DEL OLIMPO A LA TIERRA

VIII: ROMPER LAS REGLAS

Estudio Sakura, Atenas

Más tarde

A Ren le gustaban los viernes. Los viernes eran el día libre de Olivia porque la chica iba a la universidad a sus clases, y la dejaba sola con su trabajo. Ese día Ren se aseguraba de cubrir todas las ventanas y usaba sus poderes de psicoquinesa para confeccionar sus vestidos más fácilmente.

Ren miró de reojo el reloj de pared, y suspiró. Ya casi era hora de irse, pues tenía que ir a comprar algunas telas para poder trabajar el fin de semana en un proyecto.

Estaba bordando un vestido color azul claro con una enorme sonrisa cuando escuchó que llamaban a la puerta. Decepcionada, apagó sus poderes y se dirigió a la puerta a abrir. Casi tira las llaves al ver que se trataba de Touma de nuevo. Rescató justo a tiempo las llaves y sonrió nerviosamente al verlo.

-Yo…eh, hola- dijo Ren- bienvenido-

-Gracias- dijo Touma, un tanto apenado- vine a saludarte, y a tomar un poco de té. ¿No molesto?-

-No, para nada- dijo la chica, mirando de reojo la hora y haciendo una expresión mortificada- aunque.. realmente, estaba a punto de salir a comprar unos materiales que necesito-

-Oh…- dijo Touma algo decepcionado.

El chico la miró. Ren usaba un vestido corto de color crema que resaltaba el color azul de sus ojos, y sobre él llevaba puesto un suéter de color rosa oscuro. El vestido tenía un par de tiras de tela del mismo color a la altura de los hombros que rodeaban el cuello de la chica, que se ataban en la parte posterior del mismo. ¡Se veía muy linda!

La chica se mordió el labio. Realmente quería quedarse en casa a charlar con Touma, pero sabía que si lo hacía y no compraba su material, no podría trabajar en todo el fin de semana. ¿Y si le pedía que la acompañara…?

-Sí, tengo que comprar unas telas- dijo Ren, un poco apenada- tú no quieres… eh…¿te gustaría acompañarme? Si no tienes otra cosa que hacer, quiero decir- añadió.

Touma sonrió levemente.

-Claro, me gustaría mucho- dijo el pelirrojo.

-Bien- dijo ella, sonriendo también. Touma la miró. Vaya, no había notado que tenía algunas pecas en sus mejillas. ¡Se veían adorables!- voy a ponerme los zapatos y por mi bolso, no tardo nada-

Touma asintió y la esperó pacientemente en la puerta, sonriendo al ver las flores tsubaki que tenía junto a la entrada. Cuando Ren salió llevando su bolso color marrón, sonrió al verlo admirándolas.

-Son hermosas, ¿no es así?- dijo ella- en la cocina tengo otra planta de camelias blancas, a veces las uso para preparar té-

-En realidad son lindas- dijo Touma, recordando que en algún momento había escuchado decir que el té hecho a partir de esas hojas tenía propiedades curativas.

-Lo sé- dijo Ren- antes de mudarme aquí las extrañaba, y guardé algunas flores en un libro, en mi habitación. Ahora que tengo las plantas, quizá debería deshacerme de ellas, pero no he querido hacerlo-

Touma acentuó su sonrisa y le ofreció el brazo.

-Entonces, a la mercería, a comprar tela ¿no es así?- dijo el pelirrojo.

Ren lo miró con las mejillas levemente enrojecidas, y asintió, tomando su brazo.

x-x-x

Templo de Leo, Santuario de Athena

Aioria estaba cruzado de brazos, y sonrió ampliamente al ver que Kostas había terminado su entrenamiento y que se secaba el sudor de su frente con el dorso de su mano. El chiquillo se había esforzado bastante, y cada vez era más poderoso.

-Buen, es todo por hoy- dijo Aioria finalmente.

-Gracias, maestro- sonrió Kostas- ¿ya me puedo ir a Géminis?-

-Por supuesto que sí- dijo el santo de Leo, revolviendo sus cabellos- salúdame a tus papás y a tus tíos-

Kostas asintió, sonriente, y tras despedirse de Aioria, salió del templo a toda prisa para regresar a casa. Había escuchado que su mamá haría algo nuevo para cenar, y no quería perdérselo ni llegar tarde.

Aioria lo miró alejarse con una sonrisa, pero una risita en una esquina de su templo llamó su atención. Sonrió travieso.

-Así que ahí estás- dijo el santo de Leo, al ver que Marín salía detrás de una de las columnas del templo. Ese día no traía su traje de entrenamiento, sino ropa de civil. Sonreía tan traviesa como el santo de Leo- ¿ya estás desocupada?-

-Desde temprano- dijo Marin cruzándose de brazos- le dejé todo el trabajo a Shaina por el día de hoy. ¿Quieres hacer algo?-

Aioria sonrió.

-De hecho, quería invitarte a salir- dijo Aioria, guiñándole un ojo.

Marin sonrió, feliz, y asintió tomando el brazo de Aioria. Este puso su mano en la cintura de la chica, y ambos comenzaron a caminar juntos hacia la ciudad. Desde el incidente de hacía unos meses, ambos se habían esforzado por tener al menos un día libre en la semana para pasar tiempo juntos, y su relación seguía mejor que nunca.

x-x-x

Templo de Géminis

Poco después

Kostas llegó rápidamente a casa, y se encontró a sus tíos llevando a Altair y a Elsa de regreso a su habitación para acostarlos. La niña estaba aferrada a su papá, dormida y apoyando su cabecita en el hombro de Kanon, mientras que Altair parpadeaba somnoliento en los brazos de Satu. Tras saludar a sus tíos, Kostas se apresuró a la cocina.

Cecilia había regresado del museo y se había metido a la cocina a preparar algo de cenar. Estaba intentando meter la masa para el pan al horno, pero su panza había comenzado a dificultarle el movimiento. Saga se apresuró a quitar la bandeja de sus manos y meterla él mismo.

-Gracias- sonrió ella en voz baja.

Saga cerró la puerta del horno y se levantó, abrazando a su esposa por la espalda, rodeando su cintura y poniendo sus manos sobre su crecido abdomen. Le apartó el cabello y la besó en la parte posterior del cuello.

-Deberías descansar- susurró Saga, haciéndola sentarse a la mesa- yo me encargo del resto-

Cecilia sonrió levemente. Saga no sabía cocinar, pero podía seguir sus instrucciones. Kostas entró a la cocina con una sonrisa.

-Buenas noches, mamá, papá- dijo el chico, apresurándose a abrazar a Cecilia. La chica amplió su sonrisa.

-Bienvenido, Kostas- dijo Cecilia, mientras que Saga se volvía a él y sonreía- ¿cómo estuvo tu día?-

-Bien, Aioria y yo entrenamos mucho- dijo Kostas, pero su mirada estaba en el horno- ¿hiciste pan?-

Cecilia asintió sin dejar de abrazarlo. Saga sonrió ampliamente al mirarlos. Su hijo estaba a punto de ser de ser un santo dorado, y además, un hermano mayor.

x-x-x

Mercería, Athenas

Touma se cruzó de brazos, y no dejaba de reír al ver la emoción de Ren mientras elegía las telas para sus siguientes vestidos. Primero que nada, en su bolso llevaba una lista de telas con el tipo de tela, color y longitud que necesitaba de cada una. Además, llevaba en su bolso su tablet, la cual tenía una fotografía de todos sus diseños, en caso de que quisiera cambiar alguna tela.

-Necesito… quince metros de tela de algodón color rojo- comenzó a decir Ren- ocho metros de algodón color blanco y negro, dos metros de color salmón, tres metros de seda color marrón-

Ren le pasó la tablet a Touma mientras la chica pasaba los dedos por las telas. El chico miró de reojo los diseños de Ren. La verdad eran hermosos.

Cuando la chica terminó con las telas, compró algunos carretes de hilo, alfileres y al menos veinte metros de tela elástica, así como dos cajas de botones de botones de diferentes tamaños.

-Esto del diseño te gusta muchísimo, ¿verdad?- dijo Touma, aunque sabía que eso era una subestimación.

-¡Por supuesto!- dijo Ren, pasando su vista hacia él- ¡esto es mi vida! No tienes idea lo que he tenido que hacer para lograrlo-

A Touma le pareció ver una sombra en sus ojos. ¿Muchos sacrificios? Seguramente se refería dejar a su familia a los catorce años y viajar sola a París, tener que trabajar medio tiempo para poder financiar su estancia y su carrera, quien sabe. El pelirrojo no tenía idea del trato que la chica había hecho a cambio de su beca para estudiar diseño.

En ese momento, al ver la expresión de la chica, Touma recordó lo que Ares le había hecho. Lo que estuvo a punto de hacerle. Tragó saliva al imaginarse que hubiera pasado si no hubiera podido huir de sus habitaciones y refugiarse con ellos en las de Artemisa. O si la hubiera atrapado antes. ¿Qué habría pasado? ¡No, era impensable! Touma tenía la impresión de que Ren tenía un corazón tan puro que algo así hubiera sido realmente atroz. Ninguna chica merecía que le pasara eso. ¡Ninguna!

La voz de Ren interrumpió sus pensamientos. Estaba pagando, y había calculado el total de su compra en su mente incluso antes de que la chica en la caja registradora se lo dijera. Ren pagó y Touma tomó las bolsas plásticas con sus compras mientras que ella guardaba su tablet y su lista en su bolso y se lo pasaba por el hombro.

Touma le ofreció nuevamente su brazo, y la chica lo tomó sonriente. El chico tuvo una linda sensación cuando al salir de la tienda Ren apoyó su cabeza en el hombro de él y sonrió. Sus mejillas se enrojecieron tanto como sus cabellos.

No lo había aceptado antes, pero ya era oficial. Estaba enamorado.

x-x-x

Templo Norte, Santuario de Athena

Poco después

Artemisa no estaba feliz al saber que Touma había salido a la ciudad. Suspiró, haciendo la nota mental de no sentirse celosa cuando el pelirrojo salía. ¡Esas emociones humanas! Debería poder controlarlas mejor.

Esa tarde, Liliwen y Camus la habían bajado a visitar. Habían llevado pancakes galeses y crepas preparadas por Camus. La comida dulce había ayudado mucho a mejorar el humor de Artemisa, y la noticia de que su sobrina estaba esperando un bebé la terminó de animar.

-¡Oh, por fin, esas son muy buenas noticias!- dijo Artemisa, olvidando por un momento toda su molestia previa con Touma, y abrazando a su sobrina. Liliwen se quedó helada al sentir el abrazo espontáneo y sincero de su divina tía, sorprendida, pero pronto sonrió y la abrazó también. Al fin, algo bueno había salido de las emociones humanas de Artemisa.

Aquello fue suficiente para que Camus sonriera.

-Muchas gracias, tía- dijo la pelirroja.

-No me lo agradezcas- dijo Artemisa, reprimiendo una risita traviesa- ¡no puedo esperar a molestar a Apolo diciéndole que va a ser abuelo de nuevo!-

-Estoy seguro de que el señor Apolo va a estar extasiado cuando se entere- dijo Teseo, haciendo una expresión de fingida mortificación- sé que no escucharemos el final de este asunto en este siglo. Todavía no terminamos de escuchar lo orgulloso que está de usted, señorita Liliwen-

Liliwen acentuó su sonrisa, un poco sonrojada al escuchar que su papá estaba orgulloso de ella. Camus la rodeó con su brazo y la besó en la mejilla.

Odiseo estaba apoyado en una de las columnas, cuando de pronto sintió el conocido cosmo enemigo proveniente de la ciudad, no muy lejos del Santuario. No solo él, sino que Teseo, Camus y Liliwen también mostraron señas de haberlo sentido. Teseo parpadeó, Camus borró su sonrisa y soltó a la chica, quien irguió su espalda y palideció levemente. Artemisa no sintió absolutamente nada, pero al ver que los demás estaban así, supo de inmediato que algo andaba mal.

-¿El cosmo de Fjore?- adivinó la diosa.

-Y el de Touma. Están peleando en la ciudad- dijo Odiseo, entrecerrando los ojos y lanzando a su compañero una mirada significativa- tenemos que darnos prisa, los enemigos querían el ala de su armadura la ultima vez, y está peleando solo-

Teseo miró un poco aprensivamente a Artemisa, mientras que ésta miraba la armadura de Icarus que Touma había dejado en el templo. Camus se levantó.

-Vayan ustedes dos- dijo el santo de Acuario- ya avisé al maestro Shion, viene enseguida por Liliwen y por Artemisa. Los alcanzaré tan pronto como ambas estén a salvo en el templo del Patriarca-

Teseo y Odiseo asintieron, y se apresuraron hacia la ciudad. No pasó mucho tiempo cuando Shion apareció en el templo norte y teletransportó a las dos chicas al templo del Patriarca, y Camus finalmente pudo correr tras los dos ángeles hacia donde estaba el cosmo de Fjore. Mientras corría, frunció el entrecejo preocupado.

Podía sentir fluctuar el cosmo de Touma, como si estuviera debilitándose.

x-x-x

Fuera del Estudio Sakura

Poco antes

Después de hacer las compras en la mercería, Touma acompañó a Ren de regreso a casa. Ambos estuvieron charlando todo el camino, esperando que éste se hiciera cada vez más largo para no tener que separarse, pero finalmente llegaron a su destino. El pelirrojo sonrió mientras que Ren abría la puerta y metía sus compras a su pequeño local.

-¿Quieres pasar?- dijo Ren- puedo poner un poco de té-

Touma tenía ganas de decir que sí, pero finalmente sacudió la cabeza. Ya se había pasado toda la tarde con ella, y para esa hora ya había oscurecido. No debería pasar tanto tiempo lejos de Artemisa. Una parte de él se sentía irresponsable por haber salido con ella de esa manera.

-Lo lamento mucho, tengo que regresar al Santuario de Athena- dijo el pelirrojo sin muchas ganas- no creo que sea buena idea regresar tan tarde. Los santos no tienen sentido del humor cuando rompemos las reglas del Santuario-

Ren rió levemente, y Touma volvió a sonreír.

-Nos veremos pronto- dijo Touma- lo prometo-

-No puedo esperar- respondió Ren, y se ruborizó al darse cuenta de lo que acababa de decir. Touma se dio cuenta y, tras ponerle un mechón de cabello detrás de su oreja, la besó en la mejilla enrojecida. Al presionar sus labios contra la piel de ella, el chico percibió su olor, su esencia que parecía ser una mezcla de vainilla y menta.

-Yo tampoco puedo esperar- dijo el pelirrojo, sorprendiéndose a sí mismo- hasta mañana-

Ren sonrió, aún más roja que antes, y por fin cerró la puerta del local, suspirando sonoramente y poniendo su mano sobre el pecho, sintiendo los agradables latidos de su corazón debajo de sus dedos. Tras unos segundos, la chica se apresuró a subir al segundo piso de su apartamento.

-Miau- maulló Chanel, enojada por la falta de atención de su dueña.

-Lo se, lo sé, te olvidé por completo, ya voy- dijo Ren, inclinándose al suelo y recogiendo a la gatita- ven, vamos a descansar, ya es muy tarde-

Mientras tanto, Touma había sonreído antes de dar media vuelta hacia la calle y comenzar a caminar hacia el Santuario de Athena. Una parte de él no quería irse, pero sabía que era su trabajo. Miró hacia atrás, hacia la entrada del local con las hermosas flores rojas, y acentuó su sonrisa.

Estuvo a punto de doblar la esquina hacia la derecha al final de la calle, cuando sintió que algo lo golpeaba en la cara. Touma se tambaleó y dio un paso atrás, arrugando levemente la nariz y tocándose el rostro. Parpadeó confundido al sentir algunas gotas en sus mejillas.

El chico entrecerró los ojos. Alguien lo había golpeado, así que miró a su alrededor, poniéndose en guardia.

-¿Quién…?- comenzó a decir el chico, cuando sintió un nuevo golpe, estaba vez en el abdomen, que lo lanzó unos metros atrás, hacia la calle donde estaba el estudio de Ren. No cayó al suelo, pero estuvo a punto de hacerlo, y se llevó la mano al abdomen. Sintió una leve capa de hielo sobre ella, y frunció el entrecejo. Era Fjore.

La chica pareció frente a él, caminando con una expresión insolente, y se cruzó de brazos.

-Vaya, vaya, ¿qué hace un ángel de Artemisa, caminando solo, sin su armadura, a la mitad de Atenas?- dijo Fjore.

Touma se dispuso a apretar las manos y ponerse en guardia, pero no pudo hacerlo. Quiso mirarse, pero no pudo ni siquiera bajar la cabeza. Sus ojos se abrieron grandemente por la sorpresa, y apenas abrió la boca, pero ningún sonido salió de ellos. Sus piernas se sentían horriblemente débiles, como si fueran de gelatina y en cualquier momento también le fallarían.

No alcanzaron a fallarle, pues Fjore lo golpeó primero, lanzándolo varios metros atrás. Touma ni siquiera pudo levantar los brazos para defenderse del ataque de la chica o meter las manos al caer de boca al suelo tras chocar contra la pared. Sintió un horrible dolor del lado derecho de la cara mientras esta se arrastraba contra el asfalto. Su camisa se rompió, y la mayor parte de la piel de su torso también resultó dañada por la fricción con el material de la calle.

El pelirrojo trató de levantarse pero no logró. Ni siquiera pudo moverse.

"¿Qué rayos me pasa?", pensó Touma "¿porqué no me puedo…?"

Una fuerte patada en las costillas interrumpió sus pensamientos, y lo hizo girarse sobre el pavimento. El chico escupió un poco de sangre. No podía moverse, pero ¡cómo le dolía! Si las cosas seguían así…

-¿No te vas a intentar defender, Touma?- le dijo Fjore- ah, lo olvidaba, con el paralizante que te puse, no puedes. Lástima- se echó a reír, poniendo su pie sobre la espalda del pelirrojo- si hubieras traído tu armadura, destruirte hubiera sido mucho más productivo, pero no vamos a desperdiciar esta oportunidad-

Fjore volvió a patearlo, haciéndolo chocar de nuevo contra la pared de uno de los edificios. Touma estuvo seguro de haber escuchado algo crujir, y sintió un terrible dolor agudo en su hombro derecho. Cayó pesadamente al suelo, nuevamente sin moverse.

La mujer lo tomó del cuello y lo levantó con una sola mano, apretándolo y empujando contra el muro contrario. Una capa de hielo se formó alrededor de su cuello, pero ese era el menor de sus problemas en ese momento.

-Eres débil, Touma- dijo Fjore sin dejar de sonreír- lo que daría por ver la cara de Artemisa cuando vea tu cadáver. Solo me la puedo imaginar. ¡Qué pena me das, ex compañero!-

La mujer separó a Touma de la pared, tomándolo por su camisa de entrenamiento, y comenzó a golpearlo contra ella repetidamente. El chico apretó los ojos al sentir el dolor agudo en su espalda y en la parte trasera de su cabeza. Se sentía tan impotente. No podía siquiera abrir la boca para quejarse o gritar. ¡Necesitaba ayuda, o si no…!

Finalmente, y tras uno de los golpes, su cabeza rebotó contra la pared, haciendo que perdiera la conciencia. Fjore se dio cuenta, y lo dejó caer al suelo con un gesto aburrido.

-Bah, que aburrido- dijo la chica- ¿dónde está la diversión si no sufres? Oh, bien- añadió, encendiendo su cosmo en el puño, preparándose para dar el golpe final- acabemos con esto de una vez-

Mientras todo eso pasaba, Ren había estado mirando todo a través de la ventana de su habitación. Vio, con horror, a Touma ser arrastrado por todas partes.

"No puede ser", pensó ella con una expresión llena de pánico. ¡Si apenas acababa de estar con él! "Touma…"

Ren se volvió al interior de su cuarto, y con sus poderes de psicoquinesia apagó la luz de su habitación. Una vez que se encontró en penumbra, oculta a los ojos de quien estuviera fuera del edificio, la chica se volvió a asomar por la ventana, y tuvo que reprimir un grito. La mujer que lo estaba atacando lo había tomado del cuello y lo azotaba contra la pared.

"¿Esa chica también trabaja para Ares, como Constanza?", pensó Ren, mordiéndose el labio, y mirando que el chico no hacía nada para contraatacar o evitar que la mujer siguiera golpeándolo "vamos, Touma, ¿porqué no te defiendes?"

Cuando vio a la mujer tirar al suelo al chico y lista para dar el golpe final, Ren se dio cuenta de que tenía que hacer algo, y pronto. En el fondo de su mente recordó la advertencia de su padre, de que jamás debería usar sus poderes en público. Pero si no hacía algo en ese momento, Touma seguramente moriría a manos de esa mujer.

Ren tragó saliva, y tuvo una fea sensación en la parte trasera de su garganta. Miró hacia afuera, buscando desesperadamente una manera de ayudar al pelirrojo. Vio un contenedor de basura en la casa frente a la suya. Sonrió y cerró los ojos.

Justo cuando Fjore estuvo a punto de bajar su mano para golpear a un inconsciente Touma, el enorme contenedor de basura la golpeó, lanzándola a la siguiente calle, alejándola del chico y cayéndole encima.

-¡AAAARGGGG!- gritó Fjore, furiosa, quitándose de encima la basura- ¿qué rayos…?-

Miró con los ojos cerrados la calle donde había estado hacía unos segundos. Touma seguía tumbado en el suelo sin moverse y sin ninguna seña de haber recuperado la conciencia. No había nadie más en la calle. Entonces, ¿qué es lo que había pasado?

Fjore estuvo a punto de regresar a rematar a Touma, pero en ese momento llegaron los otros dos ángeles de Artemisa, seguidos rápidamente de Camus. La mujer entrecerró los ojos y se enfrascó en una pelea contra ellos, alejándose cada vez más del sitio donde Touma había caído.

Ren contuvo su respiración, manteniéndose inmóvil junto a la ventana, hasta que Fjore desapareció hacia la siguiente calle mientras que peleaba contra los otros ángeles y el santo dorado. Una vez que estuvo segura de que era seguro, Ren abrió la ventana y miró a ambos lados de la calle. Estaba completamente desierta. Miró a Touma. ¡No podía dejarlo ahí!¡Tenía que ayudarlo!

"¿Pero qué te pasa, Ren?", pensó ella "no puedes subir a un hombre adulto a tu cuarto por ti misma…"

La chica se mordió el labio al saber la respuesta a su pregunta. Ya sabía que tenía que hacer. Chanel maulló con toda la actitud, como si le insistiera que se apresurara.

-Lo sé, Chanel. Mis padres me van a matar cuando se enteren de que hice esto…- dijo Ren, respirando hondo y agradeciendo que Touma estuviera inconsciente para poder hacer lo que planeaba. Tras respirar hondo de nuevo, cerró los ojos y usó sus poderes de psicoquinesia para levantar el cuerpo del pelirrojo y meterlo a su apartamento por la ventana de su habitación. Tan pronto como el chico estuvo dentro, Ren cerró la ventana y corrió las cortinas con cuidado.

Touma flotó inconsciente hasta que Ren lo puso en el futón que estaba extendido en el suelo. El chico se quejó levemente en sueño, aunque sin recobrar la conciencia, y ella respiró hondo, aliviada de que no hubiera visto lo que hizo.

-Por todos los dioses- dijo la chica en un tono preocupado, mirando con horror las heridas y los golpes que tenía Touma por todo su cuerpo- todo esto es mi culpa. Si no hubiera…- se interrumpió, sacudió la cabeza- no, no puedo ponerme así… tengo que hacer algo-

-Miauuu- maulló Chanel insistentemente, olfateando las heridas del pelirrojo.

-Lo sé, pero primero tengo que enmascarar su cosmo- dijo Ren con una expresión preocupada- no quisiera tener una visita inesperada de esa horrible mujer… o de alguien peor-

Ren reprimió un escalofrío al recordar a Ares, pero sacudió la cabeza, y extendió sus manos sobre el chico, cubriéndolo por completo con sus poderes. No estaba muy segura si eso había funcionado, pero no tenía manera de comprobarlo.

-Listo- dijo ella, aliviada- ahora sí, manos a la obra…-

La chica corrió bajó rápidamente a la cocina y tomó algunas hojas secas de su planta, las puso en la tetera con agua para preparar un poco té. Después tomó un recipiente y lo llenó con un poco de agua tibia, y tomó algunas compresas y vendas que tenía para limpiar las heridas de Touma. Una vez que juntó todo el material en una bandeja, subió rápidamente a su habitación para ponerse manos a la obra.

-Aguanta, Touma- dijo Ren en voz baja- vas a estar bien-

x-x-x

Calles de Atenas, no muy lejos de ahí

Poco después

Teseo y Odiseo habían logrado rodear a Fjore, mientras que la chica no paraba de reír socarronamente. Los dos ángeles estaban muy preocupados por Touma, sobre todo porque de pronto habían dejado de sentir su cosmo, y eso nunca era buena señal.

Camus tampoco estaba muy contento. Mientras que peleaban, la mujer le había dado a entender en varias ocasiones que sabía que Liliwen esperaba a su hijo, y que no perdería la oportunidad de hacerles daño a ambos.

Después de un rato, al ver que estaba en desventaja, Fjore se rodeó de varias capas de hielo, y cuando los ángeles las rompieron, se dieron cuenta de que la mujer había huido.

-Arggg… maldita sea- dijo Teseo, golpeando el suelo con su puño. Odiseo se cruzó de brazos decepcionado.

-Después nos ocuparemos de ella, compañero- dijo Odiseo, mirando a su alrededor- regresemos a buscar a Touma. No siento su cosmo-

-Yo tampoco- dijo Teseo.

Camus entrecerró los ojos. Sí, estaba preocupado porque no sentían el cosmo del pelirrojo, y no había rastro de él en ninguna parte, ni siquiera donde lo vieron por última vez. Los ángeles estaban muy asustados.

-¿Se lo habrán llevado los enemigos?- dijo Teseo.

-No lo sé, pero tenemos que encontrarlo- dijo Odiseo preocupado.

-Yo regresaré al Santuario a reportar lo que pasó- dijo Camus seriamente- estoy seguro de que el maestro Shion enviará a todos los santos de plata a que ayuden con la búsqueda-

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por sus reviews. Les mando un abrazo enorme.

Abby L.