DEL OLIMPO A LA TIERRA

XVII: EPÍLOGO

Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Poco más tarde

Touma estaba sentado junto a la cama donde Ren dormía bajo el efecto de los medicamentos que Sofía le había administrado. El chico estaba muy preocupado por ella, y no había querido alejarse de su lado, a pesar de que Sofía le había insistido en que iba a estar bien.

El chico tomó la mano de Ren y la acercó a sus labios. Mientras besaba sus nudillos, el chico no pudo evitar pensar en lo que ella había hecho. Habían sido varios días de engaños y malentendidos, pero los sentimientos de ambos eran realmente sinceros. Él estaba enamorado de ella, y estaba seguro de que Ren también sentía lo mismo por él. Después de todo, ella se había sacrificado por liberarlo, ¿no?

¿Y si Ren no lo amaba? Touma tragó saliva, sintiendo dolor en la parte trasera de la garganta. ¿Y si ella solo había hecho eso para aliviar su conciencia?

Touma sacudió la cabeza para quitarse ese pensamiento de su cabeza. Ren le había dicho que lo amaba, y él le creía. Suspiró largamente. Había pensado en ello todo ese tiempo, y llegó a la conclusión de que no quería perderla.

-No la vas a perder, Touma- dijo una voz, mientras que el pelirrojo sentía que alguien ponía su mano en su hombro. El chico se volvió hacia el recién llegado, y forzó una sonrisa que no engañó a nadie.

-Ah, eres tú, Aioria- dijo el pelirrojo al reconocer a su cuñado. El santo de Leo sonrió amablemente, sabiendo muy bien por lo que el chico estaba pasando.

-Ten confianza- dijo Aioria en voz baja- sé lo que estás sintiendo en estos momentos, pero… ten confianza, en serio. Sofi dijo que iba a estar bien, y ella no se equivocó-

Touma se forzó a sonreír de nuevo, y Aioria notó que la chica comenzaba a arrugar la nariz y a dar señales de que estaba a punto de despertar. Touma también lo notó y se irguió sobre su asiento, y la sonrisa en sus labios se amplió.

-Bueno, creo que será mejor que los deje charlar a solas a los dos- dijo Aioria en voz baja, y tras dar un par de palmadas en su hombro, salió de la habitación y cerró la puerta detrás de él.

Touma sonrió, agradecido con el novio de su hermana, y se volvió de nuevo a Ren, poniendo su atención de nuevo en la mano de la chica. Realmente esperaba que todos tuvieran razón, y que ella estuviera bien.

-Te quiero, Ren- dijo el pelirrojo en voz baja, acercando la mano de la chica a sus labios y besándola con cariño- más vale que estés bien-

Ren, quien ya había despertado, abrió los ojos y se volvió hacia él con una sonrisa, alcanzando a escuchar lo último que dijo Touma.

-Estoy bien, Touma- dijo Ren en voz baja- perdóname por hacer que te preocuparas tanto-

Touma levantó los ojos hacia ella.

-¡Ren!- dijo el pelirrojo con sus ojos brillando de contento- ¡de verdad estás bien!-

Ren sonrió y asintió levemente, aceptando la mano que el pelirrojo le tendía para ayudarla a incorporarse sobre la cama. Al verla hacer una mueca de dolor por su herida, Touma borró su sonrisa de inmediato y frunció el entrecejo.

-¿Qué dije?- dijo la chica, asustada.

-¿Porqué hiciste eso?- dijo Touma- ¿porqué tomaste mis heridas?¡Eran mías! ¡Todo eso lo hice para evitar que te lastimaras! Y verte ilesa había hecho que valieran la pena todas las heridas que tuve. No debiste…-

-Lo siento- lo interrumpió Ren, cabizbaja, sin atreverse a levantar sus ojos a los de él- finalmente, todo lo que pasó fue culpa mía. Yo fui la que hizo lo que esas personas querían, fui un instrumento de los enemigos. Era lo menos que podía hacer, porque todo fue mi culpa, y…-

Touma acentuó su expresión molesta.

-No, Ren- dijo el pelirrojo con firmeza- nada de esto fue tu culpa. Entiéndelo bien. ¡No debiste hacer nada de eso! Yo solo quería que estuvieras a salvo-

Ren hizo una expresión mortificada. Realmente se sentía muy culpable por todo lo que había sucedido. Había tenido que decir muchas mentiras en las últimas semanas, no solo a desconocidos sino también a personas importantes como su amiga Olivia y a Touma, cosa que hizo que se sintiera horrible.

-Lamento mucho haberte mentido- dijo Ren, cubriéndose la cara con las manos- no debí…-

-No te preocupes, sé porqué lo hiciste- la interrumpió Touma, tomando las manos de ella para quitarlas de su cara, y poniéndolas sobre su pecho- no es como que tenías otra opción-

-Debí decirte la verdad- insistió ella, aún con la culpabilidad sobre sus hombros- debí haber enfrentado las consecuencias del trato que hice, y…-

Touma le puso el dedo índice sobre sus labios.

-Shhh… suficiente. Ya pasó- dijo Touma con firmeza- estás aquí conmigo, a salvo, nadie te va a volver a hacer daño. No lo permitiré. Tienes mi palabra-

La chica asintió con una sonrisa cansada. El pelirrojo lo empujó suavemente para hacerla recostarse de nuevo.

-Necesitas descansar para curar tus heridas más rápidamente- dijo Touma, ajustando la manta sobre su cuerpo, aunque sin dejar de mirarla. Ren bostezó, pero no quitó sus ojos cargados de sueño de los de Touma. Éste sonrió.

-Tranquila- dijo Touma, tomando su mano con cariño- yo estaré aquí cuando despiertes. Todo va a estar bien-

La chica asintió, y pronto se dejó llevar por el sueño. Touma esperó pacientemente a que se durmiera, y después se dedicó a alisar las mantas. Suspiró largamente. Pronto tendría que enfrentarse a Artemisa.

El pelirrojo se mordió el labio. ¿Qué diría la diosa? En general, sabía que Artemisa no aprobaba de las relaciones amorosas de los demás. ¿Qué iba a hacer si le prohibía volver a ver a Ren? Sacudió la cabeza. No, no haría eso. Ya había visto como había cambiado de opinión sobre su sobrina, y como se había arrepentido de lo que le hizo a Arienwen.

Pronto, unos golpecitos en la puerta interrumpieron sus pensamientos. Touma levantó la vista, y se sorprendió de encontrarse con Artemisa.

-Se… señorita- dijo Touma, dudoso. La diosa no se veía muy contenta que digamos. Sí, su divinidad estaba de vuelta, pero Artemisa no dejaba de fruncir el entrecejo de manera reprobatoria.

-Touma- dijo Artemisa en un tono serio, pasando su vista del pelirrojo a la chica- ¿está dormida?-

-Sí, despertó hace unos minutos, pero acaba de dormirse otra vez- dijo él, sin saber que iba a pasar- señorita, ¿porqué…?-

Artemisa entrecerró los ojos, haciéndolo callar, y se acercó a la chica que dormía tranquilamente, aunque aferrada a la mano de Touma con sus dos manos. Además de la herida que le había quitado al pelirrojo, la chica tenía varios golpes en sus brazos y en uno de sus pómulos. Sacudió la cabeza. A pesar de pasar como humana varios días, jamás podría entender la estupidez de los mortales. ¿Sacrificarse por amor? Y Touma no había estado mucho mejor que ella.

"Son un par de idiotas", pensaba Artemisa.

La diosa levantó los ojos, y notó que Touma estaba mirándolo de lo más preocupado.

-La amas, ¿verdad?- dijo la diosa en voz baja.

-Sí, señorita- susurró Touma, aunque había algo de temblor en su voz.

Artemisa sonrió.

-No me gusta la idea, ni un poco- dijo Artemisa- pero al parecer ustedes par de tarados se aman. Será mejor que les ayude antes de que los dos hagan una tontería y terminen matándose y causando más problemas-

Touma parpadeó mientras que la diosa suspiraba.

-Le pediré a Athena que le ponga un sello, así Ares no volverá a molestarla- continuó la diosa.

El pelirrojo sonrió, sus ojos brillando de alivio y de contento.

-Muchas gracias, señorita Artemisa- dijo el chico- se lo agradezco mucho-

Artemisa sonrió por un momento, antes de poner los ojos en blanco otra vez.

-Los humanos son tan raros…- dijo la diosa.

Cuando por fin Artemisa salió de la habitación, caminó por los pasillos del templo del Patriarca. Sonreía ampliamente. Le tenía un cariño especial a Touma, y verlo sonreír tan contento le daba una sensación cálida en su corazón. Le daba gusto que el chico estuviera tan feliz, por fin con su enamorada.

La diosa sacudió la cabeza. Ojalá hubiera sido más comprensiva con Arienwen. No hubiera perdido a su mejor amiga por cientos de años. Apolo no hubiera perdido a la mujer que amaba. Y Liliwen no habría perdido a su mamá.

Y hablando de ella…

Su sobrina estaba en el templo del Patriarca, a donde había subido con Camus para informarle a Athena que estaban esperando un bebé. Tanto Liliwen como Camus se detuvieron al verla. La chica inclinó la cabeza.

-Lilu- dijo Artemisa, sonriendo al ver que la chica se ruborizaba cuando hablaba con ella- ¿cómo te sientes?-

-Me he sentido bien hasta ahora, gracias, tía- dijo Liliwen.

La diosa sonrió, asintiendo, y se volvió a Odiseo y Teseo.

-Volvamos a casa, chicos- dijo la diosa.

-Pero, ¿y Touma?- preguntó Odiseo, alzando las cejas.

Artemisa sonrió antes de responder.

-Tiene asuntos pendientes aquí- dijo Artemisa- por mi parte, ya pasé suficiente tiempo en la Tierra para mi gusto-

x-x-x

FIN

¡Hola a todos! Muchas gracias a todos por seguir leyendo. Espero que les haya gustado esta historia. El próximo fic, como dije en el capítulo anterior, será una pequeña aventura en Asgard. Aún no he comenzado a escribirla, así que tengan paciencia. Mientras tanto, si les gusta Miraculous: les Adventures de Ladybug et Chat Noir, comenzaré a subir un fic, para que lo revisen. Les mando un abrazo a todos. Nos leemos pronto.

Abby L.