DEL OLIMPO A LA TIERRA

XIV: INTERCAMBIO DE PUESTOS

Afuera del convento Kesariani, Jardín Botánico a las afueras de Atenas

Poco después

Comenzaba a amanecer, y Ren sentía los estragos de lo ocurrido los últimos dos días. No había descansado bien desde hacía dos días, pero no tenía tiempo que perder. La vida de Touma dependía de ella. Ahora que las hojas de té de Jamir que su padre le había dado estaba en posesión de Artemisa y de los santos, seguramente también podrían revertir el sello que le habían puesto a Touma.

Era solo cuestión de liberarlo.

La chica tomó aire y se acercó llena de confianza al convento Kesariani. Antes de salir de casa se había cambiado su ropa por un vestido japonés negro con rojo y dorado, se había vuelto a arreglar el cabello con su broche en forma de mariposa negra y dorada, y se había cubierto con una capa y capucha.

Ren supuso que los enemigos tendrían a Touma dentro del convento. Recordaba que la primera vez que había visto a Constanza había dicho algo sobre ese lugar. Ren se acercó a la puerta, donde había un guardia que estaba vigilando la entrada.

-¿Qué se le ofrece, señorita?- dijo el guardia en tono brusco.

Ren no respondió, solo le mostró el anillo que Constanza le había puesto hacía dos noches. El guardia palideció y se inclinó levemente.

-Lo lamento mucho, señorita, no sabía que usted era una de las mujeres del señor Ares- dijo el guardia, mirándola con una expresión asustada y haciéndose a un lado para dejarla entrar- pase, pase por favor-

La chica entró sin decir nada y miró a su alrededor, buscando a Touma. El convento era enorme, y estaba lleno de personas, sobre todo mujeres, hermosas y elegantes, que hizo que Ren tuviera que reprimir un escalofrío. Había un enorme corredor justo en el centro del edificio, y a cada lado había pequeñas celdas, todas con las puertas de madera abiertas.

Al final del corredor principal del convento había una escalera que llevaba al parecer hacia el sótano, vigilada por al menos ocho hombres que portaban armaduras negras, quienes tenían los brazos cruzados y miraban hacia todos lados. Ren sonrió. Utilizó sus poderes de psicoquinesia para distraer a los hombres. Hizo un gran ruido afuera del convento, parecido a una explosión, y su plan funcionó. Los guardias salieron corriendo para averiguar qué había sido ese ruido, dejando libre el camino.

Una vez que la escalera quedó descubierta, Ren comenzó a descender por ella. Al fondo de la escalera había una enorme habitación, y en una de las esquinas había una pequeña prisión formada por barrotes y una puerta de metal. Dentro de la misma había una figura delgada y cabizbaja, con alborotados cabellos rojos.

"Touma", pensó la chica, pero no dijo nada.

Con sus poderes de psicoquinesia, robó la llave del otro extremo de la habitación, abrió la prisión, y se acercó a Touma.

El pobre chico estaba de rodillas, cabizbajo y encadenado contra la pared con gruesos grilletes, uno alrededor de su cuello, y otros en sus muñecas y tobillos. Ren lo hizo levantar la mirada hacia ella, y casi deja escapar un grito de horror. Touma tenía un pómulo severamente inflamado, con varios golpes en todo el cuerpo, y un hilo de sangre seca desde la comisura de sus labios hasta la mandíbula. El chico levantó los ojos hacia ella, y no tardó en fruncir el entrecejo.

-Tú…- siseó Touma al verla frente a él- ¿qué haces aquí? ¿Viniste a burlarte de mí otra vez?-

-No- dijo Ren en voz baja, sin dejarse provocar por sus palabras- vine a pedirte perdón, y a reparar mi error. Lo lamento mucho, debí decirte la verdad desde el principio, nos hubiera ahorrado muchos problemas a los dos-

Touma gruñó en voz baja, e iba a decir que no la iba a perdonar nunca, pero se interrumpió al ver que Ren estaba abriendo sus cadenas con la llave que había robado.

-¿Qué estás haciendo?- dijo él.

-Lo que ves, te estoy liberando- dijo Ren sin levantar la mirada- no mentía cuando dije que quería reparar todos mis errores. No espero que me perdones. Es solo que… no puedo permitir que algo malo te pase-

Cuando Ren terminó de liberarlo, Touma gruñó e inmediatamente tomó a la chica del cuello.

-No me engañas. ¿Qué es lo que estás planeando?- dijo el chico.

-No… no estoy planeando nada- dijo Ren, sin siquiera intentar quitarse la mano de Touma- yo… lamento mucho lo que hice, en serio…-

Touma miró a Ren aún sospechosamente, aunque ella le sonreía tristemente. Touma la soltó y se puso de pie.

-Vamos, apresúrate, no deberíamos permanecer aquí mucho tiempo- dijo Ren, levantándose también y poniéndole una capa con capucha encima- solo mantente oculto y corre tan pronto como puedas salir-

Touma la miró sospechosamente, pero le dio la espalda y salió corriendo para salir de ahí. No confiaba en ella. Lo había traicionado y entregado a sus enemigos. Se había aprovechado que estaba enamorado de ella para robarle su cosmo. Y aún estaba convencido de que trabajaba para Ares.

-No confío en ti- dijo Touma secamente.

Las palabras del pelirrojo le dolieron en el alma, pero luchó para mantenerse impasible.

-Solo… sígueme- dijo ella- ¿qué es lo peor que puede pasar si lo haces y te traiciono? Solamente que regreses a la celda como estabas antes-

Touma la evaluó con la mirada, y finalmente asintió. Comenzó a seguir a Ren fuera de la prisión y hacia las escaleras para salir del sótano. Ambos subieron, pero Ren se detuvo en la parte alta de la escalera.

-¿Qué…?-

-Hay guardias otra vez- susurró Ren, y se volvió hacia él- voy a usar mis poderes para crear una distracción y será mejor que salgamos separados. Cuando entré había dos puertas, una a la derecha, y otra al final del pasillo. Como a ti es a quien buscan, te recomiendo que salgas por la primera-

El pelirrojo la miró. Por primera vez comenzó a creer que realmente quería ayudarle, y se sintió horrible por haber dudado de ella, pero no dijo nada. Se ajustó la capucha antes de salir. Ren levantó la mano para usar sus poderes, pero Touma la detuvo.

-Ten cuidado- dijo el pelirrojo cuando la chica se volvió hacia él, interrogante. Ren le sonrió, por primera vez desde que lo había visto.

-Tú eres quien debe tener cuidado- dijo ella- no soy yo a quien buscan-

-¿Te veré en el Santuario de Athena cuando termine esto?- preguntó Touma, y ella asintió.

Ren se volvió hacia los guardias, y usó sus poderes para hacerlos volar, y los dejó caer sobre las chicas y las otras personas que estaban ahí. Entre los gritos y la confusión, Touma y Ren salieron del sótano y se dirigieron a las salidas.

Touma salió con relativa facilidad. El pelirrojo sonrió aliviado mientras que salía del jardín y se alejaba hacia el interior de las calles de Atenas. Mientras corría, sus ojos brillaron de ilusión a pesar del dolor en sus muñecas y en los sitios donde lo habían golpeado. Estaba sin cosmo, pero estaba libre. Y Ren lo había ayudado a salir. ¿Eso significaba lo que él creía que significaba? ¿Que Ren no lo había hecho a propósito?

Sacudió la cabeza. Ya hablaría con ella cuando estuvieran en el Santuario, y todo se aclararía.

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Templo Norte, Santuario de Athena

Lydia puso sus manos en los hombros de Mu. Podía entender porqué él y Shion se sentían un poco responsables de esa chica. Mientras esperaban noticias de Kiki y de los santos de bronce, que habían salido a buscarla, Mu les contó las horribles historias de las invasiones a Jamir de personas que querían usar a los lemurianos por sus poderes, y como éstos habían huido con sus familias para protegerlos. Seguramente Ren pertenecía a una de esas familias.

-Espero que no sea tan imprudente como para tratar de liberar a Touma por sí misma- dijo Lydia, mirando de reojo a Mu.

Los dos ángeles de Artemisa miraron hacia la entrada, donde apareció Kiki junto con Seiya, en quienes se apoyaba un herido Touma.

-¡Sorpresa!- dijo el santo de Pegaso con una sonrisa traviesa- miren lo que encontramos-

-¡Touma!- exclamó Artemisa, levantándose y apresurándose a abrazar al ángel pelirrojo- ¡estábamos tan preocupados!¿qué te pasó?¿cómo te escapaste?-

Touma sonrió levemente, aliviado de que la diosa estuviera a salvo, y se veía muy diferente a la última vez que la había visto.

-Señorita Artemisa- dijo el chico, mientras que la chica lo soltaba y notaba que tenía varios golpes y moretones por todo el cuerpo- gracias. Estoy bien, en serio-

-Touma, ¿dónde está Ren?- dijo Mu, un poco impacientemente.

Por primera vez desde que llegó, Touma borró su sonrisa.

-¿Qué?¿no ha regresado?- dijo el pelirrojo.

-No- dijo Mu seriamente- ¿qué pasó con ella?-

-Ella se escabulló y me liberó- dijo Touma- y me ayudó a salir de ahí. Nos separamos cuando salimos, para no llamar la atención, y quedamos de vernos aquí. La salida que ella iba a usar era la más cercana a…- y se interrumpió.

Mu hizo una expresión preocupada, y Lydia lo tomó de la mano en señal de apoyo.

-Voy a salir a buscarla- dijo Kiki espontáneamente, con una expresión idéntica a la de su maestro- debió haberse quedado en el camino…-

Beep beep

El teléfono celular de Touma sonó, y éste lo tomó para ver si era Ren. Seguramente era ella, diciéndole que prefería quedarse en casa, o que no la dejaban pasar al Santuario. Abrió el mensaje, y palideció al verlo.

-¿Touma?- dijo Artemisa.

-No…- dijo él- no puede ser-

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Dentro del convento Kesariani, Jardín Botánico a las afueras de Atenas

Poco antes

Ren miró a Touma alejarse por la puerta que le había indicado, y respiró aliviada al ver que el chico había logrado salir sin ningún problema. Ella comenzó a caminar discretamente hacia donde estaban las otras mujeres, fingiendo estar tan sorprendida como todas ellas, de lo que ella misma había provocado. Miró disimuladamente hacia la salida, y comenzó a caminar hacia ella.

Cuando Ren alcanzó la puerta e intentó salir, dispuesta a echarse a correr tan pronto como podía, una mujer le cortó el paso, tomándola de los hombros para que no se alejara.

-¿Ren?- dijo Constanza cuando la vio, prácticamente encajando sus uñas en sus hombros- ¿qué estás haciendo aquí?¿cómo llegaste aquí?-

Ren palideció mortalmente al verla, e intentó soltarse y echarse a correr, pero la mujer la detuvo de un brazo.

-¿Qué fue lo que hiciste?- dijo Constanza, tirando de ella y empujándola contra una de las columnas en el pasillo principal. Le puso el antebrazo contra el cuello- ¡habla, niña tonta!-

Ren se mantuvo en silencio. Si sabían que Touma había escapado, correrían tras él. No, ella estaba perdida, pero les haría perder todo el tiempo posible para darle oportunidad a Touma.

-No hice nada, yo no…- comenzó a decir Ren.

Claro, Constanza no le creyó.

-Eres terrible mintiendo- dijo la mujer, y se volvió a uno de los hombres- tú, ve al sótano y revisa que el prisionero siga ahí. Y si no está ahí- añadió, volviéndose a Ren- esta mujer va a pagar el precio-

Ren tembló, pero no se movió y se mantuvo impasible mientras el hombre regresaba, pálido y con una mirada de terror.

-El prisionero no está, señorita- dijo el hombre- debió escabullirse en la confusión…-

Constanza lo fulminó con la mirada, y después se volvió a Ren.

-Así que tú lo liberaste y causaste esa confusión- dijo la mujer, quien estaba realmente furiosa- y luego lo sacaste de aquí. ¿Y él te dejó atrás? Muy bien jugado, Ren-

Ren no respondió, aunque ni siquiera hubiera tenido tiempo de hacerlo. La mujer tiró de ella de nuevo y la empujó contra la pared.

-Ay…

Constanza estaba furiosa, pero pensó mejor las cosas. Sí, Touma había escapado, pero tenía a Ren, y aunque estuviera enojado con ella, sabía que la amaba, y como la había dejado atrás, se sentiría culpable. Era cuestión de enviarle un pequeño mensaje.

La mujer llamó a dos de los soldados, quienes llevaron a Ren al pasillo principal del convento y la ataron contra la columna. Una vez que estuvo atada, Constanza le quitó el bolso y comenzó a vaciarlo.

-Qué interesante- dijo la mujer, sacando la reparada libreta de diseños de Ren y mirando los dibujos que ella había hecho de Touma cuando estaba herido. Arrancó esas hojas, y luego sacó el teléfono celular de Ren, y le tomó una fotografía con ella.

-¿Qué haces?- dijo Ren.

-Nada importante, solo le enviaré un pequeño mensaje a tu amado Touma- dijo Constanza- no querrá que algo malo le pase a la chica que ama-

Ren entrecerró los ojos.

-Touma está enojado conmigo porque cree que lo traicioné a propósito. Eso es por tu culpa- dijo Ren en un tono desafiante- y aunque quisiera venir a salvarme, no es tonto: sabrá que todo esto es una trampa-

-Claro que lo sabrá, Ren- dijo Constanza, tecleando algo aún en su teléfono celular- pero como quiera vendrá. Porque tú, mocosa, eres la carnada perfecta-

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Templo Norte, Santuario de Athena

Touma palideció mortalmente, y casi deja caer el teléfono celular que tenía en la mano al suelo. Había recibido dos fotos, provenientes del celular de Ren. La primera era una foto de un dibujo, que Touma reconoció que provenía de la libreta de diseños de la chica. Y la segunda era una foto de Ren, atada a una columna y con una expresión de miedo.

-Ren…- dijo Touma en voz baja.

-¿Qué sucedió?- dijo Artemisa.

Mu tomó el teléfono de manos de Touma, y miró horrorizado la fotografía. Lydia la miró también, y se llevó las manos a la boca.

-Tenemos que hacer algo- dijo Lydia, volviendo sus ojos a Mu- sabes como son esas personas, la van a…-

Touma empuñó las manos. ¡Tenían a Ren! Ella ya se había librado de ellos y, por haberlo ayudado, la tenían de nuevo. La iban a lastimar. Quien sabe que cosas horribles tendrían planeado hacerle. El pelirrojo comenzó a caminar hacia la salida, pero una mano lo detuvo.

-Es una trampa, seguramente- dijo Odiseo, que era el dueño de la mano que lo había detenido- y tú no puedes ir, no tienes cosmo-

Artemisa entrecerró los ojos. Odiaba a esa muchacha, Ren Sawamura, porque los había traicionado, primero a ella, y luego a Touma. No le importaba la causa, ni que tanto la habían torturado para que aceptara hacerlo. ¡Lo había hecho! Pero finalmente ella había conseguido las hojas de té que le había regresado su estado inmortal, y también había liberado a Touma, sacrificándose a sí misma en el proceso, y ella no era una diosa desagradecida.

-El té- dijo Artemisa en un tono frío.

Touma se volvió hacia ella.

-¿Qué dice, señorita?- dijo el pelirrojo.

-El té que esa… muchacha mandó aquí- dijo la diosa, haciendo un esfuerzo para no escucharse desdeñosa- funcionó conmigo, seguramente funcionará contigo también-

Touma abrió los ojos grandemente. Había notado diferente a la diosa, pero ahora lo comprendía. ¡Había dejado de ser humana! Apolo había conseguido la cura durante su ausencia. ¿Y qué decía sobre Ren?

-Esa muchacha… Ren- dijo Artemisa con dificultad- trajo unas hojas de té de Jamir, y dijo Apolo que tienen la propiedad de restablecer propiedades perdidas. Quizá funcione contigo, para restablecer tu cosmo-

La diosa señaló el contenedor de cristal, idéntico a los que había visto en la cocina de la casa de Ren, con algunas hojas secas de color azulado. Touma tocó el frasco, y se mordió el labio. Ren. Tenía que recuperarla.

-Necesito agua caliente- dijo el pelirrojo, frunciendo el entrecejo- y veremos si funciona. Pero funcione o no, voy a ir por ella-

Odiseo y Teseo se miraron entre sí, y el último se apresuró a la cocina a conseguir agua caliente. Mientras que el agua se calentaba y Touma esperaba impacientemente, Camus se ofreció voluntario para ir, y Mu se volvió a su esposa.

-Lydia, voy a ir con ellos- dijo el santo de Aries- espero que entiendas-

-Lo entiendo- dijo Lydia- de hecho, quisiera ir con ustedes-

-Lo sé, pero sabemos que es una trampa- dijo Mu- creo que será mejor que te quedes aquí. Kiki se quedará en mi lugar en Aries-

Lydia ya se imaginaba que Mu le pediría que se quedara en el Santuario, y por una vez no pensó en contradecirlo. Notaba la terrible preocupación de Mu, con una simpatía que no había visto antes.

Teseo regresó con una taza de agua caliente y Touma puso las hojas restantes en la taza. Esperó a que terminara de prepararse el té, y lo bebió hasta el fondo. Esperó pacientemente y fue cuando lo sintió. Su cosmo, de nuevo, regresando a él. Un cosquilleo en los dedos, y una leve sacudida en su cuerpo.

-Funcionó- dijo Touma sonriente.

Teseo y Odiseo lo miraron.

-No, no funcionó- dijo Odiseo- no sentimos tu cosmo-

Touma parpadeó.

-Yo sí lo siento- dijo el pelirrojo, y de pronto sonrió- lo sé, fue Ren, quien enmascaró mi cosmo. No ha quitado la máscara, por eso no lo pueden sentir-

Artemisa sonrió levemente. No quería admitirlo, pero esa chica Ren había pensado muy bien las cosas. No podía creerlo.

-Bueno- dijo la diosa, volviéndose a Shion- ¿podrían avisarle a Athena que quiero subir a hablar con ella?-

-Yo la llevaré, señorita- dijo Shion.

-Y Touma…- añadió, volviéndose al pelirrojo.

-¿Sí?- le respondió él.

-¿Qué estás esperando?- dijo la diosa- tienes una chica que rescatar-

Touma sonrió y se acercó a ella para besarle la mano.

-Muchas gracias, señorita- dijo Touma, tras apretar sus labios contra el dorso de la mano de Artemisa- volveremos pronto-

-Tengan cuidado- dijo la diosa.

Shion asintió en dirección a Mu, y éste asintió como respuesta. El santo de Aries, Camus y los tres ángeles de Artemisa desaparecieron.

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Templo del Patriarca

Poco más tarde

Artemisa se frotó la frente. Ya podía regresar al Olimpo, su divinidad había regresado a ella, pero por una buena razón sentía que aún debía estar en la Tierra. Y la razón era Touma. Hasta que el pelirrojo resolviera ese problema, rescatara a la chica de la que estaba enamorado, Artemisa no se iría.

Estaba en el templo del Patriarca, en la biblioteca, junto con Athena, Liliwen, Shion y Sara.

-Creo que es lindo lo que haces por Touma- dijo Athena de pronto.

-Aún no estoy convencida de que esa muchacha no sea una traidora- dijo Artemisa en un tono seco.

-Shaka me contó todo lo que vio en la mente de Ren- dijo Athena, mientras que Irene se acercaba a servirle algo de beber- gracias, Irene. Como te decía, Shaka me contó todo lo que vio. No mintió. Ella era una chica que soñaba con ser diseñadora, y los aliados de Ares y Phobos se acercaron a ella y la hicieron prometer un favor. Cuando supo que el favor era hacerte daño, trató de negarse, y Ares la torturó hasta que aceptó hacerlo-

-No es pretexto- dijo Artemisa, cruzándose de brazos.

Athena suspiró.

-Quizá no lo sabes, pero los lemurianos son muy sensibles- dijo Athena- el dolor debió haber sido horrendo. Peor de lo que siente un ser humano normal-

Artemisa la miró de reojo. Shion estaba ahí, y solo seguía cabizbajo la conversación. Sara apoyó la cabeza sobre su hombro.

-Ren siempre ha sido una buena amiga- dijo Athena en voz baja- aún no puedo creer que nos haya ocultado el ser lemuriana durante todo este tiempo. Entiendo que lo haya ocultado, pero… no puedo creer que no me hubiera dado cuenta-

Artemisa sonrió.

-Tía Athena- dijo Liliwen con curiosidad- ¿podemos hacer algo para ayudar a Ren?-

-No lo sé, espero que esté bien- dijo Athena- lo que le sucede me recuerda un poco a lo que les pasó a Satu y a Christoffer. Ambos también fueron usados por sus poderes y obligados a trabajar para los enemigos. Recuerdo…- añadió- ¡pobre Satu! Estaba tan asustada. La habían obligado a meter un pie en un estanque con anguilas carnívoras-

Artemisa alzó las cejas. ¡Ese maldito Ares y sus hijos! Finalmente suspiró largamente, meditando si sería buena idea ayudarlos también.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Nuevamente disculpen la tardanza. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias por todos sus reviews. Les mando un abrazo.

Abby L.