DEL OLIMPO A LA TIERRA

XI: ALTERNATIVAS

Coliseo, Santuario de Athena

Al día siguiente

Artemisa y sus ángeles, junto con varios santos dorados y de plata, se reunieron en el Coliseo para mirar el espectáculo. Por un lado, los dos antiguos piratas, Tora y Arthur, empuñaban largas espadas de madera y miraban a sus adversarios con sendas sonrisas traviesas. Por otro lado estaban Dohko y Argol, también cada uno con sus espadas de madera.

-Prepárense para recibir sus patadas, ye filthy swines- dijo Tora, haciendo girar su espada con su mano, guiñando un ojo al chico a su lado- Arthur, más vale que no me dejes en vergüenza-

-Me ofendes- dijo Arthur, poniendo los ojos en blanco por un momento, y después se volvió a sus oponentes- esto va a ser divertido-

-Solo porque tienes permiso de darme una paliza no quiere decir que lo vas a lograr, mocoso- dijo Argol.

Todos los espectadores rieron. Incluso Artemisa parecía divertirse mucho con Tora.

-Menos palabras y más acción- dijo Tora.

-Atención, si ambos grupos están preparados- dijo Nadezhda, que estaba actuando de árbitro en ese duelo- uno… dos… ¡comiencen!-

Ver a los dos piratas pelear juntos era todo un espectáculo. Tora y Arthur corrieron hacia sus oponentes, espadas en mano, en una formación impresionante. Se cambiaban de lado con rapidez, y realmente tenían una gran habilidad para usar la espada

Y metieron en problemas a los dos santos.

Dohko, quien ya se sabía algunos de los trucos de Tora, usaba su velocidad para evadir sus ataques, cosa que la chica no podía alcanzar por no ser un santo dorado.

-Argggg… eres un maldito tramposo- dijo Tora en tono de reproche, al fallar el golpe porque Dohko usó su cosmo para evadirlo- ¡no se vale usar la velocidad de la luz!-

-No dijiste nada de eso, cariño- le dijo Dohko- es solo que…-

-¡Dokho, cuidado!- gritó Argol, pero fue demasiado tarde.

¡POW!

Aprovechando la distracción, y que Dohko estaba muy concentrado en Tora, Arthur aprovechó y le dio un golpe con su espada de madera en la cabeza.

-¡Ay ay ay!- se quejó Dohko.

-Nos engañaron…- dijo Argol, entrecerrando los ojos.

-¡Piratas!- dijeron Tora y Arthur al mismo tiempo, haciendo reír a todos los espectadores.

-¿Listos para el segundo round?- dijo Arthur, sus ojos pasando por las gradas, y se ruborizó levemente al ver que Irene estaba mirándolo.

Esto no pasó desapercibido para Sara, quien también estaba mirando atentamente el combate, y se estaba divirtiendo como todos. Al notar los sonrojos de ambos lados, Sara se inclinó hacia Shion.

-Mira- dijo Sara en un susurro a Shion- creo que Arthur todavía está enamorado de Irene-

-Sí, y parece que esta vez va en serio- dijo el Patriarca- ese Arthur se enamoraba de una chica distinta cada semana, pero ahora lleva casi un año detrás de Irene-

A unos metros de donde estaban ellos dos, Artemisa reía de buena gana al ver la paliza que Tora les propiciaba a los otros chicos, y se sorprendía de que Athena no la hubiera reclutado ya como amazona. Teseo y Odiseo también se reían de que los dos chicos estuvieran metiendo en problemas a los dos santos.

Touma, por su parte, parecía no estarse divirtiendo. Estaba melancólico en uno de los extremos del Coliseo, cumpliendo con su deber de cuidar a Artemisa, pero no más que eso. Aún estaba un poco triste por lo que había pasado el día anterior con Ren. ¿Qué estaría haciendo en esos momentos?¿Bordando un vestido? Si iba a verla de nuevo, ¿lo correría de nuevo de su casa?¿ya lo odiaba para siempre?

Suspiró largamente. Tenía que reunir un poco de valor para volver a ir a verla, y pedirle perdón por hacerla enojar.

x-x-x

Estudio Sakura

Al mismo tiempo

Como Touma se la había imaginado, Ren estaba en esos momentos terminando un conjunto de blusa y falda que tenía que entregar ese mismo día. La blusa blanca estaba hecha de una lana delgada, con mangas largas y flores rosadas bordadas a la altura del cuello y el pecho. Tenía una falda de tela suave del color rosa, cubierta con tul también rosa y lunares blancos.

-Has estado inusualmente callada el día de hoy, Ren- dijo Olivia, interrumpiendo sus pensamientos.

-No empieces, Oli- dijo Ren, poniendo los ojos en blanco, sin siquiera volverse a ella- no es nada, en serio-

-Sí, claro, y yo soy la reina de Inglaterra- dijo Olivia, cruzándose de brazos y alzando las cejas- ¿es que te peleaste con el chico pelirrojo ese?-

Al escuchar ello, Ren se ruborizó hasta la raíz del cabello.

-No, por supuesto que no tuve ningún problema con…- comenzó a decir Ren, y de pronto se interrumpió, dándose cuenta de su error, y sacudiendo la cabeza- eh… ¿qué pelirrojo? No sé de quien hablas-

-Ren, eres terrible mintiendo- dijo Olivia, sonriendo de lado- vamos, escúpelo-

Ren puso los ojos en blanco y suspiró largamente. Ah, si tan solo Olivia supiera lo mucho que había tenido que mentir en los últimos días. ¡Estaba harta! Realmente odiaba lo que estaba pasando pero, nuevamente, decir la verdad estaba fuera de discusión.

-Sí, peleé con Touma- dijo Ren con una expresión derrotada- y me siento culpable de haberme enojado con él-

-¿Lo corriste?- dijo Olivia, y Ren asintió con culpabilidad- no te preocupes, estoy segura de que regresará pronto-

-¿Cómo sabes?-

-Porque lo vi como te mira- dijo Olivia, guiñándole un ojo- desde la primera vez que vino, se nota que le gustas-

Ren bajó la mirada para que no se le notara el rubor de sus mejillas. Olivia iba a decir algo más, pero el cliente entró a la tienda para recoger su pedido, y no pudieron continuar la conversación.

x-x-x

Templo de Leo

Poco más tarde

Después de la pelea con espadas en el Coliseo, y de la paliza que Tora y Arthur le habían dado a Dohko y a Argol, Kostas parecía mucho más motivado y emocionado para entrenar ese día. Había tomado una escoba y la pasó peleando con algún adversario invisible, bajo la mirada de Aioria, quien estaba muy divertido de verlo incluso imitar las palabras impertinentes de Arthur y de Tora.

Marin también llegó al templo de Leo, y se echó a reír al ver a Kostas practicando con la escoba y a Aioria sentado en el suelo en una esquina del templo. Ambos vieron al pequeño tan motivado y divertido que no se atrevieron a cambiar el entrenamiento, al menos por ese día.

-¿Cómo les fue con la pelea?- dijo Marin.

-Pues, como ves, Kostas se emocionó mucho- rió Aioria- Tora y Arthur les dieron una buena paliza. Nunca había visto al mocoso de Arthur moverse así, ni siquiera durante los entrenamientos-

Marin se echó a reír. Sí, Arthur había tenido que aprender, desde muy pequeño, a pelear con espada y armas de fuego, sobre todo para defenderse, y en eso era bastante hábil. Tora ni se diga. Además, era divertido el buen humor que tenían los dos.

Aioria sonrió y extendió su mano para tomar la de Marin, quien seguía de pie junto a él, y tiró de ella para hacerla sentarse en su regazo. La chica dejó escapar un grito de sorpresa y se echó a reír.

-Shhh…- le dijo Aioria en voz baja, pero ni eso logró distraer a Kostas.

Marin apoyó su cabeza en el hombro de Aioria y suspiró, cerrando los ojos, mientras que él la abrazó posesivamente. Marin casi estuvo segura de que él ronroneó de gusto.

-¿Cómo ha estado Touma?- preguntó Aioria después de un rato.

-¿Touma?- dijo Marin, separándose de él por un momento- ha estado bien. Solo creo que últimamente ha estado un poco triste-

Aioria alzó las cejas.

-¿Por la chica que lo rescató?- preguntó Aioria.

-Quizá- dijo Marin, encogiendo los hombros levemente- me gustaría saber que fue lo que pasó entre esos dos-

x-x-x

Estudio Sakura

Al día siguiente

Touma se detuvo en la entrada del local y suspiró. Había pasado los últimos días meditando sobre que era lo que había hecho bien o mal sobre Ren, y había llegado a la conclusión de que su insistencia había sido la causa de la indignación de la chica. No le quedaba otra opción más que disculparse con ella.

Ren le gustaba mucho, tenía que admitirlo. Los días anteriores lo habían comprobado. La idea de que la chica estuviera enojada con él le molestaba sobremanera. No podía olvidar que, si no fuera por ella, él no habría sobrevivido su pelea contra Fjore. No sabía como lo había logrado, ni lo quería saber ya. Solo sabía que no quería que esa linda mujer estuviera enojada con él.

¡Por todos los dioses, si él había estado a punto de besarla cuando estuvo herido!

Sacudió la cabeza. ¿Qué le había pasado? No sabía si estaba bien o no perseguir una relación con esta chica. Recordaba muy bien lo furiosa que se había puesto Artemisa con el asunto de la madre de Liliwen. ¿Las mismas reglas aplicarían para él también? No, no creía, la diosa no había mencionado nada al respecto. Suspiró largamente y miró la puerta.

¿Y si la diosa no aprobaba el tener una relación con una chica? Se mordió el labio. No, Artemisa podía ser muy gruñona y celosa, pero no le haría algo así. Ahora bien, estaba el asunto de Arienwen. Bueno, eso fue porque ella rompió el acuerdo que ambas tenían, y con su hermano, de todo el mundo. ¿Qué iba a hacer?

Bueno, primero podía empezar por hacer las paces con Ren. El chico respiró hondo, y llamó a la puerta.

-Está abierto- escuchó la voz de Ren. Touma sonrió. Seguramente estaba ocupada trabajando en algún vestido y su mente estaba en el trabajo, sin siquiera voltear hacia la entrada. El chico empujó la puerta y entró, solo para ampliar su sonrisa.

Ren estaba sentada detrás del mostrador, de frente a la puerta, pero su mirada estaba, como era de esperarse, en el trabajo. Tenía el cabello recogido hacia atrás, que dejaba descubierta su cara, excepto por su flequillo, con una trenza y atada con un listón de color azul marino. Llevaba un vestido negro y azul, y zapatillas negras. Trabajaba incesantemente en su tablet, como si estuviera coloreando un diseño que había digitalizado.

Touma esperó pacientemente a que la chica levantara la mirada, y al verlo llegar casi se cae del banquillo de donde estaba trabajando.

-To…Touma- dijo ella, ruborizada y tirando el lápiz de la tablet al suelo- lo siento, lo siento…- añadió mientras se levantaba para dar vuelta al mostrador y recogerlo.

El pelirrojo sonrió y se apresuró a levantar el lápiz antes de que ella lo hiciera. El problema fue que, cuando ella se agachó también, ambos se dieron un tope el la frente.

-Lo siento- dijeron los dos al mismo tiempo, y se sonrieron mutuamente.

Touma le ofreció la mano y la ayudó a levantarse. Ren lo miró, dudosa, pero finalmente sonrió y aceptó la mano de él.

-Gracias- dijo Ren, una vez que estuvo de pie, pero ninguno de los dos soltó la mano del otro por unos segundos, hasta que la chica la retiró- de hecho, estaba esperando volver a verte. Quería disculparme por…-

-Espera, espera- la interrumpió Touma, levantando una mano- antes que digas nada más, yo quería disculparme. Fui un tonto. No debí insistir tanto en saber todo acerca de ti, sobre todo si tú no lo quieres hablar de eso. Perdóname por eso-

Ren lo evaluó con la mirada unos momentos, pero finalmente sonrió.

-Está bien- dijo ella- yo también quería disculparme. No… no sé que me pasó. No tenía porqué haberme enojado contigo ni reaccionar así-

Touma asintió, y los dos se miraron con una sonrisa. Había algo en esa chica que le encantaba. Y no, no era solo porque estuviera agradecido con ella por haberlo rescatado, o al contrario. Le gusta mucho su pasión. Siempre estaba guapa, y tenía ojos muy lindos. Y era amable, él mismo había sido testigo de su trato hacia los demás, principalmente hacia Artemisa, cuando se presentó en el estudio, tímida y preocupada.

Touma vio el lápiz entre las pequeñas manos de Ren, y dejó de sonreír por un momento.

-Perdona, te interrumpí- dijo el chico.

-No, para nada- dijo ella, y tomó la tablet para mostrarle lo que estaba haciendo- es para Artemisa. Saori… quiero decir, Athena, me pidió que hiciera este vestido para ella, una sorpresa. Se lo va a dar esta noche. Sé que tienen maneras de comunicarse con su cosmo- añadió, entrecerrando los ojos- así que no le vayas a decir-

Touma pasó sus ojos hacia el vestido que le mostraba. Era un vestido verde oscuro, largo y sencillo, que tenía un hombro descubierto, y una falda con una capa de seda y otra capa de tul con algunas estrellas doradas, y un cinturón del mismo color. Ren había incluso dibujado a Artemisa usando el vestido, y pensó que se vería muy linda con él. Lo que llevó a otro pensamiento… ¿cómo se vería Ren con un vestido así?

El pelirrojo se sacudió el pensamiento.

-Es hermoso- dijo Touma- estoy seguro que a la señorita Artemisa le va a gustar un montón. Y no te preocupes, no le voy a decir nada- añadió guiñando un ojo.

Ren sonrió satisfecha, y dejó el tablet y el lápiz sobre el mostrador. Estaba muy contenta de haber vuelto a ver a Touma. Y el chico había sido muy amable con ella, disculpándose y no insistiendo en buscar respuestas, lo que había hecho que la chica se sintiera mucho mejor. Ya estaba harta de las mentiras.

-Si no abuso mucho de tu amabilidad- dijo Touma- y si no estás muy ocupada, ¿querrías acompañarme el día de hoy?-

-¿A donde?-

-Es una sorpresa- sonrió el chico.

Ren sonrió también, y asintió. Se apresuró a tomar su bolso y tomó el brazo que Touma le ofrecía. Y tras cerrar la puerta del local, ambos salieron a la ciudad.

x-x-x

Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Al mismo tiempo

Artemisa subió al templo del Patriarca, junto con Teseo y Odiseo, a charlar con Athena y pasar la tarde con ella. Se sentía realmente agradecida con su hermana menor y con los santos, sobre todo porque la habían protegido y la habían ayudado a entender todas las abrumadoras emociones humanas.

-Adoro las fresas con crema- dijo Artemisa, sonriendo ampliamente- ¿cómo es que no tenemos de esto en el Olimpo?-

-Yo tampoco lo sé- se echó a reír Athena- pero esto se lo debemos a Liliwen, y sus antojos de embarazada-

Liliwen bajó la mirada, apenada, pero las dos diosas se echaron a reír. Sara, que estaba sentada junto a la pelirroja, le guiñó un ojo para que no se preocupara.

-Vamos, Saori, no te burles de Liliwen- dijo Sara, apoyando a la pelirroja.

-Lo siento, Sara- dijo la diosa, intentando dejar de reír.

Artemisa alzó las cejas. Nunca, ni en sus más locos sueños habría imaginado ver a Athena obedeciendo a una mortal. Bueno, a veces Touma le daba consejos a ella misma o la regañaba. Pero Athena tomaba muy en serio los consejos de Shion o de Sara en ese aspecto.

Athena miró a su hermana alzando sus cejas.

-¿Qué pasó?- dijo ella.

-Nada, veo que les brindas mucha confianza a todos, no solo al Patriarca-

-Claro- dijo Athena, encogiéndose de hombros- claro que confío en todos ellos. Me quieren y me protegen-

Artemisa sonrió, y volvió sus ojos hacia sus ángeles. Sí, solo eran tres, pero confiaba en ellos incluso con su vida. Sobre todo Touma, quien siendo humano siempre se lanzaba de cabeza para protegerla. Incluso cuando su propia hermana estuvo en peligro, él eligió cumplir con su deber y renunciar a su armadura por un tiempo en vez de entregarla para salvarla.

Y hablando de él…

-¿Dónde está Touma?- preguntó Artemisa, extrañada de no haberlo visto.

-Dijo que tenía un asunto pendiente en la ciudad- le respondió Odiseo- pero regresará antes de que anochezca-

Artemisa entrecerró los ojos. Otra vez esa sensación. Celos, le había dicho Liliwen, pero ella no creía ser capaz de ellos. Ella no estaba enamorada de Touma, ni de ningún hombre, por supuesto, pero eran celos. No quería que hubiera otra mujer en la vida de Touma o de algún otro de sus ángeles. Y además, ¿qué le veía a esa mocosa? No era nada extraordinario.

Miró de reojo a Liliwen. No, tenía que controlar sus emociones. Lo mismo había pasado con Arienwen, y se había visto a si misma causando la muerte de su mejor amiga con la firme idea de justicia. No, tenía que dejar en paz a Touma, incluso si quería seguir viendo a esa chica mortal.

-Oh, no te he mostrado lo que tengo para ti- dijo Athena, ignorante de los pensamientos de su hermana- me tomé la libertad de pedirle a Ren un vestido para ti. Este es especial. Espero que te guste-

Una nube de enojo cruzó los ojos de Artemisa cuando Athena mencionó el nombre de Ren, pero solo por un minuto. Al ver el vestido que Irene llevaba para ella, todo rastro de molestia había desaparecido de sus ojos.

-Oh, por…- comenzó a decir Artemisa- ¡es hermoso! ¿Dónde…?¿Cómo supo que me gusta tanto este color?-

-No lo sé- dijo Athena- ¿te gusta?-

-Me encanta- dijo la otra chica- muchas gracias, Athena-

Artemisa miró a su hermana sonreír, y suspiró largamente mientras pasaba sus dedos por la tela de esos vestidos. Había estado pensando sobre la chica que había rescatado a Touma, analizando lo que le había contado el pelirrojo, y lo que había escuchado decir a Marin y a Aioria sobre como lo habían encontrado. Celos aparte, había algo en esa chica que no le terminaba de agradar.

Y no podía olvidar que, desde que Ren apareció, todo comenzó a salir mal. La diosa sacudió la cabeza de nuevo. No, todo era culpa de Ares. Ren era seguramente otra víctima de la situación en la que se encontraban.

x-x-x

Estudio Sakura

Esa noche

Touma y Ren regresaron al local tras pasar la tarde en varios lugares de la ciudad. El pelirrojo sabía que, como japonesa, a Ren seguramente le gustaba mucho la cultura griega. Ahí fue cuando Touma supo que la chica era mitad griega, por parte de su mamá, y eso explicaba sus profundos ojos azules a pesar de su cabello.

-Gracias, Touma, la pasé muy bien contigo- dijo ella.

-Gracias a ti por acompañarme- dijo el pelirrojo.

Ambos se miraron a los ojos y sonrieron. Touma dio un paso adelante, acortando la distancia que había entre ellos. Extendió sus brazos, rodeando la cintura de la chica con ellos y acercándola aún más a él, tanto que uno podía sentir el aliento del otro. Era tan bajita, tanto que Touma era una cabeza más alto que ella. Ren levantó los ojos hacia él mientras el chico le ponía un mechón de pelo detrás de la oreja. La chica sonrió y puso su cabeza contra el pecho de él.

Touma le acarició la mejilla y la hizo separarse un poco de él.

-Es tarde- dijo finalmente Touma- tengo que regresar con la señorita Artemisa. Pero nos veremos pronto-

La chica sonrió también.

-Hasta mañana entonces- dijo Ren.

-Claro, mañana nos veremos- dijo el pelirrojo, inclinándose hacia ella para besar su mejilla. Sin decir más salió del local, y se dirigió de regreso al Santuario de Athena.

Al verlo alejarse, Ren sonrió y abrió la puerta del local, sonriendo ampliamente. Cerró la puerta tras de sí misma y apoyó la espalda contra la misma y suspiró contenta. Se sentía feliz, con una euforia que parecía que nunca terminaría.

Lo que pasó en seguida hizo que se le detuviera el corazón.

-Aaww, que tierno- dijo una voz femenina en el interior del local. La chica sintió un feo vuelco al escucharla. Sabía muy bien que no podía ser Olivia, ella estaba fuera ese día en la universidad. Y tenía una idea de quien era- ya era hora de que llegaras-

Ren levantó la mirada, y vio con horror a una de las personas que habían estado plagando sus pesadillas los últimos días. Dio un paso atrás, volviendo a quedar con la espalda contra la puerta. ¿Qué hacía esa mujer en su local? Había esperado jamás volver a verla en su vida y, sin embargo, ahí estaba de nuevo.

La mujer que tenía enfrente sonrió como si hubiera recibido una cálida bienvenida y se acercó a ella.

"Oh, dioses, no, por favor no…", pensó inmediatamente la chica, buscando a tientas el pomo de la puerta. Si tenía suerte, podía girarlo y salir corriendo. Touma… ¡Touma no podría estar tan lejos!

-Ah, parece que no estás contenta de volver a verme- dijo Constanza, tomando su muñeca con fuerza antes de que pudiera girar el pomo, con una sonrisa muy contraria a sus palabras- harás que me sienta ofendida-

Ren tembló. No le gustaba que esa mujer estuviera tan cerca de ella. Y estaba sola. ¡Si hacía unos segundos aún estaba Touma! La mujer estaba sonriendo ampliamente, disfrutando el efecto que tenía en la chica.

-No, la verdad no- dijo Ren tan pronto como salió de su sorpresa y frunciendo el entrecejo- no esperaba volver a verte en toda mi vida después de…-

Ren se interrumpió, tragando saliva.

-Ah, sí, después de ese incidente en el Olimpo- dijo Constanza, separándola de la puerta con un gesto brusco. Ren era mucho más pequeña y delgada que la otra mujer, por lo que no pudo resistirse- yo también esperaba no volverte a ver nunca, pero inesperadamente te volviste útil para nosotros…-

-Olvídalo- dijo Ren antes de que continuara hablando- no voy a volver a ayudarlos. La culpa y el remordimiento no ha dejado de carcomerme desde ese día. Y además, yo ya cumplí mi parte del trato. No puedes obligarme a hacer nada…-

Constanza siguió sonriendo, soltando a la chica. Caminó de regreso al mostrador, y pasó sus dedos por las páginas de la libreta de diseño de Ren.

-Las cosas cambiaron en el momento que frustraste nuestro plan- dijo la mujer.

-Yo no hice…-

-¡Silencio!- dijo Constanza, alzando la voz y haciéndola dar un respingo de sorpresa- ¿vas a negar que tú fuiste la recogiste al ángel pelirrojo y enmascaraste su cosmo?-

-Yo no…-

-¡No mientas!- gritó la mujer, haciéndola temblar nuevamente- ese mocoso tenía que morir, teníamos que destruir a ese mocoso para poder destruir a Artemisa. La muy tonta seguramente se expondría para tratar de vengarlo. Y tú lo arruinaste todo-

-Yo no sabía que ese ataque era de parte de ustedes- dijo Ren finalmente, tras tragar saliva y tomar aire- solo quise… compensar lo que había hecho, para aliviar mi conciencia-

Era mentira. Si bien no estaba segura de que Fjore trabajara para ellos, Ren sí lo sospechaba. Constanza, por su parte, la evaluó con la mirada por unos segundos.

-Bueno, como te decía, inesperadamente vuelves a ser útil a nuestra causa- dijo la mujer, aclarando su garganta y volviendo a sonreír como si nada acabara de pasar, cosa que hizo que Ren sintiera un escalofrío- sobre todo ahora. Te estuvimos vigilando desde ese incidente, y vimos que…-

-¿Me estuvieron espiando?- dijo Ren, enrojeciendo de furia por primera vez.

-…vimos que el ángel pelirrojo está enamorado de ti- terminó de decir la mujer- podemos usar eso a nuestro favor-

Ren la miró, furiosa. Pasó su vista a su alrededor. Estaba sola, no había nadie más con Constanza. No estaba Ares ni esa temible mujer de hielo que había peleado contra Touma la ultima vez.

-Ya te dije que no voy a ayudarles- dijo Ren tras respirar hondo para intentar que su voz no se quebrara del miedo que sentía- no volveré a hacer esto-

La mujer sonrió.

-Tienes que hacerlo- dijo Constanza, ladeando la cabeza y levantando el dedo índice- me hiciste una promesa. Me debes un favor-

-Sí, te debía un solo favor, y ya lo hice- dijo Ren en un tono final.

Constanza sonrió, y cerró la mano de golpe. Una horrible corriente eléctrica la recorrió, haciendo que un grito de dolor escapara de sus labios y que, al mismo tiempo, tirara los maniquíes y algunos vestidos que estaban en el mostrador involuntariamente, al perder momentáneamente el control de sus poderes de psicoquinesia. Sus rodillas se doblaron y cayó al suelo, apenas metiendo las manos para no darse en la cara contra el suelo

Cuando estuvo satisfecha, Constanza la liberó, y Ren se dejó caer al suelo, temblando e intentando recuperar el aliento.

-¿Porqué…?- dijo la chica, poniendo las manos en el suelo, e intentando incorporarse.

-Porque no te he liberado del favor que me debes, mocosa- dijo Constanza- nunca dije que habías cumplido con tu promesa, así que es como si no lo hubieras hecho-

Ren tembló y miró a su alrededor. Los maniquíes tirados, y los vidrios de las ventanas vibrando, amenazando con quebrarse. Trató de levantarse, pero no pudo. Lágrimas de rabia comenzaron a fluir por sus mejillas. Entonces, ¿todo aquello había sido para nada? Había herido a Artemisa, convirtiéndola en humana, y había sufrido todos esos días por el remordimiento que le causaba lo que había hecho, y todo había sido en vano.

-Me engañaste…- dijo Ren con voz quebrada.

-Tal vez- dijo Constanza- y por eso te ofrezco un nuevo trato. Haz lo que te ordenamos esta vez y te dejaré libre. No volverás a escuchar de nosotros-

Ren sacudió la cabeza. No. No iba a volver a traicionar la confianza de nadie más. Menos a Touma, ahora que…

-¡No!- dijo Ren enfáticamente- ¡no voy a hacerlo!¡No puedes obligarme!-

-¿Quieres apostar?-

Constanza volvió a apretar su mano, y la chica volvió a caer al suelo, presa de un terrible dolor en todo su cuerpo. Gritó con todas sus fuerzas, y los pocos maniquíes que quedaban de pie cayeron al suelo también. Ren quedó ovillada, abrazando su propio cuerpo y respirando agitadamente.

-No…- dijo la chica con debilidad- no lo voy a hacer… no importa lo que hagas…-

-Entonces esto va a continuar- la interrumpió Constanza, mostrándole su mano- tu asistente no llegará hasta mañana en la mañana. Tenemos toda la noche, y nadie va a venir a ayudarte-

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues a Ren no le quedan muchas alternativas. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo enorme.

Abby L.