DEL OLIMPO A LA TIERRA
XIII: SOLUCIONES
Templo Norte, Santuario de Athena
Poco antes
El cosmo de Touma había desaparecido de golpe en el mismo sitio donde lo habían encontrado después de la batalla contra Fjore hacía unos días, sin señal de pelea ni nada. Odiseo notó esto y se lo comentó de inmediato a Artemisa, quien de inmediato pensó correctamente que había algo con esa chica que ocultaba el cosmo de Touma, e hizo la nota mental de preguntarle al pelirrojo cuando regresara.
Estaba aún pensando en la conversación que había tenido con Touma, sobe el hecho de que Ren le daba mala espina. Suspiró y sacudió la cabeza, intentando pensar en otra cosa.
Milo y Camus estaban ahí, pues Cathy había llevado a Mavri. El pequeño se divertía en los brazos de Artemisa mientras que su mamá tocaba algo en su violín. Camus sonrió al ver a Milo embelesado por la música, tanto como el día en que la había conocido.
-¿Dónde está Liliwen?- preguntó Artemisa de pronto.
Camus sonrió mientras que Milo se echaba a reír.
-Está en Capricornio, intentando enseñarle a Mac a cocinar panqueques- dijo Camus, intentando mantener una expresión seria, mientras que Milo seguía riendo- esperemos que no queme la cocina-
-¿Liliwen quema la cocina?- dijo Artemisa, alzando las cejas.
-No, Mac- dijo Camus, y continuó al ver la expresión confundida de Artemisa- la chica es un cerebrito matemático, pero no tiene ningún talento para la cocina-
-Se le quema el cereal con leche- dijo Milo entre risas, haciendo reír también a la diosa- Shura tiene que vigilarla cada vez que entra a la cocina-
De pronto, todos los representes dejaron de reír. No solo el cosmo de Touma seguía desaparecido, pero habían sentido el cosmo de Fjore cerca del monte Lykavittos. Los dos ángeles inmediatamente se pusieron de pie. No parecía que estuviera atacando, pero más les valía revisar. Camus, por su parte, estaba listo para atacar. Al ver que hicieron eso, Cathy dejó de tocar.
-¿Qué sucede?- preguntó Cathy.
-Milo, quédate con ellas- dijo el santo de Acuario fríamente, sin querer decir en voz alta lo que habían sentido- ya regresamos-
Milo asintió gravemente, y los dos ángeles, seguidos de Camus, salieron rápidamente al sitio donde habían sentido el cosmo de Fjore. Artemisa puso a Mavri en el suelo, mientras que Cathy volvía a acomodarse el violín sobre su cuello, en un intento por distraer a la diosa y tranquilizarla.
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Base del monte Lykavittos
Poco más tarde
Los dos ángeles y Camus no tardaron en llegar al sitio donde habían sentido el cosmo de Fjore. Para cuando los tres llegaron, el cosmo de la mujer había desaparecido, aunque había algunos rastros de hielo en el suelo y en los árboles a su alrededor.
-Maldita sea…- dijo Camus, frunciendo el entrecejo al ver que se había escapado de nuevo.
-No importa eso, tenemos que encontrar a Touma- dijo Odiseo con una expresión preocupada- no quiero pensar que lo haya atacado mientras estuvo aquí-
-No sentimos un cosmo de ataque- dijo Teseo- no creo que…-
Pero de pronto los tres se callaron al escuchar ruidos en los alrededores. Golpes de rocas, el sonido de las ramas de los árboles agitándose, las hojas secas crujiendo, todo aquello, a pesar de que el viento estaba en completa calma.
-¿Pero qué…?- dijo Teseo, mientras que Odiseo y Camus se apresuraban hacia el sitio donde escuchaban esos sonidos.
Los tres chicos cruzaron el bosque hasta llegar al punto donde aún estaba Ren, sentada con la espalda contra el árbol, abrazando sus piernas y sollozando sin parar. Había un remolino de hojas secas a su alrededor, las ramas del árbol donde estaba ella temblaban incesantemente y había también algunas rocas girando alrededor de ella. Su peinado se había desecho, y sus cabellos estaban cubriendo su rostro.
Los dos ángeles fruncieron el entrecejo al verla, pero Camus entrecerró los ojos en una expresión preocupada. La chica estaba temblando incontrolablemente, tenía una cadena de hielo atada a uno de sus tobillos, y todo su cuerpo estaba cubierto de una delgada capa de hielo.
El santo de Acuario se acercó a ella, y fue atacado por todos los objetos que volaban alrededor de la chica; rocas, ramas y demás. No fue la gran cosa, con un gesto los congeló y los hizo caer al suelo. Se inclinó a la chica y le puso una mano en el hombro, intentando no asustarla más.
-¿Se encuentra bien, mademoiselle?- dijo Camus, reconociendo a la chica que habían visitado en la ciudad
-No, no estoy bien- dijo ella en voz baja entre sollozos- Touma…-
Camus frunció el entrecejo. Teseo y Odiseo se alarmaron al escuchar el nombre de su compañero.
-¿Qué le pasó a Touma?- dijo él, haciendo un gesto a los dos ángeles para que no se acercaran y la asustaran más, sabía que podía llegar a ser peligroso si perdía el control de sus poderes- puedes decirme, soy un santo de Athena. Puedo ayudar-
-No, no hay nada que puedan hacer- dijo ella- ellos lo… Touma no…-
Camus gruñó en voz baja. Fjore había estado ahí, y al parecer Touma también. Y algo le habían hecho a la chica para que estuviera tan afligida. Con una mirada de advertencia a los otros dos chicos para que no la importunaran, al menos no en esos momentos, Camus cortó la cadena de hielo y alzó la chica en brazos para llevarla de regreso al Santuario.
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Templo de Aries, Santuario de Athena
Al mismo tiempo
Shaka había bajado a Aries a visitar a Mu. Ese día Lena había tenido que cumplir con algunos asuntos en el recinto de las amazonas, y él se había quedado en casa cuidando a Sai. Entre él y Christoffer trataban de tranquilizar al pequeño, que parecía gatear de un lado al otro sin parar, y ambos, siendo tan tranquilos, se preguntaban donde estaría su botón de apagado.
Lydia y Chris se pusieron a jugar con Sai mientras que Shaka charlaba con Mu. El pequeño era de lo más cariñoso, y le encantaba lanzarse a los brazos de cualquier persona, sonreírles y abrazarlos, tanto que levantaba los ánimos. Y a pesar de que Shaka odiaba los abrazos, solo los toleraba de Lena y de su pequeño.
Ahora que lo recordaban, desde que Artemisa estaba en el Santuario, Lena había llevado a Sai con ella de tanto en tanto para también animar un poco a la diosa.
-¿Y ustedes no han planeado tener uno?- preguntó Shaka, mientras que levantaba a su hijo y ponía en su regazo, dejándolo abrazarlo.
-Papapapa…- dijo Sai, poniendo sus bracitos alrededor del cuello.
-Sí, pero no ahora- dijo Mu, sonriendo levemente- quizá en el futuro-
Shaka iba a decir algo, pero volvió su vista hacia la entrada del templo de Aries, donde Kiki se materializó.
-¿Kiki?- dijo Mu, al ver la expresión preocupada del chico.
-Maestro, el señor Camus le pide que vaya lo más pronto posible al templo Norte- dijo Kiki- también dijo que era importante-
-¿Qué sucedió?-
-No estoy seguro- dijo Kiki- me pidió que llamara también al maestro Shion y a la señorita Liliwen-
Mu entrecerró los ojos y se levantó, dispuesto a dirigirse hacia el templo norte, seguido de Shaka, quien puso a Sai en brazos de Christoffer, y Lydia. Chris tomó a Sai y regresó al templo de Virgo, mientras que Kiki desaparecía rumbo a Acuario.
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Templo Norte, Santuario de Athena
Poco más tarde
Artemisa caminaba en círculos nerviosamente cuando Camus regresó llevando a Ren en sus brazos, seguido de Odiseo y Teseo, quienes parecían tener miradas sombrías. La diosa pensaba que regresarían con Touma, e hizo un gesto decepcionado al ver lo que no era sino la chica con la que su ángel salía. No solo Touma estaba ausente, sino que no le agradó mucho verla pálida de frío y cubierta de una capa de hielo.
-¿Qué es lo que pasó?-
Camus no respondió, y la puso sobre un sofá que estaba libre en la sala. Pronto llegaron Mu, Shaka y Lydia, seguidos de Kiki y Liliwen, y finalmente de Shion y de Athena.
Al ver a la chica cubierta de hielo y temblando de frío, Liliwen inmediatamente se acercó y concentró su cosmo en sus manos para derretir el hielo. La chica seguía sollozando, aunque más débilmente que antes, y aún estaba aferrada a la chamarra de Touma, la cual los ángeles y Artemisa identificaron inmediatamente.
-¿Qué sucedió aquí?- dijo Shion, entrecerrando los ojos.
Camus y los ángeles comenzaron a explicar lo que habían visto en el bosque, haciendo que todos los presentes se alarmaran. Ren se incorporó, y miró asustada a todos los presentes, pero Liliwen le puso las manos en los hombros para tranquilizarla. Sabía lo atemorizante que podía ser estar rodeada de los santos. Athena, quien ya la conocía, se acercó también a ella y la abrazó, cosa que no ayudó ni un poco para tranquilizarla.
-Aún no sabemos que fue lo que pasó con Touma- dijo Camus al terminar por fin el relato- no nos ha podido decir nada-
-¿Y porqué nos llamaste, Camus?- preguntó Mu.
-Porque ella es una de ustedes- dijo el santo de Acuario, señalando su propia frente- estaba asustada e hizo volar las rocas y ramas en el bosque…-
Al escuchar que Camus revelaba su secreto a los otros, Ren tembló e involuntariamente hizo volar algunos objetos dentro del templo. Liliwen y Athena intentaron en vano calmarla, pero Mu y Shion detuvieron sus poderes para que nadie saliera lastimado. Ambos estaban sorprendidos de conocer a una chica lemuriana como ellos.
-Ren… ¡Ren!- dijo Athena, sacudiendo levemente a la chica por los hombros hasta que abrió los ojos- tranquila, no tengas miedo. Aquí nadie te va a hacer daño-
-Habla por ti misma, Athena- siseó Artemisa, quien había permanecido cruzada de brazos con una expresión asesina, sospechando que Ren había tenido algo que ver con la desaparición de Touma.
-No estás ayudando nada, Artemisa- dijo Athena, poniendo los ojos en blanco, y se volvió de nuevo a Ren- por favor, tienes que calmarte- miró la prenda de Touma en sus manos- si no lo haces y nos dices que fue lo que pasó, no vamos a poder encontrar una manera de ayudarlo… ayudar a Touma-
Ren miró a Athena con los ojos llorosos, y respiró hondo, en un intento por calmarse.
-Yo… eh…- comenzó a decir Ren- ellos me…-
Al ver que todas las miradas estaban sobre ella, principalmente la expresión furiosa de Artemisa, Ren bajó la mirada mientras que las lágrimas seguían fluyendo por sus mejillas. No creía que pudiera decir nada. ¿Qué les iba a decir? ¿Que los había traicionado desde el principio? ¿Que por su culpa Artemisa era humana, y los enemigos tenían a Touma?
Mu y Shion se acercaron a ella, intentando reconfortarla para que hablara, pero finalmente fue Shaka quien dio un paso delante y le ofreció su mano.
-No tienes que decir nada, solo tienes que tomar mi mano- le dijo Shaka, mientras que Ren se debatía si debía tomarla o no- te prometo que todo estará bien-
Ren lo miró, dudosa, pero la aceptó. Todos mantuvieron la respiración mientras que Shaka buscaba en la mente de Ren lo que había pasado, ya que la chica no podía pronunciar por estar tan asustada.
Cuando terminó, Shaka la soltó y suspiró largamente, antes de volverse a los demás.
-Esto es obra de Ares- dijo Shaka finalmente- sus secuaces sellaron el cosmo de Touma. Ren no tuvo la culpa de nada. Fue amenazada e incluso torturada por Ares, y la usaron por sus poderes-
-¿Qué fue lo que pasó?- dijo Athena.
Shaka les contó en forma resumida todo lo que había visto en la mente de Ren, desde la promesa que la obligaron a cumplir hasta cuando se llevaron a Touma. Mu y Shion estaban furiosos de escuchar como la habían lastimado, y que finalmente la habían utilizado por sus poderes.
-Y entonces, ¿tú fuiste quien selló el cosmo de Touma?- dijo Artemisa.
Ren asintió con una expresión culpable.
-Entonces, ¿ella fue la que hizo todo esto esto?- dijo Artemisa, roja de furia y señalándose a sí misma- ¿ella fue la que ocasionó todo este problema?-
Antes de que Shaka dijera algo, Mu y Shion, e incluso Kiki, se interpusieron entre Ren y Artemisa.
-Disculpe, señorita, pero no podemos permitir que le hable así- dijo Shion, hablando antes de que Mu dijera algo que iba a lamentar por estar furioso- nosotros sabemos demasiado bien lo que significa ser usado por nuestros poderes-
-Ejem…- dijo Athena para calmar los ánimos- por favor, no empecemos a pelear entre nosotros. No deberías tener resentimiento contra Ren, Artemisa. Como dijo Shion, las personas como ella han sido incluso cazados por su poder. Es normal que no nos dijera nada. Estoy segura que si ella pudiera, nos ayudaría a encontrar a Touma-
Lydia miró a la chica, apenas un año menor que ella, y por todo lo que había pasado. Todo aquello le sonó horriblemente a lo que había sucedido con ella cuando su padre adoptivo la había usado para robar el cosmo de los santos de Athena, o cuando habían enviado a Satu. Además, nunca había visto a Mu y a Shion de esa manera, protegiendo a Ren como si fuera parte de su familia.
Ren, por su parte, se concentró en lo ultimo que había escuchado. Encontrar a Touma. Era cierto, había alcanzado a escuchar donde se escondían la primera vez que la obligaron a ayudarlos. Pero sabía los planes de Ares y los otros, acabarían con Touma si llegaban a sospechar que los santos se acercaban a donde se escondían. Pero si ella llegaba sola, ella que no tenía cosmo y a quien no podían detectar… y sus poderes ya no eran secretos… no era imposible, podía hacerlo ella sola.
No, debía hacerlo. Se lo debía a Touma. Como había dicho Artemisa, todo lo ocurrido había sido su culpa, así que tenía que arreglarlo.
La chica se limpió las lágrimas con el dorso de su mano, y se levantó para sorpresa de todos.
-Espera, ¿a donde vas?- dijo Shion, sorprendido de su cambio de actitud- no tienes que irte, Ren, nosotros podemos protegerte-
-No, gracias- dijo Ren, dando un paso hacia atrás- ya tienen lo que querían, no volverán a molestarme. Gracias de todos modos-
-Ren, no tienes que…- comenzó a decir Athena.
-Lo siento- dijo la chica- lamento mucho los problemas que he causado…-
Ren se levanto y, tras despedirse, salió del templo y del Santuario. La miraron alejarse, y se volvieron discretamente hacia Shaka, quien suspiró.
-No, no sé que tiene planeado hacer- dijo el santo de Virgo- solo puedo decir que sus sentimientos hacia Touma son verdaderos. Temo que vaya a hacer alguna tontería para intentar salvarlo-
Mu la miró alejarse con una expresión preocupada, y tras apretar suavemente la mano de Lydia, se volvió a Kiki.
-Síguela de lejos, y mantén tu cosmo oculto- dijo Mu- no dejes que haga una tontería-
-De acuerdo, maestro- dijo Kiki, desapareciendo.
-¿Y bien?- dijo Athena, volviéndose a los demás- tenemos que encontrar a Touma. ¿Qué vamos a hacer al respecto?-
Artemisa seguía cruzada de brazos. Estaba furiosa con Ren por haber causado todos esos problemas, y estaba al mismo tiempo muerta de preocupación por Touma. Tragó saliva. Athena tenía razón. Ya se preocuparía por vengarse de la mocosa más tarde.
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Templo de Géminis
Poco más tarde
Kanon levantó al bebé en brazos para intentar consolarlo mientras que Satu intentaba darse una ducha. Elsa había aprendido a ayudar a su papá a cuidar de Altair. La niña se apresuró a la habitación de sus padres para tomar el chupón de su hermanito y pasárselo a su papá.
-Gracias, cariño- le dijo Kanon, tomando el chupón y ofreciéndolo a Altair.
-¿Porqué llora tanto, papi?- dijo Elsa.
-Ojalá supiera- dijo Kanon, acostando al pequeño en sus brazos, y viendo como se comenzaba a calmar- pero mira, ya está dejando de llorar-
Elsa sonrió y se puso de puntitas para besar a su hermanito en la cabeza. El bebé volvió sus enormes ojos a su hermana mayor y abrió la boca, tirando el chupón al piso. Elsa lo iba a recoger del suelo cuando ambos escucharon pasos en la entrada, que eran Shaka, Cathy y Milo llevando en brazos a Mavri.
Kanon los miró frunciendo el entrecejo al verlos con una expresión preocupada.
-¿Qué sucedió?- dijo el gemelo menor.
Shaka le contó todo lo que había sucedido con Touma y la chica lemuriana. Kanon frunció el entrecejo cuando escuchó lo que le dijo sobre la actitud de Artemisa. Recordaba muy bien la primera vez que Satu había llegado al Santuario, habiendo sido obligada a trabajar para los enemigos por su poder. Era la misma historia de Ren.
-¿Hay alguna manera de ayudarla?- preguntó Kanon- ¿o de encontrar a Touma?-
-No lo sé- dijo Shaka- la señorita Athena está organizando junto con los ángeles búsquedas para tratar de encontrar a Touma. Y Ren se fue por sí sola, rechazó la ayuda que Mu y del maestro Shion le ofrecieron-
-¿Qué?¿Y la dejaron ir?-
-Sí, pero Mu envió a Kiki a seguirla, asegurarse de que no se metiera en problemas- dijo Shaka.
Kanon gruñó. No estaba contento con lo que había pasado. Cuando Saga regresara, le preguntaría si se le ocurría alguna manera de ayudar. Mientras tanto, los tres visitantes se despidieron y continuaron su camino escaleras arriba.
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Estudio Sakura, Atenas
Poco después
Ren no era tonta, sabía que la estaban siguiendo. Era el adolescente pelirrojo quien estaba detrás ella, aunque pareciera que no se daba cuenta. Llegó a su local y cerró la puerta tras ella. Artemisa era humana por su culpa. Fjore estaba suelta por su culpa. Y Touma, sin cosmo y capturado por los enemigos su culpa.
Tembló al recordar la mirada de decepción que Touma le había dirigido antes de desaparecer debajo de esa bolsa de tela. ¿Qué podía hacer al respecto?
No podía hacer nada con respecto de Fjore, pero de pronto sonrió. Ahora que lo pensaba, podía hacer algo al respecto. Se apresuró a buscar hojas de té que su padre le había dado hacía muchos años. Buscó en la alacena y sacó un frasco de vidrio.
FLASHBACK
Tokio, Japón
Año 14 del nacimiento de Athena
Ren estaba terminando de empacar. Estaba de lo más emocionada, porque el día anterior se iría a París al estudio Berçot. Su sueño siempre había sido ser una gran diseñadora de modas, y por fin comenzaba a encaminarse.
Mientras guardaba toda su ropa, lápices y cuadernos de dibujo, vio que su papá se acercó a ella, y puso junto a su maleta un frasco de vidrio, que contenía algunas hojas secas.
-¿Papá?- dijo la chica, abriendo los ojos con curiosidad- ¿qué es esto?-
-Es una de las últimas cosas que traje de Tíbet antes de huir de Jamir- dijo su padre, sentándose junto a ella y sonriendo, mientras extendía su brazo hacia ella para abrazarla.
-Oh- fue lo único que respondió Ren. Su padre no hablaba mucho de su pasado, ni de su tiempo en Jamir cuando era niño. Sabía que sola haber muchos otros como él, pero no sabía si habían sobrevivido o no a su destrucción.
-Estas hojas las tomé de un árbol sagrado cerca del camino a Jamir- continuó su padre- los ancianos de Jamir decían que sus hojas poseen propiedades curativas, que pueden restaurar lo que se ha perdido-
-Osea, ¿puede curar cualquier enfermedad?- dijo Ren.
-Cualquier cosa que se haya perdido- dijo su padre, poniendo el frasco en su mano- cuídalo bien. Y úsalo sabiamente-
Ren sonrió, y se inclinó hacia su padre para besarlo en la mejilla.
-Gracias, papá.
FIN DEL FLASHBACK
-Esto puede ayudar a Artemisa a ser una diosa de nuevo- dijo Ren para sí misma, sonriendo- y me puedo sacar de encima al chico que me sigue de una vez-
Con el frasco en su mano, se volvió a la puerta del local.
-¿Hola?¿chico pelirrojo?- gritó Ren- ¿estás ahí?-
Kiki, al verse descubierto por la chica, se materializó frente a ella.
-Buenas noches, señorita. Me llamo Kiki, aprendiz de Aries- dijo el pelirrojo.
-Me llamo Ren- dijo la chica- necesito tu ayuda… para llevar esto al Santuario de Athena-
Kiki miró un poco desconfiado el frasco de hojas de té azul que Ren le puso en su mano, y la miró a ella con una expresión sospechosa.
-¿Para qué es esto?- dijo el chico.
-Son hojas de té. Esto puede llegar a devolver a una persona a su estado natural- dijo ella- mi padre me dijo que tiene la propiedad de restaurar lo que se ha perdido… puede funcionar para devolver la divinidad de Artemisa-
Kiki miró el frasco, aun dudoso, pero lo tomó y asintió.
-No se mueva de aquí, señorita- dijo Kiki, con una expresión preocupada, esperando que la chica le hiciera caso- voy a entregarlo y regreso. Mi maestro no quiere que esté desprotegida en la ciudad-
Ren no dijo nada, solo sonrió y ladeó la cabeza. Kiki lo tomó como un "sí" y se teletransportó hacia el Santuario. Una vez que se quedó sola, Ren se ató el cabello en una cola baja, y la enredó con su broche en forma de mariposa negra. Ya era la madrugada, y faltaban un par de horas para que amaneciera. Y ella tenía una manera de encontrar a Touma.
Cuando Constanza la llevó donde Ares para que éste la llevara al Olimpo, alcanzó a escuchar que se estaban escondiendo en un monasterio abandonado a las afueras de Atenas. Ahí era donde debían tener a Touma. Ren respiró hondo. Iba a hacerlo ella misma, corregir su error aunque le costara.
Tras cerrar cuidadosamente su local, salió corriendo por las calles de la ciudad
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Estancias de Apolo, Olimpo
Al mismo tiempo
Apolo se dejó caer sobre la montaña de libros que tenía enfrente. En las últimas semanas había buscando y probado al menos veinte antídotos para la poción que le habían dado a su hermana, sin ningún éxito. Afrodita le había pasado las instrucciones, pero no sirvió de nada. No podía encontrar la cura para su melliza.
-Es inútil- dijo Apolo haciendo una expresión derrotada.
Con un gesto desesperado, hizo a un lado los libros que tenían sobre su escritorio, y vio un trozo de papel flotando en el aire hasta caer suavemente al suelo sobre los libros. El dios extendió su mano para tomarlo. Instrucciones para preparar el té azul. Se rascó la cabeza. El té azul era una manera de reparar tejidos, con propiedades antioxidantes para los humanos. Podía restaurarles la salud… y en los dioses… ¡Eso era! Podían probar con té azul. Y ahora que lo recordaba, había un árbol sagrado cerca de Jamir que tenía propiedades curativas…
El dios se levantó de golpe y cruzó el Olimpo corriendo hacia la fuente que llevaba al mundo humano. Primera parada, China, y luego Atenas. ¡Su melliza iba a estar tan feliz cuando lo escuchara!
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Templo Norte, Santuario de Athena
Poco después
Artemisa estaba furiosa, caminando en círculos. Por más que Athena le había explicado que algunas de las chicas de los santos dorados como Satu también fueron obligadas a trabajar para Ares o para los dioses gemelos contra su voluntad y tener que atacarlos, la diosa no había perdonado a Ren por lo que había hecho. Lo que más le molestaba es haberle brindado su protección cuando ella había causado que se convirtiera en humana.
-Señorita, realmente no parece que fuera una mala persona- dijo Odiseo, intentando ser la voz de la razón y calmarla, aunque en realidad era Touma quien normalmente lo hacía- la señorita Athena tiene razón. La culpa fue de Ares, Fjore y los otros que la obligaron a trabajar para ellos-
Artemisa gruñó, e iba a decir que cuando se cumpliera el mes y recuperara sus poderes la iba a buscar para vengarse de ella, de igual forma como había hecho con Arienwen cuando la traicionó, pero en ese momento apareció Kiki, llevando consigo las hojas de té.
-Esperen, paren todo- dijo el pelirrojo- a Ren se le ocurrió que puede tomar un té de estas hojas, que ese puede ser el antídoto para usted, señorita Artemisa-
Artemisa hizo una mueca desconfiada, y Athena se encogió de hombros. No sabía si iba a funcionar o no.
-¿Té?- dijo la diosa, volviéndose a Shion.
-Es…- comenzó a decir el Patriarca, cuando llegó también Apolo.
-¡Hermanita!¡Creo que lo tengo!- dijo el dios del sol- té azul. Tienes que encontrar hojas secas de un árbol sagrado de Jamir, una camelia a media oxidación, y… oh…- se interrumpió al ver el frasco en las manos de Kiki- ¿cómo supiste?¿de donde sacaste eso? ¡Esas hojas se consiguen en Oriente!-
-Ren me las dio- dijo Kiki, y se volvió a la diosa- ¿eso significa que sí lo va a tomar?-
Artemisa miró alternadamente a Kiki, quien llevaba las hojas secas, a Apolo y a Athena. Finalmente gruñó y le pidió a Odiseo que fuera a preparar el agua. Todos los presentes sonrieron satisfechos, pero de pronto Shion cayó en cuenta de algo importante.
-Eh… Kiki, ¿dónde está Ren?- dijo el Patriarca.
Kiki palideció, y desapareció teletransportándose. Shion sacudió la cabeza. Seguramente era demasiado tarde, y Ren se había escapado a donde Kiki no pudiera encontrarla. Solo esperaba que no fuera a hacer algo estúpido.
En pocos minutos, el agua caliente estuvo lista, y Odiseo agregó las hojas de té. Apolo miró con curiosidad el brebaje mientras el té se preparaba. Tras unos minutos, el ángel le pasó la taza a Artemisa, quien lo miró dudosa, pero al ver la mirada segura de Apolo, acercó la taza a sus labios y bebió todo el contenido hasta el fondo.
Al principio no ocurrió nada, y la diosa bajó la mirada, decepcionada. Pero Apolo de pronto notó algo extraordinario. El apagado cosmo de su melliza comenzó a brillar de nuevo, hasta que volvió a la normalidad.
-Pero… ¿qué pasó…?- comenzó a decir Artemisa, mirándose a sí misma. No se sentía diferente, pero se dio cuenta que la intensidad de sus emociones había desaparecido- ¿funcionó?-
-¡Sí funcionó!- dijo Athena, aplaudiendo emocionada- ¿viste? Ren tenía razón, te devolvió lo que habías perdido-
Artemisa se cruzó de brazos, molesta.
-Esa humana traidora es la culpable de lo que le pasó a Touma- gruñó la diosa.
-Sí, pero ella fue la que te envió las hojas de té que te curaron- dijo Athena, ignorando su expresión enojada- yo creo… creo que está intentando reparar lo que hizo-
Artemisa gruñó otra vez. No estaba nada contenta con Ren, pero recordó que la última vez que la habían criticado así fue cuando perseguía a Liliwen, y finalmente le había tomado cariño a su sobrina. ¿Y si Ren era parecido? ¿Le daría el beneficio de la duda?
En ese momento, Kiki regresó, pálido y preocupado.
-Señor Shion- dijo el pelirrojo- Ren ya no está en su casa, y en ningún sitio cercano. ¡No la puedo encontrar!-
Shion suspiró largamente y sacudió la cabeza.
-Creo que ya me imagino donde puede estar- dijo el Patriarca, cruzándose de brazos cabizbajo- seguramente fue a intentar rescatar a Touma por sí sola-
Todos los presentes se quedaron helados.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Pido mil disculpas por el retraso en subir este capítulo. La semana pasada estuvo del horror y, el fin de semana francamente olvidé subirlo. Aquí lo tienen. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo.
Abby L.
PD: Les pido paciencia, esta semana será complicada, con suerte, jueves subiré el siguiente capítulo. ¡Saludos!
