En la llanura, frente la casa de los gritos, tres cuerpos yacían inmóviles mientras un inminente silencio se había adueñado del lugar. Severus Snape analizaba la situación des de la retaguardia, sin hacer el menor ruido. En el suelo a escasos metros de él, se encontraba Hermione Granger, paralizada por el miedo y con la mirada puesta sobre Rodolphus Lestrange. De pie, junto a su amiga, Harry Potter, y unos metros más adelante, tendida en el suelo, Eve Riddle, con su brazo ligeramente levantado sujetando su varita en dirección al cuerpo inerte del Mortífago.

Todo había sucedido demasiado deprisa, y ahora, como una proyección a cámara lenta, los hechos se repetían en la cabeza de Severus Snape como para hallarles un entendimiento. Seguramente con sus últimos anhelos de vida y magia, Eve había lanzado el hechizo letal. Ahora, su cuerpo ya no gozaba de esa fuerza y ni de esa suerte, la magia la abandonaba y ella iba perdiendo la noción del tiempo y el conocimiento.

― ¡Profesora! ―chilló Harry corriendo en dirección a ella.

Eve era incapaz de hacer reaccionar su cuerpo, escuchaba vagamente la voz de su alumno sin ser capaz de responder a ella. La única sensación que parecía percibir era la de la fría nieve que le traspasaba su túnica.

― ¡Hermione, ayúdame! ― añadió Harry al ver que su profesora no respondía.

Hermione, se acerco a ellos, aún aterrorizada e intentó con torpeza examinar a su profesora.

― Esta temblando, debemos llevarla a la enfermería . ― dijo Hermione con voz temblorosa.

―Quizás podríamos levitarla hasta Hogsmeade― dijo Harry sintiendo cierta impotencia.

―No sé si será buena idea moverla, podríamos empeorar las cosas, Harry. Espero que Ron no tarde― dijo Hermione, un poco más centrada, dirigiendo su mirada hacia el camino.

Severus Snape permanecía escondido detrás de los arboles, aún sin reaccionar, su primer impulso fue correr hacia ella, levantarla en brazos y aparecerse en las puertas de Hogwarts. Pero se arriesgaba a un interrogatorio con Potter que le conduciría a tener que contar demasiado. Su papel debía de seguir intacto y que Potter no confiara en él era parte de ese papel. De hecho, ya demasiado lejos había llegado por ella, y en cierto modo, demasiado lejos había llegado ella por él.

Sabía que tarde o temprano recordarían que él estaba allí, y también era de esperar que Weasley, por muy inútil que fuera en pociones, fuera capaz de llegar con ayuda. Así pues, muy a su pesar, Severus Snape desapareció dirección al castillo, allí quizás podría avisar Dumbledore para que quitara la protección y cuando llegaran los refuerzos trasladarla directamente a la enfermería.

Unas voces, cada vez más cercanas, se escuchaban provenientes del camino, no cabía duda, era Ronald Weasley. A su lado con paso rápido i varita en mano lo seguían la Minerva McGonagall y Rubeus Hagrid.

La profesora McGonagall, que al vislumbrar a sus alumnos en el suelo se apresuro hacia ellos, se detuvo al instante al ver el cuerpo sin vida del Mortífago en el suelo.

―Profesora, ¡rápido! ― gritó Hermione.

McGonagall volvió su mirada hacia ellos y pudo ver otro cuerpo yaciendo el frio suelo.

― ¡Por Merlín, Eve! ― exclamó la profesora, mientras se hacía paso hacia el cuerpo de su compañera. ― ¡Hagrid, encárgate de ellos, avisa a Dumbledore, yo me llevaré a la profesora a San Mungo! ―dijo McGonagall a sabiendas que no podía aparecerse directamente en la enfermería de Hogwarts.

Antes de ni siquiera moverse, una luz brillante en forma de cabra, hizo acto de presencia en la blanca llanura donde se encontraban. Una voz salió de ese curioso animal.

―Las barreras de Hogwarts están abiertas― vociferó el animal, no cabía duda, era el Patronus de Albus Dumbledore.

Sin tiempo de pensar ni el cómo ni el porqué de la eficacia de Albus Dumbledore, Minerva desapareció dirección a la enfermería de Hogwarts.

―Vamos muchachos, debemos volver lo antes posible, esto es peligroso― dijo Hagrid.

Harry y Ron siguieron al gigante dirección al camino, Hermione en cambio, permaneció quieta, con la mirada perdida en el bosque. Recordó que alguien más había estado escondido en ese bosque, alguien que no ya estaba. Miles de preguntas se formaron en su cabeza, ninguna de ellas dejaba a Severus Snape en buena posición, excepto una, la posibilidad remota de que Snape hubiera pedido ayuda a Dumbledore.

― Hermione, ¿estás bien? ― preguntó Ron al ver que la chica no reaccionaba.

― Si… si…vamos― se apresuró en contestar la chica.

Los tres chicos junto con el semigigante, se dirigieron hacia Hogsmeade, allí dando por concluida la salida, reunieron a los demás estudiantes, y cancelaron la excursión. Al parecer Hogsmeade no era un lugar seguro.

Pocos minutos antes, Severus Snape había llegado a Hogwarts. Su única preocupación era encontrar a Albus Dumbledore lo más rápido posible, eso no tardo en suceder.

―Desactive la protección del castillo, e informe a McGonagall de ello― ordenó sin ningún miramiento al director.

― ¿Que ha ocurrido, Severus? ― preguntó el viejo con preocupación.

― ¡No hay tiempo, hágalo! ― repitió Snape, con autoridad. ― Y mande a avisar a Poppy, vienen de camino. Estaré en mi laboratorio, buscando la poción adecuada. ― añadió Snape, marchándose del lugar a paso firme.

Albus Dumbledore confiaba plenamente en Severus Snape, accedió a su petición al momento, desconociendo la gravedad de los hechos, pero a sabiendas de que si su profesor de pociones actuaba así era por ella. Ya habría tiempo después de preocuparse del cómo y el que, ahora, la vida de Eve corría peligro.

El director pronunció el hechizo adecuado, informó a Minerva de ello y se dirigió a la enfermería del castillo, para llamar a Poppy y preparar lo que fuera necesario para una urgencia y sin tiempo para mas, la profesora McGonagall apareció en el lugar con el cuerpo de Eve en sus brazos.

― ¡Por el amor a Merlín! , ¿Qué ha ocurrido, Minerva? ― chilló Poppy al ver aparecer a ambas profesoras.

― Un Mortífago los atacó cerca de Hogsmeade, Hagrid viene hacia aquí con Potter, los chicos también estaban allí, pero están bien. ― contestó apresuradamente la profesora de transformaciones mientras conducía el cuerpo de Eve hacia la camilla más próxima.

Albus Dumbledore escuchaba atentamente a Minerva, y no le pasó desapercibido el hecho de que el trío de muchachos estuvieren involucrados en el ataque, de mientras Madame Pomfrey, examinaba atentamente a la profesora Sanders.

Eve, se encontraba temblando, con la respiración entrecortada y soportando un dolor inimaginable que deseaba con todas sus fuerzas que terminara. No era consciente de su alrededor, ni del tiempo, y recordaba vanamente lo sucedido. No reconocía ni las voces ni si estaba en lugar seguro. Las últimas trazas de conciencia desaparecían.

― Esta helada, debe de entrar en calor, iré por lo necesario. Quizás sería más acertado llevarla a San Mungo, aquí puede que no tenga lo necesario. Debería saber qué maldición a recibido.― comentaba intranquila la enfermera mas para sí misma que para el resto.

Minerva observaba la preocupación en la cara del director y la enfermera, pero ella no tenia respuesta a esa pregunta, esperaba que pronto llegasen sus alumnos y trajeran con ellos algo de luz a los hechos.

Abruptamente la puerta de la enfermería se abrió, dando paso a un Severus Snape con un porte de seguridad fingida, dirigiéndose velozmente hacia ellos y con la mirada fija al cuerpo semiinconsciente de Eve.

― Ha recibido la maldición Cruciatus, posiblemente deba examinar el cuerpo en busca de algún golpe. Subminístrele esta poción, la mantendrá inconsciente para no sentir el dolor, este podría matarla. ― pronunció Severus Snape fríamente.

Albus Dumbledore dirigió su mirada a Madame Pomfrey y le mostro un gesto de aprobación a sabiendas que su profesor de pociones haría lo imposible por mantenerla viva.

― Severus…―pronunció Eve con dificultad captando así la atención de los presentes y a punto de romper la máscara de frialdad del nombrado.

―Profesora, no hable, le subministraré la poción, esto la calmará― dijo Poppy, mientras sujetaba a Eve para que se bebiera el contenido del vial.

La poción hizo efecto al instante, el dolor empezaba a desaparecer, dejando a su cuerpo una sensación de calma y bienestar que la llevo a un profundo sueño.

―Deberá subministrarle la poción cada cuatro horas― informó Severus Snape mientras le entregaba a Madame Pomfrey el resto de viales con el mismo contenido.

―Gracias Severus― contestó Poppy bastante asombrada por su ofrecimiento.

―Ahora si me disculpan tengo cosas que hacer― pronunció Severus Snape dirigiéndose hacia la puerta de salida de la enfermería.

― Por supuesto, pueden retirarse, yo me encargare de la profesora Sanders, descuiden. ― dijo Poppy dirigiéndose también a los demás.

La profesora de transformaciones y el director, al igual que Severus Snape, también se retiraron del lugar. Minerva se dirigió a la puerta principal, para recibir a los alumnos y aclarecer un poco la situación, por lo contrario, Albus Dumbledore, apresuró su paso para alcanzar a su profesor de pociones, había una conversación pendiente.