Bien entrada la noche, Severus Snape, se aparecía a las afueras de la Mansión Malfoy. Con su habitual porte rígido y su mirada seria se adentraba en los jardines evitando los conjuros de protección. Ya dentro de la mansión, subió por la escalinata que lo conducía hacia el gran salón, dónde acostumbraban a realizarse las reuniones con el señor Tenebroso.
Esta vez, había sido uno de los primero en llegar. Lord Voldemort captó su entrada al instante.
—Severus, esperaba tu llegada— dijo el señor Tenebroso invitándole a sentarse a su lado.
Severus Snape se puso en alerta, el tono de su señor no le gustó en absoluto. A su parecer, esa reunión tendría que ver con el plan de Draco Malfoy y no esperaba entablar una conversación con Voldemort antes de la llegada de todo su sequito, pero parecía que las intenciones de su Lord eran distintas.
— Me complace que llegaras antes de tiempo, hay un asunto en el que llevo días pensando. — dijo Voldemort con su tono altivo habitual.
— ¿De qué se trata, mi señor?— preguntó Severus Snape con precaución.
—Te encomendé que siguieras los pasos de esa profesora de Hogwarts…—prosiguió el anfitrión.
—Sí, mi señor, y eso mismo he hecho. — contestó Snape con servidumbre.
—No puedo comprender como una simple profesora de estudios Muggles, pudo adentrarse en mi mente a distancia. Hay algo que se nos pasa por alto Severus. Quiero que se presente ante mí. —sentenció Voldemort.
A Severus Snape no le gustaba el rumbo que cogía la conversación. Siendo conocedor del modo de actuar de su señor, las intenciones que tenia con Eve eran claras. Necesitaba tiempo para lograr una salida a la situación y no disponía de él, y actuar sin vacilar era necesario, un solo titubeo en su respuesta y no saldría bien parado de la situación, ni ella tampoco.
—Mi señor…—intentó empezar él con algún relato improvisado para ganar tiempo.
—Tomen asiento mis fieles. — le interrumpió Lord Voldemort viendo como más mortífagos hacían acto de presencia en la sala. — Severus, luego continuaremos nuestra conversación— añadió consiguiendo tiempo a Snape para pensar.
—Esta noche, les he reunido aquí para informarles que el chico de Lucius, a diferencia de su padre, ha conseguido crear una vía de entrada a Hogwarts. El deberá matar a Dumbledore y conseguir la varita de Sauco pero necesitara ayuda para garantizar su éxito.
Severus Snape pudo comprobar como parte de los presentes asintieron ante la invitación hecha por su señor, los hermanos Carrow, Yaxley, Rowle, Gibbon, Greyback y, sin ocultar su entusiasmo, Bellatrix Lestrange.
—Excelente. Tened presente que no debéis matar a Potter, esa es mi tarea. —y continuó dirigiéndose a Snape— Severus, te necesitaremos allí por si algo falla, tú conoces bien el castillo.
—Por supuesto, mi señor. —apuntó Snape al instante.
—Y respecto a lo hablado anteriormente, ¿hay alguna forma de poder traer ante mí a esa profesora de estudios Muggles?— preguntó altivamente Lord Voldemort.
Severus Snape, sin querer, había conseguido un valioso tiempo para pensar, ahora no iba a titubear con su respuesta.
—Como le informé ella no se encuentra en Hogwarts. Está en una casa franca de la orden, altamente custodiada y con toda clase de hechizos defensivos.
—Mi señor, yo podría…— interrumpió Bellatrix Lestrange sin mucho éxito.
—Si me permite, una ofensiva ahora a la casa franca, no sería prudente. —la cortó al instante Snape provocando una mirada de odio por parte de la mortífaga. — Pero con un ataque a Hogwarts y sin Dumbledore, la Orden quedara totalmente debilitada y será más fácil la tarea. —continuó él.
— Estas en lo cierto, Severus. —siseó el anfitrión pensativamente.
—Aún así debo de informarle que en cuanto esto suceda, no podré disponer de información, ya que mi lealtad quedara al descubierto. — añadió Severus Snape para dejar clara su postura y evitar futuros contratiempos.
—Eso no será un problema, el Ministerio pronto estará bajo control y con él todo lo demás, verdad Pius. — dijo Voldemort dirigiéndose Pius Thicknesse claramente afectado por la maldición Imperius, el cual respondió a su pregunta asintiendo ligeramente.
Lord Voldemort continuó con el relato y detalles de la intromisión a Hogwarts. Una vez más, Severus Snape, había ganado cierto tiempo para Eve, ahora solo quedaba saber, cuando se produciría el ataque, esperando que hubiera cierto margen para disponerlo todo y estar él preparado. Después de esto, todo contacto con Eve desparecería al igual que su lealtad con la Orden, el seria un traidor a ojos de todos, esa era su misión.
—El ataque a Hogwarts será mañana al anochecer. —sentenció Lord Voldemort.
Esa última frase cayó sobre Severus Snape como de si una maldición imperdonable se tratara, eso lo precipitaba todo.
Terminada la reunión, Severus Snape se dirigió a Hogwarts, apareciendo fuera de los límites del castillo, cruzó sus protecciones y continuó a paso ligero hacia la fortificación. Sin perder tiempo, continuó hasta el despacho del director de Hogwarts dónde parecía que Albus Dumbledore esperara su llegada. Esa faceta del director de estar siempre al corriente de todo era sumamente desesperante.
—Adelante Severus, siéntate — dijo el director con tono amable.
—No hay más tiempo, Albus— pronunció con preocupación el profesor rechazando a su vez la invitación a sentarse. —Draco actuará mañana al anochecer. No pude aplazarlo.
—Entonces no hay nada que podamos hacer, así está dispuesto, solo te pido que cumplas tu parte y no permitas que Draco…— comentó el director serenamente a sabiendas que su fin estaba cerca.
—Descuide— pronunció Snape con cierta suavidad poco propia en él.
—Tu lealtad con mi persona te será cuestionada ahora, Severus. ¿Eve esta lista? —preguntó el viejo.
—Lo está — confirmó Severus provocándole cierto dolor el simple hecho de escuchar su nombre.
—Entonces, recuerda lo que hablamos, Harry no debe saber nada hasta el momento propicio. Ayúdalo tanto como te sea posible. —dijo Dumbledore como última orden.
—Siempre lo he hecho.
Los dos hombres sabían que eso era un adiós, los acontecimientos sucederían según lo previsto, de forma un tanto precipitada, pero no había margen de error. Las instrucciones eran claras pero, ¿Qué sería de lo poco que quedaba de Severus Snape, después de matar a la única persona que confió en él cuando nadie más lo hacía? Severus se daba cuenta que después de eso, no se merecería nada, y no iba a soportar merecérselo.
—Hace una bonita noche, Severus. Te recomiendo un paseo por el lago para despejar la mente. — pronunció Albus Dumbledore cambiando la seriedad por su particular tono amable, sacando al profesor de sus pensamientos al notar algo más escondido en esa frase.
Seguidamente y sin despedirse, Severus Snape salió del despacho del director de Hogwarts. A sabiendas que no podría conciliar el sueño, se dispuso a hacer caso a esa última petición del director, caminó hacia a fuera del castillo dirección al lago negro. Ciertamente hacia una bonita noche, llegando al lago, puedo vislumbrar como una gigantesca luna llena se reflejaba en la superficie.
—Hay luna llena…— pronunció para sí mismo contemplando la imagen como si con ella hubiera obtenido una revelación.
Acto seguido, Severus Snape, se convirtió en una negra neblina y desapareció dejando a tras el castillo de Hogwarts.
