La luz de la luna llena entraba por la ventana de la habitación de Eve Riddle en la casa franca de Grimmauld Place. El hecho de estar sola, los ruidos del viejo edificio o quizás el ir y venir del viejo elfo Kreacher no ayudaban a Eve a conciliar el sueño y la rápida partida de Severus Snape empezaba a hacer meya en sus pensamientos. Pero las preguntas que comenzaban a abordar a Eve quedaron interrumpidas por un ruido distinto que puso en alerta a la mujer. Ágilmente se levanto de la cama, agarró su varita y con su ligero camisón se dispuso a ir a ver que estaba sucediendo, no sin antes coger una bata para cubrirse de camino al piso inferior.
—¡Lumos! — pronunció Eve haciendo que una suave luz surgiera de su varita. Despacio, bajó las escaleras y alumbro la entrada del piso, dejando entrever una oscura silueta inmóvil delante de la puerta ya cerrada.
—Soy yo—susurró Severus Snape sin ánimo de asustar a Eve.
—Severus, ¿qué haces aquí? ¿Cómo has sabido que…?— preguntó la mujer más alegremente sorprendida que desconcertada.
—Hay luna llena, pensé que estarías sola. Siento despertarte — interrumpió él.
El tono de Severus Snape era dócil y abatido, aun teniendo en cuenta que el contexto en el cual se encontraban era propicio para ciertos comentarios o insinuaciones, el rostro de Severus Snape no daba entender nada de ello. Eve, enmendó su primer pensamiento de obsequiarle con una sutileza recordando hacía dónde había partido durante su clase anterior.
—No dormía, ¿qué ocurre? — preguntó la chica mientras se envolvía el cuerpo con la ligera bata.
— Se ha agotado el tiempo. Tenemos que hablar. —pronunció Snape con seriedad.
Las palabras de Snape confirmaron las sospechas de Eve, algo no iba bien.
—No aquí…— dijo Eve para evitar ser escuchados por Kreacher. —Vamos arriba.— continuó ella conduciendo a Severus a su habitación.
Severus Snape siguió a Eve hacía el piso de arriba, cuando se adentraron en la habitación su porte continuaba serio. Debía contar a Eve lo sucedido en la reunión con Voldemort y lo que comportaba.
— Mañana, al anochecer, entraran a Hogwarts, el plan de Draco está en marcha. Ya sabes que significa esto…—empezó él serenamente.
— ¿Mañana?... ¿Albus lo sabe? …Podríamos frenar el ataque, hay aurores y con…— le cortó ella, la cual acaba de adquirir un porte nervioso por la brusca noticia.
— He hablado con Dumbledore y no…—continuó Severus subiendo el tono a concorde con el nerviosismo de Eve.
— Pero podemos actuar, con la Orden…. —le interceptó ella dejándose llevar más por los nervios que por la racionalidad.
— ¡Basta, Eve! —la calló Severus. —No vamos a actuar, así debe ser. Hay algo que debo contarte. — dijo él para centrarla, sin mucho éxito, en el tema por el cual había venido.
Eve se quedó inmóvil delante de él, los ojos se le abrieron de par en par y en ellos se podía vislumbrar algo parecido al miedo. Un recuerdo fue lo que le provocó esa sensación, un recuerdo vivido en casa de Severus Snape. Él era quién debía llevar a cabo la tarea de Draco, él debía matar a Albus Dumbledore.
— Por Merlín, no… el Juramento Inquebrantable,… vas…— intentó pronunciar ella negando con la cabeza.
—No tengo opción. —dijo él con gravedad asumiendo las conjunturas hechas por la mujer.
—Mierda, lo sé pero… no…— siguió ella resignadamente.
—Hay algo que debo contarte, debería haberlo hecho hace tiempo, pero no podía arriesgarme. No voy a justificarme ni puedo hacerlo, solo te pido que me escuches, necesito que lo hagas, necesito contártelo. — dijo él con quebradiza.— Un día, me preguntaste el motivo por el cual Albus confiaba en mí…
—Pero porque llegar tan lejos, Severus… —interrumpió Eve aún sin asimilar la situación.
—Escúchame Eve, te lo suplico. — volvió a cortarle él.
Eve respondió a su requerimiento y se dispuso a escuchar intentando racionalizar la situación.
— El día que te adentraste en mi mente viste a Lily, ella es el motivo de todo. —empezó Severus, haciendo cambiar la expresión de la mujer que tenía delante al pronunciar ese nombre.— De joven, me junté con quién no debía, eso me llevó a cometer demasiadas estupideces, como alejarme de ella. Supongo que sabrás que es la madre de Potter— preguntó él consiguiendo al momento un gesto afirmativo por parte de ella. —He aquí el motivo de mi comportamiento con él. — desveló Snape.
Severus Snape pronunciaba cada palabra con lentitud, sabía que ella tenía conocimiento de la historia pero no hasta qué punto y se había jurado a sí mismo no guardarse nada para él. La perdería, si, pero no siendo un cobarde, esa noche se abriría a ella como con nadie antes lo había hecho.
— El día que supe que Voldemort pretendía matar a los Potter intenté evitarlo, rogué a Dumbledore que los protegiera a cambio de darle lo que quisiera de mí, pero los traicionaron. —continuó él con cierta dificultad— Albus me pidió a cambió, que protegiera a su hijo, el hijo de la mujer que amaba, quizás era una forma de redimirme, sin éxito, de todas las malas acciones cometidas como Mortífago. Ese es el motivo de que Dumbledore confíe en mi, hasta el momento he cumplido y cumpliré todo lo que me pida, por Lily, comporte lo que comporte. —sentenció Severus Snape con firmeza.
— Por Merlín, Severus… ¿Incluso matarlo? , ¿Y lo que esto te comporta a ti? — protestó Eve altamente consternada por el relato.
—Albus se muere, Eve… —dijo él causando en ella un gesto de duda. —El mundo mágico cometió el error de creer que tu padre había muerto el día que Potter sobrevivió, tu padre no puede morir, no sin antes combatir la magia oscura que utilizó para evitar su muerte. —se explicó él.
— ¿Qué magia? —preguntó ella intentando procesar toda la información.
— Horrocruxes. Los utilizó para evitar su muerte, Voldemort partió su alma en siete partes y las escondió en siete objetos, una de ellas la mató Harry, supongo que habrás oído hablar de la historia del diario de Tom Riddle. — dijo él recibiendo al instante un gesto afirmativo de Eve. —La otra, es la responsable de que Albus se muera, contrajo una maldición intentando destruirla, no tiene cura. — sentenció él.
— Entiendo… ¿Y los otros objetos? —preguntó ella.
— No están localizados aún, Dumbledore está instruyendo a Potter para encontrarlos y tú deberás ayudarlo. Todo esto forma parte de un plan meticuloso, Eve. —continuó explicando Severus con seriedad.
— ¿Hasta dónde llega todo esto? —preguntó Eve intentado comprender la magnitud de toda la explicación.
—Mañana, mi lealtad quedará al descubierto, a ojos de todos seré un traidor y así debe de ser. — dijo el firmemente, provocando un gesto de dolor a su interlocutora. — Tu padre controlará el Ministerio y también Hogwarts, esa es la intención y yo debo de estar allí hasta que llegue el momento. — continuó explicándose el hombre.
— ¿Qué momento? — preguntó con insistencia ella entendiendo que lo que ahora venia era la guinda del pastel.
—Potter, es el Horrocrux que Voldemort nunca quiso crear. —declaró él con rotundidad — El debe de morir para que Voldemort muera y tu padre debe de ser quién lo mate — continuó él sin dejar tiempo para digerir sus palabras — Pero ni tu padre ni Potter deben saberlo. Al igual que tú, la conexión de Potter con su padre le hace vulnerable, pero no es capaz de controlarlo. —finalizó el profesor de pociones.
Aquellas palabras retumbaron en Eve como si de una sentencia de muerte se tratara. Ahora entendía la magnitud del plan, ahora entendía que quizás si tenía razón Snape cuando se mostraba evasivo y resignado con el director de Hogwarts.
—No puede ser, por Merlín no… —intentó pronunciar ella con dificultad y mostrándose reticente a aceptar lo escuchado.
—Eve, no debe saberlo hasta que todos los Horrocruxes estén destruidos y tú deberás ayudarlo. Yo protegeré Hogwarts en medida de lo posible. Así es como debe de ser. — sentenció Snape con una fingida serenidad.
Eve seguía negando con la cabeza las palabras de Severus Snape.
—Sé que es difícil de aceptar pero no hay más opción. Pronuncié el Juramento Inquebrantable, porque Dumbledore me había pedido que fuera yo quien lo matase, no tenía nada que perder. Draco aún está a tiempo de no cometer los mismos errores que yo y no desperdiciar su vida. — dijo él con resentimiento hacia si mismo.
— ¿Y la tuya, Severus, que hay de tu vida?
— Mi vida está rota, Eve. Yo estoy roto, no tengo más opción, por eso te pedí que te olvidaras de mí. — dijo él desviando la mirada.
— No voy a olvidarme de ti, Severus. No puedo hacerlo. —dijo ella acercándose a Severus.
— Y podrás soportar el hecho de mírame a los ojos y ver al hombre que mató a Albus Dumbledore. Porqué yo no creo que pueda hacerlo, Eve. —dijo él con dolor mientras se giraba y daba la espalda a la mujer.
— No, Severus. —dijo Eve rotundamente mientras lo cogía por los brazos y lo obligaba a girarse para que la mirase. —Te miraré a los ojos y veré a un hombre que lucho por cumplir una promesa hecha por amor, veré a un hombre que arriesgó toda su vida trabajando como espía con todo lo que esto conlleva, veré a un hombre que protegió des de las sombras a un niño sin esperar nada a cambio. — continuó ella con los ojos vidriosos. —Eso es lo que veré de ti, Severus. — finalizó la mujer.
Eve pronunciaba cada palabra con honestidad mientras en su rostro una lágrima se deslizaba por su mejilla. Severus observaba a la mujer, sabía que lo que percibía de ella no era compasión, simplemente afecto, ella no quería perderlo. Aún así arrastrarla a una situación incierta y muy posiblemente fatídica no le complacía, pero no encontraba argumento alguno para alejarla de él ni quería encontrarlo.
—No será fácil. — dijo él consternado.
—Lo sé. —contestó ella deshaciéndose de las lagrimas que aún perduraban en su rostro.
— No podremos estar en contacto. —continuó él buscando algo parecido a un argumento para que ella cambiara su postura.
—Lo entiendo. —contestó ella más serena.
—Mierda, Eve. Ni siquiera sé si saldrá bien. — soltó él con rabia.
—No importa… — dijo ella dando a entender que nada de lo que le dijera le haría cambiar de opinión.
—Eve, si he venido aquí esta noche es para despedirme de ti. Pero no soy capaz de hacerlo. — habló Severus Snape abatido.
—Entonces no lo hagas…— dijo ella rompiendo la lejanía y depositando un tierno beso en sus labios.
Severus Snape, sin alejarse, la miró fijamente a los ojos aceptando que no solo no era capaz de despedirse de ella sino que tampoco quería hacerlo. Su cercanía le deba paz, la mirada sincera y transparente de Eve lo propiciaba la oportunidad perfecta para sincerase con ella sin forzar nada, consiguiendo así, que sus sentimientos fluyeran en forma de palabras.
—Te amo, Eve. —pronunció él con sinceridad.
— Y yo a ti, Severus. —le contestó ella al instante.
Si el tiempo pudiera pararse por un momento, Eve Riddle, hubiera escogido este mismo instante para que ocurriera. A sabiendas de lo que el hombre que tenía delante había vivido, de lo que el mundo y la gente había hecho con él, ella, entendía a la perfección lo que comportaba decir esas tres simples palabras. Severus Snape, un hombre inalterable, meticuloso, y racional se había despojado de esa coraza para sincerarse con ella, y esta vez, a diferencia de lo que ella sintió en la enfermería no era por estar carcomido por culpa, sino porque así lo sentía, de corazón.
Eve, ante esa confesión, no pudo sino hacer otra cosa que acercarse a él y besarlo, un beso correspondido al instante, un beso sincero, honesto, un beso en el que se reflejaba todo lo que sentían el uno por el otro, un beso en el que querían perderse y alejarse de la realidad que les acechaba y conducirles a otra mucho más placentera. No tardaron en llevar ese contacto a otro nivel, dónde la ternura y la suavidad se convirtieron en placer y deseo, dónde el cálido abrazó en que estaban fundidos se convirtió en una lucha para recorrer el cuerpo del otro con caricias.
Eve empezó a sentir como sus sentidos se aceleraban, lo que Severus Snape despertaba en ella era indescriptible, y aunque fuera el último momento con él nadie iba, esta noche, a privarle de ello.
—Quédate esta noche, Severus... —rogó ella a pocos centímetros de su oído.
—No pensaba irme— contestó él con un brillo inusual en sus ojos mientras reprendía el beso y la presionaba contra su cuerpo.
La respiración agitada de Eve empezaba a llegar a oídos de Severus Snape, el cual, no le daba descanso mientras recorría con sus labios el cuello y el escote de ella, mientras con sus hábiles manos de pocionista desabrochaba la bata y dejaba al descubierto el fino camisón de ella. Eve, agradeció el gesto, ya que la temperatura de su cuerpo subía desmesuradamente por las sensaciones recibidas, y lo devolvió desabrochando hábilmente la levita de él. Las prisas para establecer un contacto más íntimo se hacían visibles y rápidamente las prendas de ropa no fueron un estorbo. Se dejaron caer sobre la ancha cama que estaba situada en el centro de la habitación y continuaron con la gratificante tarea de redescubrir con estimulantes caricias, esta vez sin prisas, todos los rincones de sus cuerpos.
— Te deseo tanto…— gimió ella mientras Severus Snape rozaba con sus labios los senos de la mujer.
Una picara sonrisa se dejo entrever en el rostro de Severus que no interrumpió su tarea, sino más bien todo lo contrario. Él, quería disfrutar de ella hasta la saciedad, aunque por hacerlo tuviera que evadirse de la cruda realidad que les rodeaba, disponía de toda la noche por delante y nada podía quitarle este instante de deleite.
Ambos persistieron en la tarea de un disfrute ajeno con besos intensos en los rincones más sensibles de sus cuerpos, caricias tenaces en fracciones de piel aún inexploradas y todo ello ataviado por suaves gemidos que ayudaban en afán por conducir las sensaciones al límite. Los preámbulos llegaron a su fin, cuando la necesidad de sentirse uno pudo más que las sensaciones vividas, Severus Snape, con delicadeza y paulatinamente para poder percibir toda la exquisitez del contacto, se introdujo en ella, consiguiendo que ella, sin contenerse en absoluto, soltara un gemido de placer. Esta vez, él no iba a reprimírselo, le cautivaba escucharla, le fascinaba verla así por él, lasciva, libidinosa, sin control. Sin dejar de besarse, emprendieron un baile de movimientos rítmicos, exquisitamente perfectos, que desencadenó en una explosión de sensaciones cuando ambos llegaron al clímax. Nunca el acto de amor había significado tanto.
Permanecieron tendidos en la cama con la mirada perdida en el otro un buen rato. Esta vez no iban a salir corriendo, ni habría remordimientos por lo ocurrido, más bien todo lo contrario. Por esa sola noche, habían detenido el tiempo y lo habían hecho prisionero en esa habitación de Grimmauld Place. Solo estaban ellos, y nada más importaba, mañana lo que ahora habían dejado al margen cobraría importancia y marcaria el destino de su futuro más próximo. Fue así como, resguardada por Severus Snape, Eve Riddle sucumbió al sueño.
Severus Snape contemplaba y acariciaba a la mujer que tenía dormida entre sus brazos. Nunca, en todos sus años de vida, había llegado a ese punto con nadie, ni había tenido intención de hacerlo. Las circunstancias le habían conducido hasta ella y estaba agradecido por ello, aún sabiendo que quizás nunca más la volvería ver. Antes de conocerla no tenía planes a largo plazo, no podía tenerlos, lo único en claro era saldar su deuda y luego la nada. Ahora quería luchar por ella, si la vida le recompensaba su miserable existencia con otra oportunidad, cosa que dudaba, no la iba a desaprovechar. Perdido en sus pensamientos Severus Snape dejó pasar la noche, quizás porque se había dormido o quizás porque el contacto con ella le relajaba, la noche le transcurrió rápidamente.
Cuando los primeros rayos de sol empezaron a iluminar la habitación, Eve Riddle empezó a despertarse, encontrado al momento, unos ojos negros fijados en ella, Severus Snape, seguía allí.
— Creo que podría acostumbrarme a verte dormir— pronunció él con suavidad mientras retiraba un mechón de pelo del rostro de la mujer y lo colocaba debidamente en su sitio.
— Me gustaría que lo hicieras. — contestó ella alegremente sorprendida por la delicadeza de los actos y palabras de él.
— Debo irme. — dijo él con desazón mientras se levantaba y se separaba del exquisito contacto que Eve le proporcionaba.
Había llegado el momento de separar sus caminos, sabían lo que les deparaba el futuro y debían enfrentarse a él, ahora podían hacerlo, se sentían fuertes, concentrados y con un objetivo común. Volvían a la cruda realidad con ganas de luchar por conseguir un cambio, una segunda oportunidad, conseguir de algún modo volver a estar como esta pasada noche en la que habían podido sincerarse y despedirse como se merecían.
Eve seguía en la cama contemplando como Severus Snape se preparaba para su marcha. Llegado el momento, ella se levanto, se cubrió con las sabanas removidas de la cama y acercándose a él, lo interrumpió con un beso. Él la miró fijamente, condujo su mano hasta el rostro de ella, acariciándola. Una sola idea hizo meya en Severus, no quería perderla.
—Eve se que irán a por ti. Tanto tú como Potter sois intocables, pero si os cogen no habrá salida. —le previno él.
— Lo sé— contestó ella con preocupación.
— Voldemort se hace más fuerte, las visiones irán en aumento, no te confíes…— continuó su particular profesor
— No te preocupes por mí. — dijo ella sabiendo que él debía centrase en su misión.
— Eve, debes prometerme algo. Pase lo que pase esta noche, no vengas a Hogwarts. — Reclamó Severus Snape con seriedad viendo como su interlocutora lo miraba fijamente a los ojos y sabiendo que ella desearía hacer lo que fuera por él. — ¡Prométemelo! —volvió a reclamar.
— Te lo prometo. — respondió ella con resignación pero sabiendo que era lo correcto. —Ten cuidado Severus. — dijo ella despidiéndose mientras volvía a besarlo.
Severus, abocado a dar el siguiente paso, se separó de ella y se dirigió hacia fuera de la habitación dejando sola a Eve. Mientras bajaba por las escaleras hacia al piso inferior pensaba en que por primera vez en muchos años había conseguido, solo por una noche sentirse completo, lleno y feliz. Todas esas sensaciones desaparecieran cuando cruzara la puerta, volvería la culpa, la frustración y la rabia, pero esta vez, con una diminuta luz al final del túnel.
