DEL OLIMPO A LA TIERRA
X: MÁS MENTIRAS
Templo del Patriarca, Santuario de Athena
Días después
Un par de días después, Touma ya estaba completamente recuperado, y pudo resumir sus deberes en protección a Artemisa. No le gustó ni un poco que Fjore estuviera aún rondando. Dos o tres veces, mientras que convalecía, la malvada mujer había intentado atacar a sus dos compañeros, pero con ayuda de los santos habían repelido su ataque, y por poco logran atraparla.
Touma se puso la máscara de su armadura, y pasó los dedos por el metal. Desde un día antes de ser herido, el chico no había usado su armadura ni su máscara, y se sentía extraño al volvérsela a poner. Recordó con una sonrisa que Ren no lo había reconocido al principio por culpa de ella. Suspiró largamente mientras subía las escaleras del Santuario para llegar al templo del Patriarca. Tenía que hablar con él y con Athena.
Esos días tuvo tiempo para pensar lo que había pasado en casa de Ren. Ahora que lo pensaba mejor, supo que Marin tenía razón, no tenía sentido la manera en la que la chica había dicho que lo había subido a su habitación. No había manera humanamente posible de que Ren cargara a un chico mucho más pesado que ella con tanta facilidad.
Y el otro asunto era que, mientras estuvo con ella, su cosmo desapareció por completo, preocupando a los otros dos ángeles y a los santos.
Al principio no le dio importancia, pero ahora que lo pensaba bien, cambiaba muchas cosas. Era importante porque, si había algo extraordinario sobre Ren, eso le daba un nuevo significado al incidente con Ares en el Olimpo cuando la conocieron. ¿Sería posible que Ren fuera especial de alguna otra manera, y que el interés de Ares por ella fuera por algo diferente?
Por fin llegó al templo del Patriarca y se dirigió a la biblioteca, donde Shion y Sara estaban tomando té juntos mientras que disfrutaban de un libro. Una vez que vieron al pelirrojo, éste les explicó a qué había ido. Les contó todo lo que recordaba, desde el incidente de Ren con Ares en el Olimpo, terminando cuando ella lo había rescatado e intentado curar.
-Touma tiene razón, no tiene sentido lo que pasó- dijo Sara, volviendo sus ojos del pelirrojo hacia el Patriarca. Su curiosidad comenzaba a molestarla.
-Lo que me intriga no es como te llevó dentro de su casa- dijo Shion, pensativo- sino porqué porque tu cosmo estuvo oculto todo ese tiempo…-
-Y por eso vine- dijo Touma- quería preguntar… ¿hay situaciones en las que alguien pueda ocultar su cosmo, o el cosmo de alguien más?-
Shion iba a responder, pero rió en voz baja al ver que Sara se incorporó en su asiento, mirándolo con curiosidad mientras se preparaba para escuchar esa historia. La besó en la mejilla antes de volverse a Touma.
-Pues sí, hay varias maneras en las que uno puede ocultar su cosmo- dijo Shion- por ejemplo, Shaka de Virgo puede mantener oculto su cosmo, o el de alguien más, usando su meditación. Mu y yo también podemos ocultarnos con nuestros poderes de psicoquinesia, aunque nunca había pensado que hubiera una manera de enmascarar el cosmo de alguien más-
Touma se quedó pensativo. ¿Sería posible que Ren tuviera los poderes de meditación que tenía Shaka de Virgo?¿O que fuera…?
-Ahora que lo pienso- Shion interrumpió los pensamientos del pelirrojo, haciéndolo levantar la mirada- también los dioses pueden ocultar a un mortal. Por ejemplo, Apolo una vez usó su cosmo para esconder a Liliwen de Artemisa, ¿no lo recuerdas?-
-Es cierto- dijo Touma con una expresión sorprendida- y también Camus escondió el cosmo de Liliwen también, con su cosmo frío-
-Bueno, en esa ocasión no lo escondió- dijo Shion- solo lo disimuló, para que no pudiera identificarlo-
Touma asintió pensativo. Había varias posibilidades. ¿En serio Ren sería una chica extraordinaria? Si la respuesta era sí, quizá estaría en peligro de que Ares volviera a molestarla, sobre todo porque la protección de Artemisa no funcionaba si ésta seguía siendo humana.
Tras agradecer al Patriarca y despedirse, Touma regresó a su puesto en el templo Norte, aún estrujándose los sesos para encontrar la respuesta.
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Estudio Sakura
Al mismo tiempo
Ren se frotó la frente, un poco fastidiada. El día después del incidente con Touma, la chica había decidido pasar todo el día en cama. Tras cambiar las sábanas y limpiar el desastre que hizo, se dejó caer sobre el futón y se quedó dormida. Una muy alarmada Olivia, quien había llegado a trabajar y al no encontrarla en la tienda, la buscó desesperadamente y la despertó una hora más tarde. Para quitársela de encima y no tener que explicar nada, Ren le dijo que no había dormido bien porque se sentía enferma, y ahora que se sentía mejor quería descansar.
Olivia no hizo más preguntas y se encargó de la tienda ese día mientras que Ren descansaba, pero en los siguientes días Ren se dio cuenta de que, de nueva cuenta, tuvo que decir mentiras para ocultar lo que había pasado.
Esa tarde, Ren se encontraba sentada frente a la máquina de coser, trabajando en un vestido nuevo, mientras que dejó que su mente divague. La verdad estaba molesta consigo misma. Desde aquel asunto con Ares se había visto obligada a mentir para ocultar el hecho de que era medio lemuriana. Se llevó la mano distraídamente hacia la frente, y suspiró. Quizá, si decidía decirle la verdad a Touma…
No, su padre ya se lo había explicado, era peligroso revelar su secreto. ¡Y vaya que había tenido razón!
-No me gusta mentir- dijo Ren en voz alta, mientras que Chanel la miraba con una expresión aburrida- esto es como una bola de nieve de mentiras, cada vez se vuelve más y más grande, y…-
Tragó saliva. No podía decirle la verdad a Touma ni a nadie. Y solo había valido la pena porque había rescatado al pelirrojo, y le había podido compensar por mentirle, aunque él no lo supiera. Al menos su consciencia se sentía mucho menos pesada.
Ren suspiró y siguió trabajando. Al menos ese día Olivia no la iba a molestar.
Suspiró. Tenía ganas de ver a Touma, aunque no lo admitiera. El chico le caía bien, la hacía reír, y la verdad le tenía mucho cariño. Recordó, con sus mejillas ruborizadas, que habían estado a punto de besarse, si no hubiera sido por la llamada telefónica de su hermana.
-Pero, ¿qué me pasa?- dijo Ren, sonriendo levemente, pero sacudió la cabeza después- no, no me debería enamorar de él, es peligroso-
Sabía muy bien que si lo hacía, esos malditos iban a regresar a ella, la usarían tratando de hacerle daño para llegar a Touma. Había escuchado todas las historias de las chicas de los santos de Athena. Se frotó la frente. No debía pensar eso.
Además, tenía mucho trabajo y no valía la pena distraerse en tonterías así.
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Ptolomea, Inframundo
Esa tarde
Radamanthys y Victoria fueron los últimos en llegar a Ptolomea, el primero llevando en sus brazos a Lucy, y ella con una caja de regalo en sus manos.
-Papi, ¿donde ta bebé?- dijo Lucy insistentemente.
-Ya casi lo vemos, cariño- dijo el espectro de Wyvern- solamente recuerda que no debes tocarlo sin lavarte las manos, y sin permiso de tu tío Minos-
Lucy asintió repetidamente y siguió caminando tomada de su papá mientras subían los escalones en la entrada de la esfera del Inframundo. Mientras entraban, Radamanthys tenía una sonrisa en su rostro. Se imaginaba lo feliz que iba a estar su compañero al dar la bienvenida al bebé.
Hacía dos días el bebé de Minos y Aria había nacido en el hospital, y ese día lo habían dado de alta junto con su mamá. Lune se aseguró de que todo en Ptolomea estuviera listo para recibir al bebé, y que todos los espectros cooperaran para ayudarlos.
Cuando entraron a la sala, todos estaban ya reunidos. Aria estaba sentada en la orilla de un sofá, junto a la madre de Minos, quien cargaba al pequeño en sus brazos, y el orgulloso papá estaba revoloteando detrás de ellas dos. Como era de esperarse, Violate estaba en una esquina, lo más alejada del bebé como le fuera posible, y un muy divertido Aiacos intentando convencerla de que no se iba a enfermar si se acercaba un poco.
Hades y Perséfone estaban sentados en otro sillón, al lado de ellos, y ambos miraban con interés al bebé. Los dioses gemelos y sus esposas también estaban ahí.
Antes de que Radamanthys y Victoria pudieran saludar, Lucy soltó la mano de Radamanthys y corrió hacia donde estaba Minos.
-Tito Mino, Tito Mino- dijo la niña- ¿puedo ver a tu bebé?-
Minos sonrió, hinchando el pecho orgulloso.
-Claro que sí, pero solo porque eres mi sobrina favorita- dijo Minos, sonriendo. El espectro de Grifo alzó a la niña y la sentó en el sofá, junto a su mamá, y la pequeña se asomó contenta a ver al bebé.
-Un momento, señorita Lucy- dijo de pronto Lune, poniendo un poco de gel antibacterial en las manos de la pequeña. Lucy juntó sus manitas, y cuando estuvieron listas, Minos tomó al bebé de manos de su mamá y lo puso sobre Lucy.
-¡Qué lindo!- dijo la niña al ver al pequeño, que se parecía mucho a Minos. Tenía apenas algunos cabellos, que eran rubios, pero el resto era casi un clon de su papá- ¿cómo se llama?-
-Se llama Anders- dijo Minos, sentándose junto a Lucy.
Minos y Aria habían recibido varios regalos del Santuario de Athena, el primero de parte de la diosa, y uno de parte de Sofía y Aioros. La mamá de Minos los había acompañado y no los había dejado solos ni un minuto. De la familia de Aria no habían escuchado ni una palabra, sobre todo después del incidente donde las madres de ambos se encontraron, pero ambos ni siquiera pensaron eso.
Mientras estaban felicitando a los nuevos padres, Radamanthys notó a Lune ajustando el termostato de la habitación y midiendo la inclinación de la cuna del bebé para que todo estuviera perfecto. El juez de Wyvern se echó a reír.
Anders sería el bebé mejor cuidado del Inframundo, por mucho, gracias a la obsesión de Lune.
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Estudio Sakura, Atenas
Días después
Esa tarde, Touma decidió bajar a la ciudad a visitar a Ren y aprovechar para preguntarle como había logrado levantarlo de la calle. Si ella tenía algún poder oculto como la meditación de Shaka, Touma tenía miedo de que los enemigos quisiera intentar algo contra ella.
Cuando llegó al estudio, se encontró a Ren trabajando muy concentrada en el vestido que estaba puesto en el maniquí, tanto así que no lo escuchó entrar. Touma sonrió al ver a la chica arrodillada en el suelo, dandole la espalda mientras bordaba con cuidado los bordes de la falda del vestido. Esta vez, a diferencia de todos los días que usaba peinados de todos tipos, llevaba el cabello suelto sobre uno de sus hombros, con la parte posterior del cuello descubierto.
El pelirrojo tuvo varias ideas de como saludarla, pero no quiso asustarla. En vez de ello, el chico se aclaró la garganta un poco más fuerte de lo normal. La chica hizo un respingo de sorpresa y se volvió hacia él pero sonrió al ver que se trataba de Touma.
-Hola- sonrió Ren- que bueno de tu parte venir a visitarme-
-Hola- dijo Touma- vine a verte, y también… quisiera hablar contigo de un asunto-
Ren lo miró sonriente, pero regresó su vista al trabajo que tenía.
-Claro, toma asiento- dijo Ren- podemos charlar, pero tengo que seguir trabajando para terminar este vestido, lo tengo que entregar para mañana. Espero que no te moleste. Chanel te puede hacer compañía mientras tanto-
-Miau- dijo Chanel al escuchar que la mencionaron, pero seguía en lo alto del mostrador, y lo más lejos posible del pelirrojo.
-No, está bien- dijo Touma, pensando que eso no podía esperar más tiempo.
El chico se sentó en el sitio donde Ren le indicó, detrás del mostrador, mientras veía a la chica bordando el vestido con dedos hábiles y a una velocidad impresionante.
-¿Y bien?- dijo Ren, pausando levemente su trabajo y volviéndose hacia él- ¿de qué querías hablar?-
-Venía a agradecerte lo que hiciste por mí, Ren- dijo Touma- la verdad me salvaste la vida-
-Ya te dije que no fue nada- dijo ella, sonriendo mientras pausaba por un momento su trabajo, lo miraba con una sonrisa antes de regresar su vista al vestido- tú hiciste lo mismo por mí. Era lo menos que podía hacer para agradecerte-
Touma sonrió levemente.
-Pero hay algo que no me he podido explicar- dijo el pelirrojo- ¿cómo hiciste para esconder mi cosmo?-
-¿Yo hice eso?- dijo Ren, volviéndose hacia su trabajo de nuevo, pero al chico le pareció como si quisiera evadir su mirada- quiero decir… ¿qué es cosmo?-
Touma entrecerró los ojos. Se podía notar el nerviosismo incluso en las manos de la chica, que ya no tenían la habilidad que hasta hacía unos momentos. Entrecerró los ojos. ¿Había algo que la chica le estuviera ocultando a propósito?
-Tengo la impresión de que ocultas algo. Ren, yo solo quiero ayudarte- dijo Touma en voz baja, intentando no sonar amenazante o insistente- pero para eso necesito que me digas la verdad-
-Touma, de verdad no tengo idea de qué estás hablando- dijo Ren firmemente, aún sin volver su vista, la cual seguía fija en la falda del vestido que estaba intentado bordar. Sentía que sus manos temblaban mientras que sostenía la aguja con sus manos. ¡Odiaba mentir! Y ahí estaba de nuevo, mintiéndole al chico que le gustaba, para protegerse a sí misma y cumplir la promesa que le hizo a su padre de no revelar sus poderes.
-Estoy preguntándote… si tienes un poder oculto que usaste esa noche- dijo Touma tras unos segundos en silencio, en los que la chica no había quitado su vista de su trabajo- estoy seguro de que sabes de qué hablo-
-Ay…-
Ren se pinchó la punta del dedo con la aguja, y se lo llevó a la boca. Aún habiendo detenido su trabajo, mantuvo sus ojos firmemente en el vestido y no quiso volverse a Touma. Tras unos segundos de duda, intentando decidir que responderle, la chica respiró hondo antes de volver a hablar y giró su cabeza hacia él.
-No tengo nada de eso, Touma- dijo Ren firmemente- está bien, lo admito. Sé bien qué es un cosmo, pero porque es de dominio común, todo el mundo en Atenas sabe que es lo que les da su poder a los santos de Athena. Pero yo no hice nada con tu cosmo, ni tengo ningún poder secreto o como lo llames-
Ren volvió su atención al vestido y siguió bordando, esta vez de muy mal humor. No estaba enojada con el pelirrojo, pero… ¡se sentía muy mal por tener que seguir mintiendo! Touma se levantó de su asiento y se acercó a ella. Se puso de rodillas también detrás de Ren y la tomó por los brazos con suavidad. La chica sintió un escalofrío.
-Ren- dijo Touma en voz baja- ¿estás segura que esa es la verdad?-
Ren tembló levemente. No, no era la verdad. La verdad era que ella era medio lemuriana y tenía poderes de psiquinesia, y los había usado esa noche para ayudarlo. Pero no podía decir nada al respecto. Si Touma lo llegaba a saber, podía deducir lo que pasó en el Olimpo. Se mordió el labio. ¡No podía dejarlo saber eso!
Con un gesto molesto, Ren se sacudió las manos de Touma de sus brazos.
-¡Déjame!- dijo Ren, volviéndose hacia él con una expresión furiosa- ya te lo he dicho mil veces, y me ofendes al dudar de mi palabra-
Touma parpadeó, un poco apenado, dándose cuenta de que había llegado demasiado lejos.
-Lo siento mucho, no fue mi intención ofenderte- dijo él, pero el daño ya estaba hecho- solo lo hago porque quiero protegerte, asegurarme de que estarás a salvo si…-
-Tengo mucho trabajo hoy, será mejor que hablemos otro día- lo interrumpió Ren fríamente.
-Lo lamento, Ren, no te enojes, por favor…-
Demasiado tarde. Entre la insistencia del pelirrojo y sus propios remordimientos, la chica le lanzó una mirada de molestia.
-Tengo mucho trabajo hoy, será mejor que te vayas- repitió Ren- podemos hablar otro día que no tenga tanta prisa en terminar esto-
Touma asintió, también molesto porque la chica lo había echado, salió del local dando pisotones y cerrando la puerta de golpe, sin entender porqué la chica no quería hablar del tema.
Una vez que se quedó sola, Ren suspiró, y se sentó sobre sus talones. Se llevó las manos a la cara y sacudió la cabeza repetidamente. Se sentía de lo peor. ¡Había peleado con Touma!¡Y todo por las malditas mentiras!
Suspiró largamente y dejó la aguja sobre el alfiletero. Necesitaba un buen baño caliente para pensar mejor las cosas.
-Miauuuu- la reprendió Chanel con una expresión llena de indignación.
-No molestes, sabes bien que no tenía otra opción- dijo ella, mientras se levantaba del suelo y caminaba hacia la puerta de la tienda para cerrarla. Giró la llave y, tras suspirar en voz alta, subió a su habitación, seguida de la gatita negra- no puedo decirle la verdad, bajo ninguna circunstancia-
Una vez en la planta alta, la chica pasó al cuarto de baño, donde llenó la bañera hasta la mitad con agua tibia, se ató el cabello en una coleta alta, se quitó la ropa y se metió al agua.
-Ah, mucho mejor- dijo Ren mientras que se sumergía y apoyaba la cabeza hacia atrás, suspirando y cerrando los ojos.
Pero no estaba mejor, sino más bien un poco entristecida. ¿Qué había hecho? Acababa de correr a Touma de su casa. Le había gritado y lo había echado, cuando él solo estaba preguntando sobre su secreto porque quería protegerla. No sabía que no podía darle esa información porque… bueno, porque se sentía culpable, y porque temía las consecuencias de sus acciones.
Ren se encogió y abrazó sus piernas mientras se hundía más en el agua, tanto que ésta la cubrió casi a la altura de su nariz. Sus ojos se encontraban enrojecidos. Suspiró largamente y sacudió la cabeza, sacándola del agua. Había hecho lo que tenía que hacer.
-Quizá lo que pasó fue para mejor- dijo ella en voz baja, buscando con la mirada a Chanel- quizá así mi secreto estará seguro, y no voy a tener que seguir mintiéndole a nadie, ¿verdad?-
-Miauuu….-
La chica se volvió a un lado, y vio que su gata la estaba mirando con una expresión de reproche desde la puerta del cuarto de baño.
-No me mires así, Chanel- dijo Ren antes de sumergir de nuevo su cabeza en el agua- sabes bien que no tengo otra opción-
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Terrenos del Santuario
Al día siguiente
Shion sonrió amablemente mientras que miraba a Sara despedirse de su hermana. Después de sus vacaciones en Atenas, Sonia tenía que regresar a su trabajo en Sudáfrica. Su colega, Fred, no paraba de llamarla para hacerle preguntas de como manejar a los cocodrilos de la reserva. Con Molly en sus brazos, como si se tratara de un muñeco de peluche, Sara dudó acercarse a su hermana para abrazarla.
Sonia se echó a reír y puso el cocodrilo en el suelo.
-Te voy a extrañar, sardina- dijo Sonia.
-Yo también te voy a extrañar- dijo Sara- pero por favor, ten cuidado-
-Tú también- dijo su hermana, recogiendo a Molly y recordando lo que había pasado antes- no sé porque sospecho que este sitio puede llegar a ser más peligroso que nadar con tiburones-
-A veces lo es- admitió Shion.
Sonia se echó a reír y, tras despedirse de la mayoría de los santos, asintió en dirección a Shion, quien usó sus poderes para transportarla a su apartamento en Sudáfrica, con todo y su cocodrilo.
Una vez que se quedaron solos, el Patriarca rodeó la cintura de Sara, y ambos regresaron al templo. A pesar de que Sara genuinamente extrañaba, se sentía un poco aliviada de que se hubiera ido, sobre todo porque su hermana era terriblemente impulsiva y se podía meter en peores problemas de los que ya se había metido.
-¿Estás bien?- le dijo Shion.
-Por supuesto que estoy bien- sonrió ella, ladeando la cabeza para apoyarla en el hombro de él- estoy contigo-
El Patriarca sonrió contento. Había tenido la esperanza de que finalmente Aldebaran lograra conquistar a la hermana de Sara, pero pronto había llegado a la conclusión de que, si bien podían ser buenos amigos, pero nada más.
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Templo Norte, Santuario de Athena
Esa noche
Algunas de las chicas del Santuario habían ido al templo Norte a visitar a Artemisa para distraerla y hacerla pasar el tiempo más rápido. Sofi había llevado a los mellizos sola, pues Aioros estaba vigilando los terrenos esa noche. Al mismo tiempo, Lena había llevado consigo a Sai y Cathy llevó a Mavri. Los cuatro niños se pusieron a jugar, ignorando lo que pasaba con sus mamás. Lydia los acompañó, principalmente para ayudar a Sofi con los mellizos, que ya casi corrían y era imposible seguirles el paso.
Artemisa pareció animarse bastante con la presencia de los niños. Todos la miraban con mucha curiosidad y buscaban llamar su atención, llevándole sus juguetes para que los viera o simplemente tirando de sus manos para que se sentara a jugar con ellos.
Teseo y Odiseo miraban divertidos a las chicas y a los niños. Ambos se miraron entre sí, cómplices, al ver que Artemisa estaba genuinamente divirtiéndose con los pequeños. Se había sentado en el tapete del suelo con ellos, y les pasaba el balón de un lado a otro. La pequeña Carina era su favorita de todos los niños.
Artemisa miró a la niña pelirroja, y se preguntaba si Liliwen se vería algo parecida cuando era pequeña. Tal vez no, su sobrina tenía cabellos alborotados que seguramente los tenía desde que era niña. Ahora que lo recordaba, ella había visto solo los cabellos rojos de Liliwen en brazos de Arienwen antes de que ésta…
Artemisa sacudió la cabeza. Sintió un poco de ternura por ella. ¿Apolo la veía con esos ojos cuando estaba pequeñita?¿Arienwen también? Era obvio que ella se hubiera sacrificado por su pequeña, y que Apolo se hubiera metido en tantos problemas por ello.
Carina la miró, ladeando la cabeza y sonriendo. La niña se puso de pie con dificultad y caminó tambaleándose hacia Touma, quien también estaba apoyado en una de las columnas, y se abrazó de una de sus piernas.
Touma dio un respingo de sorpresa, pero sonrió levemente y se inclinó al suelo para levantar a la pequeña del suelo. Carina sonrió con su cabecita ladeada, y extendió sus manitas para tocar la cara del pelirrojo.
Touma había regresado de la ciudad con una expresión furiosa, que poco a poco se fue tornando a tristeza. Se sentía devastado por lo que había pasado en la tarde. Una parte de él pensaba que se lo merecía, haciendo enojar a Ren con su insistencia. Quizá era cierto, se sentía ofendida de que le hubiera preguntado tantas veces.
Ahora, no sabía porqué, pero esa niña lo hacía sentirse un poco mejor.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les pido disculpas por no poder contestarlos, está haciendo de las suyas de nuevo y no me ha dejado responder. Muchas gracias a todos por seguir leyendo. Les mando un abrazo.
Abby L.
