En Hogwarts, un día más había pasado con rapidez. Los alumnos, permanecían en sus respectivas salas comunes, la gran mayoría charlando de los últimos acontecimientos que habían sucedido en el colegio. Cerca de las mazmorras, en la sala común Slytherin, Draco Malfoy, en calidad de prefecto, abandonaba la estancia. El alumno Slytherin, que siempre gozaba de su porte de superioridad, parecía temeroso. Avanzaba por los pasadizos de Hogwarts dirección al séptimo piso, deteniéndose frete una pared vacía en la cual pocos segundos después apareció una gran puerta por la que Malfoy se adentró sin que nadie se percatara de ello.

Al interior de la instancia, localizó rápidamente el que había su objeto de estudio y reparación durante estas últimas semanas; el armario evanescente.

Los días de estudiar, reparar y observar el comportamiento de ese objeto mágico habían llegado a su fin. El armario evanescente funcionaba a la perfección, y el plan de traer a los mortífagos desde de Borgin y Burkes hasta Hogwarts era viable. En cuanto el informara, su propósito se pondría en marcha al momento, sólo faltaba que él estuviera listo y no lo estaba.

Malfoy, permaneció dentro de la sala de menesteres durante un par de horas sin hacer absolutamente nada, solo pensar. Por miedo, había accedido a la petición del que ahora era su señor y también por miedo, no podía echarse atrás. ¿Era el capaz de asesinar a Albus Dumbledore? ¿Era él capaz de seguir los pasos de su padre y ser fiel a Lord Voldemort? Pero… ¿Había otra alternativa, a caso? La respuesta a todas esas preguntas era negativa. Aún así, esperaría hasta mañana al terminar las clases para informar a su señor y así intentar sacar coraje de donde fuera pera llevarlo a término.

En el número doce de Grimmauld Place, ya bien entrada la noche, Eve se encontraba en la que ahora era su habitación esperando ser informada de la llegada de Severus Snape. Había pasado todo el día con Tonks, a pesar del poco tiempo de conocerse, Eve la consideraba ya una buena amiga. Quizás el hecho de que la historia de Tonks con Lupin hubiera pasado por momentos complicados al igual que la suya propia la acercaba más a ella. Y en vista de qué esperaban un hijo eso le daba esperanza, no con Severus, pero si en un futuro de paz en el mundo mágico.

—Eve, voy a ver Remus, Snape está por llegar— dijo Tonks despidiéndose.

—De acuerdo, nos vemos dentro de un par de horas entonces— contestó Eve.

Con la puntualidad digna de un buen inglés, Severus Snape entró en la casa franca justo después de la partida de Nymphadora Tonks.

Des de la última clase con ella, Severus había tenido tiempo para pensar. Presentía la situación con Eve como más normalizada y no le suponía un gran dolor de cabeza cómo lo había sido durante las últimas semanas. Si los alumnos de Hogwarts no estuvieran tan aterrorizados por no cometer errores es sus clases se hubieran percatado de que su humor había mejorado durante las últimas veinticuatro horas. Ahora, por primera vez des de que conocía a Eve Riddle, tenía ganas de un encuentro con ella, aunque solo fuera por practicar oclumancia.

Eve, después de su última clase y conversación con Severus estaba lista y ansiosa por su próximo encuentro. Bajó hasta el comedor, ordenó a Kreacher que no se entrometiera y esperó su llegada.

La clase empezó con normalidad, sin tensión y así continuó hasta una hora después.

—Buena resistencia, Riddle. Practicaremos con él hechizo no verbal, no quiero que estés prevenida. — dijo él en ver que ella dominaba perfectamente la situación.

—Te conozco Severus, igual se cuando vas a lanzarlo, lo noto. — contestó ella sin mala intención y ganas de superarse.

—Entonces cierra los ojos. — dijo él dándole una opción más para practicar.

Durante un par de minutos Severus Snape intentaba acceder a su mente sin lograrlo, estaba realmente fascinado con los progresos de ella, y por qué negarlo, con ella también. Al verla tan concentrada y con los ojos cerrados no pudo evitar acercarse a ella. La seguridad que ella emanaba le encantaba, pero estaba seguro que sacarla del punto de confort le gustaría aún más. Así pues, continuó acercándose más ella hasta percibir que ella se había percatado del acercamiento. ¿Sería ella capaz de dominar su mente así?

—Excelente. — susurró él cerca de su oído mientras se colocaba detrás de ella.

—Creo recordar un acuerdo mutuo referente a esto…— contestó con una ligera sonrisa ella al notar su cercanía y lo que esta le estaba provocando.

—Es con finalidades académicas. —contestó él suavemente sin alejarse de ella mantenido el hechizo.

—Lo dudo…— dijo ella sin desconcentrarse.

La mente de Eve permanecía imperturbable a diferencia de su lenguaje corporal, y Severus Snape se dio cuenta al instante. La boca de la mujer que tenía delante se empezó a abrir ligeramente, dejando escapar el aire cada vez más aceleradamente y sus mejillas empezaban a adquirir un tono rosado que antes no tenían. Severus, que no iba a perder esa brillante oportunidad, mantenía el hechizo con su varita mientras, des de detrás y pegándose más a ella, con su otra mano, desabrochaba un par de botones de su blusa. Continuado con su particular tortura, apartó la melena dejando el cuello al descubierto, a merced de él y empezó a acariciarlo con los labios. En vistas de cómo la mente de Eve aguantaba y su cuerpo respondía decidió desconcertarla aún más.

—Veo… tensión, excitación… vaya… ¿en serio tienes en mente lo del sofá? —susurró él aún sin apartarse e interrumpiendo al momento el hechizo.

—¿Qué?¿Cómo has…? ¡No, imposible! ¡No has logrado leerme!¡Mientes! —gritó Eve sofocada y sumamente desconcertada.

Una sonrisa de satisfacción apareció al momento en el rostro de Severus Snape, el cual se sentía el claro ganador del encuentro. No podía negarse que disfrutaba cada momento con esa mujer.

—Por Merlín Eve, no necesitaba hacerlo, tendrías que verte…— dijo él, regodeándose más de la situación en la que ella se encontraba, mientras se situaba a una distancia prudencial.

—Eres un completo…— dijo ella con cierta malicia intentando recomponerse del deseo que él había hecho despertar en ella. Pero la frase de Eve quedó interrumpida al instante, ya que con un golpe de varita, Severus Snape la acercó a él.

—No toleraré insultos en mis clases, señorita Riddle. — pronunció lentamente y arrastrando sus palabras en su tono de profesor.

—Entonces deberá usted de castigarme, profesor Snape. — le respondió ella siguiéndole el juego.

—Sin dudarlo. —continuó él.

—¡Bésame! —ordenó Eve sin poder aplazar más las ganas que tenia de él.

Después de muchos años de recibir órdenes, esa era la única que acataría con sumo gusto. Al momento, junto sus labios con los de ella, y con creces ella respondió. Ese beso no provocaría, por primera vez, remordimientos ni resentimientos, simplemente deleite, deleite de la situación, deleite de sentir el otro, pero también sabían que no iba a alargarse demasiado, ya que Tonks no tardaría en llegar.

—Llega tu niñera— dijo Snape, siempre atento a su alrededor, separándose de ella abruptamente y dejándola con demasiadas ganas de más.

Eve, que no entendía como ese hombre era capaz de pasar del estado de excitación en el que se encontraba, a su habitual porte serio y frio, intentaba tranquilizarse y volver a realidad. Empezó a darse cuenta de las señales que dejaba entender su cuerpo y los nervios empezaron a invadirla. Empezó, sin mucho éxito, a adecentarse el pelo con sus manos, que siguieron bajando percatándose de que sus mejillas estaban enrojecidas por el recién contacto.

Severus, a una distancia prudencial de ella, parecía hacerle gracia la situación en la que se encontraba, ya que en su rostro se vislumbraba una sonrisa divertida. Eve, viendo como él la miraba, le lanzó un gesto de interrogación como preguntándose si en verdad había conseguido su propósito de parecer normal. Severus, arqueó una ceja e incrementando su sonrisa, bajo su mirada hacia su escote, dónde los botones de su blusa seguían desabrochados dejando entrever el encaje de su sostén. Eve fijándose en el detalle se veía perdida.

En aquel mismo instante la puerta del comedor se abrió lentamente y con un ágil golpe de varita, Severus Snape, abrochó rápidamente los botones de la blusa de Eve, dejándole a ella atónita.

—¿Interrumpo? —dijo Tonks entrando en la estancia.

—No, hemos terminado. — dijo Snape, tranquilamente guardando su varita.

Tonks se percató del estado de Eve, pero en vista de la situación, mal dedujo que era por la dureza de las clases, quizás Snape la presionaba demasiado.

—Pareces sofocada, Eve. — dijo Tonks sobresaltando a Eve. —¡Quizás le estas exigiendo demasiado, Snape! No está recuperada.— recriminó la metamórfaga a Snape, dejándole claro que no le era de su agrado.

Severus Snape, pasando por alto no solo el comentario, sino también a Tonks se dirigió a Eve con tono amenazante.

—Mañana continuaremos exactamente dónde lo dejamos. —dijo él enfatizando cada palabra.

Tonks, que se giró para ver la reacción de Eve a la amenaza, no pudo percatarse de la sonrisa pícara que puso el profesor de pociones. Al segundo, se dirigió hacia la salida de la estancia, dejando a Eve con el contratiempo de hacer figurar, frente a Tonks, un enojo hacía a él que en ningún caso existía.