Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.

Advertencia: Lenguaje, violencia, crack total y absoluto.

NOTA: Éste es sin lugar a duda uno de los oficios más raros y estrambóticos de los que tengo apuntados. Avisados estáis jajaja


3… 2… 1… ¡Ya!

Era el quinto pueblo al que se mudaban en lo que llevaban de año, y acababan de entrar en verano. Daryl se revolvió el pelo más de lo que el viento hacía por él al mantener la ventanilla del copiloto bajada para no tener que escuchar las gilipolleces que salían de la boca de su hermano mayor.

- Lo que tú. digas.- Dijo casi en un ladrido sacando el paquete de tabaco de la guantera y encendiéndose un cigarro. El humo llenó el habitáculo antes de desaparecer por la ventanilla abierta de Merle.

- ¿Quién te ha robado tu peluche favorito para que estés así, Darylina?- El menor de los Dixon puso los ojos en blanco, exhalando con profundidad para no pegarle un puñetazo a su hermano y arriesgarse a acabar en la cuneta. No podían permitirse el arreglo de la camioneta ni quería romperse el cuello, aún tenía intención de caminar ese mundo unos cuantos años más.

- ¿Dónde has dicho que tenemos que ir?- Le preguntó ignorando la pulla que le había lanzado, dándole otra calada al cigarrillo.

- Estamos a menos de veinte millas, pronto lo verás.

Daryl miró de soslayo a su hermano quien lucía una siniestra sonrisa de medio lado. Ese gesto no auguraba nada bueno. El hombre se rascó los ojos con la palma de la mano, y agitó la cabeza para espabilarse. Necesitaba unas pocas horas de sueño pero éste aún no podía alcanzarle.

Un fuerte frenazo le despertó de golpe del sueño en el que había caído con el traqueteo del coche. El cigarro que había sostenido entre sus dedos había terminado cayendo a sus pies sobre la alfombrilla del coche. Pisó la colilla prácticamente extinguida y estiró los brazos hacia la parte trasera del coche, escuchando el inconfundible crujido de su espalda.

Una palmada aterrizó en mitad de su pecho arrancándole una maldición.

- ¡Serás cabrón!- Le espetó a Merle sin lograr alcanzarle para devolverle el golpe.

El mayor de los Dixon se rio de su fútil intento desde el exterior del coche donde le esperaba con una sonrisa sardónica en los labios, y los pulgares de sus manos colgando de la cintura de su pantalón.

Daryl salió de la camioneta con un gruñido rascándose la nuca, acercándose con calma hacia su hermano para propinarle una patada en la espinilla.

- Capullo.- Siseó entre dientes recibiendo una colleja en mitad de la nuca que le quitó cualquier rastro de sueño que aún pudiera conservar.

- Vamos hermanito.- Merle le pasó un brazo por encima de los hombros, pegando sus cuerpos entre sí ignorando el codazo que Daryl le propinó en el estómago para que le soltara.- Seguro que esto te va a gustar.

- ¿Cómo la stripper que contrataste para mi cumpleaños?- Se quejó dejándose llevar por su hermano a través del camino de tierra que llevaba al granero adyacente a la granja.

Un hombre de aspecto ligeramente extraño les esperaba a las puertas del granero, escopeta al hombro y perro de pastoreo a los pies. Daryl llevó su mano de forma inconsciente al cuchillo que mantenía bien sujeto a la cinturilla de su pantalón.

- ¡Oh, vamos, Darylina! Si era una preciosidad…- Le picó Merle exagerando su sonrisa más si cabía.

- Sabes perfectamente que era un puto tío, joder.- Daryl logró soltarse del brazo de su hermano y continuó caminando a su lado, los hombros ligeramente encogidos y la mirada fija en el hombre frente a ellos.

- ¡Ja! Puede ser sí… Siento no haber podido encontrar algo mejor, no tuve tiempo…

- Mi cumpleaños es el mismo puto día todos los años Merle.- Le increpó Daryl resoplando.- Déjalo, vamos a hablar con el paleto este.

Tras las presentaciones de rigor supo que aquel tipo se llamaba Conrad y era el dueño de la granja, el granero y unas cuantas hectáreas de tierra. Daryl se aguantó las ganas de responderle que todas sus posesiones estaban en la cama de la camioneta y que aún no sabía dónde iba a dormir esa misma noche.

- ¿Nos las enseñas entonces?- Daryl arqueó una ceja en dirección a su hermano quien se rascaba el mentón en actitud casual, conocía bien ese gesto.

- Seguidme.

Los tres hombres se internaron en el granero, la escasez de luz que se colaba desde el exterior hizo que trastabillara y se diera casi de bruces contra el suelo. Daryl escuchó el sonido de ¿pezuñas? Golpeando el suelo de tierra, pero había algo diferente en el contacto. Casi pudo escuchar el susurro de… ¿eran eso plumas?

- Esperad aquí.- Les indicó Conrad dejándoles a merced de su perro que no se separó de su lado.

Segundos después de que hubiera desaparecido, varias luces iluminaron el techo del granero, obligándoles a parpadear por la repentina luminosidad. Daryl se pasó una mano por los ojos escuchando un silbido agudo de su hermano a modo de apreciación que atrajo su atención. El menor de los Dixon parpadeo con incredulidad ante el grupo de animales congregados tras el cercado de madera que les separaba de ellas. Merle se acercó al vallado y se subió al borde, sentándose en él con una sonrisa en la cara y la risa a flor de piel.

- Merle, ¿qué coño es esto?- Le preguntó Daryl en un susurro acercándose a su hermano sin quitarle los ojos de encima a esas criaturas. Frunció el ceño de forma automática cuando una de ellas fijó su mirada en él.

- Joder, hermanito, cualquiera diría que fuiste al colegio.- Merle le dio una palmada en el hombro, agitándole ligeramente.- ¡Son avestruces!

- ¡Ya sé lo que son! ¿Qué diablos hacemos aquí?- Siseó entre dientes mirando por encima de su hombro a Conrad quien les observaba en silencio.

- Con necesita una mano con estas bestias.- Daryl arqueó una ceja incrédulo.

- ¿Vamos a… cuidar de unos putos pájaros enormes?- Se alejó un paso del cercado ante la repentina cercanía de una de las aves que les miraba con curiosidad.

- Así es, hermanito.- Merle sonrió cual gato salido del País de las Maravillas y soltó una carcajada al ver la cara desencajada de su hermano.

Definitivamente ésta estaba entre las diez ideas más estúpidas que había tenido su hermano mayor.


Daryl mantenía el rastrillo cruzado frente a su pecho mientras caminaba en paralelo al cercado contra la pared, sin quitar los ojos de encima a las malditas avestruces. Sabía que eran unas jodidas traicioneras, el moratón que le estaba saliendo en la pantorrilla derecha daba fe de ello.

Conrad decía que era culpa suya, que su actitud les hacía mantenerse en guardia, les inquietaba. Jamás lo iba a decir en voz alta pero era él el que se acojonaba vivo cada vez que tenía que meterse en el redil de esos bichos.

Tras el primer ataque, se hizo con el rastrillo como arma defensiva por si se les ocurría intentar convertirle en su almuerzo. ¿No eran carnívoras no? Pero eso no les paraba de picarle o golpearle con sus alas o sus malditos zancos.

Odiaba el trabajo que su hermano les había encontrado.

Daryl se detuvo en seco al ver a una de ellas cortándole el paso por su izquierda y a otra picoteando el suelo a su derecha. Estaba rodeado.

- De puta madre…- Masculló tragando grueso pensando en dar un pequeño rodeo que le llevara de vuelta a salvo al otro lado del cercado. – Vamos Daryl, échale huevos.- Se animó entre susurros dando un paso tras otro con la lentitud y sutileza de un ninja, el palo bien sujeto entre sus manos. Su mirada no dejaba de moverse de un animal a otro.- Vamos…- Pie derecho, pie izquierdo, mira por encima de tu hombro.-¡Me caguen la puta!- Exclamó aferrando el palo con más fuerza entre sus dedos encontrándose de frente con la cabeza de una de los avestruces.- Mierda.- Se mordió el labio dando un paso atrás encontrándose con un montón de plumas que pertenecían a otra avestruz.- Joder… Joder…

Como un animal enjaulado miró a su alrededor en busca de la salida más rápida y la encontró. Mandando el poco orgullo que le quedaba a esas alturas, se lanzó al suelo y se coló entre las patas del animal con agilidad, echando a correr hacia el cercado de madera. Lanzó el rastrillo al otro lado que retumbó contra el suelo sin pensárselo dos veces y saltó al otro lado con la respiración acelerada.

Un graznido a su espalda le hizo pegar un respingo y ver que había estado a escasa distancia de perder un mechón de pelo en su nuca.

- Hijo de puta…


A cada semana que pasaban en aquella granja, la idea de cuidar avestruces escalaba puestos en la lista de "Ideas absurdas de Merle". A cada día que pasaba su hermano encontraba la manera de sacarle de quicio y de que odiara más si cabía a esos bichos. A cada día que pasaba sólo deseaba que acabara la jornada para ir al bar más cercano y emborracharse hasta perder el conocimiento, quizá así podría olvidar su oficio del momento.

Con un gruñido siguió a su hermano a través del granero hacia la parte trasera del mismo donde se encontraba el prado por el que los avestruces podían correr, volar o lo que cojones hicieran esas malditas ratas voladoras. Escuchaba el batir de sus alas y vio a una par de ellas encarándose para una posible pelea. Ya iba a empezar la lluvia de plumas, simplemente genial.

- Vamos hermanito, esto te levantará el ánimo.

Comenzaba a odiar y temer esa maldita frase saliendo de boca de Merle.

- ¿Qué toca hoy, eh?- Le preguntó caminando a su lado a paso lento bordeando el granero hasta dar con su destino.- Ni por el forro de los cojones.- Dijo clavando los pies en el suelo al comprender la sonrisa de su hermano y sus palabras.

- ¿Qué pasa, te da miedo caerte?- Le picó Merle acercándose a la avestruz de la izquierda.

- No, lo que pasa es que no soy tan gilipollas como para subirme en eso.- Le indicó extendiendo el brazo y retirándolo a tiempo para no recibir un picotazo de la montura de su hermano.

- Están entrenadas para ello, Conrad me ha pedido que les ayudemos a estirar las patas, tienen una competición la próxima semana o no sé qué leches.

- ¿Una competición de avestruces en Georgia?- Daryl soltó una carcajada.- ¿Qué va a ser lo siguiente, que los muertos se levantes de sus putas tumbas?

- Deja a los muertos en paz, Darylina, y no seas nenaza. Súbete donde Clarence.- Le guiñó un ojo antes de continuar hablando.- Al menos así podrás decir que has tenido algo de movimiento entre tus piernas.

- ¡Capullo!

Merle recibió el puñetazo de su hermano como si no fuera nada y se subió encima de la avestruz. El animal tardó en habituarse al peso pero en seguida siguió las indicaciones que le daba.

Daryl miró con incredulidad la facilidad con la que Merle manejaba al animal y lo natural con lo que se movían ambos al unísono.

Definitivamente la idea estaba escalando puestos rozando el podio.

- ¡Súbete de una puta vez!- Le espetó Merle deteniéndose a su lado, rozando de forma fortuita el cuerpo de su montura contra su hermano, empujándole hacia la otra avestruz.

Daryl asió las riendas en su mano y cagándose en sus antepasados se subió sobre el animal. Tal fue la fuerza con la que lo hizo que casi terminó cayéndose por el otro lado arrancándole una larga risa a su hermano.

- Cierra el pico o te juro que…- Masculló entre dientes acomodándose sobre el animal. Era una sensación tremendamente extraña porque no era un caballo y por la comodidad y el calor que despedía el cuerpo cubierto de plumas.

- ¡Tenemos que llegar a aquel roble de allí!- Le dijo Merle señalando un árbol al borde del terreno.- ¡Quien pierde se encargaba de limpiar en toda la semana! ¡!Hia!- Gritó Merle espoleando a su avestruz quien no tardó en empezar a andar a paso más ligero hasta casi correr.

- ¡AVISA MALDITO CABRÓN!- Le gritó Daryl imitando a su hermano aferrándose con fuerza a las plumas y las riendas por miedo a caerse cuando la avestruz echó a correr como alma que lleva el diablo.- Joder, joder…- Murmuraba el menor de los Dixon entre dientes completamente tieso sobre la avestruz sintiendo el pelo golpearle en la cara a cada zancada que daban.- Voy a morir.

Esa noche en el bar Merle le invitó a una cerveza a modo de premio de consolación por haber perdido la carrera, Daryl le contestó que se podía meter la cerveza por donde le cupiera. El cardenal de su frente comenzaba a adquirir un tono amarillento ahí donde se había golpeado al salir despedido de su montura.

Las malditas avestruces habían ganado el puesto número uno en la lista de ideas absurdas, definitivamente.


El Rey León y sus amigas las avestruces han hecho mucho daño en mi sesera. ¡No me odiéis ni llaméis al psiquiátrico más cercano para que me internen! Me gusta el aire fresco :)

¡Os veo en el siguiente oficio, a ver cuál toca!