DEL OLIMPO A LA TIERRA

VI: PREGUNTAS

Templo de Acuario, Santuario de Athena

Horas más tarde

Después de haber subido al templo del Patriarca para reportar lo que había sucedido en los terrenos del Santuario, Camus regresó a su propio templo, donde Liliwen lo esperaba mientras que jugaba nerviosamente con sus dedos. Eran pocas las ocasiones en las que Camus se enojaba con ella, y sabía que en esta ocasión él no estaba nada contento con ella. La pelirroja cerró los ojos y respiró hondo, esperando el regaño.

-Liliwen, te dije que tenías que tener cuidado- dijo Camus con su expresión seria- no puedes seguir arriesgándote así…-

-Lo sé, Camus, pero tampoco podía dejar que Fjore lastimara a mi tía- dijo Liliwen, y bajó la mirada al ver la expresión ceñuda del santo de Acuario- perdón…-

-Por poco te lastimas cuando te resbalaste con el hielo, ma chérie- dijo el santo dorado.

-Lo siento mucho- dijo apenada la chica.

-Y ella sabe- continuó Camus, aún mirándola con el ceño fruncido, pero Liliwen entendió que era su preocupación por ella, no porque estuviera realmente enojado- de alguna manera Fjore sabe al respecto… y tengo miedo de que quiera usarlo para lastimarte-

Camus suavizó un poco su mirada. Sí, se había asustado horrores cuando vio a Fjore atacar a Liliwen, y cuando la vio casi resbalar con el hielo. La chica se puso las manos sobre el abdomen y volvió a bajar la mirada, un poco entristecida.

-Lo siento, Camus, tendré más cuidado-

Camus borró su expresión molesta por completo y la abrazó. Liliwen se sobresaltó levemente, pero sonrió y lo abrazó también.

-No quiero que nada malo les pase, a ninguno de los dos, mon amour- dijo Camus en voz baja.

-Tendré cuidado, lo prometo- dijo Liliwen.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

No solo Liliwen fue regañada esa tarde, también Sonia se llevó su parte. Aldebarán fue por su cocodrilo y la acompañó al templo del Patriarca, donde Agnes le ofreció un poco de café caliente y una manta un poco más gruesa para ayudarla a entrar en calor, pero Sara y Shion no estaban nada contentos por lo que la chica había hecho.

-¿En qué estabas pensando, Sonia?- dijo Sara, cruzando los brazos- ¡es peligroso!-

-Ssssí, sí, ya sé, cometí un error, no pppppasa nada, sardina- dijo Sonia, aún temblando y sus dientes castañeando de frío, aunque no tanto como cuando llegó. Le dio un sorbo a su taza de café.

-¡Esto es serio!- dijo Sara, perdiendo la paciencia y volviéndose a Shion para que la apoyara, aunque el Patriarca prefirió quedarse fuera de la discusión, por más de acuerdo que estuviera con su chica- estas personas son muy peligrosas. ¡Pudiste morir!- levantó su mano, y le mostró la férula/prótesis que Mac le había regalado, la cual llevaba en su mano izquierda desde hacía casi un año- ¿recuerdas esto?-

Sona hizo una mueca. Sí, recordaba cuando su hermana casi perdía su mano por culpa de esas mismas personas, pero… ella había creído que podía pelear con ellas con sus propias manos. Se había equivocado, pero eso no significaba que su gemela pudiera regañarla.

-Ttttte dije que cometí un error- dijo Sonia- ttttodo salió bien al fffffinal-

Sara se frotó la frente, y se volvió de nuevo a Shion, quien sonrió apenado.

-Sara tiene razón- dijo Shion- no te preocupes, solo… ten cuidado la próxima vez-

Sara y Sonia se miraron mutuamente con idénticas expresiones molestas, pero finalmente sonrieron. La primera había tenido miedo de que su gemela estuviera seriamente herida, y Sonia la comprendía bien.

-Gracias por todo, Aldebarán- dijo Shion- ¿puedo pedirte que la acompañes para que los enemigos no la molesten?-

-Por supuesto, maestro Shion- dijo el santo de Tauro.

Sonia gruñó, y estuvo a punto de decir que no necesitaba una niñera, pero el santo de Tauro le había caído bien, así que no dijo nada. Tomó a su cocodrilo y siguió a Aldebarán fuera del templo del Patriarca. Una vez que se quedaron solos, Sara gruñó, frustrada, pero Shion le puso las manos en los hombros, y la besó en la mejilla, intentando tranquilizarla.

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Estudio Sakura

Esa noche

Pasado el pánico del ataque de Fjore contra Artemisa, y tras asegurarse de que ella estuviera a salvo, protegida por los otros dos ángeles, Touma volvió a salir del Santuario, dirigiéndose al estudio de Ren Sawamura para ver si podía averiguar algo sobre el escape de Fjore o sobre la poción que habían usado en Artemisa.

Mientras que recorría las calles de Atenas para llegar al local, el chico no pudo evitar pensar en Artemisa y como se había puesto, abrazándolo y encontrando consuelo con él. ¿Eso significaba que estaba enamorada de él? No, no podía ser. ¡Artemisa era una diosa! Eran solo los sentimientos humanos haciéndole una mala jugada.

Pero, ¿qué pasaría si sí estuviera enamorada de él de verdad?

Touma tragó saliva. Sí, él la quería, pero no de una manera romántica. Él la quería como la diosa que era, a la distancia, como la persona a la que tenía que servir y proteger. No se la imaginaba de ninguna otra manera. Después de todo, él era solo un humano y ella era una diosa.

El pelirrojo sacudió la cabeza. ¿En qué rayos estaba pensando? Esos sentimientos de Artemisa eran algo pasajero seguramente. Pronto volvería a ser una diosa, y todo eso se olvidaría. Se frotó levemente la frente.

No tardó mucho tiempo en llegar al local. Volvió a ver las flores Tsubaki en la entrada, y no pudo evitar sonreír. Se asomó por la pequeña ventana de la puerta. Vio que Ren estaba sola, sentada sobre el escritorio y concentrada dibujando en su libreta sin parar, y sin percatarse de que él estaba en la ventana.

Touma golpeó suavemente la puerta, y sonrió levemente al ver que la chica se levantaba de su sitio para ir a abrir la puerta.

-Buenas noches- dijo Ren, abriendo la puerta a medias, sorprendida de ver al pelirrojo que había visto con Saori y las otras chicas, pero sonrió amablemente- eh… lo lamento mucho, aún no he terminado el encargo, le dije a Saori que en dos días…-

-No, no, no vengo a eso- la interrumpió Touma, levantando una mano- yo… eh… necesito hablar contigo-

Ren parpadeó, sorprendida, y abrió la puerta por completo. Touma no se había fijado cuando la había más temprano, pero la chica estaba usando una vestimenta muy original. No era como tal una yukata, pero un vestido que parecía una. Se veía linda con esa ropa. Sacudió la cabeza para quitarse ese pensamiento.

-Por supuesto. Pasa, por favor- dijo Ren, cerrando la puerta detrás del chico- vamos a la cocina, tengo algo de té preparado-

Touma le agradeció, y la siguió detrás del mostrador, donde estaba la cocina. Sonrió ampliamente al ver un kotatsu a la mitad de la habitación, del lado contrario de la estufa. La chica lo hizo sentarse frente al kotatsu, y tomó la tetera y dos tazas.

-Gracias, eres muy amable- dijo Touma, inclinando levemente la cabeza mientras ella se sentaba frente a él y servía su taza de té- supongo… que no me reconociste, ¿verdad?-

-Claro que sí, viniste antes con Saori Kido- dijo Ren, encogiéndose de hombros, poniendo una segunda taza, dispuesta a servirse ella misma- si vienes con ella, sé que puedo confiar en ti. Y veo que Chanel también confía en ti-

-¿Uh?- dijo Touma, alzando las cejas- ¿quién es Chanel?-

Ren señaló al suelo y señaló a la gatita negra que estaba sentada a los pies de Touma, apoyando su cabeza sobre la pierna del chico.

-Creo que le caes bien- dijo Ren, sonriendo.

-Miau- dijo Chanel, como para poner énfasis en el punto.

-Oh… - sonrió el chico, mientras veía que la gatita movía la cola sin dejar de mirarlo con la cabeza ladeada- no, no me refería a eso. Yo… ya te conocía de antes-

Ren parpadeó sin soltar la taza vacía. Sí, el chico le parecía conocido cuando lo vio esa mañana, pero no podía identificar quien era.

-Yo soy uno de los ángeles de Artemisa- dijo Touma- yo… te traje de regreso a Atenas hace dos días, ¿recuerdas?-

Ren palideció al escuchar aquello, y tumbo su taza de té de la impresión sobre el kotatsu. No se quebró, pero a Touma no le quedó ninguna duda de que la chica sabía bien de qué hablaba. Un torbellino de pensamientos y remordimientos azotaron la mente de la chica, haciéndola palidecer horriblemente, pero Touma lo interpretó como miedo a lo que le había hecho Ares, así que sonrió y le puso una mano en el hombro.

-Lo lamento, no quise alarmarte- dio Touma, dejando su taza de té a un lado, e intentando calmarla- no quise hacer que recuerdes cosas malas. Créeme, solo quería preguntarte algo…-

Ren no se podía calmar. Sentía la adrenalina fluir por todo su cuerpo, y su corazón latía desbocado, tan asustada que estaba. ¿El chico sabría algo de lo que había sucedido? ¿Sospecharía que ella tuvo algo que ver con el escape de la mujer que estaba en la prisión, o que ella había puesto el líquido que le dieron en el té de la diosa? Si así era, quizá estaría en un enorme problema.

-En serio, Ren- dijo Touma, tomándola de las manos con un gesto suave, con toda la intención de hacerla sentirse protegida, no amenazada- estás a salvo. No dejaremos que Ares vuelva a molestar. Solo quiero preguntarte si recuerdas algo de esa noche-

La chica tragó saliva.

-¿A qué te refieres?- dijo Ren, pasándose un mechón de cabello detrás de su oreja con la mano temblorosa.

-A que si recuerdas algo que nos dé una pista- dijo Touma en voz baja, intentando no asustarla más- quizá no lo sepas, pero la noche que Ares te llevó al Olimpo, alguien puso una poción en el té de la señora Artemisa. Esa poción la convirtió en humana. Y además, una mujer muy peligrosa fue liberada de la prisión-

Ren tembló, y se mordió el labio. Ella había sido la responsable de todo eso. No sabía que era lo que hacía la poción que había sido obligada a poner en el té, pero estaba un poco aliviada de que la sustancia no hubiera hecho algo peor que eso.

-Solo quería saber si… si tu sabías algo al respecto- dijo Touma- alguna pista que nos pueda decir si Ares tuvo algo que ver o no con lo que sucedió. O si alguien más tuvo la culpa de esto-

La chica lo miró a los ojos. Claro, esos eran los mismos ojos azules que la habían calmado después de su horrible experiencia. Le daba un poco de pena y tristeza tener que mentirle. Se notaba que Touma era una buena persona, y realmente quería ayudarlo, pero no podía decir nada. Si lo hacía, se arriesgaba a que los ángeles de Artemisa la masacraran por lo que había hecho. O peor, que Ares se enfureciera y se vengara de ella.

-Lo lamento mucho, Touma- dijo la chica finalmente, repitiendo de memoria lo que había planeado decir en caso de que le llegaran a hacer esa pregunta- solo recuerdo que estaba a las afueras de Atenas cuando Ares me tomó y me llevó al Olimpo. Tan pronto como tuve una oportunidad, salí de sus habitaciones y corrí tan rápido como pude. Y fue entonces cuando…-

-Cuando llegaste a nosotros- completó Touma, pensativo- y Ares… lo siento, sé que es un tema que te causa mucha angustia, pero… ¿recuerdas si Ares dijo algo sobre la señora Artemisa?¿O sobre liberar a Fjore?-

Ren lo pensó. Quizá no haría daño darle un poco de información, sobre todo algo tan inofensivo como lo que iba a decir.

-Él… no ocultó su desdén contra Artemisa y Athena… sobre todo Athena- dijo Ren- pero solamente eso, no recuerdo nada más. Lo siento mucho- añadió al ver la expresión decepcionada de Touma- realmente quisiera poder ayudarte-

El pelirrojo le sonrió levemente.

-No te preocupes- dijo Touma, dando otro sorbo a su taza de té- no tenía muchas esperanzas de que recordaras algo, sobre todo porque fue un episodio muy angustiante para ti-

Ren asintió. Claro que había sido muy angustiante, pero no exactamente en la manera que Touma se lo imaginaba. Haber sido obligada a hacer algo horrible y lastimar a otras personas que, ahora se daba cuenta, tenían buen corazón, a diferencia de Ares y sus aliados. Bajó la mirada.

-No te preocupes, todo está bien- dijo Touma, poniendo su mano en la barbilla de la chica para hacerla levantar la mirada- te agradezco por haberme ayudado-

-Yo… lo siento- dijo Ren- realmente no te ayudé en nada-

-No digas eso, me ayudaste bastante- dijo Touma, sonriendo amablemente- me ayudaste a quitarme esa idea de la mente-

Ren sonrió levemente. Sus tripas se retorcían, con ganas de decirle la verdad a Touma, pero sabía que no podía. Incluso Chanel la miraba fijamente, haciendo que la chica se sintiera aún más culpable.

Touma, por su parte, estaba un poco decepcionado de no haber conseguido ninguna respuesta al respecto. Ren se levantó a tomar unas galletas para ofrecer al chico cuando Chanel se puso sobre su regazo y ronroneó tranquilamente. El chico miró a su alrededor.

-Eres japonés, ¿verdad?- dijo Ren.

-¿Cómo sabes?- dijo Touma.

-Para empezar, eres la primera persona que no parece sorprenderse con el kotatsu, y sabe como usarlo- dijo la chica.

Touma rió en voz baja.

-Quien sabe, quizá miré muchos animes- dijo Touma, sonriendo, pero Ren sacudió la cabeza. El chico tomó una de las galletas y la mordió. Vaya, esto era agradable. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentaba a tomar té con alguien que no fueran los ángeles o Artemisa, o su hermana. No podía recordar la última vez que lo había hecho.

-Tú también eres japonesa entonces- dijo Touma, mirando a su alrededor y sonriendo- esto es agradable. Se siente como… como si fuera un trozo de casa-

-Sí, así lo veo yo también- dijo Ren, algo apenada- mi mamá es griega, pero siempre ha vivido en Japón. Los griegos… tienen costumbres extrañas-

Touma se echó a reír. Esa conversación la había tenido con Marin. ¡Y su hermana estaba enamorada de un griego! Esa situación le daba mucha risa al pelirrojo. Mientras pensaba en ello, vio a Ren tomar discretamente su libreta de dibujo y su lápiz. Ahora que lo pensaba, casi desde que se habían sentado, la chica había bajado la mirada a su libreta y parecía escribir algo.

-¿Qué haces?- dijo el chico.

-Lo siento- dijo Ren, bajando su lápiz y poniéndolo sobre la mesa- normalmente puedo conversar más fácilmente cuando dibujo-

Touma sonrió y miró lo que Ren había dibujado.

-Oh, soy yo- dijo el pelirrojo.

Ren lo había dibujado usando un traje, con camisa y corbata, con sus cabellos impecablemente aliñados.

-Lo siento- dijo la chica- sé que es raro que alguien te dibuje-

-No, no, está bien- dijo Touma- dibujas muy bien-

-No lo suficiente, al parecer- dijo Ren, pasando la página y volviendo a dibujarlo, esta vez con una máscara, como ella la recordaba. Parpadeó al ver su propio dibujo- sí eres tú…-

-Sí, ¿lo dudabas?- dijo el pelirrojo.

-No, para nada- dijo la chica, ladeando su cabeza. Ren arrancó la hoja de su libreta, y la extendió a Touma.

-Va…vaya, gracias- sonrió el chico, doblando la hoja de papel y guardándosela.

Ren le sonrió. Touma volvió a sonreír también, y ambos se miraron por unos minutos, hasta que se dieron cuenta de lo que estaban haciendo y parpadearon.

-Bueno, eh… me tengo que ir- dijo Touma, levantándose de su asiento y poniendo una mano en su nuca- cosas que hacer…-

-Sí, sí, entiendo- dijo ella, apenada y poniéndose de pie también.

-Muchas gracias por responder mis preguntas… Ren- dijo el pelirrojo, sonriendo.

-No me agradezcas- dijo Ren, de nuevo el monstruo del remordimiento acechando en su corazón- lo lamento, estoy consciente de que… realmente no fui mucha ayuda-

-No, por favor, no digas eso- dijo Touma con una expresión amable- seguramente algo bueno saldrá de esta conversación-

Ren lo dudaba seriamente, pero asintió por cortesía e inclinó su cabeza suavemente para despedirse. Como era su costumbre, Touma la tomó de la mano y la besó.

-Hasta pronto, Ren- dijo el chico tras separar sus labios de los nudillos de ella- supongo que te veré en dos días para recoger los vestidos de la señorita Artemisa-

-Por supuesto- dijo ella, parpadeando mientras sentía el calor en sus mejillas- buenas noches-

Touma se despidió, inclinando su cabeza, y salió del local para dirigirse a toda prisa hacia el Santuario de Athena. Ren lo miró alejarse, y apoyó tristemente la espalda sobre la puerta tras cerrarla con llave.

-Oh, dioses- dijo Ren- ¿qué debo hacer?-

-¿Miau?-

-No me mires así, Chanel- dijo la chica, entrecerrando los ojos al sentir la mirada juzgadora de su gatita negra- ¿qué opción tengo? Si les digo la verdad, él y los otros ángeles van a querer vengase por lo que hice-

Chanel no parecía estar impresionada por su explicación, y frotó su cabeza contra la pierna de su dueña. Ren suspiró en voz alta y la levantó del suelo.

-Vamos a descansar, ya es tarde-

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

A la mañana siguiente

Athena se frotó la frente repetidamente. Las cosas no estaban saliendo como ella esperaba. Primero, no podía creer que la tarde anterior Fjore hubiera entrado tan fácilmente al Santuario, y que pudiera atacar a los santos y a Artemisa. Cuando había bajado a visitar a su hermana la noche anterior, encontró a Artemisa hecha una maraña de nervios, y tomó toda su paciencia tranquilizarla.

Y sobre todo, a Athena no le había hecho ninguna gracia que Fjore hubiera descubierto el secreto de Camus y Liliwen.

Oh, sí, ella ya lo sabía, aunque ninguno de los dos hubiera dicho nada.

Además de los problemas locales que tenía en el Santuario, Athena no había recibido noticias del Olimpo, aunque ella estaba segura que Ares y Phobos eran los culpables tanto del escape de Fjore como de la transformación de Artemisa.

-¿Se siente bien, señorita?- preguntó Shion, interrumpiendo los pensamientos de Athena. Ésta levantó la mirada y sonrió amablemente. Le sorprendió ver a Shion solo, pero supuso que Sara se había ido a trabajar esa mañana.

-Estaría mejor si hubiera escuchado alguna notica del Olimpo- dijo la diosa- mi hermana me preocupa-

De pronto, ambos sintieron un cosmo, y se dieron cuenta de que Apolo se dispuso a visitarlos. El dios sol estaba mucho menos alegre de lo usual. Cuando Apolo visitaba, siempre llegaba riendo y pidiendo ver a Liliwen. Esta vez estaba serio y solemne.

-Athena, no he logrado encontrar un antídoto para la poción que le dieron a Artemisa- dijo Apolo tras un sobrio saludo que no era para nada habitual en él- pero la buena noticia es que logré averiguar algo importante-

Athena alzó las cejas, y ella y Shion escucharon atentamente lo que el dios había escuchado decir a Afrodita sobre la poción robada por Phobos y Deimos, la lista de ingredientes y la duración de sus efectos.

-En el peor de los casos, que no logre encontrar el antídoto a tiempo- concluyó Apolo tras contarles todo lo que sabía- Artemisa solo durará como humana un mes-

-Estoy segura de que escuchar eso la animará mucho, Apolo- dijo Athena, sonriéndole amablemente, pero su sonrisa no duró mucho al ver que el dios no sonreía- pero no te escuchas muy animado-

Apolo no lo estaba. En esos momentos sus pensamientos no estaban solo con su melliza.

-No, estoy preocupado. ¿Cómo está Liliwen?- dijo Apolo.

-Ella está bien, no te preocupes- dijo Athena volviendo a sonreír- ayer Fjore la atacó, pero no le hizo daño. Se defendió bien durante el ataque, y defendió a Artemisa al mismo tiempo. Es muy poderosa-

El dios entrecerró los ojos.

-Por favor, díganle a Camus que tiene que tener especial cuidado con ella- dijo Apolo- Fjore la odia muchísimo, más que a Artemisa, y no descansará hasta lastimarlas a las dos-

-No te preocupes, Apolo- intervino Shion- estoy seguro de que ambas estarán a salvo. Y estoy seguro de que, después de lo que pasó hoy, Camus no se va a separar de ella-

Apolo pareció satisfecho con lo que dijo el Patriarca. Sabía que los ángeles protegerían a su melliza, y también que Camus no dejaría que nada le pasara a Liliwen. Tras sonreír levemente, a pesar de que su sonrisa no llegó a sus ojos, y prometiendo que seguiría buscando el antídoto, el dios del sol se despidió de Athena y desapareció.

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Templo Norte, Santuario de Athena

La noche anterior, Touma había regresado más o menos tarde de la ciudad, y les había dicho que no había averiguado nada extraordinario al respecto. Los dos ángeles lo habían mirado sospechosamente, sin entender muy bien porqué el chico había tardado tanto en hacer un par de preguntas.

Artemisa no estaba mucho mejor. Esa mañana, cuando había desayunado junto con ellos, había notado a Touma muy distraído y pensativo, mirando una hoja de papel que tenía con él. Sí, normalmente el pelirrojo parecía serio y meditativo, pero esta vez parecía tener la mente perdida en algún sitio.

-¿Qué sucede, Touma?- dijo Artemisa, mirando al pelirrojo con curiosidad.

-Nada malo, señorita- dijo Touma, regresando a la realidad y doblando el folio que tenía en su mano- es solo que… estoy un poco decepcionado, pensé que para ahora podría haber averiguado algo-

Artemisa sonrió y le puso una mano sobre el hombro. El pelirrojo se volvió hacia ella y le sonrió como solía hacer, pero las mejillas de la chica se enrojecieron terriblemente. Touma no lo notó, y siguió sonriendo.

-Lo único que me dijo Ren es que Ares habló largamente de lo mucho que las odia, señorita, a usted y a la señorita Athena- dijo Touma- ¡pobre chica! Fue muy afortunada de haberse escapado de Ares…-

-No es la clase de chica que normalmente busca Ares, ahora que lo pienso- intervino Odiseo, pensativo.

-Odiseo tiene razón- dijo Teseo- no parece su habitual modus operandi-

-Estás equivocado, sí lo es- dijo Touma, sacudiendo la cabeza- Ren es una chica muy bonita, y eso es lo que Ares busca-

Artemisa lo miró sonreír sutilmente, seguramente pensando aún en Ren, y sus mejillas se volvieron aún más rojas, pero esta vez de enojo. ¿Porqué decía que era bonita?¿Era que le gustaba a Touma?¿Porqué le interesaba? ¿Qué le veía Touma a esa mortal, si ella era una diosa? Tenía una sensación desagradable en el estómago, muy diferente a lo que había sentido antes.

-Señorita, ¿se siente bien?- dijo el pelirrojo.

-¿Yo? Sí, ve siento bien, solo mi estómago…- dijo Artemisa, y sacudió la cabeza. Tenía una sensación abrumadora de enojo y de desesperación, que no sabía que eran celos. Su cabeza comenzó a dar vueltas. ¡Quería que Touma se olvidara de esa chica y nunca la volviera a ver, ni siquiera que pesara en ella! ¡Quería que esa chica ya no existiera! Sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas, y antes de que los ángeles supieran que hacer, la chica se había echado a llorar.

-Pero, ¿qué es lo que pasa, señorita?- dijo Teseo, abriendo los ojos sorprendido. Los otros dos ángeles no estaban mejor.

-Yo… no quiero… buaaaaa…- siguió llorando Artemisa.

Los tres chicos se miraron entre sí sin saber que hacer o decir mientras que la diosa seguía llorando a moco tendido. Para buena suerte de ellos, Marin y Aioria habían pasado a ver cómo estaban, y se sorprendieron al ver el mar de lágrimas que estaba hecha Artemisa.

-Por todos los…- comenzó a decir Aioria.

-Pero, ¿qué fue lo que pasó aquí?- dijo Marin con un gesto sorprendido.

-No lo sé- dijo Touma, encogiéndose de hombros- yo solo le estaba contando lo que averigüé en la ciudad sobre Ares, y se puso así de pronto-

Marin se quedó pensativa, y se sentó junto a la chica, mientras que Aioria se volvió a los ángeles para pedirles más detalles de lo sucedido. La amazona le puso las manos sobre los hombros y le sonrió, a lo que Artemisa respondió abrazándola, aunque no dejó de llorar ni un momento.

-Ya, ya, no puede ser tan malo, Artemisa- dijo Marin, dándole unas palmadas en la espalda, intentando tranquilizarla- cuéntame que pasó-

-Yo… yo no… él…- dijo ella, señalando a Touma.

-¿Yo qué hice?- dijo el pelirrojo, sorprendido, mientras los otros dos ángeles lo miraban con una expresión enojada- solo les expliqué lo que averigüé con esa chica. Ustedes dos estaban aquí, escucharon que no dije nada malo-

Artemisa siguió llorando, y tanto Marin como Aioria pusieron los ojos en blanco. Ya se imaginaban que era lo que le había pasado. Suspiraron largamente. Esto iba a ser difícil de arreglar.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo.

Abby L.