DEL OLIMPO A LA TIERRA
V: SENTIMIENTOS
Calles de Atenas
A la mañana siguiente
Artemisa todavía estaba muy deprimida por todo lo que había pasado, y no estaba de humor para hacer nada más que pasar el tiempo en su propia miseria, pero Athena y Sara la habían convencido de que era buena idea salir. Incluso convencieron a Liliwen de acompañarlas, aunque estaba vez Camus fue con ellas. No iba a volver a dejar que su chica saliera sola del Santuario mientras que Fjore estuviera suelta. Y habían arrastrado a Sonia con ellos, aunque la chica insistió que cualquier vestido que la obligaran a usar se lo pondría a Molly.
Los tres ángeles los iban siguiendo, junto con Camus y Aldebarán.
-Esto es ridículo- se quejó Sonia, arrastrando los pies- ¡completamente ridículo! Un par de jeans y una blusa de algodón es vestimenta lo bastante formal, muchas gracias-
-No recuerdo haberte visto con un vestido alguna vez- dijo Sara.
-Por supuesto que no- dijo su gemela, haciendo una mueca de disgusto. ¿Su hermana estaba loca, o qué?- imagina que te sigue un caimán enojado, o un animal más rápido. Con esos trapos no puedes correr a gusto…-
A todos les causaba mucha gracia esa conversación, era muy impresionante mirar a dos gemelas tan idénticas físicamente y tan diferentes entre ellas. Incluso Artemisa rió en voz baja.
-En esta discusión, yo apoyo a Sonia- dijo Artemisa en voz baja, y se volvió a la otra diosa- creo que todo esto es una pérdida de tiempo-
Athena se echó a reír, pensando que a su hermana mayor le gustaban mucho los animales, y podía entenderse muy bien con Sonia, a diferencia de ella, que era muy aficionada a los vestidos y la moda, haciéndola más parecida a la otra gemela.
Pronto se detuvieron frente al local que no parecía tener nada de extraordinario, excepto que en la entrada había un par de macetas, cada una con un arbusto de camelias, que justo estaban floreciendo. Touma miró sonriendo las hermosas flores rojas que le recordaban su hogar en Japón.
-Tsubaki- dijo Touma en voz baja, haciendo la nota mental de contarle a Marin sobre lo que había visto.
-Así es- dijo Athena, notando el interés del pelirrojo y sonriendo- la diseñadora es japonesa. Bueno, para ser exacta es mitad japonesa. Es una chica muy linda-
Touma miró el local, pensando que había algo familiar en ese sitio. ¿Ya lo había visto antes? No recordaba bien, pero tenía la idea de ya haber estado por ahí. Sin pensar mucho en eso, entró al local junto con las chicas y Camus, mientras que Aldebaran, Odiseo y Teseo esperaban afuera.
-Buenos días…- canturreó Saori en voz alta.
Había dos mujeres dentro del local en esos momentos, y ambas levantaron la mirada. La primera era una chica rubia que estaba sentada frente a un escritorio, ocupada con una calculadora en una mano y un lápiz en la otra. La otra chica, quien estaba ocupada cosiendo la bastilla de un vestido corto que estaba montado en un maniquí. La segunda tenía rasgos orientales. Sus cabellos negros, que llegaban apenas a sus hombros, estaban sueltos excepto por una trenza horizontal y por su flequillo, el cual cubría completamente su frente.
Al ver llegar a Athena, dejó en paz el vestido con el que trabajaba y sonrió.
-Bienvenida, Saori- dijo la chica- hace mucho que no vienes-
-Hola, Ren, tenemos una emergencia para mi hermana- dijo Athena, señalando a la Artemisa, quien gruñó ante ese comentario.
-Por supuesto- dijo Ren, sonriendo amablemente, y se volvió a la chica que estaba con ella, quien era su asistente- Oliva, trae por favor los libros con los diseños- levantó la mirada, y ladeó levemente la cabeza, señalando los asientos del otro lado del mostrador- por favor, siéntense. Encontraremos algo perfecto para ustedes-
Touma miró boquiabierto a la chica. Artemisa no la había reconocido, pero el pelirrojo no tardó en recordarla. Sus facciones orientales, su cabello, y sus enormes ojos azules. Incluso tenía una pequeña marca de un golpe, de un pálido color morado en su pómulo, tal y como la recordaba.
"Es ella", pensó Touma "la chica del otro día"
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Estudio Sakura
Poco antes
-Ren, ¿te encuentras bien?- dijo Olivia mientras observaba a la chica arreglar en silencio la bastilla de un vestido. La chica estaba tan concentrada en su trabajo que no escuchó a su compañera. Olivia se aclaró la garganta, sin obtener respuesta de la otra chica, y finalmente alzó la voz- ¡Ren!-
-¿Uh?- dijo la chica, por fin levantando la mirada. Chanel siseó, molesta porque la voz alzada de Olivia la había despertado de su siesta.
-Has estado terriblemente seria y callada desde ayer- dijo Olivia, entrecerrando los ojos mientras la miraba con una expresión preocupada- ¿te sientes bien?-
Ren suspiró largamente. No, no se sentía nada bien. La culpa la corroía, pero no podía explicar lo que había pasado a su amiga, por mejor que la conociera. ¡Quién sabe que pensaría de ella!
Olivia era una buena persona. La había conocido hacía un año, cuando había abierto su local. La chica estaba estudiando en la universidad de Atenas, y estaba buscando un trabajo de medio tiempo. Ren le ofreció que se quedara como su asistente, y ambas se habían vuelto buenas amigas.
-Claro que me siento bien- respondió Ren por fin, regresando su vista al vestido en el que estaba trabajando. Al menos cosiendo y diseñando su mente no le hacía la mala jugada de recordarle lo que había hecho y que le causaba tantos remordimientos.
La otra chica no se dio por satisfecha.
-¿Estás segura?- insistió Olivia- porque antier cerraste la tienda sin avisarme y desapareciste todo el día, y después ayer pasaste la mayor parte del día durmiendo, y hoy llevas toda la mañana muy distraída…-
Ren suspiró. No podía engañar a su amiga. Quizá no sabía qué había pasado, pero estaba segura que algo había pasado. Levantó la mirada hacia su amiga, y volvió a suspirar.
-De acuerdo- dijo ella finalmente, volviendo a levantar la mirada, apartándola del vestido- pero es un secreto. No puedes decirle a nadie-
-Sabes que puedes confiar en mí- dijo Olivia.
Ren parpadeó mientras pensaba por donde empezar.
-La persona que… me dio la beca para estudiar en París, lo hizo con la condición de que le hiciera un favor… cuando llegara el momento- dijo Ren, tragando saliva. Extrañamente, se dio cuenta de que le dolía un poco al hacerlo- y antier vino a que… le pagara el favor-
-Oh- dijo Olivia- eso es bueno, pero no explica porqué estás tan preocupada-
Ren se mordió el labio. No podía hablarle de sus poderes de psicoquinesia, ni tampoco algo específico de lo que la obligaron a hacer, pero…
-Imagina que… que prometes hacer un favor- dijo Ren, intentando explicar lo que había pasado sin ser tan específica- y lo que te piden para pagar ese favor… puede llegar a… hacer sentir mal a alguien…-
Olivia alzó las cejas. No sabía porque su amiga no le explicaba lo que había pasado, pero había entendido lo que la preocupaba. La miró encogerse de hombros y regresar su atención al vestido que estaba cosiendo.
-Pues yo creo que…- comenzó a decir Olivia, pero se interrumpió al ver a los clientes entrando al local. Sonrió al ver que era Saori Kido, acompañada de algunas chicas del Santuario.
-Buenos días- la escucharon canturrear.
Ren no reconoció a la diosa que la había intentado proteger durante su desventura en el Olimpo, pues nunca alcanzó a mirarla cuando estuvieron ahí, y nunca recordó el hecho de que Artemisa era una de las hermanas de Athena. Tampoco reconoció a Touma, a quien había visto en el Olimpo usando su máscara y su armadura divina. Esta vez, el pelirrojo estaba usando un traje de entrenamiento que había tomado prestado del Santuario de Athena, y no llevaba su máscara. Sus ojos le parecían conocidos, pero no podía decir donde los había visto.
Una vez que Olivia trajo los cuadernos de diseño, Ren les ofreció una silla a todas y comenzó a mostrarles los vestidos y recomendarles algunos.
-Para ti, te recomiendo éste- dijo Ren, mostrándole a Artemisa un bonito diseño, un vestido corto de color verde, con medias de color blanco- creo que tengo una falda blanca y un suéter color rosa que te quedarían muy bien también…-
Entre Ren y Olivia trajeron varios vestidos, tomaron las medidas de Artemisa y la hicieron probarse algunos, tomando nota de los ajustes que tenían que hacer.
Athena no paraba de sonreír, igual que Sara, ante la incomodidad de Artemisa, porque era evidente que le gustaba lo que le mostraban, pero se apenaba cuando le decían que se veía linda. Era extrañamente consciente del rubor de sus mejillas, aunque ya se había acostumbrado a la sensación.
Liliwen sonrió, y se volvió a Touma, que no había quitado su vista de la chica japonesa mientras que estaba trabajando.
-¿Touma?- dijo la pelirroja en voz baja, de modo que solo el chico la escuchó- ¿estás bien?-
-Sí, todo bien, señorita- dijo Touma automáticamente.
El chico no dejaba de pensar que Ren era la misma chica que habían rescatado de Ares en el Olimpo la noche en que todo salió mal. Recordaba muy bien haber escuchado su nombre cuando la dejó en la puerta de ese mismo local hacía un par de días. Entrecerró los ojos. ¿Ella sabría algo sobre el escape de Fjore?¿O sobre la causa de que Artemisa se hubiera convertido en humana? Quizá podría volver más tarde, cuando estuviera sola, y preguntarle si ella sabía algo.
Miró a su alrededor. Aunque estaban en la capital de Grecia, el local estaba lleno de señales que su dueña era de Japón. En la parte trasera del local estaban unas escaleras, seguramente para el apartamento superior, junto a las que tenía una mesita con algunas fotografías de ella en Japón, así como un sitio para retirarse los zapatos. Touma sonrió levemente.
Finalmente cuando terminaron de probarse la ropa las cuatro chicas, después de un par de horas, Ren tomó algunos vestidos para hacerles los ajustes, y otros que ya estaban perfectos se los pasó a Olivia, para que la chica los envolviera.
-Pueden venir por los demás vestidos en dos días- dijo Olivia, tecleando los números en su calculadora, y se volvió hacia Ren, quien asintió.
-Touma vendrá a recogerlos, para que las señoritas no tengan que salir del Santuario- dijo Camus seriamente, y el pelirrojo asintió.
Ren no dijo nada más, y se volvió al vestido que estaba en el maniquí. Tras agradecerles, las chicas se retiraron. Mientras salían, Touma se volvió hacia atrás para mirarla, pero Ren no lo miró: estaba con su mirada decididamente sobre su trabajo. El chico tenía la corazonada de que esa era ella le podía dar las respuestas que necesitaba, pero no dijo nada más, y se apresuró a seguir a Artemisa y los otros.
Ya regresaría más tarde a averiguarlo.
x-x-x
Habitaciones de Apolo, Olimpo
Poco más tarde
Apolo se dejó caer sobre su cama y dejó escapar un suspiro lleno de frustración. Desde que su melliza había sido convertida en humana, el dios había comenzado a trabajar para intentar encontrar una manera de revertir ese estado. No tenía nada en contra de los humanos, pero se imaginaba que los sentimientos eran muy abrumadores para Artemisa, quien jamás había renacido en la Tierra como Athena, Poseidón y Hades solían hacer.
Hasta entonces, todo había sido en vano.
-No me explico como pasó todo esto- dijo Apolo para sí mismo, frotándose la frente y tirando de sus cabellos de manera frustrada.
Se giró sobre la cama, hacia la mesita de noche, y no pudo evitar sonreír. Ahora no solo estaba sobre ella una fotografía de Arienwen, sino también la de su hija Liliwen. La chica cada vez lo hacía sentirse más orgulloso. Normalmente no recordaba a sus amantes o a sus hijos, pero Arienwen había sido diferente. Se había resistido por años a sus encantos, y finalmente ambos se habían enamorado. Y si no fuera por los celos de Artemisa, seguramente aún seguirían juntos.
Apolo suspiró largamente. Sabía que Athena y Liliwen se encargarían de cuidar de Artemisa, pero tenía que ayudar a su hermana de alguna manera. No podía quedarse como humana para siempre.
Toc toc
El dios levantó la mirada, alzando las cejas, y vio que se trataba de Afrodita. La diosa tenía una expresión mortificada.
-¿Qué pasó, Afrodita?- dijo Apolo.
-Yo… eh… tengo algo que decirte- dijo la diosa- que espero que te ayude a resolver el problema que tiene tu melliza-
Apolo alzó las cejas.
-La última vez que Phobos y Deimos estuvieron en el Olimpo, antes de su juicio, los encontré hurgando en mi gabinete de pociones- dijo Afrodita- en ese entonces creí que buscaban una poción de amor, y ya había olvidado todo el asunto, pero después de lo que pasó, volví a revisar en el gabinete, y ya me di cuenta de cual es la que me falta- añadió, pasándole una hoja de papel a Apolo.
-¿Qué es esto?- dijo Apolo.
-Una poción que vuelve humano a cualquier dios, titán o ser inmortal- dijo Afrodita- estoy segura que esto fue lo que le dieron a Artemisa-
Apolo miró de nuevo la hoja de papel que Afrodita le había extendido. Era una larga lista de ingredientes.
-Esa es la lista de ingredientes, quizá con ellos puedes encontrar un antídoto para la poción- dijo la diosa- de todos modos, los efectos de la poción duran solamente un mes. Si no encuentras el antídoto, a tu hermana le quedan veintiocho días como humana-
Apolo volvió a mirar los ingredientes, y frunció el entrecejo.
-De acuerdo, muchas gracias, Afrodita- dijo Apolo, poniéndose de pie- veré que puedo hacer al respecto-
-Sé que no hay manera de probarlo, pero creo que Ares está detrás de lo que pasó- dijo Afrodita.
-Sí, yo también- dijo Apolo.
-Pero Zeus no hará nada contra él sin pruebas- dijo Afrodita- así que dile a tu hermana que tenga cuidado. Y a Athena también. Todo esto debe ser parte de sus planes-
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Terrenos del Santuario de Athena
Esa tarde
Al regresar al Santuario esa tarde, las chicas habían llegado riendo. Artemisa incluso había reído en voz alta, disfrutando cada minuto de su experiencia comprando ropa. Tras ser animada por Athena, Artemisa se puso una blusa blanca con una falda floreada, y unas zapatillas color crema. Al mirarse al espejo, Artemisa sonrió ampliamente, y se apresuró a salir a los terrenos del Santuario para mostrarle a los ángeles su ropa nueva.
Odiseo y Teseo sonrieron, complacidos de verla tan feliz.
-Se ve hermosa, señorita- dijo Odiseo, sonriendo y ladeando la cabeza.
-Esa chica tenía muy buen gusto, tía- dijo Liliwen, estando de acuerdo que la ropa nueva le venía muy bien- te ves muy linda así-
Artemisa se miró a si misma, y pasó los dedos sobre la tela de su falda, y luego por su blusa. Olió la tela, y amplió su sonrisa. ¡Qué deliciosa sensación! La ropa nueva, la suavidad de la tela, el olor. ¡Vaya experiencia! Ser humano no era tan malo después de todo.
Notó que Touma no había dicho nada, sino que estaba pensativo, mirando hacia la salida del Santuario. Alzó las cejas y se acercó a él.
-¿Qué pasa, Touma?- dijo Artemisa.
-Había algo raro con la chica que vimos, señorita- dijo el pelirrojo- ¿no le pareció conocida?-
Artemisa se encogió de hombros. No le pareció particularmente conocida.
-Creo que ella era la misma chica que vimos en el Olimpo- dijo Touma, pensativo- a la que rescatamos de Ares. Yo la traje de regreso a la tierra, y sé que se llama Ren, igual que ella. Es demasiado para que sea coincidencia…-
Artemisa entrecerró los ojos.
-Pero, ¿porqué no dijo nada?- dijo Artemisa- si fuera la misma chica, hubiera dicho…-
-Quizá no la reconoció, señorita- dijo Touma- en el Olimpo, apenas alcanzó a mirarla, y estaba muy asustada. Usted misma no la reconoce-
-Pero te hubiera reconocido a ti- dijo ella.
-No necesariamente- dijo el pelirrojo- esa noche, yo tenía puesta mi armadura de Icarus y la máscara. y ahora estoy vestido como un aprendiz de Athena. Es normal que no me reconociera- se aclaró la garganta- señorita, quisiera regresar al local, y preguntarle si sabe algo de la noche en que Fjore escapó…-
Artemisa se quedó pensativa. Touma podía tener razón.
-De acuerdo- dijo Artemisa- ve, estaré bien con Teseo y Odiseo mientras vas-
Touma la tomó de la mano y la besó, antes de salir corriendo hacia la ciudad. Artemisa parpadeó y sintió que sus tripas se retorcieron cuando eso pasó, y sus mejillas se enrojecieron, cosa que no pasó desapercibida por Liliwen.
-¿Estás bien?- dijo la pelirroja.
-No, creo que estoy enferma- dijo ella, llevándose las manos al estómago- creo que comí algo vivo, se está retorciendo en mi panza-
-No creo que sea eso- dijo Liliwen, apenada, pero no dijo nada más. ¿Era que a Artemisa le gustaba Touma? Bueno, a la Artemisa humana al menos. Se volvió a Camus, quien miraba también a la diosa con curiosidad, pensando que eso podía llegar a causar muchos problemas.
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Playa del Santuario
Sonia había logrado huir de su gemela y de las otras chicas antes de que la obligaran a usar algún tipo de ropa fancy, que ella odiaba por obvias razones. Sin más compañía que Molly, se había dirigido a la playa para darse un chapuzón.
La chica se tiró en la playa con una sonrisa, y con el cocodrilo apoyando la cabeza en su regazo, cuando notó que no estaba sola. El enorme santo dorado que las había acompañado antes llegó a la playa también, y sonrió.
-Hola, menina-
-Hola- dijo Sonia- Aldebarán, ¿verdad?-
-Llámame Alde- dijo el santo dorado.
-De acuerdo. Alde- dijo Sonia, sonriendo.
-Parece que no te llevaste tan bien con las nuevas amigas de tu hermana- dijo el santo de Tauro- incluyendo a la señorita Athena-
Sonia sonrió, un poco apenada.
-Sara y yo somos diferentes- dijo la chica- ella es muy sofisticada y elegante. Sara es genial, y yo… bueno, yo soy solo yo. Soy promedio y aburrida en comparación con ella-
Aldebarán amplió su sonrisa. ¿Solo ella? Desde que había escuchado las aventuras de Sonia contadas por su hermana, hasta que la vio llegar llevando un cocodrilo con una correa, el santo de Tauro estaba convencido de que era una chica excepcional. Recordaba muy bien que Sara pensaba lo mismo de sí misma, que pensaba que era promedio y aburrida, y que tenía una hermana genial. Vaya, sí se parecían bastante, aunque no se daban cuenta.
Iba a decirle lo genial que le parecía, cuando el santo dorado sintió un cosmo maligno envolver el Santuario. Se volvió inmediatamente hacia los terrenos, donde estaba el templo norte, y entrecerró los ojos. Molly se despegó de su dueña y gruñó ferozmente.
-¿Molly?- dijo Sonia, levantándose de la arena, y volviéndose hacia Aldebarán- ¿Alde?¿Sucede algo malo?-
-Es Fjore…- dijo Aldebarán en voz baja, y luego levantó la mirada. Al ver la expresión confundida de Sonia, el santo de Tauro comenzó a explicarle- un enemigo está atacando la entrada del Santuario. Por favor, refúgiate en alguno de los templos mientras lidiamos con esto-
-Espera- dijo Sonia, recordando la vez que había visto en su mente a Deimos atormentando a Sara, y le había pateado el trasero- ¿puedo ayudar?-
-No, es peligroso- dijo Aldebarán- será mejor que lleve a los aprendices a un lugar seguro. Y tú deberías regresar a los Doce Templos-
Y dicho esto, el santo dorado se echó a correr en dirección de los aprendices que estaban cerca de la playa. Sonia se quedó pensativa unos minutos, y frunció el entrecejo. Ató la correa de Molly a una columna, y se echó a correr hacia la entrada del Santuario.
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Terrenos del Santuario, fuera del Templo Norte
Al mismo tiempo
Touma estaba a punto de salir del Santuario cuando sintió el cosmo de Fjore dirigiéndose hacia donde se encontraba Artemisa. El pelirrojo se paró en seco, se dio media vuelta y corrió de regreso al interior del Santuario, donde encontró a sus dos compañeros congelados e inutilizados, y a Fjore peleando contra Camus mientras que Liliwen se interponía entre ellos y Artemisa. Frunció el entrecejo. Fjore había fingido ser su aliada, y conocía muy las debilidades de los tres ángeles.
Touma se apresuró al lado de Artemisa, apartando a Liliwen para protegerla también.
-Ah, ya llegó el tercero- dijo Fjore socarronamente mientras evadía un ataque de Camus, y se volvió a él- que amable de tu parte venir a saludar, Touma-
-No vas a estar tan sonriente cuando acabe contigo- dijo Touma.
-Ten cuidado, mocoso, no te vayas a atragantar con tus palabras- dijo Fjore- no querrás que algo malo le pase a Artemisa, ¿verdad?- añadió lanzando un ataque de hielo que Touma detuvo con facilidad.
La mujer sonrió y puso su mano en el suelo, haciendo que éste se congelara por completo. Tanto Liliwen como Artemisa resbalaron y cayeron al suelo, mientras que Touma luchaba por mantenerse de pie y protegerlas de los ataques al mismo tiempo. Camus ni se mosqueó: siguió atacando a la mujer. No recordaba que fuera tan poderosa. ¿Habría hecho algo para aumentar su fuerza?
Fjore creó una neblina fría y espesa para distraer a Camus, y disparó su poder contra las chicas. Touma detuvo una parte del ataque, y Liliwen, quien no se podía poner de pie, se apoyó en sus rodillas y creó una pared de hielo para detener el resto del ataque.
-Veo que la piojita ha mejorado- dijo Fjore, volviéndose a Camus- pero creo que debería tener más cuidado, no querríamos que tuviera un accidente y perdiera algo importante-
El santo dorado parecía impasible, pero sintió un feo vuelco porque sabía perfectamente a qué se refería la chica.
Camus se preparó a atacarla de nuevo, cuando alguien cayó encima de Fjore y la sometió, tumbándola al suelo y evitando que se levantara con su propio peso y sus manos. Sonia había visto a Fjore atacar a los otros con sus ataques de hielo, y no le pareció nada peligroso lanzarse a intentar detener a la chica. Se dio cuenta de su error cuando la chica se la quitó de encima y la tomó del cuello.
-¿Y tú de donde sales, basura?- dijo Fjore.
Camus y Touma se detuvieron. No podían atacarla, o lastimarían a Sonia. Aunque no le quedaba mucho tiempo, Fjore comenzó a congelarla. No lo logró, pues Aldebarán llegó sin previo aviso y la embistió, forzándola a soltar a Sonia. Fjore gruñó, furiosa, y al verse en desventaja se dirigió corriendo a la salida del Santuario.
Todos los presentes tardaron unos segundos en reaccionar cuando la pelea terminó. Liliwen puso las manos en el suelo, y derritió el hielo que lo cubría, permitiéndoles a todos ponerse en pie sin resbalar. Camus la ayudó a levantarse, mientras que Touma se encargaba de ayudar a Artemisa. La chica pelirroja descongeló a los dos ángeles y a Sonia, esta última se abrazó a sí misma y se ovilló en el suelo, temblando de frío.
-¿Qué fffffue eso?- dijo Sonia, intentando en vano no temblar.
-¿Porqué hiciste eso, Sonia?- dijo Aldebaran en un tono amable, quitándose su capa y cubriéndola con ella- es muy peligroso pelear con alguien con cosmo. Tuviste suerte de que no fuera peor-
Sonia bajó la mirada, apenada. Recordaba que había soñado con un hombre con poderes sobrenaturales cuando su hermana estaba en peligro, y que lo había logrado golpear. Quizá había pensado en ello.
-Tranquila- dijo Aldebarán- todo está bien. Lo importante es que no te lastimaste-
Sonia sonrió levemente, mientras que Camus dirigía una mirada que parecía ser furiosa a Liliwen, y le ofrecía el brazo para regresar a Acuario.
Touma suspiró, y se volvió a Artemisa, quien lo miraba con enormes ojos, las mejillas enrojecidas y con lo que parecía ser un puchero en su expresión.
-Señorita, ¿se encuentra bien?- dijo Touma.
-¡No!- dijo Artemisa, reprimiendo un sollozo- siento… algo feo aquí- añadió, señalando su corazón.
-¿Se asustó por lo que pasó, señorita?- preguntó Touma, un poco preocupado por ella.
-Se sintió… feo- dijo ella- mi corazón empezó a sentirse vacío, y además… tenía ganas de vomitar, y además…- se interrumpió, y abrazó al pelirrojo.
Touma se mordió el labio. No era bueno en esto, quizá sería mejor que Liliwen le ayudara a consolarla. O Athena. Tragó saliva, y esperó pacientemente a que Artemisa se tranquilizara, para explicarle que lo que había sentido era miedo. Suspiró largamente. Realmente esperaba que Apolo se diera prisa en encontrar el antídoto para arreglar lo que sucedió. Primeramente, porque su diosa estaba en peligro constantemente. Y segundo, porque no le gustaba verla así de asustada.
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CONTINUARÁ…
¡HOLA A TODOS! He tenido un inicio de semana un poco ajetreado, así que trataré de responder sus reviews a tiempo. Muchas gracias a todos por seguir leyendo mis locuras. Les mando un abrazo.
Abby L.
