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Drabble 2
En la orilla del bosque, amparándose entre la sombra de la hilera de árboles que bordeaban el lugar, en la época del otoño. La invasión del viento frío, alentó a los más amplios campos y florestas, a persistir descendiendo en lo más profundo de la melancolía. Se entretejía un enorme tapiz de hojas cobre y amarillas, marchando en lo más alto, para terminar acoplados en el suelo.
Por un estrecho camino de tierra, entre las sombras densas y de extrañas formas, a través del grueso manto del follaje de musgo y ramas, se distinguieron dos figuras masculinas asentadas sobre la cubierta vegetal. El sonido acompasado de un siseo, y como era lógico, se enroscaba una delgada serpiente encima de la pierna desnuda de Harry. Con su curiosidad natural por lo que viene rodeado de un paraje de misterio, permaneció despabilado y ansioso por proceder de inmediato. El infante se arrastró más hacia delante, probando evocar su determinación, con un torrente de emoción ascendiendo desde su corazón hacia sus ojos, mientras observaba el semblante de Tom, aspirando comprender sus deseos, desconsuelos o esperanzas, atrapando cada minuto.
En seguida, el corazón revoloteó fuertemente en su pecho, con sus mejillas arreboladas, arrodillándose con lentitud ante él, llevando sus manos al pantalón del otro varón, empezando a desabrochar el cinturón, tirando de la prenda, sacándoselas por las piernas. Lo miró un instante, entreabrió sus labios, humedeciéndolos con suavidad, mientras este alzaba su rostro, acercándose a ínfimos centímetros al miembro viril del joven mayor. Estimando con cierto detalle, puesto que aquella rigidez ha aumentado de tamaño, masajeándolo con suavidad, apretándolo entre sus dedos, considerando la suave textura de esa piel, sintiendo ese calor y un latido incesante. El reptil continúa moviéndose con sutileza, en la extensión de piel procedente del más chico de edad.
Entreabre más su cavidad bucal, al segundo sus labios calientes en la punta de la erección que estaba sosteniendo todavía en su pequeña mano, junto con el apéndice húmedo de su lengua apretando contra esa piel hinchada, chupando en un ritmo pausado, pero con apetencia. Lo recorrió de arriba y abajo, a veces rápido, a veces lento. Reanuda a abrir su boca, y posa la virilidad de Tom, en el interior de su húmeda guarida. Lo succiona una y otra vez, suponiendo que sería la cena de esta noche. Encontrarían ambos, el éxtasis. Sin afán, así habría sido forjado, es el corazón obsesivo de una fortaleza. Asumir un castigo, era la validez de los piadosos, formándose un consenso implícito entre ellos, a permitir que las verdaderas pasiones afloraran en presencia del admirable panorama cósmico de sentimientos y emociones. Con esmero, poco a poco.
