico muchas historias exclusivamente a ellos sin terceros) y gracias a estos reviews es que no dejo abandonado este proyecto.

Y bueno, la novedad viene ahora. Desde el próximo capítulo se me unirá como co-autora una amiga que ama la pareja Sasuhina y que me ayudará a desarrollarla de la mejor manera posible con sus personalidades y rasgos. Espero que resulte bien y que podamos actualizar esta historia con más frecuencia entre las dos (ya saben, dos cabezas piensan mejor que una), y que también me pueda ayudar a fortalecer mis flaquezas como escritora.

En fin gracias por leer y esperar. Abrazos de oso TIBBERSSS (Ah sí, quien quiera agregarme a LOL juego en LAS y me piden el Nick por mensaje privado jajajaja).