Capítulo 9.

Transcurrieron unos meses después de haberles dado la noticia que nacerían un par de niños, la noticia fue corroborada en el ultrasonido siguiente, al cual, acudió Noriko sin ningún problema, enamorándose de sus hermosos nietos desde el primer momento que los vio en esa imagen en blanco y negro.

A pesar de todo, Noriko estaba avergonzada por su exabrupto, había sido inmaduro de su parte reclamar por algo que no tenía la culpa nadie, solo Dios y la naturaleza; aunque como quiera seguía teniendo esperanza que en el próximo embarazo (si es que ellos querían más hijos), Kotoko concibiera una niña, aunque decidió que si el destino para ella era criar y estar rodeada de solo varones por parte de Naoki, lo aceptaría. Total, tenía a Yuki igual y él podía ser quien le diera sus añoradas nietas.

Naoki se sentía cada vez más emocionado porque se acercaba la fecha en que conocería a sus bebés, nunca había pensado en si le gustaría o no ser padre alguna vez, pero ahora que estaba a punto de serlo, descubrió que no había nada más emocionante que saber que esos bebés que vivía en el vientre de Kotoko, eran mitad suyos. Claro, le hubiera gustado concebirlos cuando su carrera como médico estuviera establecida y tuviera algo más que ofrecerles. Pero a veces las cosas suceden por algo y tal vez sus hijos venían a esas alturas de su vida para enseñarle una valiosa lección.

Kotoko estuvo de acuerdo con Naoki en nombrarlos Kyouya y Kiyoshi, aunque a ella le gustaba el nombre Keita, sabía que tal vez a su novio no le agradaría tanto por el hecho de tener un conocido con el mismo nombre. Estaba verdaderamente desesperada por tenerlos entre sus brazos, cantarles canciones de cuna, besarlos y darles todo ese amor que comenzó a sentir por ellos desde que supo que los llevaba en su interior.

La familia entera estaba entusiasmada por los bebés, e incluso Yuki, estaba dispuesto a llenar el cuarto de sus sobrinos con algunos de sus dibujos. Aún era un niño pero cuando creciera y heredara la empresa de su papá, haría juguetes inspirados por ellos. Estaba seguro que aunque ellos ya estuvieran mayores, apreciarían el gesto.

A pesar de todo, Naoki aún tenía en su mente la negativa de Kotoko a ser su esposa, le había preguntado una vez mientras tenían intimidad y su respuesta había sido un rotundo no. No entendía por qué no quería casarse con él, a su manera de pensar, a esas alturas de su relación el tener una boda solo era un protocolo, un paso a seguir para unirse a ella para toda su vida. Nunca había insistido tanto a alguien para que aceptara lo que él quisiera, sin embargo, la amaba y la adoraba todavía más por el simple hecho de ser la madre de sus hijos.

Con el paso de los meses, el vientre de Kotoko de hinchaba más, haciendo que su barriga se viera como una pelota de basquetbol, era grande y a causa del peso extra que cargaba su menudo cuerpo, su forma de caminar se volvía cada vez más chistosa y Naoki le jugaba alguna broma de vez en cuando — por no decir siempre — pues sus hormonas la volvían loca y a veces las ganas de hacerla reír, se volvían en llantos desconsolados.

Kotoko ahora estaba feliz porque por fin era copa "C", sus atributos habían alcanzado las proporciones que tanto había deseado. En ocasiones, Naoki le observaba cuando ella se miraba curiosa y animada en el espejo, feliz porque el embarazo le había aumentado varias tallas a sus senos, sintiéndose más atractiva para Naoki, quien solo la veía riéndose a sus espaldas, y admirando de igual manera sus nuevas medidas.

En la universidad, las cosas no habían cambiado mucho, solo que por causa de las constantes revistas que leía sobre bebés, se había interesado por la puericultura, que era el estudio y la práctica de salud sobre el cuidado y la crianza de los niños los primeros años de vida. Si iba a tener hijos, para ella era importante igual conocer bien sus cuidados. Sin embargo, el cambio no se podía hacer hasta el semestre siguiente, aunque como quiera, Naoki le ayudaba a estudiar para presentar el examen para su cambio de carrera.

Los últimos tres meses eran los más delicados, pero igual los más deliciosos porque aunque en todo el embarazo había tenido antojos, en este punto habían aumentado. Haciendo que todos se preocuparan de cumplir cada uno de ellos, hasta el más absurdo y loco que hubiese tenido.

Naoki sorprendió a todos al ser consentidor con Kotoko cuando quería comer algo. Por más caro, difícil de conseguir o extravagante, como aquella vez en que se le antojó comer el tabaco de un cigarro, él tuvo que ir a una tienda y comprar una cajetilla para que ella pudiera comer un poco; aunque los demás se los regaló a un compañero de universidad. Como estudiante de medicina sabía que los antojos se dan pues el bebé (en su caso dos), necesitaban algunos nutrientes y el cuerpo lo manifestaba de esa manera y aunque igual podía no cumplir con sus exigencias, le importaba poco, con tal de tener a su novia y a sus hijos felices, era capaz de eso y mucho más.

Rondaba ya a finales del séptimo mes de embarazo y, a causa de un video que había visto en internet, se le había antojado carne asada al carbón con guacamole. Tratando de cumplir con su antojo, él investigó un poco sobre cómo se preparaban aquellos alimentos e hizo unas pequeñas carnitas asadas como según había leído, les llamaban los mexicanos a ese tipo de comida.

Naoki postergó sus actividades para cumplirle ese antojo a su novia. Había conseguido un asador y comprado algo de carne que en Japón no se caracterizaba por ser económica, aunque de todas maneras, para su familia no era problema alguno poder adquirir algunos cortes. Así que con esmero y con ayuda de su suegro, se dispusieron a comer en el patio, midiendo por supuesto a Kotoko, pues el consumo de carnes rojas en exceso podía ser perjudicial para ella, pues podía elevar su presión arterial lo cual le desencadenaría un cuadro de preeclampsia.

—Eres un gran esposo Onii chan — alabó Noriko mientras se llevaba un trozo de carne a la boca.

—Pero no están casados mamá — contestó Yuki.

—¿Y eso qué? Creo que el casamiento a estas alturas es solo una formalidad entre ellos — objetó la señora Irie — Como sea, espero pronto poder verte con un hermoso vestido de novia Kotoko chan.

Kotoko la miró y se sonrojó al sentir la mirada intensa de Naoki. Él le había demostrado que su amor era sincero y a estas alturas, estaba de acuerdo con su suegra. El matrimonio era solo un protocolo, y ella igual deseaba tener un vestido bonito, aunque eso significara mandar a hacer uno especial a su medida o, esperar a que sus hijos nacieran y volver a su figura.

—Con esta barriga tendrían que usar muchos metros de tela — sonrió — ¿No crees Irie kun?

Kotoko le brindó una mirada que solo él había entendido, con ese simple gesto le había comunicado que estaba lista para aceptar a cualquier cosa que le pidiera, eso mismo le animó a hacerle una propuesta. Unos meses atrás había comprado un anillo de compromiso con la esperanza que ella lo portara pronto, pero conforme los meses pasaban, se convencía que no quería dar ese paso hasta estar seguro que Kotoko estaba lista.

El momento había llegado, así que ideó un plan rápido para proponerle matrimonio.

—Supongo que sí y conforme pasen los próximos meses, tu barriga crecerá más. — señaló Naoki. — Ahora vengo, tengo que ir al baño.

Dijo eso para que nadie sospechara lo que estaba a punto de hacer. Dejó a su suegro a cargo y se retiró para comenzar a preparar su plan. Se dirigió a su recámara para sacar de su maletín el anillo que había comprado, entonces, se acordó de un pastelillo que le había conseguido a ella en secreto. Aunque a Kotoko no le permitían consumir muchos dulces a pesar de sus constantes antojos, él le había comprado un pastelillo de fresa porque sabía que era su favorito. No tenía planeado proponerle matrimonio de esa manera, pero estaba realmente emocionado por saber que ella estaba dispuesta para su proposición.

Con cuidado, introdujo el pequeño anillo por la parte de abajo del pastelillo. Había visto muchos videos de cómo pedirle a alguien matrimonio y esa idea se le hacía la menos vergonzosa. Así que, poniendo sobre un platito y tomando una cuchara, salió hacia el patio para darle el postre a su futura esposa.

Lo llevó hasta donde estaban todos disfrutando de la comida, dándoselo a ella en silencio. Kotoko dejó en una mesita lo que comía, tomando el postre, brindándole una sonrisa a Naoki que la miraba de manera peculiar.

—Gracias Irie kun — Dijo Kotoko emocionada

Naoki le dio una sonrisa y se alejó tranquilamente a sentarse del otro lado para comer un poco.

Minutos después, escucharon un pequeño grito, todos voltearon asustados a ver a Kotoko, corriendo para llegar a su lado en caso que necesitara ayuda. Naoki solo sonreía para sí mismo.

—¿Qué pasó Kotoko chan? — preguntó la señora Irie preocupada.

Kotoko no respondía, solo observaron cómo los ojos se le comenzaban a llenar de lágrimas al observar el postre que tenía entre sus manos, Noriko se dio cuenta que ella miraba algo en su plato y entonces igual dio un pequeño grito emocionada, miró hacia la dirección de Naoki que se encontraba de pie detrás de ella, todos quedaron boquiabiertos por aquella acción tan inesperada de él.

Le abrieron el paso para que quedara frente a Kotoko que sostenía el anillo entre sus dedos, sin poder decir nada por el llanto que contenía, Naoki tomó el anillo:

—He pensado muchas veces en cómo decírtelo, esperaba que estuvieras lista para dar este paso. — le sonrió — Desde el primer momento en que supe que sería padre me convencí de mi decisión de estar a tu lado por siempre. — Se inclinó ante ella tomando su mano derecha y apoyando su cuerpo en una de sus rodillas para pedir su mano en matrimonio — Quizá no soy muy expresivo, e incluso puedo ser indiferente, pero debes estar segura que te amo y deseo de verdad que quieras pasar el resto de tu vida conmigo, porque soy tuyo en cuerpo y alma. Kotoko, ¿Quieres casarte conmigo?

Ella lo vio incrédula, esas palabras tan hermosas habían sido pronunciadas por el ser más frío que había conocido, sus sentimientos no habían cambiado nunca, estaba completamente enamorada de él. Así que asintiendo con la cabeza entre lágrimas de felicidad aceptó su propuesta, sintiéndose amada de verdad.

Naoki le sonrió, su corazón latía fuerte, emocionado por saber que ella sería ahora su esposa, su mujer en toda la extensión de la palabra. Acomodó el anillo entre sus dedos y comenzó a deslizarlo en el anular de Kotoko, colocándole el aro en su dedo. Se levantó de donde estaba y se inclinó hacia ella para besarla, en poco tiempo podían llamarle señora Irie y eso le hacía sentirse orgulloso, feliz de tener a la mujer de su vida a su lado.

—¡Kotoko chan que felicidad! — La madre de Naoki fue la primera en felicitarla, entre lágrimas de felicidad y regocijo, la abrazó fuertemente, tratando de demostrarle que estaba feliz — Tenemos que planear una boda… Onii chan,¡nunca me lo esperé de ti! — Naoki se encogió de hombros — Eres malo, pudiste haberme dicho para organizar una propuesta más espectacular…

—Y por eso mismo no te dije nada

—Eso no importa, la prioridad es encontrar un vestido adecuado para ti, mañana voy a hacer una cita con un modista, debes verte hermosa hija — tomó las manos de Kotoko entre las de ella — Es un sueño para mi tenerte como nuera y ahora, con esos bebitos, mi vida es completa.

El ambiente que se vivía en la casa de los Irie, era realmente armoniosa y llena de amor, Kotoko estaba emocionada, sería la esposa de Naoki y él, por su parte estaba impaciente, aunque fuese todo apresurado o en fechas aproximadas para el nacimiento de sus hijos, no le importaba, quería decirle a todo el mundo que Kotoko era completamente suya.

Pasaron los días, Noriko Irie se la pasaba llamando a personas, concretando citas, viendo revistas de moda y seleccionando con Kotoko posibles vestidos de novia.

A pesar de estar por cumplir ocho meses de embarazo, quisieron aventurarse a realizar una boda antes del nacimiento de sus hijos, entonces, apartaron el salón de eventos unos días antes de la fecha estimada de parto. Todo saldría bien, al menos para ellas.

—No debieron hacer esto — dijo serio Naoki — las fechas que indica el médico son aproximadas, no exactas.

—No te preocupes Irie kun, no me esforzaré demasiado y aguantaré, ya verás que nuestros hijos se portarán bien, ¿verdad niños? — se acarició el vientre mientras les hablaba.

Naoki se acercó a ella y dejó reposar su oreja cerca del ombligo de Kotoko para percibir los latidos de sus hijos, entonces, uno de ellos se movió, Naoki sonrió ante la travesura de uno de sus hijos, lo cual le hizo besar el abdomen de Kotoko, ella siempre sonreía cuando Naoki interactuaba con los bebés.

—De acuerdo… pero si sientes contracciones, te comienzas a sentir mal, o se te rompe la fuente, me importa un bledo la boda, nos iremos al hospital ¿de acuerdo?

Kotoko asintió emocionada, Naoki se levantó y la besó, era un beso tierno, dulce con el que quería decirle todo lo que sentía por ella. Estaba algo temeroso, un embarazo a ese grado y más con gemelos, podía adelantarse, algo que lo ponía nervioso. Sin embargo, verla tan feliz era suficiente para convencerlo que todo saldría bien.

Verla con un vestido de novia, presumiendo su embarazo era algo que lo hacía sentirse satisfecho, pues ante el mundo ella sería completamente suya, pues él, desde aquella noche nevada se había entregado a ella en cuerpo y alma.


HOLAAAAA DISCULPEN LA TARDANZA PERO ME FUI DE VACACIONES Y HE TENIDO ALGO DE TRABAJO, ESPERO ESTE CAPITULO LES GUSTE JEJEJE Y PUES LES AVISO QUE YA ES UNO DE LOS ÚLTIMOS DE ESTA HISTORIA.

MUCHAS GRACIAS POR SEGUIRLO Y AMARLO, TAMBIÉN POR LEERLO AUNQUE NO DEJEN COMENTARIO ALGUNO JEJEJEJE.

Lalaland: GRACIAS POR TUS COMENTARIOS Y TUS ANIMOS, ESPERO ESTE CAPITULO TE GUSTE. KOTOMI... JEJEJE TAL VEZ SEA UNA SORPRESA

Lilimatte: GRACIAS POR LEER :) JEJE ESPERO ESTA ACTUALIZACIÓN TE GUSTE Y LLENE TUS ESPECTATIVAS. DE VERDAD ME DA GUSTO QUE TE HAYA GUSTADO.

EN FIN, MUCHAS GRACIAS A TODOS. NOS VEMOS EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO.