En Grimmauld Place el tiempo pasaba con inverosímil normalidad. Convivir con un hombre lobo, su reciente esposa y un elfo doméstico con un carácter bastante particular hacia amena la estancia, las historias de Lupin la distraían y Tonks la había puesto al corriente de los últimos movimientos de la Orden. Eve se sentía a gusto y se recuperaba rápidamente de las lesiones sufridas durante la salida a Hogsmeade y tener compañía durante todo el día ayudaba, en parte, a no pensar demasiado, aún así, sintiéndose ahora casi en plena forma, estar encerrada en casa empezaba a agobiarla. Los últimos dos días habían pasado sin visiones y eso comportaba que aún perduraba la calma, pero esa no se alargaría mucho más. Sabía que debía estar preparada y para ello necesitaba a Severus Snape, las clases con él empezaban hoy.
Eve, se encontraba en el comedor de la casa franca, permanecía sentada en el sofá, con los ojos cerrados y pensando en su próximo encuentro con su particular profesor. En el piso de arriba, Remus Lupin, el cual le había tocado pasar el turno de tarde-noche vigilando la casa franca, se disponía a bajar para informar a Eve, de que Severus Snape iba a llegar.
—Oh, disculpa. ¿Te desperté? —dijo el abriendo la puerta del comedor.
—No Remus, solo pensaba. —contestó Eve cordialmente.
—¿Que tal el día? —preguntó Lupin.
—Aburrido, me siento casi al cien por cien y necesito hacer algo. —contestó ella.
—Me alegra saberlo, por qué ahora mismo tendrás visita, empiezas las clases. —soltó Lupin intentando sonar lo más alentador posible.
—No me refería a ese "algo"— dijo Eve para sí misma con cierta ironía. —He dicho eso en voz alta, ¿verdad? —añadió.
—No es de fácil trato, lo sé, pero es brillante en su campo. Cometió errores, como todos, pero no se ha recuperado de ellos ni intenta hacerlo. Está en una situación compleja. —dijo Lupin para intentar encorajarla una poco.
—Lo sé. Tú coincidiste con él en Hogwarts, como…
Eve no tenía intención de sacar información a Lupin pero no iba a desaprovechar la oportunidad brindada. Esta, quedo al instante descartada ya que se abrió la puerta del comedor e irrumpió en la estancia Severus Snape.
—Severus— dijo Remus Lupin a modo de saludo.
—Lupin— devolvió Snape sin ganas.
—No seas muy duro con ella, no está recuperada por mucho que diga que sí. — propuso Lupin mientras desviaba la mirada hacia ella con complicidad.
—No me des lecciones, Lupin. Vete a dar un paseo, te sentara bien, esta anocheciendo y no hay luna llena. —escupió Snape intentando dar donde más dolía.
—Déjalo Remus, gracias por todo. — dijo ella entrometiéndose a la conversación para que no se desviara más de lo necesario.
—Vuelvo dentro de un par de horas, pediré a Kreacher que se quede al piso de arriba y no os moleste. – dijo Lupin mientras se acercaba a Eve, que continuaba sentada en el sofá. Amistosamente le acarició el hombro en señal de ánimo, ella contestó a su gesto con una sonrisa un tanto forzada.
Seguidamente, Remus se dirigió a la puerta, pasando delante de Severus Snape, que permanecía inmóvil en la entrada de la estancia. Eve, se levantó y se coloco a una distancia prudencial de Severus, con la mirada fija y decidida.
El profesor de pociones parecía impaciente por la salida de Lupin, de camino a la casa franca, se planteaba como afrontar la situación rápidamente y zanjar el tema. De hecho, esta cuestión lo turbaba des de que Eve se vio obligada a abandonar Hogwarts. La última vez que la vio fue la noche posterior al ataque. En la enfermería se había sincerado con ella, aunque quizás ella ni lo recordaría. Ese momento había sido para él su último adiós, ya que, por mucho que hubiera indagado en su cabeza no había encontrado otra forma de solucionar el problema que suponía amar a esa mujer. Y ahora solo tenía en mente una idea clara, primero disculparse y luego hacerle entender que su situación había de desaparecer, como si nada hubiera sucedido nunca. Si, tenían que hablar.
Eve, al contrario que Severus, tenía asumida su parte. Reconocía sus sentimientos y no le dolía hacerlo. Sabía que razonar con Severus sería imposible hasta que él no se dignara a aceptar la situación y eso no iba a suceder nunca, al menos estando ella consiente. Eve no iba a poner esfuerzo en imponérselo por la fuerza y sabía que él no vendría dispuesto a discutirlo y tampoco estaba ella preparada para hacerlo. Según ella, si él quería ese trato, así seria. Por el momento, lo más fácil era, por más que le doliera, hacer la clase y dejar pasar el tiempo, si es que quedaba mucho.
—Estoy lista, cuando quiera profesor.— dijo secamente Eve, rompiendo el silencio que empezaba a notarse incomodo.
—¿Cómo te encuentras?— pronunció casi imperceptiblemente Snape, intentado suavizar la situación sin mucho éxito.
—Preparada, ¿empezamos?— respondió Eve sin perder la compostura pero preguntándose hasta dónde era capaz de llegar él y, si en verdad, estaba entendiendo lo correcto: Severus Snape quería hablar. Si la afirmación era correcta, ella no estaba preparada para discutir el tema pacíficamente.
—No me estoy refiriendo a eso, no me lo pongas difícil. No debí… — intentó continuar Severus.
—Que no te lo ponga difícil…— dijo Eve a medio camino de la incredulidad y la indignación e incrementando el volumen de voz exponencialmente. — ¿Qué es lo que no debiste, Severus?, ¿no debiste acercarte a mi? ¿no debiste besarme? No debiste…— continuó ella perdiendo la compostura y con intención de que le doliera a él cada palabra pronunciada.
—¡Basta Eve! – gritó Severus para cortar la sarta de verdades que ella había empezado a soltar.
—¡Lo que no debiste era compórtate como un auténtico hijo de puta! – gritó Eve quitándose de encima toda la frustración que sentía hacia él.
—¡Y lo que tú no debiste era entrar en mi mente! —soltó él como si su subconsciente hubiera encontrado un argumento, ya perdido, por el que discutir. —¡Mierda Eve!Estoy tratando de disculparme! – exclamó Snape como culpándose e intentando volver a centrarse en el tema para mantener la calma en una situación en la que no se sentía cómodo.
—Demasiado tarde. No eran, ni son tus disculpas lo que necesito de ti, Severus.— dijo Eve rebajando su tono, y empezando a darse cuenta de que el hombre hablaba con franqueza.
—No puedo darte lo que quieres…
—Viste tú mismo que conseguiste alejándome – corrigió Eve, para llevarlo a donde ella más le interesaba.
—No pude protegerte y no puedo hacerlo.— se justificó el hombre.
—¡Y no te lo reprocho, ni te lo pido! Esta también es mi guerra, hay consecuencias y las asumo. – dijo ella con seguridad.
—Soy yo quien te pone en peligro, Eve… nuestra situación…, lo que s…— se interrumpió a sí mismo.
Las palabras de Severus Snape estaban claras en su mente y en su corazón, pero llegar a verbalizarlas era demasiado. La última vez que, frente ella, se negó a sí mismo, ella le dijo cobarde y aun seguía doliéndole. Quizás había llegado el momento.
—¡Por Merlín, Severus, dilo de una vez!— le dijo ella con desesperación.
—Lo que siento por ti, te pone en peligro.— prosiguió él con dificultad pero con sentimiento.
—Entonces debemos trabajar en ello. – apuntó Riddle serenamente y normalizando al instante la frase que a él le suponía un enorme rompecabezas. — Porque yo no puedo renunciar a mis sentimientos. – añadió con total calma y serenidad.
—Eve, no…— intentó cortarla sin saber muy bien cómo.
—Evitarlo no ha dado resultado, actuemos como adultos, dejemos el orgullo y aceptemos lo que sucede. No te estoy pidiendo nada más. Admitámoslo, no será fácil, no es conveniente, y quizás no termine bien, de acuerdo, pero ahora debemos trabajar juntos para salir de esta situación lo mejor posible si es que hay una salida a esto, lo único que hemos conseguido hasta ahora es lastimarnos más de lo necesario. — finalizó ella de forma sumamente racional.
Severus Snape estaba atónito, la mujer que tenía delante, sin hacer alarde de su posición de ganadora de la situación, había sido capaz de asimilar y aceptar la realidad con normalidad, y simplificarlo hasta el punto de que no podía encontrar argumentos para refutarla. Quizás ella tenía razón, y era la mejor opción, dedicar los esfuerzos en prepararse para la maldita guerra y no dedicarlos a evitarse mutuamente, pero… ¿Cómo se suponía que debía actuar con ella ahora? Deshacerse de la máscara de frialdad no iba a ser difícil, ya que más difícil era mantenerla con ella, pero ¿y si después de tantos años de fachada lo que quedaba de Severus Snape le defraudaba? ¿Cómo iba a lidiar con el deseo de saberla suya y no disponer ni de un presente ni de un futuro posible?
Eve, solo mirando el rostro de Severus, pudo ver el embrollo de dudas y emociones que iban y venían por su mente. La expresión del profesor se volvía cada vez más seria y preocupada. Y el silencio empezaba a prolongarse más de lo necesario. Quizás rebajando la tensión del momento y suavizándolo le podía hacer entender que no era tan complejo lo que ella pedía.
—Vamos, Severus, no te estoy pidiendo que me regales flores, ni que me hagas el amor en el sofá y seguiré molesta contigo frente a todo el mundo, si esto te preocupa, pero no quiero seguir fingiendo cuando estamos solos, ni quiero que tú lo hagas. Solo te pido una tregua. – dijo ella en tono despreocupado y con media sonrisa en la cara.
No había salida para Severus Snape, la situación era clara y factible en cierto modo. Normalizar la situación era una forma racional de encararlo, y lo aceptaba. Aun así, dada la situación venidera, habría muchas complicaciones que afrontar. Deberían de actuar maduramente y con sinceridad, aun que doliera y dolería. Severus Snape esperaba, por encima de todo, no decepcionar a la mujer que amaba.
—Acepto la tregua, pero me asusta que te decepcione lo que veas de mi.— rompió el silencio él con resignación.
—Esto es precisamente lo que quiero ver de ti, Severus.— le dijo ella con una simple sonrisa de complicidad.
En ese mismo instante, en la mente de ambos y sin propósito de admitirlo al otro, la intención era la misma. Besarse, besarse y dejar la clase para otro momento y enredarse en aquel mismo sofá con una clase mucho más placentera. La pregunta que Severus tenía en mente era compartida con Eve, ¿cómo iban a lidiar con esa atracción mutua?, ¿Como racionalizar lo irracional?... Pero habían decidido, de muto acuerdo, intentar actuar maduramente, y la prioridad era la seguridad, no solamente la de ellos, sino la de todo el mundo mágico.
—Bien. Empecemos. – dijo el profesor serenamente.
—Ya está tardando, profesor. – le respondió con tono solemne ella.
La clase empezó y continuó sin complicaciones. Severus, entre hechizo y hechizo, comentaba como mejorar y corregir ciertas impericias de ella, la cual se esforzaba al máximo para corregir. No hubo malas palabras, no hubo resentimientos, solo concentración y aprendizaje. Ella no era mala alumna, ni él un mal profesor.
—Creo que es suficiente por hoy. No debes presionarte más hasta que no estés recuperada.— dijo él guardando su varita. — Aun así, has mejorado.— añadió provocando un gesto de sorpresa a su alumna.
—No puedo creerlo… ¿Eso ha sido un cumplido de Severus Snape? – respondió al instante Eve con una pícara sonrisa en la cara. Cierto que había una tregua, pero en ningún caso había jurado dejar de sacarlo de sus casillas, eso formaba parte de ella. — Hasta mañana Severus— continuó ella sin burla en ver la cara seria del profesor causada por su comentario.
Severus se dirigió sin más preámbulo hasta la puerta. Su rostro no denotaba buenas sensaciones. Al ver su porte serio y su rápida huida, Eve empezó a dudar de su anterior charla, quizás sería más complicado de lo que se imaginaba.
—Riddle…— dijo él pensativo mientras se detenía y dirigía una mirada seria a la mujer que tenía a sus espaldas, y que ahora lo miraba con preocupación.
—¿Qué ocurre? – se apresuró en contestar ella.
—Lo de hacer el amor en el sofá… ¿es negociable? – dijo él lentamente. Seguidamente una pequeña sonrisa insinuante se pudo vislumbrar en el rostro de Severus Snape. Si algo debería de aprender Eve, era que, en cuanto a sarcasmo, el siempre tenía la última palabra, eso no era negociable. Dicho esto, Severus se encamino hacia la salida justo en el instante en que entraba por la puerta Remus Lupin.
—Buenas noches, Lupin. –dijo educadamente y prosiguió su camino con satisfacción.
Remus Lupin, acostumbrado a la falta de modales dirigida a su persona por parte de Severus Snape, no tuvo tiempo a reaccionar. Mirando como el hombre se alejaba, negó con la cabeza y paso por alto la pequeña sonrisa que se insinuaba en el rostro del profesor de pociones.
En el interior de la instancia, Eve, se encontraba aun inmóvil frente la puerta. Su cara reflejaba el paso de un estado emocional a otro, preocupación y asombro infinito. Pero empezó a recomponerse y llegó a otra conclusión, lo iba matar, aunque no había decido aún si eso sería de una forma placentera o no. Para variar, Severus Snape, la había dejado con la palabra en la boca y sin tiempo para encontrar una respuesta punzante con la que responder, aún así, se sentía feliz.
—¿Todo bien?— preguntó Remus Lupin al ver a Eve inmóvil y con la mirada perdida.
—¡Eh! Si,… bien…todo bien, gracias – contestó ella saliendo de su particular trance y dando se cuenta que su forma de responder no enfatizaba lo dicho. –Estoy cansada, supongo, pero me encuentro bien. – se apresuró en añadir.
—Me lo supongo, ve a descansar, mañana será otro día largo. Buenas noches Eve.
—Buenas noches Remus.
