Capítulo 1

Sentimientos Confusos

Era el año de 1,975. Una tarde esplendida del mes de Mayo, lleno de mucho verdor, praderas hermosas en las afueras de la Ciudad de Chicago, al norte de Illinois, muy cerca del lago Michigan, precisamente Oak Park, lugar hermoso, pintoresco , factible para un día de escaparates y pasar un momento ameno cerca de la naturaleza. Ella se encontraba pasando unas merecidas vacaciones, esa hermosa mujer de profundos ojos esmeraldas y melena rizada, tan dorada como el mismísimo sol. Había pasado varios días haciendo negociaciones. Ella, una rica heredera de los consorcios Ardlay, quien un mes atrás había estado en Londres cerrando grandes contratos en una de las prestigiosas Empresas nada más y nada menos en "El Imperio", su padre Sir William Ardlay le había heredado en vida para que ella se fuera familiarizando con los negocios e hiciera un futuro seguro y prometedor.

Sir William, un hombre con un porte seguro, de una elegancia innata, con unos ojos azules como el cielo y cabellos rubios, a sus 38 años aún no se establecía con familia propia, la verdad que entre los negocios, eventos sociales, viajes no había tiempo para pensar en banalidades según él. Sin embargo su Tía, la Señora Elroy le instaba que conociera y entablara amistades con las señoritas de sociedad, algún día debería elegir con quien casarse y tener hijos propios, los cuales ella consideraba que merecían el derecho del apellido y el dinero. No es necesario decir que ella nunca estuvo de acuerdo con que su sobrino adorado haya adoptado a una chiquilla que quien sabe de dónde venía y que mañas habría tomada en un hospicio, más aun que le haya sido dada parte de la fortuna a la preciosa Candy. En Resumen no era del agrado de la Gran Dama, simplemente la detestaba! si por ella fuese, hace mucho que la rubia pecosa no sería una Ardlay.

El Magnate Ardlay había amasado una enorme y cuantiosa fortuna, en los Estados Unidos eran muy conocidos los Bancos Ardlay y la Fabrica de Plata a cargo de Candy. El trato de el para con sus empleados era impecable, conformaba su fórmula, su regla de oro y no le fallaba, pues estaba convencido que para el mejor funcionamiento de una Empresa no hay nada mejor que la tranquilidad y la satisfacción de sus colaboradores, todos desde el más humilde hasta el mas encumbrado le tenían gran aprecio y estima. Mas allá de esto en sus cavilaciones constantes Sir William se cuestionaba tener algún día su propia familia, solo que estaba difícil encontrar la mujer que llenara sus expectativas, no se refería al dinero, era en lo menos que le importaba, las damas sobre todo a las que su tía quería que conociera tenían si muchísimo dinero, pero muchas de ellas carecían de cerebro, aunque claro también había conocido chicas adineradas muy inteligentes, pero hasta el momento no habían logrado captar la atención del Magnate.

-Tiene que ser una mujer capaz de entenderme! –Decía sumido en sus pensamientos -Una mujer que llene mis expectativas, que me complemente, que yo pueda amar sin preocupaciones y que le pueda dedicar el tiempo necesario, eso es todo, tener una familia no es cosa de juegos- cansado de la situación dijo:- no sé por qué la tía no puede entender eso?

-Hijo, que pasa? Desde que volviste te he visto muy pensativo, que sucede William? – Pregunto la tía-Has pensado en lo que te he dicho? Es hora que te establezcas, los negocios van muy bien, has capacitado muy bien a Jorge y puede ser un buen representante, no es necesario que viajes más, piénsalo hijo, es hora, ya tienes 38 años y la vida se nos pasa volando, además Archie se está especializando y será un digno sucesor nuestro.