Crepas.

Buscando en el bolsillo de su enagua tras sentir nuevamente el vibrar del aparato, Piiku tomó el celular.

-No podré ir el día de hoy –indicó en un tono bajo tras escuchar el saludo tan particular del hombre en el aparato -. Te llamaré cuando pueda, hay mucho ruido y no se puede hablar con claridad.

Colgando inmediatamente después de haber pronunciado sus palabras, mientras sostenía con su mano derecha el celular, Piiku se quedó pensativa por unos segundos en medio de la multitud acerca de la mala suerte del día de hoy. Repasó mentalmente desde el momento en que se levantó hasta ese instante en el que se encontraba ahí en pie muy cerca del carrito de las crepas todos los sucesos desafortunados por los que había pasado por alguna extraña razón durante ese día.

Recordó primeramente como gracias a los inventos de su sobrino regados por alguna extraña razón por todo su cuarto, tropezó segundos después de abrir sus ojos sobre su trasero al colocar su pie derecho sobre un pedazo de madera con ruedas en la madrugada al desear ir al servicio a orinar. Accidente con el que gano un par de moretones en sus nalgas, uno en su brazo derecho y un poco de dolor de espalda; viéndose forzada a aguantar el dolor ante la falta de medicamentos en su hogar.

-Ah, es cierto –. Indicó, abriendo su bulto en busca de su libreta y un lapicero -. Debo pasar por la farmacia antes de ir a casa -. Decía para sí, apuntando lo que compraría para curar el dolor y reducir los moretones. Guardando la libreta y lapicero una vez pudo terminar de enumerar todos los artículos necesarios para estar sana y sin ningún rastro del accidente matutino.

Sus pensamientos rápidamente volaron tras guardar todo en el bulto hacia el momento del desayuno. Recordando ese instante en el que su hermana mayor, quien siempre se levantaba más temprano que ella debido a lo lejos que quedada su lugar de trabajo; se había comido todo su cereal favorito, cereal que su hermana afirmaba vehementemente odiar con todas sus fuerzas al no ser adoradora de tan poca azúcar como Piiku.

-Eso me recuerda que también debo pasar por la tienda por una caja nueva –dijo para sí, abriendo nuevamente el bulto con mayor rapidez que la vez primera –Algo de cereal con mucha fibra y poca azúcar, otro cereal con más azúcar y algunas galletas… –escribía – Y leche… y unas botellas con agua para papá.

Terminando su segunda lista, Piiku pudo percatarse que eso de tener que ir a varios lugares durante esa ya tarde-noche saldría más caro de lo pensado, decidiendo buscar entonces con la mano sobrante la billetera, sosteniendo al mismo tiempo el lapicero con su boca y con la mano ocupada el bulto, con el fin de averiguar la cantidad exacta contenida en la billetera y evitar así tener que devolver algún producto en la tienda y farmacia.

-Oye, estorbas -. Indicó una voz masculina en un tono brusco, interrumpiendo la labor de búsqueda de Piiku - ¿Eres sorda? –preguntó el varón al ver que ella no se movía ni un solo centímetro, acomodando la carretilla que le ayudaba a trasladar unas cuantas cajas.

-No, no lo soy -. Respondió a duras penas Piiku con el lápiz aún en su boca.

El varón con rostro juvenil estaba realmente desinteresado en conocer la respuesta de su pregunta, deseando simplemente dejar su encargo para poder continuar con sus demás labores y así, tener la oportunidad de llegar a casa con su familia para descansar.

-Tch –indicó para sí, tras ver la insignia del uniforme de Piiku, iniciando su caminar.

-Espere, por favor –indicó la joven, mirando el uniforme donde se podía leer claramente la empresa en la que trabajaba, compañía famosa por ser la más eficiente en el envío de paquetes de todo Marley.

Quitando el lápiz de su boca como si tuviese chile picante, guardándolo como por arte de magia junto con la libreta dentro de su bulto, Piiku habló:

-Ese paquete es para el camión donde se vendes unas crepas, ¿verdad? –preguntó al identificar el logo de la compañía de crepas en las cajas.

-¿Y qué con eso? –indagó, sosteniendo con facilidad las cuatro cajas con la carretilla -. Si deseas trabajar ahí, debes hablar con el dueño; no conmigo. Y si lo que deseas es una crepa, el carro ese está prácticamente frente a nosotros.

-No, no deseo empleo -. Respondió, continuando su observación -. En realidad quería saber si los productos que venden son libres de gluten, bajos en grasa y azúcar.

-Lo son –indicó, levantando una ceja al creer que la pregunta era algo extraña viniendo de una adolescente –. Todas lo son, al menos eso indica su dueño y su esposa cada vez que me da una.

-Entiendo –murmuró, sonriendo levemente al saber que ya había encontrado el regalo perfecto para hacer las paces con Porko.

-¿Algo más? –preguntó, apoyando con mayor fuerza su píe en la carretilla -. ¿O deseas que nos sentemos y celebremos tu descubrimiento con una deliciosa taza de té y galletas en el lugar más cercano? –inclinando la carretilla con mayor fuerza en dirección a su cuerpo.

-No –indicó en un tono más fuerte ante el ruido del ambiente. Observando como un automóvil con unos megáfonos sobre el techo que reproducían música en un volumen tan alto que opacaba el ruido de los autos y la música de los locales, haciendo difícil mantener una conversación; Piiku creyó conveniente finalizar la conversación con ese extraño -. Muchas gracias por su ayuda, iré a comprar un par ahora mismo.

-Entiendo –respondió en un tono suave y tranquilo, ignorando el hecho que sus palabras posiblemente no pudieron ser escuchadas gracias al ruido. Girando por unos cuantos segundos sus ojos color azul grisáceo en dirección al ruido predominante tras sentirse fastidiado por la música reproducida por esos megáfonos; el varón notó el automóvil lleno de carteles; reconociendo con facilidad el personaje al que pertenecía la imagen de los mismos -. «Ya veo», pensó el varón, retomando con rapidez su vista en dirección hacia donde estaba Piiku al sentir algo de repugnancia por ese rostro en los carteles -. Quizá debas dejar tu tarea para mañana –continuó -; por si no lo has notado, los idiotas de los policías comienzan a fastidiar con el maldito toque de queda para todos los camiones de la zona de comidas.

Sorprendida de su buen oído por haber escuchado las palabras del varón a pesar del ruido, Piiku pensó como solución más conveniente abandonar la idea de comprarle unas crepas a Porko el día de hoy, prefiriendo ir a la tienda por lo necesario y luego a la farmacia como lo había planeado al inicio.

-Gracias, joven –exteriorizó, observando como un grupo de personas comenzaron a reunirse alrededor del automóvil por alguna razón -. Quizá debería dejarlo trabajar -. Exclamó, comenzando a caminar en dirección a la tienda.

-Oye –indicó el varón, haciendo que Piiku parase en seco su caminar –Toma - metiendo una mano en su bolsillo derecho -. No sólo entregamos paquetes, también ayudamos para mudanzas y traslado de cualquier cosa que necesites mover de un lado a otro -. Exclamó, dándole una tarjeta de la empresa con números para contactarlo.

Tomando la tarjeta, Piiku leyó los datos de la misma sin prestar tanta atención al escándalo hecho por los seguidores del rostro contenido en los carteles.

-Con que una empresa de Paraíso… -murmuró, posando sus ojos en el rostro del varón tras leer el nombre de la compañía y recordar la procedencia de dicha palabra.

-No, no es de ese lugar -. Respondió, acomodando la carretilla lo suficientemente inclinada para poder iniciar su caminar.

Mirando cómo el varón se alejaba rápidamente tras haber iniciado su caminar, Piiku pudo notar el cuerpo musculoso y bien tonificado a pesar de su overol, camisa manga larga y guantes; notando cómo a pesar de ser más bajo en comparación de la altura de muchos varones de Mare, su rostro juvenil y esa piel pálida; hacían buen juego con esa nariz respingada y esos ojos tan claros como el cielo.

«Es apuesto» pensó, sosteniendo la tarjeta con su mano mientras observaba de forma detallada el físico del encargado de trasladar las cajas.

Piiku no sólo pensaba en ese cuerpo bien tonificado. La colegiala sintió algo de curiosidad por la combinación tan curiosa que tenía ese hombre al poseer una cabellera negra y ojos claros. La joven recordó las pocas veces en las que había conocido a alguien con dichas características; viniéndosele a la mente únicamente un nombre en particular, nombre que preferiría olvidar.

Dando un par de pasos en dirección a la tienda, pudo escuchar entre la multitud y el ruido de la música producida por los megáfonos sobre el techo del carro, una voz más que conocida.

-Veo que mientras me cuelgas, gastas tus miradas en observar con detenimiento a ese hombre quien lleva esas cajas –indicó la voz en un tono algo burlón.

Volteando en dirección a esa voz que tanto adoraba, un leve sonrojo en sus mejillas se acompañó con una tímida sonrisa al conectar su mirada con esos ojos azules que tanto le encantaban.

-Buenas noches –respondió la chica en un tono bajo, acomodando un mechón detrás de su oreja.

-Buenas noches, mi linda Piiku –indicó el dueño de la voz, acercándose lo suficientemente para que sus palabras no fuesen opacadas por el ruido exterior -. Tengo una sorpresa preparada para ti en un lugar especial, mi bella Piiku. Quizá deberías de dejar de gastar tus miradas en seres extraños y posar tus bellos ojos en alguien con mayor genética humana.

Tapando su amplia sonrisa con ambas manos para evitar levantar alguna especie de sospecha por parte de los presentes, Piiku decidió dar un par de pasos hacia atrás.

-¿Qué dices mi bella Piiku? –Preguntó el varón -¿Quieres divertirte ésta bella noche de verano?


Gracias por leer y por sus bellos comentarios.


Con este capítulo terminamos la versión original de Kimi no Koe, que aún sigue y cambió mucho de esta versión. Aún no se si retomaré este fic como una versión de mundo alternativo de Kimi no Koe. Ya veremos...