DEL OLIMPO A LA TIERRA

IV: VISITA FORZOSA

Sala del Trono, Olimpo

Desde que Apolo había dicho que Artemisa se había convertido en humana, todos los dioses se habían quedado boquiabiertos. El pánico había seguido a la sorpresa, todos se miraron entre sí y comenzaron a pedirle a Apolo que verificara que ellos también seguían siendo dioses y no humanos. Los únicos que estaban calmados en ese aspecto eran Athena, Anfitrite y Poseidón. Este último se palmeó la cara.

-Por favor- dijo Athena, levantando la voz- ¿quieren tranquilizarse? Primero que nada, ser humano no tiene nada de malo. Segundo, es Artemisa quien necesita nuestra ayuda en estos momentos-

Los otros dioses se tranquilizaron, pero aún se miraban discretamente las manos para asegurarse de que no habían sido transformados en humanos. Athena puso los ojos en blanco y, con Poseidón, se acercó a Artemisa.

-¿Qué pasó, Artemisa?- dijo la diosa en voz baja.

Artemisa la miró con enormes ojos. Se sentía extraña, todos sus sentimientos se habían vuelto completamente abrumadores. No sabía que decir.

-Artemisa, en serio, tranquilízate- dijo Poseidón- no va a pasarte nada malo-

-Poseidón tiene razón, las emociones humanas pueden llegar a ser muy intensas- dijo Athena, inclinándose a su lado y poniendo su mano en el hombro de su hermana mayor- pero vas a estar bien. Solo necesitamos saber que fue lo que pasó, para ver como podemos solucionarlo-

Ahora parecía que Athena era la más seria de las dos. Artemisa estaba hecha un manojo de nervios.

-No lo sé, no sé que pasó- lloriqueó Artemisa sin poderse contener- ¿así se siente ser humano? ¡Se siente muy feo!¡Haz que pare!-

Athena la miró con cariño, y Touma no reprimió el impulso de abrazarla para hacerla sentir mejor. La pobre Artemisa jamás había renacido como humana, y era completamente extraña a las emociones de los mortales.

-¿Cómo pudo haber pasado esto?- dijo Athena, volviéndose a Apolo- ¿se te ocurre alguna idea?-

-Lo único que se me ocurre sería una poción que puede volver mortal a un dios- dijo Apolo- pero Artemisa tuvo que haberlo bebido-

-El té, la señorita Artemisa tomó té después del incidente con la chica y Ares- dijo de pronto Odiseo, recordando lo que había pasado hacía algunas horas.

Athena y Poseidón esperaron pacientemente a que Artemisa se tranquilizara, y mientras escucharon lo que Odiseo y Teseo les contaron sobre lo que había pasado, la chica que se había escondido en las habitaciones de Artemisa, perseguida por Ares. El dios de los mares lanzó una mirada sospechosa a este último, pero Ares se encogió de hombros con una expresión inocente.

-Es cierto- dijo Artemisa entre lagrimones- ¡Ares estuvo en mis habitaciones! Él fue el que me transformó en humana, y liberó a Fjore-

Los dioses miraron a Ares, quien enrojeció de enojo.

-¡No es justo que me acuses sin pruebas, Artemisa!- dijo Ares, cruzando los brazos con un gesto ofendido- sí, estuve fuera de tu habitación, pero no entré, si recuerdas bien. Y sobre Fjore, cuando escapó yo ni siquiera estaba en el Olimpo. Estaba en el mundo humano buscando un sustituto para la humana que me quitaste-

-La chica humana…- dijo Odiseo de pronto, pensativo- ella sí estuvo dentro de la habitación-

-Sí, pero estuvo en una esquina, no estuvo ni un poco cerca al té de la señorita- dijo Teseo- y Touma estuvo junto a ella todo el tiempo, no hubo manera de hiciera algo-

Artemisa se limpió las lágrimas con el dorso de su mano, y Apolo tuvo el impulso de abrazar a su melliza también.

-¿Qué vamos a hacer al respecto, padre?- dijo el dios del sol, volviéndose a Zeus.

El rey de los dioses entrecerró los ojos, y se volvió a Hera, quien se encogió de hombros. Al no obtener respuesta de su esposa, se volvió hacia su hija preferida, quien se puso un dedo sobre los labios en un gesto meditativo.

-¡Lo sé!- dijo Athena de pronto- Artemisa puede ir a mi Santuario mientras encontramos una cura para esta condición-

Apolo se quedó pensativo, pero asintió. Seguramente eso le podía comprar algo de tiempo para analizar la poción en el té que su melliza había bebido, verificar si había algún tipo de poción en él, y encontrar un antídoto si ese era el caso.

-De acuerdo, no me gusta mucho la situación, pero Athena tiene razón- dijo Apolo- tendrás que pasar un tiempo en el mundo humano, pero no temas, vas a estar a salvo en el Santuario. Y Touma y los otros la acompañarán. Todo estará bien-

Al escuchar aquello, Artemisa se echó a llorar de nuevo. Poseidón se frotó la frente, Anfitrite se encogió de hombros, y Athena suspiró largamente, ladeando la cabeza. Estos iban a hacer unos días muy largos.

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Apartamento sobre el Estudio Sakura

A la mañana siguiente

Ren se levantó con un horrible dolor de cabeza. No había podido conciliar el sueño en toda la noche, sobre todo después del horrendo día que había tenido. Se sentía terriblemente culpable por lo que Ares y Constanza le habían obligado a hacer.

Después de llevarla al Olimpo, Ares le indicó que saliera corriendo hacia las habitaciones de Artemisa y que se ocultara en una esquina. Para que pareciera más real, el malvado dios le estuvo lanzando descargas eléctricas, y genuinamente la había hecho llorar de miedo. Cuando estaba ovillada en una esquina de las habitaciones de Artemisa, Ren se había asegurado de que Touma o los otros no la vieran, y usó sus poderes de psicoquinesia para verter el contenido de la poción que Constanza le dio dentro de la taza de té de la diosa. Y mientras Touma la llevaba hacia la fuente del Olimpo, Ren volvió a usar sus poderes para abrir la celda donde estaba encerrada Fjore, aunque ni siquiera se acercó a la prisión.

Suspiró en voz alta. Al menos algo bueno había salido de todo eso. Ya había cumplido el favor que le debía a Constanza, y si decidían volverla a molestar, Artemisa la había protegido, y sabía que Ares no podía tocarla de nuevo.

Una nueva punzada de culpa la invadió. Pobre Artemisa. Ella y sus ángeles habían sido tan buenos con ella y, sin saberlo, por su propia bondad cayeron en la trampa del dios de la guerra.

Sacudió la cabeza. No podía seguir sufriendo por ello. Tenía que pasar la página, dejar ese episodio en el pasado. No debía pensar en eso más. Ya había pasado, y no había nada que hacer al respecto.

Solo esperaba que el karma no volviera a cobrárselas.

-¿Miau?-

Ren se volvió a Chanel, quien había brincado a su regazo y demandado que le diera de comer. La chica sonrió, dejando de pensar en ese asunto. Sería mejor que alimentara a su gatita y bajara a abrir la tienda. Tenía que superar lo que había ocurrido. Tenía que dar vuelta a la página.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Sara caminó al despacho de Shion con un frasco de pastillas para el dolor de cabeza y un vaso de agua, previendo el momento en el que el Patriarca se frotó la frente con una verdadera jaqueca, mientras que Athena le explicaba lo que había pasado la noche anterior en el Olimpo.

-A ver si entendí, señorita- dijo Shion intentando tener paciencia- la señorita Artemisa bebió por accidente una poción que la convirtió en humana…-

-¡No fue por accidente!- dijo Artemisa, pateando el suelo y haciendo berrinche- ¡alguien la puso ahí! ¡Eso fue un ataque deliberado!-

-…y usted ofreció que se quedara con nosotros en el Santuario mientras Apolo encuentra una cura- continuó el Patriarca.

-Y esperemos que pronto- añadió Touma.

-Sí, eso pasó- dijo Athena, encogiéndose de hombros, mientras que el Patriarca volvía a frotarse la frente.

Mientras que ponía las pastillas sobre el escritorio del Patriarca, Sara miró a Artemisa, quien estaba cabizbaja y asustada. Sonrió levemente. Era normal que estuviera así, se imaginaba que no estaba acostumbrada a las emociones humanas. Quizá podría decirles a las otras chicas que ayudaran también. Como diosa, no necesitaba las amigas, pero como humana no le haría daño tener la compañía de otras personas que no fueran sus ángeles.

-Entonces, ¿qué es lo que propone, señorita?- dijo Shion.

Athena se quedó pensativa. ¿Qué podía hacer? Mientras la joven diosa lo meditaba, Sara sonrió.

-Artemisa y sus ángeles podrían quedarse en el templo donde se quedaron Hades y Perséfone la última vez- dijo la chica- creo que estarán cómodos ahí-

-¡Sí!- dijo Athena, emocionada- ¡ya sé! Estarás muy bien mientras que esperamos, ya verás-

Artemisa no respondió. Aún no se acostumbraba a la extraña sensación que tenía en su estómago. Se miró a sí misma, y se puso las dos manos sobre su abdomen.

-Eh… esto hace ruidos extraños- dijo Artemisa, confundida- y me duele la cabeza-

-¡Ah, es que tienes hambre!- dijo Sara, tomando la mano de ella y tirando para llevarla a la cocina. Artemisa se asustó al ver que la chica la tomó del brazo con toda la confianza del mundo. ¿Era así de abierta con Athena también?- es un poco tarde para el desayuno, pero seguramente Irene podrá conseguir algo para que comas. Acompáñame-

Artemisa se ruborizó al caminar tras Sara, no estaba acostumbrada a esas sensaciones, y se sentía un poco tonta al no haber identificado el hambre. Touma rió levemente y caminó detrás de ellas, pensando que sería buena idea acompañarla. Shion se volvió a los otros dos ángeles, y les dio indicaciones de donde estaba el templo que les prestaría, mientras que Athena les entregaba un par de bolsos con ropa para Artemisa.

Una vez que los ángeles se fueron y se quedaron solos, Shion se volvió a la diosa.

-Señorita, tenemos que tener mucho cuidado a partir de ahora- dijo Shion- si alguien logró infiltrarse al Olimpo para hacer humana a Artemisa, no veo como no lo vaya a intentar hacer aquí en el Santuario-

Athena asintió.

-Tendremos que avisarles a todos que Fjore está suelta- continuó Shion- sobre todo Camus y Liliwen tienen que saberlo-

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Cocinas del templo del Patriarca

Poco después

Touma apoyó su espalda en la puerta de las cocinas, y se echó a reír de buena gana mientras miraba a Irene y a Agnes regañar a Artemisa por no haber comido, empujando a la diosa a una silla de madera para hacer que se sentara, y ponerle frente a ella un enorme plato de comida.

-Oh, pobrecita niña- dijo Agnes, dandole unas palmaditas en la espalda- vamos, come más, se ve que estás hambrienta…-

Artemisa se ruborizó levemente, inacostumbrada a todas esas atenciones de parte de chicas completamente desconocidas, pero sonrió. Con las manos temblorosas, la chica tomó un pedazo de pan y lo acercó a su nariz.

-Huele…- comenzó a decir, buscando a Touma con los ojos- esto huele muy bien-

-Se ve bueno- comentó el pelirrojo- quizá sería buena idea que lo probara, señorita-

La diosa asintió y se llevó el pan a la boca. No se había equivocado, estaba delicioso. Pronto la chica había comido hasta saciarse, y le había gustado el desayuno. Y el chocolate caliente que Agnes le había servido había sido… ¡divino! ¿A poco los humanos comían y bebían así todos los días?¿Siempre tenían esa bonita sensación de tener el estómago lleno? ¡Ahora sí que los envidiaba!

-¡Qué delicia!- dijo Artemisa, mirando fijamente lo que estaba untado en su pan tostado- ¿qué es esto?-

-Se llama mermelada- dijo Touma sin dejar de reír- veo que le gusta la comida humana, señorita-

Artemisa sonrió, ladeando la cabeza, y Touma sonrió también. Vaya, nunca había visto a la diosa en esa faceta. Se veía tan… diferente.

-Bueno, si ya comiste, vamos a que te acomodes en tu templo- dijo Sara- Saori…err… digo, Athena te prestará algunas ropas mientras conseguimos algo más para ti-

-Gracias- dijo la diosa, cada vez más consciente del calor en sus mejillas, y bostezando suavemente. Después de bostezar se asustó, llevándose las manos a sus ojos somnolientos- ¿qué es esto?-

-Tienes sueño- dijo Sara, y se volvió a Touma.

-Vamos, señorita, la acompañaré para que se recueste un rato y descanse- dijo el pelirrojo- tuvo una muy mala noche, y necesita descansar-

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Librería de Atenas

Esa tarde

-¡Muchas gracias por todo, Nade!- dijo Liliwen a la chica que estaba detrás del mostrador de la librería, mientras se despedía de ella y se dirigía a la puerta.

Nadezhda sonrió al ver a la pelirroja, y se encogió de hombros. Le extrañaba verla sola en la ciudad, pero cuando Liliwen le explicó que quería comprar un libro y que Camus estaba ocupado con sus deberes esa tarde, comprendió perfectamente que no lo hubiera esperado para ir a comprarlo.

-Ve con cuidado- canturrió Nadezhda mientras se despedía de ella- nos vemos más tarde en el Santuario-

Liliwen asintió sin borrar su sonrisa al salir de la librería, y casi deja caer el libro al suelo de la impresión al ver a Shaina y a Lena esperándola en la entrada, ambas con los brazos cruzados y una actitud amenazadora, a pesar de que las dos traían puestas sus máscaras.

-Ah, me asustaron- dijo la pelirroja, quien había dado un respingo de sorpresa, y poniéndose una mano sobre el corazón- ¿qué están haciendo aquí?-

-Cierto santo dorado preocupado nos mandó a acompañarte- dijo Shaina, cruzando los brazos.

-Habla por ti- dijo Lena- yo solo vine a comprar una medicina para Shaka. Sai le contagió el resfriado…-

Liliwen rió levemente ante la idea de Shaka resfriado, pero borró su sonrisa al ver a las dos amazonas. Ninguna de las dos estaba muy contenta de que la pelirroja hubiera salido del Santuario sola, sin la compañía de algún santo.

-¿Qué?- dijo Liliwen- solo vine por un libro. Yo también tengo cosmo, no es peligroso, y…-

Pero se interrumpió al sentir un cosmo elevándose cerca de ella. Liliwen palideció al recordar que ya lo había sentido antes. La pelirroja reaccionó rápidamente y dio un salto hacia atrás, hasta quedar con la espalda contra la pared de la librería. Las amazonas no reaccionaron tan rápido, pues estaban de espaldas. Antes de que las chicas se pudieran girar para ver de qué se trataba, un rayo de color azul las golpeó al mismo tiempo, y las congeló por completo.

-¡Shaina!¡Lena!- dijo Liliwen, preocupada, pero no se movió de donde estaba. Sentía ese horrible cosmo que ya conocía, y que siempre le había causado mucho miedo. Sus manos temblaron tan violentamente que el libro que tenía en sus manos se le cayó al suelo. Ni siquiera intentó recogerlo.

-Vaya, vaya- dijo la voz conocida de su enemiga mientras aplaudía repetidamente- no esperaba que siguieras viva todavía, piojita. Realmente me impresionas-

-Yo creí que estabas encerrada en un calabozo del Olimpo, Fjore- dijo Liliwen, separándose de la pared y encendiendo su cosmo- no tenías que atacarlas a ellas, tu pelea es conmigo-

Fjore se echó a reír, y lanzó un ataque de hielo hacia Liliwen, quien lo bloqueó con una pared de fuego. Solo algunas gotas de agua cayeron sobre su rostro, pero la mayor parte del ataque de Fjore se evaporó.

-Oh, estoy muy impresionada- dijo Fjore- pero aún no es suficiente para pelear conmigo, piojita. Y además que personalmente quiero destruirte, ahora tengo otro objetivo. Tu querida tía, ni más ni menos. La saludas de mi parte cuando la veas-

La mujer volvió a atacarla, y Liliwen se cubrió con la pared de fuego, y pasó algo extraño. La pared de fuego se volvió una pared de hielo por un momento, y luego regresó a la normalidad. Liliwen se desconcertó y detuvo su ataque por la impresión, y Fjore alcanzó a congelar su mano izquierda.

-Oh… interesante- dijo Fjore con una sonrisa curiosa, mientras que Liliwen derretía su mano congelada con su propio fuego.

Liliwen entrecerró los ojos mientras que Fjore volvía a atacarla, y la pelirroja bloqueó el ataque con otra pared de fuego. Cuando el vapor se disipó, la mujer ya no estaba. Liliwen se encogió de hombros, y se acercó a donde estaban Shaina y Lena, poniendo sus manos sobre el hielo y derritiéndolo con su cosmo.

Una vez que ambas fueros descongelasdas, las dos chicas temblaban de frío. Liliwen se frotó la frente.

-¿Que ffffue eso?- dijo Lena, frotándose los brazos repetidamente.

-Nnnno lo ssse…- dijo Shaina, imitándola.

-Creo que será mejor que ambas regresen conmigo al Santuario- dijo la pelirroja, suspirando y tomando los brazos de ambas- necesitan una ducha caliente y un poco de sopa-

Liliwen caminó con ellas dos de regreso al Santuario de Athena, pensando en lo que Fjore había dicho. No le gustaba ni un poco saber que su némesis estaba libre de nuevo, pero no tenía tiempo de pensar en ello. Tenía que acompañar a las dos chicas de regreso al Santuario, y avisar a Athena de que Fjore tenía la intención de atacar a Artemisa.

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Templo norte, Santuario de Athena

Poco más tarde

Camus no estaba ni un poco contento cuando escuchó lo que había pasado hacía un rato. El hecho de que Fjore estuviera suelta de nuevo, que hubiera escapado del Olimpo tan fácilmente, y mucho menos que se metiera con Liliwen esa misma tarde.

-Camus, estás haciendo nevar…- dijo Liliwen en voz baja, poniéndole una mano sobre el hombro del santo dorado, mientras que éste mantenía una expresión furiosa, pero hizo que dejara de nevar. La chica lo tomó de la mano antes de entrar al templo norte, donde estaban Artemisa y sus ángeles.

-Estoy muy molesto por lo que pasó- dijo Camus fríamente.

-Lo siento mucho- dijo Liliwen, bajando la mirada y sintiéndose culpable. Sabía que Camus tenía razones de más para estar enojado con ella, sobre todo porque había salido a la ciudad sola y sin avisarle. Aunque no pasó nada malo, bien que hubiera podido irse al lado contrario.

Camus se dio cuenta de la expresión culpable de Liliwen, y suavizó la mirada. La rodeó con su brazo y la atrajo hacia sí mismo.

-Entiende que me preocupo mucho por ti- dijo el santo dorado, haciendo alzar las cejas levemente- sobre todo por… ya sabes-

Liliwen parpadeó y se ruborizó, pero sabía muy bien de qué hablaba Camus.

-Lo siento- repitió Liliwen.

Camus la besó en la frente, y ambos entraron al templo norte del Santuario, donde estaban Artemisa y los tres ángeles. La diosa estaba profundamente dormida después de la comida que tuvo en el templo del Patriarca, con Agnes insistiendo en que comiera más, y había terminado completamente agotada por no haber dormido la noche anterior. Touma también estaba dormido, sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Los otros dos ángeles, Teseo y Odiseo, estaban alertas en la entrada.

Tan pronto como llegaron, los ángeles les contaron lo que había sucedido en el Olimpo, desde que Ares fuera perdonado por Zeus, incluyendo el incidente con la chica que había intentado escaparse de Ares escondiéndose en las habitaciones de Artemisa. Había algo que no cuadraba en toda esa historia.

Camus escuchó atentamente, y Liliwen estaba un poco preocupada.

-¿Puedo… puedo ver a mi tía?- dijo la pelirroja, con su rostro un poco enrojecido.

-Claro que sí, señorita, creo que ya se despertó- dijo Odiseo, sonriendo mientras miraba con curiosidad a la chica. Siempre le había llamado la atención: ¡se parecía mucho a Apolo!

-Gracias- dijo la pelirroja, entrando a la habitación, pero se detuvo de golpe en la puerta.

Nunca había visto a Artemisa de esa manera. Recordaba a su noble tía como una persona que irradiaba poder y autoridad, pero ahora la veía como una adolescente asustada y confundida.

-¿Tía Artemisa?- dijo Liliwen, dudosa, aún sin atreverse a entrar a la habitación.

Artemisa se volvió a su sobrina con una expresión asustada. Camus y Liliwen la miraron extrañados. Sí, habían escuchado que la diosa había sido convertido en humana, pero jamás habían esperado encontrársela así.

-¿Estás bien, tía?- dijo la pelirroja.

-Eh… sí, estoy bien, pero… sentí algo raro aquí cuando llegaste- dijo Artemisa, señalando su corazón.

Liliwen sonrió y se volvió a Camus, quien le sonrió levemente. La pelirroja se acercó a Artemisa y la abrazó, haciendo que ella también sonriera.

-Gracias, eso se siente lindo- dijo Artemisa.

-Lo sé- dijo Liliwen- tranquila, estarás bien aquí-

La chica se volvió a Touma, quien estaba apoyado en una esquina con una expresión preocupada. Al chico no le gustaba ni un poco que la diosa se hubiera convertido en humana justo frente a sus ojos y que no hubiera podido hacer nada al respecto. Pensaba realmente que había sido su culpa, que se había descuidado, y por ello alguien (Ares, seguramente) había logrado realizar esa fechoría.

Mientras que Liliwen estaba charlando con Artemisa, el pelirrojo salió de la habitación para darles espacio. Una vez que los tres ángeles estuvieron juntos, Odiseo se volvió a Teseo y a Touma.

-Camus dijo que Fjore atacó a la señorita Liliwen hace un rato, y le dijo que intentaría atacar a la señorita Artemisa- dijo Odiseo en voz baja- no podemos bajar la guardia-

Touma asintió gravemente. Ya se habían descuidado una vez. No volvería a pasar.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Esa noche

Cuando se reunieron a cenar, tanto Athena como Sara estaban mortificadas al ver tanto el atuendo se Sonia, como el hecho de que la chica llevó al cocodrilo a la mesa. Por más que Sara le había insistido a su gemela que la cena no era un buen lugar para llevar a Molly.

-Pero Sara, es un bebé- dijo Sonia cuando su hermana le volvió a mencionar lo inapropiado que era que llevara al cocodrilo- además, los cocodrilos son de sangre fría, y la noche está fresca, de seguro tiene frío…-

Sara puso los ojos en blanco, pero sonrió levemente. Había extrañado a su gemela y sus ocurrencias, como llevar a un animal salvaje a un sitio como el Santuario. El único que parecía divertido con este intercambio entre las hermanas era Aldebarán, a quien no le molestaba para nada la presencia del cocodrilo, al contrario, secretamente esperaba que Sonia le ofreciera prestárselo.

-Mañana deberíamos salir a la ciudad a comprar algo de ropa para Artemisa, Saori- dijo Sara, rindiéndose sobre el asunto de la mascota de su hermana y volviéndose a la diosa.

-No creo que sea buena idea- dijo Shion antes de que Athena respondiera- Camus me dijo que Fjore atacó a Liliwen en la ciudad, y que quería atacar a Artemisa-

-No pasará nada, si vamos con los ángeles de Artemisa- dijo Athena- no iremos lejos, podemos ir con Ren Sawamura. Solo tomará las medidas, y para el resto podemos pedirle que venga a hacer los ajustes aquí-

Shion se quedó pensativo. No le agradaba mucho la idea, pero la diosa tenía razón. Con la protección de los tres ángeles y de uno o dos santos, no habría problema si ambas iban al local que estaba apenas a un kilómetro del Santuario, y que ya era conocida por la mayoría de los habitantes.

-Quizá Sonia podría ir con nosotros- dijo Sara, volviéndose inocentemente a su gemela- podríamos conseguirle algo lindo de vestir-

-Pfff…- dijo la aludida en voz alta, haciendo reír a Shion y a uno que otro santo- sí, claro. ¿Nos conocemos?-

-Vamos, Soni, será divertido- dijo Sara, mientras veía a Athena emocionarse ante la perspectiva de ir a comprar ropa con las otras chicas. Sonia se volvió a Molly.

-¿Puedes creer a estas chicas, Molly?- dijo Sonia encogiéndose de hombros, y volviendo a acariciar a Molly- aunque tú podrías usar una manicura, ¿no es así?-

Algunos de los santos se echaron a reír, Shion incluido, ante la idea de Sonia pidiéndole a alguien que le haga una manicura a su cocodrilo. Sara y su gemela no podían ser más diferentes.

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Apartamento, Punta Arenas, Chile

Esa tarde

Mientras que en Atenas ya había caído la noche, en Chile eran las primeras horas de la tarde. Julieta estaba en la sala de su apartamento, cruzada de brazos, aunque con una sonrisa en su rostro. Toda la sala estaba llena de maletas y cajas, pues llevaba apenas una semana de haberse mudado desde villa Las Estrellas en la Antártida de regreso a casa, y aún no terminaba de desempacar. No le había quitado la vista de encima a Rayen, quien corría de un lado al otro, evadiendo las cajas y brincando frente a ella en un gesto impaciente.

-¿Ya viene?¿ya viene?-

-Ya viene- dijo Julieta, sin dejar de sonreír- no debe de tardar en llegar-

Al escuchar pasos y el ruido del pomo de la puerta, Rayen brincó de contento, corrió a la puerta, luego de regreso hacia Julieta, sus ojitos mirando con expectación la entrada. Cuando se abrió, y Frodi entró, sonriente, la pequeña corrió hacia él con una enorme sonrisa. Frodi sonrió y la alzó mientras que Rayen rodeaba su cuello con sus bracitos.

-¡Frodi!- dijo la pequeña, sin dejar de abrazarlo.

-Yo también te extrañé- dijo Frodi sin soltarla, mientras que miraba a Julieta y le guiñaba un ojo. La chica se levantó también y caminó hacia él.

-Bienvenido- dijo Julieta, poniéndose de puntitas para besarlo rápidamente en los labios y frotando la espalda de Rayen con un gesto cariñoso- ¿está todo bien? Dijiste que había ocurrido algo-

Frodi borró su sonrisa por un momento. Puso a Rayen en el suelo y besó su manita. Después tomó la mano de Julieta y la besó también.

-Sí, algo sucedió- dijo Frodi, levantando sus ojos sin soltar su mano, y la chica pudo notar la preocupación en ellos. Lo vio dudar unos segundos, mientras que frotaba sus nudillos con su pulgar- en el Olimpo, la diosa Artemisa fue atacada. No creo que nos ataquen, pero…- tragó saliva- sé que tienes tu trabajo aquí, pero quisiera que tú y Rayen fueran a Valhala conmigo. Solo mientras que Phobos es atrapado. Por favor- añadió, al ver que Julieta separó los labios, a punto de decir algo- tengo miedo de que… ya sabes-

Julieta lo miró, confundida por unos momentos, pero finalmente sonrió.

-¿La señorita Hilda está de acuerdo?- preguntó ella.

-De hecho, insistió en que viniera hoy mismo- dijo Frodi, sonriendo apenado.

-Bueno, supongo que no tenemos tiempo que perder- dijo Julieta, ladeando su cabeza para besarlo en la mejilla- ¿me das unos minutos para eh… decidir que llevar?- añadió, señalando las maletas y las cajas en la sala.

-Te ayudo- dijo Frodi.

Ambos se pusieron a tomar algunas prendas de vestir de Julieta y Rayen, así como las cajas con frascos de medicamentos y vitaminas de la pequeña. Tan pronto como estuvieron listos, Frodi tomó el equipaje, y los tres salieron del apartamento.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Por fin di la bendita presentación, y ya estoy un poco más libre, así que espero poder regresar a las actualizaciones habituales cada dos días. Muchas gracias a todos por sus reviews y por seguir leyendo. Les mando un abrazo enorme.

Abby L.