DEL OLIMPO A LA TIERRA
II: MALA NOTICIA
Biblioteca, Templo del Patriarca, Santuario de Athena
Año 18 del nacimiento de Athena
Meses después de aquel incidente, Artemisa había bajado al Santuario de Athena a tomar el té con su hermana. Desde que ambas habían hecho las pases después del incidente con Liliwen, la diosa pasaba una o dos tardes al mes con Athena. La mayoría de las veces solamente charlaban sobre los chismes del Santuario. A Artemisa le hacía gracia que su hermana menor se divirtieran con eso.
-Entonces, ¿Lyfia fue la que causó todos esos problemas?- dijo Artemisa en una expresión divertida.
-Sí, claro- dijo Athena- pero… le salió el tiro por la culata. Hilda me contó que ahora Frodi tiene una nueva novia y no se dejará manipular más por ella-
-Oh, ¿quién es?-
-Una chica chilena que conoció durante la misión en Punta Arenas- dijo Athena, sonriendo mientras recordaba la conversación que tuvo con Hilda sobre Julieta y la buena impresión que causó en todos en Asgard- no la conozco aún, pero Hilda ha hablado muy bien de ella-
-Me da gusto por ese pobre humano, Frodi- dijo Artemisa- según escuché, llevaba mucho tiempo sufriendo por ello-
Athena sonrió, y volvió su vista al otro lado de la biblioteca, donde estaba sentada Sara, explicándole un problema de matemáticas a Irene. La diosa amplió su sonrisa.
-Has hecho muchos amigos humanos, hermanita- observó Artemisa.
-¿Eh? Pues claro- dijo ella, sonriendo- los humanos son lo mejor. Sara se ha convertido en una de mis mejores amigas en estos meses. Y Shion y los santos cuidan de mí como tus ángeles-
Artemisa hizo un gesto aburrido con su mano. Sí, claro, humanos. A ella le parecían aburridos, tontos y, según su experiencia con los hombres, pervertidos. A sus ojos la única excepción era Touma, y solamente porque lo había sacado de la Tierra y lo había mantenido a salvo en el Olimpo, y además no había dejado que Teseo y Odiseo le enseñaran sus mañas.
Athena miró a su hermana con una sonrisa. Artemisa no tenía una buena impresión de los humanos, sobre todo por todos esos cazadores masculinos que creyeron que era buena idea verla desnuda o pasarse de listos con ella. Claro que se arrepintieron, pero eso no había mejorado la impresión de la diosa.
-Espero que un día puedas ver lo increíbles que los humanos pueden ser- dijo Athena, mientras se ponía una mano sobre el pecho- yo, que reencarno como humana, lo sé. Los sentimientos de los humanos son impresionantes y abrumadores, pero al final valen la pena por…-
-Sí, sí, no me vas a convencer de reencarnar en un humano- dijo Artemisa, interrumpiéndola y restándole importancia al asunto. Miró la hora- oh, me tengo que ir, mis cazadoras me esperan-
Athena sonrió apenada, y se despidió de su hermana antes de que ésta desapareciera. Se levantó y se acercó a donde estaban Sara e Irene estudiando. La chiquilla se ruborizó levemente al ver a la diosa acercarse a ellas.
-¿Cómo te fue con tu hermana, Saori?- sonrió Sara.
-Normal- dijo la diosa- ¿y tú?¿No dijiste que Sonia iba a venir de visita?-
Sara hizo una expresión mortificada.
-Ni lo menciones- dijo la chica australiana- ¿sabes que mi gemela tiene una nueva mascota?- las chicas la miraron interrogantes- una cocodrilo llamada Molly-
Saori e Irene se miraron entre sí y se echaron a reír. Mientras que Sonia no quisiera presentarlas con Molly, no tenían problemas con que su mascota viniera también.
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Habitaciones de Artemisa, Olimpo
Poco después
Al regresar al Olimpo, a Artemisa le esperaban malas noticias. Teseo y Odiseo estaban enojados, y Touma estaba más que furioso. Paseándose por la mitad del Olimpo, riendo como si nada estaba Ares.
-¿Pero qué hace ese idiota aquí…?- siseó Artemisa, mientras veía que el resto de los dioses también estaban sorprendidos de ver al desterrado dios de la guerra caminado alegremente a la mitad del Olimpo.
-¿Pero qué rayos…?- comenzó a decir Apolo, quien también tenía razones para estar furioso con el dios.
-¿Porqué las miradas enojadas?- dijo Ares con una sonrisa inocente.
-No deberías estar aquí- le dijo Artemisa, aún fulminándolo con su mirada- ¿porqué no te vas antes de que…?-
-¿Qué no lo escuchaste, hermanita?- dijo Ares con una expresión impertinente- nuestro padre me perdonó, y me dio permiso de regresar al Olimpo-
-¿QUÉ?- dijeron Apolo, Artemisa y los tres ángeles al mismo tiempo.
-Lo que escucharon- dijo el dios de la guerra, encogiéndose de hombros con una expresión inocente- fue buena suerte que la hija favorita de nuestro padre este en la tierra, así la tonta de Athena no pudo opinar en mi contra-
Los mellizos se miraron entre sí, ni un poco contentos de que Ares estuviera perdonado y de regreso en el Olimpo, pero no tenían nada que decir al respecto. Si Zeus lo había permitido, no era probable que se retractara.
-No podemos permitir que las cosas sigan así, señora Artemisa- dijo Touma, su rostro casi tan rojo como su cabello.
-Pero no podemos contradecir a Zeus- dijo Odiseo en voz baja.
-No, pero también tenemos que recordar que una aliada suya que nos traicionó está en la prisión del Olimpo- dijo Touma en voz baja- Fjore sigue encerrada ahí-
Artemisa reprimió un escalofrío mientras que Apolo hizo una mueca. Claro que ambos recordaban perfectamente bien a Fjore, y no les hacía mucha gracia que Ares pudiera liberarla en algún momento, ahora que podía pasearse libremente por el Olimpo.
-Vamos, no sean tan pesimistas- dijo Teseo- la solución es simple, ¿no? Debemos dividirnos para seguir a Ares mientras esté en el Olimpo, y asegurarnos de que la celda de Fjore no esté sin vigilancia ni un momento-
Apolo gruñó, pero tenía que admitir que Teseo tenía razón. Asintió mientras veía a Ares alejarse a sus propias habitaciones y quejarse de lo desordenadas que estaban por su ausencia. Artemisa suspiró y tras frotarse la frente buscó con la mirada la entrada de su habitación. Todo lo relajada que se sentía tras el té y la conversación con Athena se fue al caño.
Touma notó eso, y se atrevió a darle unas palmadas en el hombro en un gesto cariñoso.
-No se preocupe mucho, señorita- dijo Touma- nosotros nos encargaremos-
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Estudio Sakura
Al día siguiente
Ren Sawamura se levantó temprano esa mañana para abrir su local. Desde hacía cuatro años que Constanza Dimitriou había llegado a su casa y le había dado todo aquello que ella había soñado. Se había mudado a París y había estudiado el la más prestigiosa escuela de diseño del mundo. Después de graduarse hacía un año, se había mudado a Atenas y había puesto su local de ropa original.
La verdad había tenido mucho éxito en su nuevo trabajo. Sus clientes más famosos eran Saori Kido y Julián Solo.
Todo había salido mejor de lo que lo esperaba.
-¿Miau?-
La chica volvió su vista a su gatita negra, quien se había subido a su escritorio y se había sentado encima de su cuaderno de diseños. Ren sonrió y le acarició la cabeza en silencio.
-Chanel, ¿porqué no has ido por tu desayuno?- dijo Ren mientras le rascaba detrás de las orejas, y la gatita le respondía ronroneando.
Chanel levantó la cara, indignada, y se sentó sobre sus patas traseras, demandando más caricias de su dueña.
Ren sacudió la cabeza, recordando que no todo había salido bien. Sus padres habían estado furiosos al principio de que hubiera aceptado la oferta de una mujer que no conocía solamente porque le decía que podía darle lo que quería a cambio de un favor. Mientras estaba pensativa, Chanel levantó la cara, indignada, y se sentó sobre sus patas traseras, demandando más caricias de su dueña.
FLASHBACK
-Pero papá, mamá…- dijo Ren.
-Nada de peros, Ren- dijo su madre- ¡te dije que no podías aceptar si no averiguábamos primero quien es esa mujer! No sabes nada de ella, y no hemos sabido nada, puede ser alguien peligroso-
Pero Ren no parecía dispuesta a quitar el dedo del renglón.
-No, mamá, no pasa nada, es solamente una mujer que quiere ayudarme, ¿cómo puede ser alguien peligroso?- dijo Ren- además, me dijo que tengo un poder impresionante. ¿Cómo es que ustedes jamás me hablaron de ello?-
-Ren, tu papá y yo no…- comenzó a decir la señora Sawamura, pero su padre la interrumpió.
-De acuerdo, Ren, siéntate y escúchame bien- dijo el señor Sawamura, levantándole el flequillo a su hija- creo que tienes razón, tenemos que decirte la verdad sobre porqué queremos que mantengas tus lunares escondidos…-
Ren abrió los ojos grandemente. No podía creer que por fin, después de todos esos años, su padre por fin le iba a decir la verdad sobre sus lunares. Su padre comenzó a contarle sobre el hecho de que sus padres, los abuelos de Ren, eran lemurianos de Jamir, que habían tenido que huir a Japón después de una invasión de China en el Tibet. De como los lemurianos de Jamir siempre habían sido amigos de Athena y de sus santos, y de como eran a veces perseguidos por los enemigos de la diosa para buscar obligarlos a usar sus poderes en su contra.
Al escuchar eso último, Ren se sintió un poco preocupada, recordando el favor que la mujer le había pedido, pero pronto desechó esa idea. Estaba segura de que alguien tan generoso como Constanza no podía tener malas intenciones.
-¿Ahora entiendes, Ren?- dijo su padre cuando terminó el relato- es muy importante que escondas tu lunares, porque podría meterte en problemas-
Ren suspiró, y asintió.
-Entonces, ¿podré teletransportarme y mover cosas con mi mente?- dijo la chica.
-Con algo de práctica, solo la psicoquinesia- dijo su padre, algo apenado- solamente eres mitad lemuriana, no creo que puedas lograr teletransportarte-
Ren sonrió, apenada. Eso no era un problema.
FIN DEL FLASHBACK
Ren sonrió levemente al recordar aquello. Finalmente sus papás le habían dado permiso de mudarse a París y estudiar. Ah, y había pasado los últimos cuatro años practicando su psicoquinesia, y ya lo había logrado dominar.
La chica hizo un movimiento con su mano y atrajo su libreta de dibujo y su lápiz favorito, los cuales se acercaron a ella flotando por el aire, y se detuvieron sobre su escritorio. Ren sonrió de nuevo y se puso a trabajar sobre la libreta, cuando escuchó la campanilla de su local sonando. Levantó la mirada, y sonrió amablemente al ver de quien se trataba.
-Tú…- dijo Ren, ladeando la cabeza- bienvenida-
Chanel, a diferencia de su dueña, hizo un ruido de desagrado y saltó del escritorio de Ren al suelo, escondiéndose detrás del mostrador. La recién llegada entró al local con una amplia sonrisa, y se acercó al escritorio de la chica, mirando con las cejas alzadas los diseños de Ren.
-Vaya, estoy impresionada- dijo Constanza Dimitriou, cruzándose de brazos- ya me doy cuenta de que no me equivoqué en poner toda mi fe en ti-
-No, claro que no- dijo Ren, sin dejar de sonreír- y te agradezco que hayas confiado en mí. Gracias a ti tuve la oportunidad de ser diseñadora, te debo mi vida-
Constanza sonrió, y por primera vez Ren dejó de sonreír. Había algo en la sonrisa de la recién llegada que le había causado un feo escalofrío. Parpadeó y bajó la mirada.
-Hablando de eso, Ren- dijo Constanza sin borrar su sonrisa. Si notó o no el cambio de expresión de la chica, ella no lo sabía, pero lo cierto es que su rostro se quedó impasible, sin dejar de sonreír- ya es hora de que me pagues ese favor del que hablamos hace cuatro años-
Ren tragó saliva, y las palabras de su padre, advirtiéndole sobre el trato que acaba de hacer, resonaron en su mente, pero había dado su palabra, y asintió.
-De acuerdo- dijo Ren, esforzándose por ignorar la vocecita en el fondo de su cerebro diciéndole que algo malo iba a pasar. Inconscientemente cerró su libreta de diseños y dejó la pluma sobre el escritorio- ¿qué favor necesitas que haga?-
Constanza amplió su sonrisa.
-Escucha con atención- dijo Constanza- no es algo fácil, pero sé que eres perfectamente capaz de llevarlo a cabo-
Ren asintió, y escuchó atentamente a lo que Constanza le estaba pidiendo. Su corazón se encogió al escucharla y, con cada palabra que pronunciaba la mujer, la chica palidecía aún más. ¡No podía ser posible! Tragó saliva, y la garganta le dolió mientras lo hacía. Todo aquel plan, aquel favor que la mujer quería, era exactamente lo que su padre le había advertido.
-Pero… Constanza…- dijo Ren, con su piel aún bastante pálida y sacudió la cabeza- no creo que sea buena idea. No quiero que nadie salga lastimado, mucho menos por mi culpa-
-Nadie más va a salir lastimado, Ren, tienes mi palabra- le dijo Constanza con una sonrisa.
Ren se quedó pensativa por unos segundos. ¿Sería capaz de hacer lo que le habían pedido? Estaría muy asustada de hacerlo, pero bueno, había dado su palabra a Constanza, y tenía que cumplirlo. No era como que tuviera mucha opción. Además, ella le había dicho que no iba a lastimar a nadie.
-¿Cuándo quieres que lo haga?- dijo Ren, esperando que fuera pronto para deshacerse de ese pendiente.
-Hoy mismo- dijo Constanza, con una mirada extraña hacia ella- esta noche. Y debemos irnos ya, tengo que explicarte algunas cosas-
-De acuerdo- dijo Ren finalmente, levantándose y volteando el cartelito de "Abierto" a "Cerrado" con sus poderes. Suspiró largamente, repitiéndose a sí misma que era solo un favor, que ese mismo día terminaría y no volvería a escuchar al respecto- dame cinco minutos, iré a cambiarme-
Constanza asintió sin dejar de sonreír mientras que Ren subía al segundo piso, que era su apartamento, justo sobre el local. Mientras esperaba a la chica, Constanza rió en voz baja. Hacía unos meses, había fallado en invadir el Santuario de Athena escondiendo a Deimos en el cuerpo de una de las chicas. Pero ahora, con ayuda de esa estúpida mocosa, estaba segura de que no perderían.
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Museo de Atenas
Esa tarde
Evelyn y Cecilia acompañaron a Camus y a Liliwen a la estatua de Apolo en el museo, pues por medio de su cosmo el dios les había pedido que fueran a verlo para advertirles sobre un posible problema. Las dos historiadoras habían decidido seguir a Liliwen. Querían enterarse del problema y al mismo tiempo no querían perderse el espectáculo de ver a una estatua moverse y hablar.
Por fin, los cuatro se detuvieron frente a la estatua de Apolo, y Liliwen sonrió.
-Papá…- dijo la pelirroja en voz baja.
El suelo bajo sus pies tembló, y la estatua de Apolo cobró vida y bajó de su pedestal, acercándose a su hija con una sonrisa cariñosa.
-Ah, mi hermosa Liliwen- dijo el dios sin dejar de sonreír, pero había algo triste en su voz.
-¿Sucede algo malo, papá?- dijo la chica- ¿porqué estás preocupado?-
Apolo asintió.
-Sí, sucedió algo malo en el Olimpo- dijo Apolo con una expresión derrotada- nos acabamos de enterar de que Zeus perdonó a Ares-
-¿Qué hizo qué?- dijo Camus sin poderse contener, frunciendo aún más el entrecejo, furioso.
-Perdonó a Ares- dijo el dios- ahora puede entrar al Olimpo a voluntad. Artemisa está un poco preocupada por el hecho de que la traidora Fjore sigue viva, y en la prisión. Por favor, avisen todo esto a Athena. Touma y los otros ángeles estarán vigilándolo todo el tiempo que esté en el Olimpo para asegurarnos de que no vaya a hacer algo malo-
-De acuerdo- dijo Camus fríamente.
-Gracias por avisarnos, papá- dijo Liliwen. Apolo sonrió levemente, y le guiñó un ojo a su hija.
-Cuídense- dijo Apolo- los mantendré informados-
La estatua del dios se quedó inmóvil de pronto. Evelyn se encogió de hombros, y Cecilia se quedó pensativa. Camus gruñó. No le hacía ninguna gracia que Ares estuviera lo bastante cerca del Olimpo como para liberar a Fjore. Liliwen tragó saliva, y tocó la placa del pedestal que tenía el nombre de su padre con la punta de sus dedos con una expresión triste.
-Realmente espero que esto no nos traiga problemas- dijo Liliwen.
Camus gruñó en voz baja mientras asentía.
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Terrenos del Santuario de Athena
Poco más tarde
Saori y Shion se echaron a reír cuando vieron llegar a la hermana de Sara al Santuario. Sonia era prácticamente idéntica que su gemela, pero al mismo tiempo era su exacto contrario. Desde hacía casi ocho meses que había llegado al Santuario, nadie nunca había visto a Sara vistiendo jeans o ropa informal. Bueno, solamente el Patriarca la había visto en su pijama, que era realmente una playera vieja de un grupo de rock y unos shorts, pero fuera de eso, Sara siempre estaba elegantemente vestida, sus cabellos perfectos, y su maquillaje impecable.
Sonia era un caso completamente diferente.
La gemela que venía de visita traía puesto un par de jeans rotos de las rodillas, zapatillas deportivas, y una blusa negra con un hombro descubierto. Se veía tan guapa como su hermana, solo que no se veía tan… formal como Sara.
Y el cocodrilo de medio metro de largo que llevaba en sus brazos no ayudaba mucho para hacerla verse más profesional.
-Eh… bienvenida, Soni- dijo Sara, apenada y sin quitar los ojos del cocodrilo, como si de pronto se le pudiera echar encima. Al menos su ropa no estaba cubierta de lodo, como de costumbre- creo que ya conocías a Shion-
Sonia sonrió ampliamente y asintió. Por supuesto que ya había conocido al novio de su hermana, sobre todo porque hacía unos meses él la había llevado a Atenas cuando Sara estuvo herida.
-Y ella es Saori… digo, la señorita Athena- dijo Sara, presentándole a la diosa, quien no dudó en acercarse a abrazarla y luego a acariciar la cabeza del cocodrilo.
-Bienvenida al Santuario, Sonia- dijo Athena.
-Vaya, gracias, señorita Athena- dijo Sonia, y sonrió al ver que el cocodrilo disfrutaba la caricia de la diosa- creo que le cayó bien a Molly-
Sara puso los ojos en blanco y se palmeó la cara, cosa que hizo reír a Shion. Estos iban a ser unos días muy interesantes con la visita de Sonia. Dohko y Tora también estaban ahí, y la chica miró interesada al cocodrilo. Le caía bien la cuñada de Shion.
Antes de que pudieran decir algo más, Camus y Liliwen regresaron de la ciudad, el primero con una expresión preocupada. Al notar la preocupación del santo de Acuario, el Patriarca se preocupó.
-Me disculpo, señoritas- dijo Shion- tengo que atender un asunto urgente-
Shion se apresuró a donde estaban Camus y Liliwen, y éstos le contaron lo que les había dicho Apolo. El Patriarca estaba de acuerdo con el santo de Acuario en cuanto a que aquellas eran muy malas noticias. El hecho de que Ares estuviera en el Olimpo significaba que Athena tendría que tener mucho cuidado cuando fuera a visitar.
Mientras que el Patriarca estaba hablando con los recién llegados, Sara y Athena procedieron a presentar a Sonia con los santos dorados que se encontraban ahí. Además de Dohko, estaban Afrodita, Mu y Aldebarán, éste último apenas podía contenerse de correr a abrazar al feroz animal que la recién llegada traía consigo.
-Él es Mu, santo de Aries- continuó Athena con las presentaciones- y él es Aldebarán de Tauro-
-Mucho gusto en conocerlos- sonrió Sonia.
-El gusto es todo mío, menina- dijo Aldebarán, extendiendo su mano hacia el cocodrilo y acariciándolo. Éste movió la cola y acercó la cabeza más al enorme santo de Tauro. Una vez que Aldebarán retiró su mano, Molly gruñó pidiendo más caricias.
-Oh, mira, tú también le caíste bien a Molly- dijo Sonia, mientras que su gemela se cruzaba de brazos y sacudía la cabeza. A todos los peligros del Santuario se agregaba un cocodrilo.
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Prisión del Olimpo
Al mismo tiempo
Touma se había dirigido hacia la prisión del Olimpo para relevar a Odiseo y asegurarse de que Ares no se acercara a Fjore ni intentara liberarla. Desde que se acercó al pasillo de celdas, el ángel sintió un horrible escalofrío. Aún recordaba que esa mujer había traicionado a Artemisa y casi había logrado asesinar a Liliwen para cumplir con su objetivo.
Al llegar a la celda indicada, el pelirrojo estuvo seguro de que no se había equivocado. Los barrotes estaban congelados, y había una extraña niebla dentro de la misma. Odiseo asintió gravemente al ver llegar al pelirrojo.
-No sé si esta es la mejor idea- admitió Odiseo- creo que sería mejor seguir a Ares mientras se encuentre en el Olimpo, en vez de vigilar a esta mujer. Así podemos averiguar si hace alguna cosa además de intentar liberar a Fjore-
-Oh, ¿el señor Ares regresó al Olimpo?- ambos escucharon la voz de Fjore- las cosas se acaban de volver interesantes-
-Silencio, humana- dijo Odiseo- no estás en posición de opinar nada-
La mujer se echó a reír, y tanto Odiseo como Touma sintieron un escalofrío. No les gustaba ni un poco la situación, pero no tenían nada mejor que hacer. Ambos ángeles salieron de la prisión, con la idea de buscar a Ares.
-Así que el señor Ares está en el Olimpo- dijo Fjore, poniéndose el dedo índice sobre la mejilla- eso quiere decir que es solo cuestión de tiempo…-
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Pues como se darán cuenta, estoy actualizando cada 3 días, al menos por esta semana, porque tengo una presentación el sábado y no he terminado de prepararla. Espero regresar a la normalidad la próxima semana. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo enorme.
Abby L.
