La mañana en Hogwarts había transcurrido con normalidad, los alumnos salían del gran comedor después de comer y se dirigían a las clases de la tarde. Esa hora quedaba desierta para los alumnos que tenían clase de Estudios Muggles, ya que no había profesor sustituto. Así pues aprovechaban el tiempo adelantando tareas y estudiando para los exámenes. Harry Potter, era uno de ellos, pero él, aprovechaba el tiempo con las clases particulares de Albus Dumbledore.
— ¿Harry, vas con Dumbledore? —preguntó Ron con cierta resignación y envidia por tener él que preparar un ensayo de pociones.
—Sí, me pidió que fuera después de comer. —afirmó Harry.
—¿Se puede saber qué hacéis en esas clases? — se cuestionó Ron. — Debe de ser alucinante aprender del mismo Dumbledore— continuó Ron para sí mismo. —Por cierto, Harry, ¿volverás a sacarle el tema de Snape? — preguntó Weasley ahora sí, con interés.
— Vámonos ya Ronald Weasley si quieres que te ayude con el ensayo, tan solo tenemos una hora. — interrumpió Hermione con prisa, más para desviar el tema que por hacer el trabajo de su amigo.
— Dumbledore evita todo lo referente a Snape y Malfoy, no voy a insistir por el momento. Nos vemos luego en la sala común. — respondió Potter.
Los tres Gryffindor se despidieron, Hermione y Ron se dirigieron a la biblioteca y Harry continuó su camino hacia el despacho del director de Hogwarts.
Esa hora también estaba bacante para los alumnos del mismo curso de Slytherin, entre ellos, Draco Malfoy, el cual había pasado todo el día ausente de todos sus compañeros y tareas. Lo único que tenía en mente era estar lo suficientemente preparado para hacer la llamada que desencadenaría una sucesión de acontecimientos que lo cambiarían todo. Quizás incluso le cambiarían a él. Después de la cena empezaría su plan.
En Grimmauld Place, los días empezaban a alargarse para Eve. Ahora que se encontraba totalmente recuperada estar encerrada todo el día era agotador. Había decido comunicar a Dumbledore su mejoría y preguntar por volver a ocupar su sitió de profesora en el colegio y así poner disponer de Tonks y Remus como parte activa de la Orden. Lo único que parecía hacer correr el tiempo en la casa franca eran las clases con Snape. Las dos últimas, habían sido realmente gratificantes, no solo por el hecho de que sus habilidades con la oclumancia y legermancia habían mejorado mucho, sino que también su relación con Severus era totalmente distinta. Los comentarios punzantes y dolientes se habían convertido ahora en complicidades e insinuaciones, con las que ambos podían lidiar a la perfección, sin dejar de lado la dura realidad que les rodeaba, lo primero era, ante todo, estar preparados para la guerra venidera. Así pues, la clase transcurrió durante su primera hora con total normalidad.
— No puedo enseñarte nada más, Riddle. Pero continuaremos practicando hasta que suceda otro contacto con Voldemort, quiero ver con qué facilidad te desenvuelves. — comentó Snape mientras guardaba su varita.
— Es temprano, Tonks no volverá hasta dentro de una hora— comentó Eve al ver las intenciones de Severus Snape de terminar la clase por hoy.
— ¿Temes quedarte sola, a caso? — dijo Snape con cierta burla, pero alegrándose de que ella no quisiera que se fuera.
— Me gusta aprovechar el tiempo— dijo ella de forma insinuante.
— ¿Y de qué forma se te ocurre hacerlo, una partida de ajedrez mágico, tal vez? — continuó él haciéndose el desentendido para ver hasta dónde llegaba ella.
— ¿No se te ocurre otro juego mejor? Le creía más perspicaz profesor Snape. — dijo ella, acercándose a él y agarrándole por la parte superior de su levita.
—Y yo la creía menos descarada, señorita Riddle. —le susurró él rompiendo del todo la lejanía.
Quizás no era lo más apropiado, pero lidiar con la atracción mutua era una batalla perdida. En vistas de lo que se les presentaba por delante, y a sabiendas que la tregua con Voldemort no se alargaría, quizás ese momento sería uno de los pocos que tendrían para dejarse llevar y perderse el uno en el otro. Ambos empezaron, pues, un ávido juego de besos con los que pretendían redescubrir las sensaciones vividas e interrumpidas del día anterior. Esta vez sin intención de parar, cosa que despertaba en su interior un anhelo infinito de perderse en el cuerpo del otro y así lo demostraban sus manos, que con deseo buscaban rincones de fácil acceso para deleitarse con el contacto de su piel.
Eve, inmersa en un laberinto de sensaciones besaba con ansias a Severus Snape, sin pensar en las consecuencias, sin tener miedo a nada, solo anhelo. Pero, una sensación muy diferente prevaleció ante las otras. Una sensación que, por desgracia, conocía y ahora era capaz de controlar. Suavizando el deseo, lentamente y con sutileza, Eve detuvo su beso y permaneció inmóvil rozando los labios de él. Severus Snape, que se encontraba perdido en manos de ella, se sorprendió por su cambio de actitud y buscó el motivo en sus ojos. Eve, viendo que quizás no había sido tan sutil como ella quería, le acarició el rostro, le dedicó una sonrisa, colocó un dedo en los labios de él a modo de separación y permaneció en silencio durante unos segundos.
— Tienes que irte, os está llamando— pronunció ella rompiendo el silencio.
— ¿Cómo? —contestó Snape un tanto desconcertado.
Al instante, el desconcierto de Severus Snape se desvaneció al percibir una fuerte quemazón en su brazo que le hizo apartarse de ella al instante, la marca tenebrosa se hacía visible.
— ¿Lo has visto? —preguntó él seriamente — ¿Estás loca? Debiste avisarme. —le recriminó él.
—Quería comprobarlo por mí misma, Severus. No voy a tenerte cerca siempre. —contestó ella con un tono suave y tranquilo.
— No estabas en la mejor situación para comprobarlo por tu misma, no quiero que te confíes, si fallas no…— continuó él recriminándoselo.
—Lo sé. — le interrumpió ella suavemente volviendo a acercarse a él y depositándole un beso en sus labios.
Severus Snape comprendió ese beso al instante, ella no quería una riña, no en ese momento. Esa llamada significaba, posiblemente, el fin de la tregua. Quizás, si todo se precipitaba ese sería el último momento con ella, y no iba a ser un recuerdo hosco. Después de todo no se lo merecían, cómo tampoco se merecían despedirse así, sin tiempo. Sin tiempo a decirle adiós, sin tiempo a decirle que tuviera cuidado, sin tiempo a decirle que la extrañaría, sin tiempo para perderse en ella una vez más y sin tiempo para sacar el valor de decirle que la amaba. Pero como habían acordado, lo primero era lo primero.
—Hasta mañana, Eve— dijo él mirándola fijamente sin saber muy bien cómo lidiar con todo lo que le pasaba en ese momento por la cabeza y sin saber si habría un mañana.
—Hasta mañana, Severus. — le contestó ella con una ligera sonrisa intentando hacerle saber que le comprendía a la perfección.
Eve se quedó mirando como él, su hombre, desaparecía del lugar. Sabía que no podía evitarlo y su mente racionalmente lo aceptaba. En cambio, su corazón luchaba por retenerle a su lado, esa sería una noche larga, por suerte contaba con una distracción, Tonks.
—Llegas pronto— dijo Eve a modo de saludo al ver a Tonks entrar por la puerta.
—¿Y Snape? ¿Se ha largado ya? — soltó sin mucho entusiasmo por ver a su antiguo profesor de pociones.
—Sí, ahora mismo. Le han llamado, reunión. —contestó con tono serio dando entender a Tonks donde había ido.
—¿Lo viste? ¿Pudiste controlarlo? —preguntó un tanto alarmada la metamórfaga al recordar lo que ocurría con Eve y el contacto con Voldemort.
—Sí, lo logré— apuntó Eve tranquilizando a Tonks.
—¿Sabes el motivo por el cual los convoca? — continuó Tonks con él que parecía un interrogatorio propio de un auror.
—No, supongo que Snape informará a Dumbledore si ocurre algo. — contestó Eve.
—Bien, de hecho he venido antes para decirte si podías quedarte sola esta noche. Hay luna llena y Remus no lo pasa muy bien los primeros dos días. — se explicó con cierta preocupación Tonks.
—Tranquila, lo entendiendo, de hecho estoy recuperada y puedo apañármelas sola. Iba a mandarle una carta a Dumbledore para informarle. Haréis mas falta de aurores en el ministerio que haciéndome de canguro y no puedo quedarme aquí siempre. — comentó Eve.
—Estate tranquila con eso, tomate tú tiempo. Además, formas parte de la Orden, esta también es tu casa. —dijo Tonks agradecida. — Igualmente pasaré mañana. — añadió en ver que la cara de Eve no denotaba lo mismo que decían sus palabras.
—Hasta mañana, entonces.
Después de su marcha, Eve se sentó en el sofá pensativa, la suerte no estaba de su parte, ciertamente seria una noche larga.
