DEL OLIMPO A LA TIERRA
IX: REFUGIO
Templo del Patriarca, Santuario de Athena
Cerca de la media noche
Artemisa caminaba en círculos nerviosamente mientras esperaba noticias. Como ella misma no sentía ningún cosmo, Athena y Shion describían lo que pasaba. Comenzó a preocuparse cuando le dijeron que no sentían el cosmo de Touma, y cuando Camus llegó a reportar que los ángeles estaban fuera del Santuario sin poder encontrar al pelirrojo, Athena tuvo que detener a Artemisa para evitar que saliera.
-Suéltame en este instante, Athena- dijo la chica- ¿no lo escuchaste?¡No encuentran a Touma!-
-Lo sé, pero salir y ponerte en peligro no va a ayudar a nadie- dijo Athena- al contrario-
-¿No lo entiendes?- dijo Artemisa, haciendo un puchero- Touma es el único ángel mortal. Si… si algo le pasa…-
-Sé como te sientes- dijo Athena- mis santos también son mortales, y sufro cada vez que les pasa algo malo. Pero salir así, sin tu cosmo y sin protección… Piénsalo, ¿Touma querría que hicieras eso?-
-Oh… no, no querría que hiciera eso- dijo Artemisa, cabizbaja.
-Bien, menos mal que nos entendemos- dijo Athena- ahora, le voy a pedir a Sofi que te dé algo para tranquilizarte y ayudarte a dormir, mientras que algunos santos de plata buscan a Touma…-
Artemisa no creía que podría dormir con la preocupación que sentía en esos momento, pero pronto llegó Sofi, cargando en sus brazos a Carina, y llevando con ella un frasco con medicamento.
-Voy por un vaso con agua- dijo Sofi, sonriendo levemente y poniendo a la niña en el regazo de Artemisa- un momento…-
Artemisa se ruborizó.
-Pero… esta niña… ¿qué hace…?- dijo la chica, mientras que Carina la miraba con enormes ojos.
-Hola- dijo la pequeña, ladeando la cabeza y dando a la diosa la impresión de que podía ver hasta su corazón. Sin previo aviso, la abrazó. Artemisa parpadeó, y sintió un extraño calorcito en su estómago y en su pecho. Sonrió levemente y relajó su cuerpo para acomodar mejor a la niña.
Athena sonrió, satisfecha de la pequeña, y cuando Sofi regresó con un vaso con agua, sonrió también. Sabía que Carina tenía la habilidad de calmar a quien estuviera con ella si sentía que esa persona estaba sufriendo de alguna manera, y no había sido accidente haberla llevado al templo del Patriarca.
-¡Mamá!- dijo Carina al ver regresar a Sofi de la cocina con un vaso transparente lleno de agua.
-Aquí tienes- le dijo Sofi con una sonrisa, poniendo una pastilla y un vaso de agua en las manos de Artemisa antes de tomar de regreso a la pequeña. La chica obedeció y se tomó el medicamento con una expresión entristecida.
-¿Cómo te sientes?- dijo Athena, uno o dos minutos después, al ver que Artemisa comenzaba a bostezar.
-Me…me… mejor- dijo después de un largo bostezo.
Athena rió levemente, y entre ella y Sofi la ayudaron a recostarse sobre el sofá en la entrada del templo del Patriarca. Artemisa se quedó dormida casi de inmediato. Athena cubrió a su hermana con una manta, y Sofi le puso una mano en el hombro.
-Estará bien, no te preocupes- le dijo Sofi.
-Lo sé- sonrió Athena, aunque había algo triste en sus ojos- realmente espero que Touma esté a salvo-
Sofi asintió y, tras tomar a Carina, quien estaba también caminando somnolienta por el templo del Patriarca, regresó a Sagitario.
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Apartamento sobre el Estudio Sakura
Poco más tarde
Faltaban dos o tres horas para que amaneciera cuando Ren terminó de limpiar y vendar las heridas de Touma. El chico aún estaba inconsciente, lo cual fue muy afortunado porque Ren tuvo que arreglarle el hombro, que lo tenía dislocado, además de limpiar la mayor parte de las heridas, y no quería que tuviera dolor.
Cuando terminó de vendar las heridas, Ren lo cubrió con la manta y se sentó sobre sus talones a su lado de nuevo. Ladeó la cabeza y le quitó un mechón de cabello de los ojos. Se sentía satisfecha. Al menos así ya estaban a mano los dos; como si esa acción hubiera compensado por lo que había hecho antes, engañándolos a pesar de haber sido tan buenos con ella.
Estaba aún pensando en ello cuando sintió a Touma tomar su mano y volverse hacia ella, pero aún tenía los ojos cerrados.
-¿Quién eres?- dijo el pelirrojo- ¿dónde…?-
-Shhh, no temas, Touma- le dijo Ren en voz baja, tomando su mano- soy yo, Ren. Estabas herido, y te traje a casa a que te recuperes. Trata de no moverte mucho-
-No puedo moverme bien…- dijo Touma en un tono cansado que la chica nunca le había escuchado antes- Fjore… un paralizante-
-De acuerdo, trata de no moverte- dijo Ren, comprendiendo porqué no se había defendido durante su pelea- estás a salvo aquí-
Touma intento asentir, pero finalmente se rindió y volvió a poner su cabeza sobre la almohada. Ren dejó su mano sobre el futón, se levantó y sirvió un poco de té en una taza.
-Touma, te voy a levantar un poco- le dijo Ren, y vio que el chico movió las cejas como respuesta, aún sin poder abrir los ojos.
La chica pasó su brazo libre detrás de la cabeza del chico, haciéndolo levantarse levemente, y con su otra mano le acercó la taza a sus labios. Al principio, el chico apretó sus labios e hizo un intento de retirar su rostro de la taza, pero Ren insistió.
-Tranquilo, es solo té de romero- le dijo ella en un tono tranquilizador- te ayudará un poco con el dolor. Vamos, bébelo, por favor-
Touma dudó unos segundos, pero finalmente obedeció y tomó lo que Ren le ofrecía. Una vez que lo hizo, la chica lo hizo volverse a acostar sobre el futón.
-Deberías dormir un poco más, faltan unas horas para que amanezca- continuó Ren, tomando una compresa húmeda limpia y poniéndola en la frente del pelirrojo.
-Pero… yo…- comenzó a decir el chico, pero se quedó dormido antes de terminar su frase.
Ren sonrió y ajustó las mantas sobre él. Estaba algo cansada, pero aún sentía la adrenalina de lo que había pasado al anochecer, y no creía que pudiera dormir, además de que quería cuidar a Touma. Sonrió levemente y pasó sus dedos sobre su libreta de diseños, que estaba en el suelo junto al futón.
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Templo de Leo
Esa mañana
Aioria y Marin regresaron al amanecer al templo de Leo. Ambos habían salido juntos la tarde anterior, y al llegar al Santuario, supieron que Touma y los otros santos habían peleado de nuevo contra Fjore, y que el hermano menor de Marin estaba perdido. Los dos habían pasado la noche buscándolo, y por fin se habían dado por vencidos y habían regresado a descansar un poco antes de que amaneciera.
-Tranquila, Marin- dijo Aioria- seguramente está bien, y debe estar descansando en algún sitio-
Marin se mordió el labio. Aún estaba muy preocupada por su hermano, pero sabía que al menos estaba a salvo: los enemigos parecían tan frustrados como ellos de no encontrarlo. Suspiró y dejó que Aioria la besara en la mejilla.
La pelirroja buscó en su bolso su teléfono celular, y marcó de nuevo el número de Touma.
-Vamos, hermanito, contesta por favor…- dijo la chica en voz baja.
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Apartamento sobre el Estudio Sakura
Al mismo tiempo
Touma volvió a despertar cuando ya había amanecido, y se sentía un poco mejor. Abrió los ojos, encontrándose en un lugar extraño, que supuso que era el apartamento de Ren. Era una habitación pequeña, pero era linda y nuevamente le recordaba un poco a su hogar en Japón, antes de que sus papás…
Sus ojos pasaron a un lado suyo, donde Ren se había tumbado hacía un rato, por fin rendida de cansancio, con una libreta a su lado. Touma sonrió levemente. ¿Esa chica no dejaba de trabajar nunca? Ren se había recostado a su lado, sobre el futón y sobre las mantas. Traía puesta su pijama negra con rayas amarillas, con las mangas recogidas.
Touma extendió su mano hacia ella, y notó que su mano estaba vendada. Quizo extender su mano contraria, pero no pudo mover el hombro. Lo tenía firmemente vendado contra su cuerpo.
-¿Pero qué…?- dijo Touma en voz alta.
Su voz hizo que Ren se despertara por fin. La chica se incorporó rápidamente y con un gesto nervioso se acomodó el flequillo sobre su frente. Una vez que estuvo satisfecha, se sentó sobre sus talones, ladeó su cabeza y le sonrió.
-Buenos días, Touma. ¿Te sientes mejor?- dijo Ren- ¿necesitas algo?-
-Bastante mejor- dijo el pelirrojo, un poco apenado, aún mirándola sin levantarse del futón- ¿qué fue lo que pasó?-
Se imaginaba que, después de la golpiza que Fjore le propició, había perdido el conocimiento, y que Ren lo había encontrado, pues no se había alejado mucho de la casa de la chica. ¡Y qué sucio truco había usado la mujer! Por un momento, el pelirrojo pensó que iba a morir, y no tenía idea de como se había salvado.
-Desde mi ventana vi que esa mujer te estaba dando una paliza- dijo Ren, borrando su sonrisa cuando recordó cómo lo golpeaban- vi que tus compañeros llegaron a pelear con ella. Y cuando te vi tirado en la calle, no te podía dejar ahí-
-Gracias- sonrió el chico- pero me refería a… ¿cómo me trajiste hasta aquí tú sola?-
Ren se ruborizó y, por un momento, Touma entrecerró los ojos. La chica se pasó un mechón de cabello detrás de la oreja en un gesto nervioso.
-Yo… eh… no puedo explicarlo- dijo Ren, lo cual era verdad, no podía explicar como lo había hecho- pero…eh… soy más fuerte de lo que parezco-
Touma no insistió. Quizá Ren tenía razón, y la adrenalina la había ayudado a levantarlo. Como hubiese sido, ella le había salvado el pellejo seguramente, lo había curado y atendido en su propia casa, arriesgándose a que de nuevo Ares decida molestarla.
-Muchas gracias, Ren- dijo Touma, sonriendo mientras la miraba con enormes ojos- no tenías que haberlo hecho-
-¡Claro que sí!- dijo Ren antes de pensar lo que decía- tú… ustedes me salvaron esa vez. Tenía que compensarte de alguna manera-
Ren enrojeció levemente. No era cierto eso de que Touma y los demás la habían salvado. Se lo debía porque lo había engañado, y había causado muchos problemas. La paliza que recibió el pelirrojo había sido por su culpa. Si no hubiera obedecido a Ares… No. Sabía que esa no podía ser una opción, sabía muy bien que le hubiera pasado si no hubiera obedecido.
Touma la notó pensativa, y pensó que estaba preocupada por alguna represalia de los enemigos, así que sonrió, y extendió su mano libre hacia ella para tocar su mejilla. Ren sonrió un poco apenada, pero no se retiró de la mano de él.
-De todas maneras, muchas gracias, Ren- dijo Touma- y no te preocupes, no dejaremos que te pase nada malo-
Con un movimiento suave, Touma deslizó su mano de su mejilla a su cabello, y luego a la parte posterior de su cuello. Ella se sonrojó hasta la raíz del cabello, pero aún así se inclinó hacia él. Touma también sonrió e intentó separar su cabeza de la almohada. Los dos cerraron los ojos mientras se acercaban cada vez más y…
RIIIIIIIIIING
Los dos se separaron dando un respingo de sorpresa antes de que sus labios pudieran tocarse, y miraron hacia el sitio de donde provenía el sonido. El celular de Touma comenzó a sonar insistentemente. Ren se mordió el labio, y él frunció el entrecejo, algo molesto por la interrupción, incluso gruñendo en voz baja.
-Eh… deberías contestar. Deben estar preocupados por ti- dijo Ren, mirando hacia otro lado- voy a traer algo de comer-
Sin esperar respuesta, la chica se levantó y se apresuró a la cocina. Touma aun no se creía lo que pasó, que estuvo a punto de besar a Ren. ¿Qué le pasaba? Sacudió la cabeza, intentando normalizar su respiración, y decidió contestar el teléfono.
-¿Hola?-
-¿Touma?- escuchó la preocupada voz de su hermana mayor- ¿estás bien?¿dónde estás?¡Te hemos estado buscando por todas partes!-
-Tranquila, Marin, bájale dos rayitas a tu estrés. Yo… eh… es una larga historia, pero estoy bien. Estoy en el estudio de Ren Sawamura- dijo Touma.
Hubo un silencio en la línea unos segundos.
-Touma, ¿porqué no siento tu cosmo?-
-Eh… no tengo idea- dijo Touma- yo estoy bien, no creo que me hayan robado mi cosmo, y…-
De pronto se interrumpió, y sintió una sacudida en su cuerpo. Touma parpadeó, y escuchó que Marin le dijo que ya habían localizado por fin su cosmo, y que irían por él inmediatamente.
Mientras tanto, Ren estaba de pie fuera de la habitación. Al escuchar sobre su cosmo, apagó su cobertura para que los santos pudieran localizarlo. Respiró hondo. Eso de mantener en secreto sus poderes era cada vez más difícil, sobre todo porque ya los había usado otra vez. Antes de bajar a la cocina, se prometió a sí misma no volver a servirse de ellos, al menos no tan cerca de los demás. Ya estaba cansada de tantas mentiras.
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Poco más tarde
Marin y Aioria llegaron al lugar donde sentían el cosmo de Touma y llamaron a la puerta. Mientras esperaban a que les abrieran, los ojos de la chica se posaron sobre las flores rojas que estaban en la entrada del local.
-¿Qué sucede?- dijo el santo de Leo.
-Estas flores…- dijo la chica- me recuerdan a mi casa en Japón…-
Aioria sonrió levemente e iba a decir algo, pero se interrumpió al ver que abrieron la puerta. Ambos se sorprendieron al ver que la chica que se asomó. Tenía casi la misma edad que Touma, una chica con leves rasgos orientales, de cabellos oscuros y brillantes ojos azules.
-¿Está…? Digo, vinimos por Touma- dijo Marin.
La chica sonrió y abrió la puerta por completo.
-Pasen, está arriba- dijo ella.
Ambos santos entraron al local y siguieron a Ren por el edificio hacia el apartamento del segundo piso. Encontraron a Touma aún tumbado en el futón, cubierto de vendas, y un parche en la mejilla derecha. Marin hizo una expresión mortificada, pero Aioria le puso una mano en el hombro.
-Estará bien, no te preocupes- dijo Aioria, y se acercó al pelirrojo- ¿necesitas que te ayude?-
-Ten cuidado- intervino Ren- tiene un hombro dislocado-
Aioria asintió y ayudó a Touma a levantarse, apoyando su brazo sano en su propio hombro. Marin, por su parte, se volvió a Ren.
-Muchas gracias por cuidar de mi hermano- dijo la amazona.
-No es nada- dijo Ren, apenada, y después hizo un gesto de haber recordado algo- oh, esperen-
La chica bajó a la cocina, y sirvió lo que quedó del té en un contenedor hermético, y se lo entregó a Marin.
-Tomen, esto puede ayudar a curarlo más rápido- dijo la chica.
La amazona miró el contenedor, y sonrió, conmovida de que la chica se preocupara así por su hermano.
-Muchas gracias por todo- sonrió Marin.
-Gracias, Ren- dijo Touma finalmente con una sonrisa cansada.
Ren sonrió mientras veía que los chicos se llevaban a Touma de regreso al Santuario de Athena, donde seguramente se sentiría mucho mejor. Una vez que cerró la puerta tras de ellos, la chica se sintió muy aliviada. Touma estaba a salvo, y nadie había descubierto sus poderes. Finalmente, haberlo rescatado la noche anterior no había sido un error.
Al mismo tiempo, mientras que Aioria ayudaba a Touma a caminar hacia el Santuario, Marin caminaba detrás de ellos, con su atención sobre el recipiente con el té. Había algo que la pelirroja no lograba entender todavía.
-No me lo explico…- dijo Marin.
-¿Qué cosa?- dijo Touma.
-Te estuvimos buscando toda la noche- dijo ella- no solo nosotros, sino los otros dos ángeles, y también Seiya y otros santos de plata y bronce-
Touma bajó la mirada, un poco culpable de haber preocupado a Marin, a sus compañeros y a todos en general en el Santuario.
-Lo siento, yo…-
-No es eso- continuó Marin, interrumpiéndolo- lo que no me explico es como ninguno de nosotros pudo sentir tu cosmo hasta hace unos momentos-
-Quizá porque estaba herido- dijo Touma- o porque Fjore usó una sustancia que me paralizó-
-Quizá fue eso, no es tan descabellado- estuvo de acuerdo Aioria.
-No lo sé, sigue siendo extraño- dijo Marin- además, no entiendo como esa chica tan bajita y menuda pudo haberte subido a su habitación en la segunda planta-
-¿La adrenalina?- dijo el pelirrojo, y se encogió de hombros- realmente no importa como lo hizo, Marin, lo importante fue que gracias a lo que hizo no me convertí en comida de gusanos-
Marin asintió gravemente, pero su lado curioso quería saber cómo lo había hecho. No solo parecía imposible que una chica tan pequeña y delgada pudiera levantar a Touma, mucho menos cruzar el local y subirlo por las escaleras. Además, no había ningún rastro de muebles movidos de su sitio o manchas de sangre en todo el camino desde la entrada hasta la habitación. Finalmente la chica sacudió la cabeza. Ya lo averiguaría más tarde.
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Lugar desconocido
Poco antes
Fjore estaba furiosa, cruzada de brazos y piernas en un sillón mientras que soportaba el regaño de Constanza sobre cómo había logrado perder a Touma.
-¿Cómo que su cosmo desapareció?- dijo Constanza- si desapareció, es que está muerto-
-No, estoy segura de que Touma todavía estaba vivo cuando lo dejé- dijo Fjore, sus puños apretados en una expresión llena de frustración- todavía estaba vivo cuando llegaron los otros dos ángeles. Y cuando me escapé de ellos e intenté regresar a rematarlo, había desaparecido, con todo y su cosmo-
-Si eso es cierto, acabas de perder la mejor oportunidad que teníamos de destruir al pelirrojo- dijo Constanza, cruzándose de brazos enfurecida- no volveremos a tener una oportunidad así-
-¡No es mi culpa!- dijo Fjore- usé la poción, pero no puedo pelear contra los tres ángeles y un santo dorado al mismo tiempo. Y además…-
Se interrumpió, y ambas mujeres compartieron una mirada furiosa. Las dos habían sentido el cosmo de Touma reaparecer en la ciudad de Atenas, apenas a unos metros de donde había desaparecido, y en un sitio terriblemente familiar para Constanza.
-¡Es imposible!- dijo Constanza, al sentir que no solo estaba vivo, sino parecía estar en camino a curar sus heridas- ¿cómo puede ser?-
-Te lo digo, estoy segura de que la única explicación es que alguien lo ayudó antes de que yo pudiera regresar- dijo Fjore.
Constanza entrecerró los ojos. Pudo haber sido uno de los santos de Athena, bloqueando su cosmo para que no lo pudieran encontrar. Pero no, los santos y los otros dos ángeles estaban buscando con desesperación al ángel pelirrojo. No, tuvo que ser alguien más, ajeno al Santuario, que no les informó de lo sucedido.
Y de pronto recordó a alguien que vivía apenas a unos metros de donde Touma había estado peleando contra Fjore.
-No es imposible- dijo Constanza para sí misma, con una expresión pensativa, pensando en que Ren lo habría podido salvar con sus poderes, y al mismo tiempo, usarlos para enmascarar su cosmo- no, la mocosa no sería capaz… ¿o sí?- añadió, dudando.
-¿De qué hablas?- dijo Fjore.
-De nada- dijo Constanza, sacudiendo la cabeza, pero entrecerrando los ojos con decisión- seguiremos con el plan como hasta ahora. Pero tendré que vigilar de cerca a una persona, en caso de que haya alguna oportunidad de que nos pueda volver a ser útil…-
Fjore asintió.
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Palacio Valhala, Asgard
Frodi se frotó la frente. Era la cuarta vez que Rayen se les escapaba desde que habían llegado a Asgard, y comenzaba a volverse un poco ridículo. Balder no dejaba de burlarse de él. ¿Cómo era posible que una niña de cuatro años se le escabullera tan fácilmente? A otros de los guerreros, como a Sigmund, no les parecía tan gracioso, habiendo visto lo obsesivamente que Frodi se había vuelto al cuidarla, y no podían creer como la pequeña podía desaparecer.
-No lo entiendo- le había dicho Julieta la última vez que se había perdido- ella no es así en casa-
-Quizá es que estamos en un lugar extraño para ella, ¿no?- sugirió Frodi.
Esa tarde la pequeña había vuelto a escapar, y Frodi estaba desesperado buscándola por todas partes, sin mucho éxito.
Mientras tanto, fuera del palacio, Hilda notó un pequeño bulto colorido, que resaltaba sobre la nieve, a los pies de la estatua de Odín cuando se dirigía a hacer su oración vespertina. La mujer alzó las cejas, confundida, y al acercarse se dio cuenta que era Rayen. La pequeña estaba sentada en el primer escalón que llevaba a los pies de la estatua, bien abrigada con un grueso abrigo rojo y con su mirada hacia arriba.
Hilda se apresuró para ver si se encontraba bien. Rayen estaba bien y parecía muy contenta, sonriendo y cantando una canción en voz baja. La mujer respiró aliviada y se acercó a la niña, quien le devolvió la mirada con enormes ojos.
-Hola, Rayen- dijo Hilda cuando la alcanzó, sentándose en el escalón junto a ella.
-Hola, señorita- sonrió ella, quitando su atención al cielo al volver su mirada a la recién llegada.
-¿Qué haces aquí? ¿Porqué no estás con tu mamá?- dijo Hilda.
Rayen se encogió de hombros sin dejar de sonreír, y señaló a la estatua.
-Vine aquí a charlar con el señor de barba-
Hilda alzó las cejas. No podía tratarse de quien pensaba. Quizá… quizá había algún sirviente, algún mozo que estuviera ahí charlando con la niña. Porque no podía ser la estatua, ¿o sí?
-¿Quién es el señor de barba?-
-Ese señor grandote- dijo Rayen, señalando de nuevo la estatua- vino hace un rato a platicar conmigo-
-¿Y cómo era?-
-Tiene ojos grandotes, y azules, pero no como los de Frodi, otro color azul- explicó Rayen- y tiene barba. Y le gustan las canciones. Hace tuto guagua, tutito…-
Hilda parpadeó. Sí, Odín tenía ojos de color azul claro, y sí eran diferentes a los de Frodi… pero era imposible. ¿El dios estaba comunicándose con una niña?¿Y una niña que ni siquiera era originaria de Asgard? La mujer recordó inmediatamente lo que Frodi le había contado, y las circunstancias en las que Julieta la había encontrado. ¿Acaso Odín había influido para que la encontraran, para que Julieta conociera a Frodi y…?
-¿Y qué fue lo que te dijo… él?-
-Me preguntó que si me gustaba vivir aquí- dijo Rayen, ladeando la cabeza sin dejar de sonreír- y le dije que sí. Me gusta estar aquí con mi mamá y con Frodi-
Hilda sonrió. No sabía porqué, pero Odín tenía algún plan para ella. Sería mejor que hablara con Frodi y Julieta al respecto.
-Rayen, será mejor que regresemos- dijo Hilda- Frodi debe estar preocupado por ti-
La niña asintió y se puso de pie de golpe. Hilda le ofreció la mano, la cual la pequeña tomó sin dudar. Mientras que ambas caminaban de regreso al palacio, Rayen miró hacia atrás y agitó su manita.
-Te veo más tarde, Odín-
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Enfermería del Santuario de Athena
Poco después
Touma estaba un poco abrumado con la atención que los demás le estaban brindando. No solo Marin había estado muy preocupada, sino también los otros dos ángeles, y por supuesto, Artemisa. La chica había llegado a donde estaba él con una expresión asustada y preocupada. Tras explicarle lo que había pasado y asegurarle de que estaba bien, Artemisa por fin se había tranquilizado.
Sofi fue a ver cómo se encontraba Touma.
-Vaya, están muy bien cuidadas- dijo Sofía sin poder ocultar su expresión de sorpresa.
Touma gruñó en voz baja, por alguna razón encontrando insultante su sorpresa, pero asintió agradecido. Marin le pasó el recipiente con té y se sirvió un poco mientras que Aioria usaba sus poderes para curar su hombro.
-Menos mal que estás a salvo- dijo Artemisa con una expresión un poco entristecida.
El pelirrojo sonrió y, tras tomar la mano de la diosa, la besó respetuosamente.
-No se preocupe por mí, señorita- dijo Touma.
-Touma tiene la cabeza más dura de lo que pensamos- dijo Teseo, cruzándose de brazos y sonriendo con una expresión traviesa.
-Teseo tiene razón- dijo Odiseo mientras que el pelirrojo reía levemente.
-Bueno ya que todos vieron que está sano y salvo- dijo Sofi en un tono un poco autoritario- será mejor que salgan para que pueda descansar-
Touma sonrió levemente, agradecido con Sofi, pues si bien no necesitaba descansar, sí quería estar solo un rato. Después de despedirse de él, Artemisa y los otros dos ángeles salieron de la enfermería para dejarlo solo.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo enorme.
Abby L.
