DEL OLIMPO A LA TIERRA

XII: UN BESO

Templo Norte, Santuario de Athena

Una hora más tarde

Touma había regresado al Santuario de Athena con una enorme sonrisa en sus labios. ¡Su día había sido perfecto! Se había disculpado con Ren, y había pasado toda la tarde con ella. Estaba tan feliz. Parecía que, por fin, todos sus problemas se comenzaban a resolver.

Cuando llegó al templo Norte, vio que la señorita Artemisa acababa de regresar de su tarde con Athena, y la acompañaba Liliwen y Camus. Ambos estaban muy felices, y era de esperarse, pues ambos iban a tener un bebé. Touma se aclaró la garganta y sonrió para saludar a la diosa.

-Buenas noches, señorita- dijo Touma, sacando una bolsa de papel y pasándosela.

-Hola, Touma- dijo Artemisa con un tono neutro- ¿qué es esto?-

-Te traje chocolates- dijo el pelirrojo- es lo más delicioso del mundo-

Artemisa alzó las cejas, de pronto interesada en la bolsa de papel y su contenido. Había estado un poco moleta con Touma por haberse ido, seguramente a ver a Ren Sawamura, pero se tragó el orgullo y tomó los chocolates.

-¿En serio?- dijo la diosa- ¿más que las fresas con crema?-

-Debería comprobarlo por usted misma, señorita- dijo el pelirrojo.

Touma sonrió al ver que la diosa tomó un chocolate y lo probó. Las mejillas de Artemisa se volvieron inmediatamente rojas, y sonrió ampliamente.

-Vaya…- fue lo único que pudo decir la diosa.

-¿Y tú dónde estabas, Touma?- dijo Teseo- no te vimos en toda la tarde-

-En la ciudad. Comprando los chocolates, entre otras cosas- dijo el pelirrojo.

-¿Qué otras cosas?- dijo Odiseo.

Touma sonrió, pero no dijo nada más. Los otros dos ángeles se miraron entre sí, Odiseo sonrió mientras alzaba repetidamente las cejas. Ah, el pequeño Touma seguramente estaba enamorado.

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Estudio Sakura

Al mismo tiempo

Ren no podía más. Con cada golpe eléctrico que la recorría, le arrancaba terribles gritos, y la pobre chica rogaba por que alguien la escuchara gritar, por que alguien fuera a ayudarla y detener a esa mujer, para que no siguiera lastimándola. Pero nadie llegó, y tras una hora, tras la cual Constanza se sintió satisfecha, la mujer hizo una pausa.

-¿Ya tuviste suficiente?- dijo Constanza.

-Basta… por favor…- dijo Ren entre lágrimas- ya no…-

-Entonces, ¿vas a hacer lo que te pedimos?- dijo la mujer, con los brazos cruzados, mirándola con una expresión llena de desdén.

-No, no puedo- sollozó la chica- no me pidas… no quiero lastimarlo…-

Constanza gruñó y volvió a apretar su mano, causándole una nueva ola de descargas eléctricas recorriendo todo su cuerpo. La mujer miró las ventanas del local temblando, amenazando con romperse. Finalmente abrió su mano, y liberó a Ren de su poder.

-¿Y ahora?-

-Por favor… para…-

-¿Eso quiere decir que vas a obedecer?- dijo Constanza.

Ren no respondió inmediatamente. No podía, pues estaba jadeando desesperadamente, luchando por respirar. La mujer espero a que la chica respondiera.

-¿Entonces?- insistió.

-Lo… lo haré…- sollozó ella finalmente- pero por favor… ya para…-

Constanza se echó a reír. La chica había tardado poco más de una hora en cambiar de parecer. Ahora ya tenían a su peon de regreso para continuar con su plan.

-Así me gusta- dijo Constanza, tomándola de su blusa, levantándola del suelo con relativa facilidad, y obligándola a sentarse en el banquillo que estaba detrás del mostrador. La chica no tenía fuerzas para oponer ninguna resistencia, y cayó sentada sobre el banquillo, su cabeza casi colgando y sus cabellos cubriendo su rostro.

-¿Qué… quieres que haga?- dio Ren, aún jadeando para recuperar el aliento. Intentaba sin éxito contener las lágrimas, y todo su cuerpo temblaba violentamente. La mujer sonrió torcido.

-Touma de Icarus- dijo Constanza- queremos…-

-No quiero oír tu plan, no quiero… saber nada de lo que van a hacer…- la interrumpió Ren, cerrando los ojos y sacudiendo la cabeza- solo necesito saber qué tengo… tengo que hacer para que me… me dejes en paz.. que me… liberes de este sello-

Constanza sacó una botella de su bolsillo, y con un gesto brusco, tiró de los cabellos de Ren para hacerla levantar su mirada al techo. La mujer volteó el frasco sobre la chica, poniendo una gota del líquido sobre los labios de Ren.

-Tienes que besarlo para sellar su cosmo- dijo Constanza, soltándola mientras sacaba también un anillo de su bolsillo y lo ponía en su dedo- y sin quitarte ese anillo, para poder localizarlos. Asegúrate que estén solos cuando lo hagas, lejos de los otros ángeles, y de los santos de Athena-

Ren no dijo nada, solo asintió en silencio, las lágrimas seguían fluyendo de sus ojos.

-Y no creas que puedes escapar de nosotros, o buscar protección con los santos de Athena- dijo Constanza, mostrándole la mano- a la primera señal que tengamos de que nos traiciones, el dolor volverá… y no parará hasta que mueras-

La chica se llevó la mano a los labios, y tembló. No dijo nada más, solo se limitó a asentir.

-Muy bien, encárgate de ello- dijo Constanza- y apresúrate-

Ren solo volvió a asentir, derrotada y con la mirada perdida. La otra mujer solo sonrió y salió del apartamento dando un portazo. Una vez que Ren se quedó sola, la chica se dejó caer al suelo, se abrazó a sí misma y cerró los ojos. No podía creer que su día, el que pensaba que era el mejor de su vida, hubiera acabado así.

Finalmente, iba a tener que volver a hacerlo. Iba a tener que traicionar a Touma otra vez.

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Templo Norte

Esa noche

Una vez que se quedaron solos, Artemisa. le pidió a Touma que se quedara para charlar con él un rato. Teseo y Odiseo se fueron a descansar, mirando a la diosa y a su compañero humano de reojo, el último un poco preocupado. Los celos de Artemisa eran legendarios, y ya los había manifestado hacía rato.

-Listo, señorita, estamos solos- dijo el pelirrojo- ¿de qué quería hablar conmigo?-

-De lo que has estado haciendo en la ciudad- dijo la diosa, cruzando los brazos.

Touma se mordió un labio. Estaba un poco preocupado por los celos de la diosa. Respiró hondo y se preparó para lo que iba a venir.

-Quiero que me cuentes… sobre la chica que has estado yendo a ver- dijo la diosa.

Touma parpadeó, pero obedeció y le contó todo lo que sabía, incluyendo el hecho de que la vez anterior había peleado con ella porque la chica no quería decirle como había hecho para rescatarlo, subirlo a su habitación y ocultar su cosmo, pero finalmente ese día se habían reconciliado. La diosa escuchó atentamente todo, y finalmente sacudió la cabeza. Había algo en el fondo de su mente, haciendo a un lado los celos, que no le agradaba de esa chica. Le causaba desconfianza.

-Touma, por favor, no lo tomes a mal- dijo Artemisa finalmente cuando terminó de escuchar su relato- pero no creo que sea buena idea que sigas buscándola-

-¿Porqué no, señorita?- dijo el chico. Ya se imaginaba que la diosa le iba a decir eso, pero aún así no se sintió preparado a escucharlo- ¡ella me salvó la vida! Además, me gusta, y creo que ella se siente igual que yo por…-

-Ese no es el problema- dijo la diosa con paciencia, intentando explicarle lo que pensaba de todo ese asunto- hay algo sospechoso en todo esto. Todo empezó a ir mal cuando ella apareció. Estuve pensándolo mucho. ¿Y si está trabajando para Ares?-

-Eso es imposible, señorita- dijo Touma- la señorita Athena confía en ella. Además, después de como Ares la trató, no creo que…-

-Touma- lo interrumpió Artemisa- no sé porqué, pero esa chica me da muy mala espina. No, no son celos- añadió, cuando vio que el pelirrojo abrió su boca para reclamar- estuve pensándolo y meditándolo bien. No son celos. Es solo que hay algo en ella que no me termina de agradar. Creo que lo mejor para ti es que te alejes de ella-

Touma bajó la mirada.

-¿Es una orden, señorita?- dijo el pelirrojo tristemente.

Artemisa lo miró. El pobre estaba verdaderamente enamorado de esa chica. Sabía que, si le ordenaba alejarse de ella, Touma la obedecería, pero sufriría y además la resentiría. Sacudió la cabeza. No podía ordenarle eso.

-No puedo ordenarte eso, Touma- dijo Artemisa- es un… consejo-

Touma miró a la diosa. Le estaba dando libertad para que él eligiera.

-Lo siento mucho, señorita, no la quiero decepcionar, pero yo… no quiero alejarme de Ren-

La diosa sonrió levemente, sin disminuir su preocupación por su ángel favorito.

-De acuerdo- dijo ella en un tono resignado- anda a descansar. No sabemos que aventuras tiene planeadas Athena para nosotros-

Touma asintió con una sonrisa, y se apresuró a su habitación para descansar. Artemisa lo vio alejarse, cruzando los brazos y sacudiendo la cabeza. Realmente esperaba estar equivocada con respecto a esa chica, por el bien de Touma. Suspiró largamente, y tras encogerse de hombros, se dirigió a su propia habitación a descansar.

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Estudio Sakura

A la mañana siguiente

Olivia se sorprendió cuando llegó al estudio de ver primero la puerta del local sin llave y todos los maniquíes tirados en el suelo, lo mismo los maniquíes del mostrador. La libreta de diseños de Ren estaba destruída, y las hojas estaban esparcidas por todos lados. La chica palideció.

-¡Oh, no!- dijo Olivia, asustada- ¡Ren!-

La chica cruzó corriendo el local y se apresuró a la cocina, donde encontró a Ren tumbada en el suelo, ovillada junto al kotatsu. Chanel tenía una patita lastimada, y frotaba su cabeza contra el costado de su dueña, quien parecía indiferente a su alrededor. Olivia se apresuró a su lado.

-¡Ren!¿Qué sucedió?- dijo Olivia con una expresión alarmada tras ponerse de rodillas junto a ella, sin estar muy segura de lo que había pasado- ¿te lastimaron?¿te hicieron algo?-

Ren reaccionó, y volvió sus ojos hacia Olivia. Su amiga pudo notar que tenía los ojos enrojecidos y varias líneas oscuras debajo de sus párpados hinchados. La chica levantó a su amiga y la abrazó.

-Ren, ¿qué te pasó?- dijo la otra chica- por favor, habla. Dime algo. Si te hicieron algo…-

-No… no pasó nada- dijo Ren con una expresión ausente- fui yo la que… hizo ese desastre-

-¿Qué fue lo que pasó?- dijo Olivia, con una expresión de extrema preocupación- ¿porqué tiraste todo? ¿Fue el pelirrojo el que te lastimó? Dímelo, no puedes dejar las cosas así-

Ren se frotó los ojos. No podía decirle nada a Olivia, pues la pondría en peligro, pero tampoco podía dejar que pensara que Touma la golpeó o algo parecido. Respiró hondo, intentando olvidar su tristeza. Tenía que proteger a su amiga.

-Estoy bien, en serio, amiga- dijo Ren- me salió muy mal un diseño, y creo que me enojé mucho-

Olivia la evaluó con la mirada.

-Me estás mintiendo- dijo la chica- dime la verdad, ¿quién hizo esto?-

Ren bajó la mirada. Ya lo sabía, no se le ocurrió una excusa creíble para lo que había pasado. Levantó los ojos hacia Olivia, y se sintió terriblemente culpable por hacer a su amiga preocuparse así. Pero no podía decirle nada. Solo se tenía que deshacer de ella.

Ren se levantó y comenzó a caminar de la cocina hacia la tienda.

-Necesito vacaciones- dijo Ren finalmente- voy a salir del país, a visitar a mis papás en Japón, y voy a estar fuera dos semanas. Gracias por tu esfuerzo, pero voy a cerrar esos días-

-Pero Ren…-

-Muchas gracias por tu ayuda- continuó la chica, y comenzó a empujarla hacia la puerta- como entenderás, tengo mucho que preparar y empacar. Nos vemos en dos semanas. Yo te llamo…-

Y una vez que Olivia estuvo afuera, le cerró la puerta en las narices y le puso llave. Ren sacudió la cabeza tristemente. No podía hacer nada más. Ahora, tenía que planear muy bien lo que iba a hacer para cumplir las exigencias de Constanza. Lo odiaba, pero tenía que hacerlo.

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Coliseo, Santuario de Athena

Los chicos se reunieron de nuevo en el coliseo para ver la segunda parte de la pelea entre Tora y Dohko. Los dos se miraron entre sí, con espadas de madera en sus manos.

-¿Listo para otra buena paliza, ye pox faced parrot?- dijo la chica, haciendo reír a todos los espectadores.

Saga se echó a reír al ver a Kostas tan emocionado por la pelea. Esa mañana, Cecilia estaba trabajando y no había podido ir a ver la pelea con los otros. En su lugar estaban Aioria y Marín.

-¿Te gustó la pelea de ayer?- preguntó el santo de Géminis, a lo que el pequeño respondió asintiendo.

-¿Bromeas?- dijo Aioria, echándose a reír en voz alta- ayer pasó todo el entrenamiento del día peleando con un adversario invisible-

Saga rió al ver a su hijo tan apenado, y le revolvió el cabello.

-No te preocupes, Kostas- dijo Saga, encogiéndose de hombros- vale la pena aprender cualquier habilidad de combate, nunca sabes cuando te puede servir-

Kostas sonrió orgulloso, y ambos volvieron su mirada hacia la arena, donde Dohko y Tora peleaban entre ellos como si estuvieran solos, esta vez usando cosmos además de sus espadas, y se volvía cada vez más interesante.

Marin, quien estaba sentada junto a Aioria y su aprendiz, sonrió maternalmente y abrazó a Kostas. Pasó sus ojos hacia las gradas, y vio a Artemisa con sus ángeles, especialmente Touma. Su hermano menor estaba mirando la arena sin mirarla, con una sonrisa de enamorado en su cara. Marin le guiñó un ojo a Aioria y se acercó a su hermano.

-Hey, Touma- dijo la amazona, sentándose junto al pelirrojo y dandole un codazo en las costillas- ¿porqué estás tan sonriente?-

-Por nada, hermanita- dijo Touma, regresando a la realidad.

-¿Porqué tienes esa sonrisa de enamorado?- dijo Marin.

Touma entrecerró los ojos, aunque sin dejar de sonreír.

-No sigas, hermanita, o voy a empezar a molestarte también con Aioria- dijo Touma- no me has dicho aún cuando te vas a casar-

Marin enrojeció, y su hermano se echó a reír.

-¿Viste?- dijo el chico.

-Bueno, en serio- dijo Marin- ¿no me vas a contar sobre la chica de la que estás enamorado?-

-No, para nada- dijo Touma- no te diré nada hasta que no sea algo serio-

La amazona no dijo nada más, pero estaba feliz por su hermano. El chico estaba realmente enamorado. Quizá sería buena idea dejarlo solo, ya le contaría todo cuando estuviera listo. Pasó su mirada de los ángeles a Artemisa, quien parecía un poco entristecida. ¿Qué habría pasado?¿Estaría celosa? Marin entrecerró los ojos. ¡Moría de curiosidad!

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Estudio Sakura

Poco después

Ren se miró al espejo mientras se preparaba para salir. Sabía que Touma no tardaría mucho en ir por ella. Se acercó un poco al espejo, y pasó sus dedos por sus labios. No se veían para nada distintos. Suspiró largamente. ¿Qué iba a hacer? Cierto, había prometido que lo iba a hacer, pero… no quería.

Había pasado toda la mañana limpiando el local, para que no quedara ningún rastro de lo que había ocurrido la noche anterior. Se había puesto un vestido japonés corto, color rojo con negro, y se había amarrado el cabello en una cola baja, enrollada sobre sí misma y fija con un broche en forma de una mariposa negra. Extendió los dedos para tocar su reflejo.

-Tengo que hacerlo- dijo ella hacia su reflejo, bajando la mirada- no quiero, pero tengo que hacerlo. Si no, ellos me van a…-

Cerró los ojos y respiró hondo. Tenía que tranquilizarse, si Touma llegaba a sospechar lo que estaba pasando, ella estaría en problemas. No, tenía que hacer lo que le dijeron.

Toc toc

Ren dio un respingo de sorpresa al escuchar llamar a la puerta. Respiró hondo otra vez, tomó su bolso y bajó las escaleras para recibir al pelirrojo, quien acababa de regresar al local por ella, como habían quedado el día anterior. Ren se mordió el labio. Ojalá hubiera tenido más tiempo para prepararse psicológicamente, o para encontrar una manera de salir de esa situación.

Demasiado tarde.

Touma la esperaba en la entrada del local, sonriente y radiante, llevando sus ropas de civil pero con su armadura en una caja en su espalda. Odiseo y Teseo habían insistido en que la llevara consigo, en caso de que fuera atacado de nuevo como la última vez.

-Hola- dijo Touma, aún sonriente.

-Hola- dijo Ren, esforzándose por sonreír.

Touma parpadeó.

-¿Pasó algo malo?- dijo el pelirrojo, confundido.

La chica volvió a tomar aire, y sonrió un poco más naturalmente. Touma no debía saber lo que estaba haciendo.

-Todo bien, solo que he tenido mucho trabajo el día de hoy- dijo Ren, tomando su brazo- vamos, hoy me apetece ir a las afueras de la ciudad… quizá a las montañas. ¿Qué te parece?-

-¿Las montañas?- dijo Touma.

-Sí, para salir un poco de la rutina de la ciudad- dijo Ren, encogiéndose de hombros- si no quieres, está bien, quizá podemos hacer otra cosa-

-No, no te preocupes- dijo él, sonriendo- por supuesto que podemos ir allá si quieres-

Ren amplió su sonrisa, y se aferró al brazo de Touma. Inconscientemente se ajustó el flequillo y miró de reojo al chico. Suspiró y, sin que Touma se diera cuenta, usó sus poderes de psicoquinesia para volver a enmascarar el cosmo del chico.

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Base del monte Lykavittos

Poco más tarde

Mientras caminaban, Touma miró de reojo un par de veces a Ren. Había algo en ella que no estaba completamente bien. Parecía distraída o preocupada por algo, y cuando él le preguntaba de qué se trataba, la chica lo negaba.

-No es nada- dijo Ren cuando Touma le volvió a preguntar que estaba pasando- estoy un poco distraída hoy, eso es todo-

Tan pronto que llegaron al monte Lykavittos, Ren se detuvo y se frotó un poco los brazos. Ya comenzaba a poner el sol, y ambos habían llegado a la orilla del bosque en las laderas del monte, donde el aire comenzaba a ser un poco más fresco. El chico sonrió al mirar a Ren, se quitó su chamarra y la puso sobre sus hombros.

-Gracias- dijo Ren, mientras que Touma le ajustaba la chamarra.

-No es nada- dijo el chico.

Ren sonrió ampliamente y lo abrazó. Hacía ya un tiempo que había sentido que se estaba enamorando de él, lo que hacía mucho más difícil lo que tenía que hacer. Era realmente cruel. Sintió los brazos de Touma alrededor de ella, y no pudo evitar poner su cabeza en el pecho de él. Quería disfrutar ese momento lo más que se pudiera. Se sentía lindo.

Por fin, ambos dejaron de abrazarse, aunque Touma siguió tomándola de la cintura, y Ren encontró el momento perfecto para llevar a cabo su plan y cumplir con su trabajo.

-¿Ren?- dijo Touma

-¿Sí?-

-No te lo había dicho antes- dijo el chico- pero me gustas mucho. Desde que te conocí y…-

Ren sonrió levemente. A ella también le gustaba, y mucho. Estaba enamorada, pero tenía que traicionarlo. Su vida dependía de ello.

-Tú también me gustas- dijo ella, interrumpiendo y haciendo sonreír a Touma.

Touma la abrazó de nuevo, y la acercó a él. Ren se sorprendió al ver que el chico ponía sus manos alrededor de su cintura y se inclinaba levemente hacia ella. Besarlo iba a ser mucho más fácil de lo que se había imaginado. Touma era un chico naturalmente bueno y amable, y jamás lastimaría a nadie como ella estaba haciendo.

"Soy un asco de persona", pensó Ren "Touma jamás me haría daño como yo estoy a punto de hacer con él…"

Se acercaron cada vez más. Ren vio que Touma ladeó la cabeza y cerró los ojos, dispuesto a besarla, y ella lo imitó. Los labios de los dos estuvieron a punto de juntarse, cuando Ren le puso una mano sobre el pecho y lo empujó levemente para separarlo de ella. ¡No! No podía hacerle eso. No iba a traicionarlo. Ya se las arreglaría con Constanza más tarde, pero no podía traicionar a Touma.

-¿Qué sucede, Ren?- dijo Touma, sin soltarla, pero mirando a su alrededor, como si algo o alguien hubiera asustado a la chica.

-No… nada- dijo Ren, tragando saliva. ¿Porqué tenía que temblarle la voz?- antes que algo más ocurra, tengo algo muy importante que confesarte-

Touma parpadeó. ¿Se trataba de lo que había pasado antes y lo que no quería hablar? Pero eso no era problema. Él la amaba sin importar lo que había pasado antes.

-No importa nada de eso, Ren- dijo Touma.

-No entiendes, Touma, tienes que escuchar lo que…- dijo Ren.

Pero no alcanzó a terminar su frase, pues Touma se inclinó hacia ella y la besó en la mejilla. La chica sintió una corriente de adrenalina recorrer todo su cuerpo, y efectivamente poner en pausa su cerebro. Sonrió nerviosamente al ver los hermosos ojos azules del chico.

-Te amo, Ren- susurró el pelirrojo.

Ren sintió un bonito vuelco. Todo el mundo, todas sus preocupaciones y remordimientos parecían haber desaparecido al mirar los ojos azules de Touma. Se sentía cómoda y segura entre los brazos del chico.

-Y yo te amo a ti, Touma-

La chica levantó la mirada sin dejar de sonreír. Touma se inclinó de nuevo hacia ella y, sin soltar su cintura, acortó la distancia entre ellos, y la besó.

Touma y Ren se besaron por unos segundos en los que olvidaron absolutamente todo lo que los rodeaba y todo lo que los preocupaba. Ren sintió su corazón latir de contento, estando en los brazos del chico que amaba, siendo besada por él. ¡Cómo deseaba que ese momento no acabara! Pero…

-¡No!-

De pronto, Ren se separó bruscamente de Touma, y lo empujó con todas sus fuerzas, poniendo sus dos manos sobre su pecho para alejarlo de ella.

-Lo… lo lamento- dijo Touma, apenado, pensando que había hecho algo malo.

-No, no, no- repitió Ren, cubriéndose la boca con sus manos, sin poder creer lo que acababa de pasar. ¡Lo había besado! No lo iba a hacer, le iba a decir la verdad sobre Constanza y Ares, pero no lo iba a besar… ¿cómo pasó eso?- no puede ser… oh, por todos los dioses, ¿qué hice?-

-¿Qué sucede, Ren?- dijo Touma, quien comenzaba a asustarte del cambio de actitud que había tenido la chica- estás temblando. ¿Estás bien?-

-No, todo esto es mi culpa- dijo Ren, poniendo sus manos en los hombros de él, desesperada por explicarle todo antes de que Constanza y los otros aparecieran… porque sabía que iban a aparecer- lo siento, Touma, no quería hacerlo, por favor escucha…-

-¿De qué…?- comenzó a decir el pelirrojo, pero se interrumpió al ver que fueron rodeados por varios hombres con armaduras negras. Y Fjore, una de sus peores enemigos, había atrapado a Ren por los brazos, separándola de él y poniendo su brazo alrededor de su cuello. No que ella estuviera ofreciendo mucha resistencia- ¿qué está pasando?-

Touma se volvió a su armadura y extendió su brazo hacia ella para atraerla a sí mismo, pero la caja ni siquiera se movió. Dos hombres se acercaron a él, tomándolo de los brazos, mientras que Touma trataba en vano de soltarse. Un tercero lo golpeó en el abdomen y lo dejó sin aire.

-¡Déjalo!- dijo Ren, intentando soltarse de Fjore tan pronto como vio que habían atrapado a Touma- no lo lastimen, por favor-

Una mujer que Touma nunca había visto antes se acercó a él y, tras mirarlo fijamente, sonrió con un gesto de satisfacción. Después de ello, se volvió hacia Ren.

-Muy buen trabajo, Ren. Tú cumpliste con tu parte del trato, así que yo cumpliré con la mía- dijo la chica, haciendo sonar sus dedos. Cuando lo hizo, Ren sintió una sacudida recorrer su cuerpo- listo, eres libre. Un trato es un trato-

-¿De qué están hablando?- dijo Touma, volviendo su mirada de Constanza a Ren.

-Touma, por favor, escúchame- dijo Ren, desesperada por soltarse de Fjore y explicarle a Touma lo que había pasado- yo no quería ayudarlos, ellos me obligaron a…-

-¿De qué crees que hablamos, Touma de Icarus?- dijo Fjore echándose a reír, sin soltar a Ren- de que esta chica ha estado trabajando para nosotros todo este tiempo, y te estuvo engañando bajo nuestras órdenes…-

-¡No!- dijo Ren, intentando soltarse de Fjore- Touma, no fue así…-

-¿Qué?- dijo Touma, palideciendo mortalmente. El chico sacudió la cabeza. Ren no sería capaz de traicionarlo- eso no puede ser cierto-

-Esta encantadora chica fue quien me liberó de la prisión del Olimpo- dijo Fjore en un tono de burla, apretando su brazo alrededor del cuello de la chica para que dejara de hablar- y fue ella la que puso esa poción para que Artemisa la bebiera y se volviera humana. Ah, y no olvidemos lo que acaba de pasar: te besó con una poción para sellar tu cosmo en sus labios- se volvió hacia Ren, aflojando un poco el brazo- ¿le dijiste que lo amabas justo antes de traicionarlo? Vaya, eso fue muy cruel de tu parte…-

-¡No! ¡No es cierto, Touma!- dijo Ren, y se volvió a la otra mujer- Constanza, dile la verdad. ¡Dile que me obligaron! Me torturaron y…-

Touma estaba congelado de la impresión. ¿Cómo podía ser cierto esto?

-No puede ser- dijo Touma, sacudiendo la cabeza. ¡Ren no podía ser capaz de hacer algo así!- ella no estuvo ni cerca de la taza de té de la señorita Artemisa, ni de la prisión. No hay ninguna manera humana de…-

-Pero ella no es humana- lo interrumpió Constanza con una sonrisa maliciosa- al menos no completamente-

Fjore tiró de ella, y a pesar de que la chica se resistió, levantó el flequillo de Ren para revelar los dos lunares rojos en su frente. Touma abrió la boca de sorpresa. ¿Ren era lemuriana?¿Ese era su secreto? ¿Así había sido entonces? Levantó la mirada y vio que Ren estaba cabizbaja, con una mirada llena de culpabilidad.

Y fue entonces cuando Touma lo supo. Era cierto. Todo lo que habían dicho esas dos mujeres era cierto. Por eso Ren no quería explicarle como había ocultado su cosmo, o como lo había podido salvar de Fjore esa noche. Eso explicaba como había llegado al Olimpo: Ares la había llevado para que pusiera la poción en el té de Artemisa, y para que liberara a Fjore.

El chico pelirrojo finalmente dejó de pelear y colgó la cabeza. No podía creerlo. Artemisa tenía razón, Ren eran malas noticias. La chica que amaba lo había traicionado y lo había dejado sin su cosmo. Y la armadura de Icarus estaba ahora en manos de los enemigos.

Touma levantó la mirada furioso hacia Ren, quien lo miraba con los ojos llenos de lágrimas.

-No puedo creerlo- dijo él- ¡me traicionaste!-

-No, Touma, intenté decirte…-

Pero ninguno de los dos pudo seguir hablando. Los enemigos arrastraron a Touma y le pusieron una bolsa de tela en la cabeza, así que lo último que Ren vio de él fue una mirada llena de decepción y tristeza dirigida hacia ella. Los enemigos se llevaron al chico y la armadura, y finalmente Fjore soltó a Ren, creando una cadena de hielo y atando uno de sus pies contra el árbol con ella para no los siguiera, antes de desaparecer. No había necesidad. Ren se quedó en el suelo de rodillas, llorando sin parar.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues sí, fui muy mala. Pobres de Touma y de Ren, ninguno de los dos la está pasando muy bien. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias por sus reviews. Les mando un abrazo enorme.

Abby L.