DEL OLIMPO A LA TIERRA

III: EMERGENCIA EN EL OLIMPO

Clínica a las afueras de Atenas, Grecia

Esa noche

A Ren no le gustaba ni un poco la situación. Después de cambiarse y salir de su casa, había seguido a Constanza a una pequeña clínica a las afueras de Atenas, y ahí le habían presento a un chico llamado Erick. Entre ambos, le explicaron lo que querían que hiciera de nuevo, repitiéndole la promesa de que no lastimarían a nadie.

Cuando terminaron la explicación, Constanza la hizo sentarse en un pequeño taburete y le cubrió los lunares de su frente con maquillaje.

-Muy bien- dijo Constanza, una vez que estuvo satisfecha- el señor Ares va a venir pronto por ti, y más vale que hagas una buena actuación- se echó a reír de una manera que Ren jamás la había visto. Un escalofrío recorrió su espalda, y tuvo un muy mal presentimiento- ya quiero ver la cara de Artemisa cuando ella misma se destruya-

-Constanza, me dijiste que no lastimarían a nadie si…- comenzó a decir Ren.

Pero la chica no alcanzó a terminar su frase, porque se interrumpió al ver a un hombre que acababa de llegar. Tan pronto como entró al pequeño edificio, Ren supo que ese hombre era el dios del que los otros dos habían estado hablando. Era un hombre alto, rubio y elegantemente vestido. Sus ojos rojos parecían tener fuego dentro de ellos, que la miraban con una expresión despectiva y colérica.

Ren no pudo evitar dar un paso atrás y tragar saliva, sintiendo su espalda contra la pared.

-¿Así que es ella?- dijo fríamente Ares al ver a la chica, quien le devolvía la mirada con una expresión aterrorizada. El dios se acercó a ella y la tomó por el mentón. Entrecerró los ojos antes de continuar- más vale que hagas las cosas bien, mujercita, si no quieres morir de una manera terrible-

Ren volvió sus ojos a Constanza. Se escabulló por un lado de Ares, sus ojos buscando la puerta y considerando seriamente huir de ahí.

-No… ya no quiero hacer esto- dijo la chica por fin, sacudiendo la cabeza- ¡van a hacerles daño! Me mentiste… no lo voy a hacer…-

Constanza iba a decir algo, pero fue Ares quien respondió por ella.

-Parece que no escuchaste lo que te dije, humana- dijo el dios, apretando su mano. Cuando hizo eso, una corriente eléctrica recorrió a la chica, causándole un terrible dolor y haciéndola gritar. Sentía que su piel se quemaba. Aquello solo duró unos cuantos segundos, pero a Ren le pareció una eternidad.

Finalmente, Ares abrió la mano, y Ren cayó al suelo de rodillas, abrazando su cuerpo e intentando recuperar el aliento.

-¿Qué fue…?- comenzó a decir Ren.

-Cuando hiciste la promesa de hacerme un favor y me diste la mano, te puse un sello- dijo Constanza- el señor Ares puede hacerte eso cada vez que desobedezcas-

Ren sintió un feo vacío en su estómago.

-¿Qué?¿Porqué me hiciste eso?- dijo la chica.

-Para asegurarme de que no rompieras tu promesa y cumplieras tu parte del trato- dijo Constanza con una sonrisa maliciosa- cuando termines, te diré que cumpliste tu promesa, y el sello se romperá. Así de fácil-

Ren palideció y tragó saliva, sintiendo su garganta seca y dolorosa. ¡Qué tonta había sido! Sus papás tenían razón, jamás debió haber confiado en una desconocida como Constanza, ni siquiera cuando le entregaba lo que siempre había deseado. Y ahora estaba atrapada en esto.

No pudo pensar más en ello, pues Ares volvió a apretar su mano, y la chica gritó horriblemente al volver a sentir la corriente eléctrica atravesando su cuerpo, contrayendo todos sus músculos y causándole un terrible dolor. Era como si miles de pequeños alfileres se clavaban en su piel. Cuando por fin Ares la dejó, la chica estaba tumbada en el suelo, pálida y temblando. Sus cabellos se habían desordenado, y una gota de sudor resbalaba de su frente hacia sus cejas.

-Ya basta… por favor… haré lo que quieran… pero ya basta…-

-Está perfecta así- escuchó decir a Ares en un tono satisfecho. El dios se inclinó hacia ella, obligándola a levantar la mirada- Artemisa no podrá resistirse a intervenir. Y tú…- añadió, mirándola fijamente a los ojos- si desobedeces, te arrepentirás-

Ren estaba muy asustada, pero asintió con un gesto derrotado. No tenía opción. Si intentaba huir, el dios la iba a lastimar, y quien sabe que más. Se levantó del suelo con dificultad y esperó cabizbaja la orden de Ares. Constanza le entregó una bolsita de tela.

-Dentro está todo lo que necesitarás- dijo la mujer, y Ren, quien seguía temblando, no tuvo más opción que asentir.

-Es hora- dijo Ares por fin.

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Habitaciones de Artemisa, Olimpo

Poco más tarde

Al caer la noche, Touma regresó a las habitaciones de la diosa, agotado después de haber seguido a Ares por todo el Olimpo durante el día. Había regresado al ver que Ares salió del Olimpo con dirección a la tierra. No sabía que podía estar tramando el malvado dios, pero seguramente no eran buenas noticias.

Se había quedado tranquilo al ver que la celda de Fjore tenía un grupo de ocho guardias protegiéndola, y sabía que sabría de inmediato si el dios se acercaba a las prisión del Olimpo.

Al entrar a las habitaciones y ver a Artemisa, el pelirrojo no pudo evitar sonreír. Ah, todos sus problemas habían valido la pena al ver la hermosa sonrisa de su diosa dirigida hacia él. Teseo y Odiseo se echaron a reír al ver la sonrisa ruborizada del chico. Touma gruñó, pero se acercó a la diosa.

-Todo está bien, señorita- dijo el pelirrojo- Ares bajó a la Tierra. No se preocupe, sabremos tan pronto como regrese. Y Fjore esta seguramente encerrada en la prisión del Olimpo-

Artemisa sonrió al ver a Touma. Te causaba mucha ternura ese joven humano, y no quería admitirlo, pero su actitud orgullosa y celosa le recordaba un poco a Arienwen, la que había sido su mejor amiga por los últimos quinientos años. Cierto, no había hecho ningún trato con Touma aún como lo había hecho con la chica, y no lo había vuelto inmortal todavía.

Había algo en ese humano que le gustaba desde el momento que lo vio cuando era un pequeño que Teseo y Odiseo le habían llevado. Y los eventos de hacía unos meses le había demostrado que el chico era mejor de lo que había imaginado, dispuesto a sacrificar a su hermana por mantenerla a salvo, y ese gesto de haber regresado al Olimpo a entregarle su armadura no había pasado desapercibido por la diosa.

-Creo que hoy me apetece escuchar un poco de música- dijo Artemisa finalmente, mientras que se servía una taza de té- Odiseo, ¿puedes pedirle a Euterpe que venga a tocar algo para nosotros?-

-Por supuesto- dijo el ángel- seguramente estará feliz de tocar algo para usted-

Pero Odiseo no alcanzó siquiera a levantarse de su sitio, cuando los cuatro escucharon un horrendo grito justo fuera de las habitaciones, que parecía provenir del corredor principal del Olimpo. Los tres ángeles se pusieron de pie en posición defensiva, y Touma se acercó a la entrada, mirando a su alrededor.

-¿Qué está pasando?- dijo Artemisa en voz baja, pero luego dio un respingo de sorpresa al volver a escuchar el grito- ¿puedes ver algo?-

-No lo sé, señorita, pero no creo que sea…- comenzó a decir Touma, pero pronto sintió a alguien chocar contra él y tumbarlo al suelo. Artemisa dio un paso atrás, y Teseo y Odiseo rodearon al pelirrojo y al intruso con sus cosmos encendidos.

Quien había caído sobre Touma se levantó inmediatamente, tropezando un par de veces y corriendo torpemente a refugiarse en una esquina de la habitación.

-¿Qué rayos…?- comenzó a decir Touma mientras que se levantaba.

-¿Quién es?- dijo Artemisa con curiosidad.

El pelirrojo se acercó lentamente al intruso, con su cosmo encendido como precaución, y escoltado por sus dos compañeros, aunque tenía la impresión de que esas precauciones no serían necesarias.

El intruso, para sorpresa de todos ellos, era una chica, quien se abrazaba a sí misma y temblaba sin parar, con sus ojos firmemente cerrados. Touma parpadeó, sorprendido de ver a la chica ahí. Su presencia hizo que aparecieran un montón de preguntas en la mente de todos los presentes.

¿Qué hacía una chica humana ahí?¿Y qué rayos le había pasado? No lo sabían, pero parecía muy asustada.

-Por favor, por favor, déjenme en paz- repetía la chica en voz baja, con gruesos lagrimones fluyendo de sus ojos, y temblaba incontrolablemente.

Touma se inclinó hacia ella y la miró. Fuera de sus ojos rojos y llorosos, notó que la chica era bonita. Tenía cabellos negros que llevaban un poco arriba de sus hombros, y facciones orientales como las suyas. Llevaba puesta una blusa negra, sin mangas, y una falda blanca que para ese momento estaba hecha jirones que apenas lograban cubrirla.

El pelirrojo notó que la chica tenía rasguños y golpes en ambos brazos, así como otro golpe en el pómulo derecho, cosa que lo hizo levantó los ojos y se encontró con los de Touma, pero esto no hizo nada para tranquilizarla. Al contrario, la chica comenzó a temblar más violentamente.

-Por favor, ayuda…-

-Tranquila, nadie te va a hacer daño aquí- dijo Touma en voz baja, intentando calmarla, aunque no tuvo ningún efecto.

Artemisa y los otros no sabía que pensar al respecto. Había algo familiar en la actitud de esa chica. La diosa ya había visto esa expresión: era la misma que la mayoría de las mujeres tenían cuando alguno de los dioses las perseguía. Y pronto supieron quien era el causante de ella.

-Ah, así que aquí estás- dijo la voz de Ares, quien estaba en la entrada de las habitaciones de la diosa, y miraba a la chica escondida con una sonrisa maliciosa- vamos, mujercita, sal de ahí de una vez, no te traje hasta aquí para jugar a las escondidas…-

El rostro de Artemisa se puso rojo de ira al escuchar sus palabras, pero esto no fue nada comparado con la furia de Touma, quien se puso de pie y se interpuso entre el dios y la chica.

-¿Qué significa esto, Ares?- dijo la diosa.

-¿Pues a ti qué te parece?- dijo Ares, encogiéndose de hombros- me encontré a esa chiquilla a las afueras de Atenas, y como es muy bonita, decidí traerla para divertirme un rato. Oh, no me pongas esa cara- añadió al ver la expresión furiosa de la diosa- no es como que no planeo devolverla cuando termine con ella. Lo que quede de ella, cuando menos-

Los sollozos de la chica eran cada vez más audibles. Artemisa y los ángeles gruñeron, y Ares continuó azuzándolos.

-Vamos, pequeña, sal de ahí, o si no…- añadió el dios, cerrando su mano.

La corriente eléctrica recorrió a la chica, quien dejó escapar un horrendo grito de dolor por unos segundos, hasta que el dios la soltó. Touma vio horrorizado que, al terminar el ataque, la chica se dejó caer al suelo, completamente agotada.

-Eres un maldito…- comenzó a decir Touma, junto con un montón de palabras altisonantes- ¡déjala en paz de una vez!-

-No creo que esa sea la manera correcta de dirigirse a un dios- dijo Ares, y se volvió a Artemisa- ¿cómo soportas a estos chicos impertinentes?-

-Yo estoy de acuerdo con Touma- dijo la diosa, poniendo sus manos en sus caderas- vas a dejarla en paz inmediatamente-

-¿O qué?- dijo Ares con una sonrisa socarrona- no es como que puedas hacer algo. Ella es mía, yo la traje…-

-Esta chica está bajo mi protección a partir de este momento- dijo Artemisa, cruzándose de brazos mientras que el dios borraba su sonrisa- la vas a dejar en paz-

-¡No es justo!- dijo Ares, dispuesto a hacer un berrinche- yo la vi primero, no puedes…-

-Desde que entró a mis habitaciones, es mía- dijo Artemisa- así que te vas a ir y la vas a dejar en paz-

Ares gruñó en voz baja y, dándoles la espalda, dio unos pasos hacia la fuente que llevaba a los dioses al mundo humano y desapareció. Teseo y Odiseo se cruzaron de brazos, furiosos, y Artemisa se frotó la frente, frustrada. ¡Ese Ares! Realmente lograba hacerla rabiar cuando se ponía así. Se volvió hacia la chica, quien estaba siendo animada a levantarse por Touma, aunque el pelirrojo no estaba teniendo mucho éxito.

-Tranquila, ya se fue- le dijo el pelirrojo- todo estará bien-

La chica no dejaba de temblar, a pesar de que Ares ya se había ido. La diosa había sentido pena por ella, nadie se merecía lo que Ares tenía planeado para ella. Tomó una manta y se la pasó a Touma, que el pelirrojo usó para cubrirla.

-Lista, no te preocupes- dijo Touma- todo va a estar bien. Te encuentras bajo la protección de la señorita Artemisa, y nadie te va a lastimar aquí-

La chica levantó sus ojos azules hacia el pelirrojo, pero continuó ovillada en una esquina. Touma sonrió levemente y le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. Ella lo miró aún con os ojos enrojecidos, pero finalmente aceptó la mano del chico.

-Gracias- dijo la chica tímidamente, levantándose y deteniendo los dos extremos de la manta con su mano libre a la altura de su pecho.

-No es nada, pero deberías agradecer a la señorita Artemisa- dijo Touma sonriendo.

Ella asintió tímidamente y se volvió a la diosa.

-Gra…gracias, señorita- dijo la chica, inclinando levemente su cabeza, sin atreverse a levantar la mirada.

-No es nada- sonrió Artemisa- no temas, mientras tengas mi protección, Ares no podrá volver a hacerte daño. Y si te mantienes dentro de la ciudad de Atenas, tendrás también la protección de Athena-

Touma y los otros se imaginaban que con eso la chica por fin iba a sonreír, o al menos mostrar algún signo de alivio, pero no, siguió cabizbaja, con su mirada fija en sus pies.

-Les agradezco mucho, señorita- dijo la chica.

-Llévala de regreso a Atenas, Touma- dijo Artemisa- asegúrate que llegue a salvo a casa-

Touma asintió, y volvió a ofrecerle la mano a la chica, quien la tomó con un poco menos de duda que antes. La diosa se cruzó de brazos, satisfecha, al ver que el pelirrojo se fue hacia la fuente que llevaba al mundo humano junto con la chica. ¡Pobre de ella! No quería imaginarse que le habría hecho Ares si la hubiera alcanzado antes de que ella pudiera protegerla .

-Que bueno que la rescató, señorita- dijo Odiseo en voz baja.

-Lo sé, me dio algo de tristeza verla así- dijo Artemisa, tomando un sorbo a su taza de té, y haciendo una mueca- ah, rayos, el té ya está frío…- se quejó la diosa.

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Estudio Sakura

Tan pronto como llegaron a la fuente que conducía al mundo humano, Touma puso su mano en la cintura de la chica y le sonrió.

-Sujétate bien, y cierra los ojos, la primera vez puede darte un poco de miedo- dijo Touma- pero no te preocupes, es seguro mientras estés conmigo-

La chica lo miró con enormes ojos por un momento, pero hizo lo que el pelirrojo le dijo. El chico respiró hondo y se lanzó a la fuente junto con ella. Mientras caían, Ren se aferró un poco más fuerte de su cuello, haciendo que Touma sonriera de nuevo.

Pronto ambos aparecieron en Atenas, justamente fuera del estudio de Ren. Touma se volvió a ella y le guiñó un ojo antes de ponerla de regreso en el suelo.

-Lista- dijo Touma- esta es tu casa, ¿verdad? Estoy seguro de que estarás a salvo aquí-

-Muchas gracias, por todo- dijo la chica, aún sin sonreír- perdona todos los problemas que he causado-

-No has causado ningún problema, y nada de esto fue tu culpa- dijo el pelirrojo, guiñándole un ojo de nuevo- ahora, cuídate-

-En serio, no sé como agradecerte, pero…-

-Pero nada- dijo el pelirrojo, tomando su mano y besando sus nudillos. Tan pronto como separó sus labios de la mano de ella, el chico levantó la mirada- me llamo Touma, ¿y tú?-

-Ren, me llamo Ren- dijo ella, ruborizándose.

-Fue un gusto haberte conocido, Ren- dijo el ángel- debo regresar al Olimpo con la señorita Artemisa. Espero volver a verte pronto-

Antes de que Ren pudiera decir algo, el ángel se dio media vuelta y caminó unos pasos antes de desaparecer. La chica lo vio alejarse con una leve sonrisa, y suspiró largamente. Su sonrisa no duró mucho, pues la culpa comenzó a corroerla mientras entraba al local.

-Oh, por los dioses, ¿qué he hecho?- dijo la chica tristemente, mientras que se quitaba la manta de encima y subía a su apartamento para cambiarse- ellos fueron tan buenos conmigo, y yo…-

La chica dobló con cuidado la manta y la puso sobre su escritorio, mientras se desabrochaba su blusa y lo que quedaba de su falda. ¡Se sentía horrible! Además, Ares se había divertido lastimándola para que su actuación fuera más real.

Sacudió la cabeza, como si quisiera sacudirse ese pensamiento. Necesitaba un baño caliente para quitarse el dolor en su cuerpo.

Ren abrió la llave de agua caliente para comenzar a llenar la bañera, y mientras el nivel del agua subía, la chica se miró al espejo y respiró hondo. Al menos ya había cumplido con su parte del trato, y no sabría más del asunto.

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

Esa noche

El llanto del bebé lo despertó de golpe. Kanon gruñó y se levantó de la cama, disponiéndose a arrastrar los pies hacia donde estaba la cuna. El pequeño Altair no dejaba de llorar, seguramente porque tenía hambre y necesitaba un cambio de pañal. El menor de los gemelos extendió sus brazos hacia el pequeño y lo sacó de la cuna.

Se sentó de regreso sobre la cama, y movió levemente a Satu para despertarla. Después de todo, ella era la única de los dos que podía darle de comer.

-¿Umm?- se quejó la chica.

-Cariño, Altair ya se levantó- dijo Kanon en voz baja.

-Mmm… ya voy…- dijo Satu, incorporándose en la cama mientras que el chico ponía al pequeño en sus brazos.

Mientras el pequeño se alimentaba, Kanon miró de reojo a Elsa, quien se había dormido en una pequeña colchoneta en el suelo, en el cuarto de ellos dos. La nena dormía como piedra, bien parecida a su papá. Se encogió de hombros. Ojalá que también Altair aprendiera pronto a dormir toda la noche como su hermana mayor.

Vio con una sonrisa que tanto Satu como Altair se estaban quedando dormidos, así que el chico tomó al bebé en sus brazos, lo hizo repetir, y fue a acostarlo en la cuna, mientras que su mujer se volvía a meter a la cama.

-¿Te encuentras bien?- preguntó Kanon.

-Por supuesto- dijo Satu con una sonrisa cansada, y levantó los ojos para ver la hora- vamos a dormir, es la madrugada-

Kanon asintió, y se dispuso a volver a la cama. Miró por la ventana, y notó algo extraño en el cosmo de Athena, seguido de un mensaje del Patriarca vía cosmo que les decía que no se inquietaran, que la diosa subiría al Olimpo por un momento. El gemelo gruñó. Eso no podía ser bueno.

-¿Qué pasó?- preguntó Satu, notando su expresión.

-La señorita Athena subió al Olimpo- dijo Kanon.

-¿Y entonces?-

-No sé, una reunión en el Olimpo a esta hora de la noche, no veo como puedan ser buenas noticias- dijo el chico.

-Solo espero que no sea nada grave- dijo Satu- vamos, será mejor que descanses. Sea lo que sea, necesitarás tu energía-

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Sala del trono, Olimpo

Poco más tarde

Cuando Touma regresó al Olimpo pasada la medianoche, se sorprendió de ver vacía la habitación de Artemisa. No encontró a la diosa ni a sus dos compañeros, lo que le pareció extraño. Iris, la mensajera de los dioses, le mandó un mensaje de que se solicitaba su presencia en la sala del trono.

-¿Pero qué rayos…?- comenzó el pelirrojo, pero no terminó su frase, pues vio que Athena iba llegando al pasillo principal, caminando apresuradamente mientras se recogía el cabello.

-Oh, Touma, ¿cómo estás?- sonrió Athena al verlo- ¿tú sabes qué fue lo que sucedió? No es habitual que mi padre nos llame a una reunión a la mitad de la noche-

-Yo vengo llegando de la Tierra también, señorita Athena- dijo Touma, encogiéndose de hombros sin saber de qué se trataba todo. ¿Porqué Zeus habría convocado a una reunión a esa hora?- sé tanto como usted-

-Bueno, supongo que pronto lo averiguaremos, ¿no es así?- dijo la diosa- vamos, Touma, démonos prisa-

El pelirrojo asintió, y siguió a la diosa por el pasillo hacia la sala del trono. Cuando entraron, ya estaban todos los dioses reunidos. Bueno, todos excepto Hades y Perséfone. Incluso estaba Julián Solo en un pijama azul con cuadros blancos, y Anfitrite tenía un pijama de color rosado. Touma buscó con la mirada a Artemisa y a los otros dos ángeles, y se apresuró a unirse a ellos, cuando Zeus se aclaró la garganta para pedir silencio.

-Buenas noches a todos- dijo Zeus- gracias por venir a pesar de la hora. Ahora… déjeme decirles que tenemos un grave problema. Esta noche, hace unos momentos, nos dimos cuenta que una prisionera escapó de la prisión del Olimpo-

Los dioses se miraron entre sí.

-La persona que desapareció fue la traidora Fjore- continuó Zeus.

-¿Qué?- dijeron Apolo y Artemisa al mismo tiempo. Touma y los otros dos ángeles no estaban mucho mejor.

-¿Cómo pasó eso?- gruñó Poseidón, quien tampoco estaba muy contentos con lo sucedido.

-No estamos seguros- dijo uno de los guardias de la prisión- la puerta de la celda se destrabó sola, sin que nadie se acercara. No nos lo podemos explicar. La mujer solo abrió la puerta y congeló todo a su paso hasta escapar-

Touma frunció el entrecejo. Fjore había escapado justo cuando Ares regresó al Olimpo. Pero no, Ares no pudo haber sido, si él estuvo todo el tiempo en la tierra, o con ellos. Además, no tenía manera de abrirle la puerta, hubieran sentido su cosmo. No sabía que pensar al respecto. Entrecerró los ojos. ¿Y si Ares, y esa chica…? No, Ren no pudo haber tenido nada que ver, estaba más asustada que otra cosa, si apenas podía respirar del miedo que tenía. Y los guardias dijeron que nadie se había acercado.

De pronto, un grito interrumpió la reunión de los dioses. Para horror de Touma, Teseo y Odiseo, los tres miraron a Artemisa doblarse sobre su abdomen haciendo una mueca de dolor, y caer de rodillas al suelo.

-Ay… duele…- se quejó Artemisa.

-¡Señorita!- dijo Odiseo, que fue el único que pudo pronunciar palabra.

-¡Artemisa!- dijo Apolo, corriendo hacia su melliza.

La diosa no respondió, sino que solo cerró los ojos. Cuando los abrió, se incorporó, pero de inmediato supo que algo no estaba bien.

Artemisa se miró a sí misma. Sentía un extraño hormigueo en la punta de sus dedos. Se llevó una mano a su pecho. Nunca, en todos los milenios que había existido, había sentido los latidos de su corazón con esa intensidad. Sus mejillas se ruborizaron levemente, y casi pudo sentir el calor de la sangre fluyendo por su piel. Su estómago hizo un extraño ruido, con una sensación que ella nunca había tenido antes. Sus pies descalzos se sentían un poco fríos, haciéndola encoger los dedos.

-¿Señorita Artemisa?- dijo Touma, palideciendo.

La diosa miró al pelirrojo, quien tenía una expresión preocupada, y sintió algo extraño, como unos latidos extra en su corazón que parecían golpear violentamente su tórax. ¿Era miedo?¿Cómo una diosa como ella podía sentir miedo?

-¿Qué me pasa?- dijo Artemisa en voz baja.

Los ángeles se miraron entre sí, sin saber exactamente que era lo que estaba mal. No fue sino hasta que Apolo se acercó a ella y, tras poner la mano sobre el hombro de ella, la retiró asustado.

-Oh, no…- dijo el dios del sol- Artemisa… ¡te convertiste en humana!-

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues tuve un buen día, así que sí alcancé a terminar este capítulo para subirlo hoy. Muchas gracias a todos por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.