Severus Snape se dirigía hacia ninguna parte, era prioritario aclarecerse las ideas, barajar opciones y actuar en consecuencia. El plan de Lord Voldemort había fallado, convencerlo de que todo iba cómo debía hasta la llegada de Potter en la Casa de los Gritos quizás no le conllevaría demasiada dificultad. Los hechos a contar eran sencillos, cuatro contra uno, y más siendo Potter uno de los vencedores. Por otra parte, convencer a su señor de que Dumbledore continuaba confiando en él, era tan fácil como decir que él había permanecido a su lado durante el ataque. Aun así el plan había fallado, y sin Rodolphus Lestrange, muy posiblemente él recibiría las consecuencias. Debía informar antes de que la noticia llegara a manos de su señor por otros medios, con un poco de suerte, tanto él como Eve ganarían algo más de tiempo.

Antes de emprender el camino dirección a la Mansión Malfoy, debía recobrar su máscara de frialdad, pero con la secuencia de imágenes de la tortura de Eve en mente y la impotencia de no poder evitarlo, no era una tarea fácil. Ahora no debía actuar por impulso, sino con racionalidad, y sus sentimientos interferían demasiado, estos debían desaparecer, y para siempre. Actualmente, reconociendo y aceptando lo que sentía, debía alejarse de ella para salvarla y salvarse así mismo.

— ¡Severus! — pronunció Albus Dumbledore estorbando en sus pensamientos.

—Ahora no, Albus— contestó él sin interrumpir su marcha.

—No olvides de quién acatas órdenes— pronunció muy seriamente el viejo.

—Cómo si eso fuera posible— respondió con desprecio Severus Snape al mismo tiempo que aminoraba su paso.

— ¿Que ha ocurrido en Hogsmeade? — preguntó Dumbledore relajando un poco su expresión pero manteniendo su superioridad.

—No sea cínico, no es eso lo que en verdad le preocupa. Puede estar bien tranquilo, para su satisfacción yo no he actuado— contestó el profesor de pociones con sarcasmo. —De bien seguro que si Potter no hubiera aparecido, ella no estaría en estas deplorables condiciones. Quizá deba controlar mejor a su tan querido alumno, no solo se puso él y sus amigos en peligro, eso casi le cuesta la vida a ella. Potter le contará los detalles. — continuó Snape con odio.

—Severus, tu accediste, sabes bien en qué consiste tu papel— se defendió Dumbledore.

—Sí, accedí, y estoy cumpliendo mi parte. ¿Pero y usted, la cumplió usted? — reprochó con odio Snape frente a un silencio sepulcral del director de Hogwarts. —Mantenla viva esta vez Albus o ten por seguro que disfrutaré el momento en que tenga que matarte.

—No solo está en mis manos, Severus. — contestó Dumbledore pasando por alto la ira se su profesor de pociones. — Su conexión con Voldemort nos hace vulnerables a todos, y más a ti. Depende de ti que eso no pase, primero concluye su instrucción y luego aléjate de ella y la mantendremos a salvo— dijo el viejo.

— ¡Usted puede enseñarle oclumancia!— exclamó Snape, a sabiendas que tenía que alejarse de ella antes que fuera inevitable.

—No ahora, hay cosas que Harry debe aprender, en esto debo emplear lo que queda de mi tiempo, Severus— le corrigió el director. — Cuando Eve despierte la trasladaremos a Grimmauld Place.

— Eso podría delatar nuestra posición Albus, está débil, no es capaz de controlar su mente, además de que la Orden debe de saberlo todo referente a la "profesora Sanders". — afirmó Snape con cierta preocupación.

— Yo informaré a la Orden y hablaré con Eve, el resto dependerá de ti, Severus, no tendréis mucho tiempo.

—No sabe lo que me pide— dijo más para sí mismo que para Dumbledore.

—Sigue sin haber más opción, lo lamento— pronunció el director mostrándose afectado por la situación.

— Debo irme e informar a mi señor de lo ocurrido— dijo Snape ignorando los lamentos del director.

—Se prudente— pronunció el viejo intentando suavizar la situación.

—Descuide— contestó el profesor de pociones mostrando fingida aceptación de su comentario.

Dicha la última palabra, Severus Snape continuó su camino hacia las afueras de Hogwarts, dirección a la Mansión Malfoy. Pocos minutos después se adentraba en el jardín y continuaba su paso hacia la instancia principal, donde de pie, junto a la larga mesa, se encontraba Lord Voldemort y junto a él, por su mala suerte, Bellatrix Lestrange.

Con seguridad, pero mostrando servidumbre y cierto disgusto a consecuencia de la información que traía, se acerco a su señor.

—Mi señor— se presentó.

—Severus, no te esperaba. ¿Traes noticias? — preguntó Voldemort con su habitual aire de superioridad.

—Malas noticias, me temo, mi señor— contestó Severus con descontento.

—Explícate— pronunció el Señor Tenebroso con seriedad.

—Los planes no han salido como era de esperar, mi señor. Potter y esos mocosos interfirieron el ataque a la sangre sucia, ella está mal herida, Lestrange ha muerto. No comprendo cómo ha podido ocurrir.

— ¡Mientes! —chilló al instante Bellatrix Lestrange que había entrado en cólera al instante, y no por el hecho de que su marido hubiera muerto, sino por la prometida diversión que le había ofrecido su señor con la sangre sucia y ahora se le veía truncada.

— ¡Silencio! —vociferó al momento Lord Voldemort privando a Bellatrix de su argumento. —Tu tarea era fácil Severus, ella tenía que ir sola, ¿cómo pudiste fallar? —preguntó.

—Supongo que la siguieron a escondidas, mi señor. — contestó Severus Snape viéndose ya perdido.

—Pudiste impedirlo Snape, ¿cómo se te pudieron escapar cuatro mocosos insignificantes? — preguntó Bellatrix rebajando aún más la posición del espía.

—Hice mi parte, Bella, Sanders iba sola, yo me quede en el castillo junto al viejo. — se defendió Severus ante Bellatrix.

— ¡Eres un cobarde traidor, Snape! — volvió a chillar la Mortífaga.

— ¡Basta! —acalló nuevamente el Señor Tenebroso. — Te merecerías la muerte por eso Severus, por desgracia aún te necesito. No te atrevas a volver a fallar. — prosiguió Voldemort con voz seseante.

—Mi señor— pronunció con temor y mostrando nuevamente su servidumbre e inferioridad ante él.

—Este error deja en claro nuestras intenciones— dijo Voldemort recapacitando. — Severus, no quiero que esa profesora de un paso sin que yo lo sepa, por el momento solo la mantendremos vigilada. Si esa sangre sucia vuelve a tener la desfachatez de adentrarse en mi mente, me encargare de ella personalmente.

—Pero mi señor…— volvió al acecho Bellatrix.

— ¡Nadie te ha dado permiso para hablar!— la acalló nuevamente Lord Voldemort amenazándola al mismo tiempo con su varita. — ¡Fuera de mi vista! ¡Los dos! — bramó con decisión señalando el camino hacia la puerta.

Severus y Bellatrix se encaminaron hacia la salida de la sala principal, una vez fuera, la Mortífaga se dirigió a Severus Snape con decisión.

—Quizás seas capaz con tu postura de sumisión de engañar a mi señor, pero no a mí. — sentenció Lestrange.

—No seas necia Bella, nadie es capaz de mentir frente a él.

—Es la segunda vez que interfieres por esa sangre sucia — mencionó ella con asco—No creas que no me dado cuenta. Llegó a mis oídos que la defendiste ante Draco. ¿Qué es lo que pasa Snape? —preguntó la Mortífaga fingiendo inocencia.

—Pasa que no te hacen caso y necesitas arremeter contra alguien. ¿Tan necesitada estas Bella? — le contestó Snape fingiendo normalidad intuyendo el rumbo de la conversación.

—No finjas conmigo. Vamos, admítelo. ¿Qué sucede? ¿A caso te gustaría divertirte con ella? — preguntó Bellatrix con tono insinuante. — ¿O es que ya lo has hecho? — le susurró sensualmente la Mortífaga en el oído.

Bellatrix Lestrange sabía jugar muy bien sus cartas y ahora había lanzado un farol, caer o no caer en la trampa dependía de él, una mala reacción, un titubeo, una pequeña vacilación en su respuesta y habría perdido la partida.

—No es mi tipo, prefiero las viudas desconsoladas. ¿Estás disponible? — preguntó Severus Snape, sin mostrar ni una pizca de entusiasmo por o ella o por su comentario.

La reacción de Snape, no fue la esperada por la Mortífaga, esta lo miró con repulsión y sin decir palabra alguna se perdió por los pasillos de la Mansión. Severus Snape, se encaminó de regreso a Hogwarts.