Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.

Advertencia: Violencia, lenguaje, camisetas de tirantes


La Bestia

Sentía el incesante golpeteo del viento en la cara mientras aceleraba la moto. La velocidad ayudaba a olvidarse del calor sofocante de Georgia que parecía ser más insoportable que nunca ese maldito verano. El casco descansaba a su espalda bien sujeto en el asiento librándole así de tostarse el cerebro más de lo necesario. Agradecido de llevarlas puestas, se ajustó las gafas en el puente de la nariz, agitando su brazo derecho antes de volver a ponerlo en el manillar y darle un último acelerón a la motocicleta al acercarse al pabellón abandonado.

Una nube de polvo y gravilla se elevó nada más dirigir la moto hacia el solar en el que estaba ubicado el pabellón. Las paredes del edificio estaban llenas de varios cristales rotos por pedradas o por balonazos de adolescentes, pintadas de algún inútil primer amor y la consiguiente ruptura, o la mención de los familiares muertos de alguien.

Detuvo la moto a la sombra de un árbol que había vivido días mejores y se desmontó con la mano en la espalda separando el chaleco y la camiseta de su piel intentando que le diera algo de brisa sin demasiado éxito. Cogió la mochila del paquete de la moto y dirigió sus pasos hacia la puerta corredera de metal que mantenía aquel lugar cerrado a cal y canto.

Rebuscó en su bolsillo y sacó una llave pequeña con la que abrir el candado de la cadena de la puerta. Descorrió la puerta lo suficiente para colarse en su interior.

Daryl tomó una bocanada del aire fresco que inundaba el gran espacio vacío, agradecido porque aún no se hubiera convertido en un horno. No tardaría en hacerlo.

Sus pasos reverberaban en el silencio del lugar mientras se dirigía hacia el fondo del pabellón. Tiró la mochila al suelo y siguió andando hasta descubrir bajo varios pallets de madera, un gran saco de arena que se echó al hombro. Volvió sobre sus pasos y depositó el saco en el suelo. Se acercó hacia la pared más cercana y soltó el cable de la polea viendo descender un mosquetón hacia el lugar donde había dejado el saco. Una vez enganchado lo subió hasta la altura suficiente para poder entrenar.

Abrió la mochila y dos bolas de cinta que comenzó a enrollar entorno a sus muñecas hasta cubrir el envés y la palma de ambas manos y parte de los nudillos. Cuando creía que estaba preparado, dio un golpe para testar que no se iba a romper ningún hueso.

- Perfecto.

Separó sus pies, afincó su postura, sus caderas y su mirada y embistió el saco con ímpetu. El tintineo de la cadena rivalizaba con el sonido de su respiración por momentos errática y acelerada, sobre todo cuando se dejaba llevar por la adrenalina que bombeaba su sangre. Sus dientes prietos entre sí parecían golpear también el saco cuando algún recuerdo volvía a su cabeza.

Tras un fuerte gancho de izquierda que hizo temblar al saco con violencia Daryl apoyó ambas palmas contra el cuero al igual que su frente. El sudor de su rostro se pegó al gastado cuero que le mantenía en pie.

El chirrido de unas ruedas en el exterior del pabellón le hizo separarse del saco expectante, su brazo izquierdo bordeando el saco. La puerta metálica se abrió dando paso a la inconfundible silueta de su hermano.

- ¿Cuándo?- Le preguntó Daryl secándose con la mano derecha el sudor acumulado sobre su labio superior.

- Este viernes.

El menor de los Dixon asintió dándole la espalda a su hermano. Recuperó su postura y volvió a su entrenamiento, su hermano Merle observando cada uno de sus movimientos.


Daryl se mantenía alejado del bullicio con la mirada clavada en el suelo, su mano derecha en el borde de su boca que mordisqueaba su uña. Miró de soslayo el grupo de gente que se había reunido ese viernes por la noche en la casi oscuridad de ese callejón en la periferia de la ciudad.

La mano de Merle aterrizó en su nuca, apretándole el cuello, dándole ánimo de forma silenciosa. Daryl correspondió a su gesto con un golpe suave en el estómago con su mano libre, estirando su espalda, irguiéndose en su posición.

Su mirada mutó nada más hacerlo, cualquier atisbo de duda o preocupación fueron borradas de sus irises claros, siendo reemplazadas por una entereza y una seguridad que hubiera hecho temblar al más fuerte.

- Recuerda que nunca se cubre bien el flanco izquierdo.- Le murmuró Merle echando un vistazo al otro extremo del círculo donde se encontraba su oponente de esa noche.- Su derecha es bastante floja.- Daryl asintió a la información que su hermano le recordaba.- Acaba con él, hermanito.- Terció Merle con una sonrisa de medio lado.

- Tú lo que quieres es la pasta, capullo.- Le contratacó Daryl recibiendo un golpe en la espalda que le hizo volcar su ira en él.

- ¡BUENAS NOCHES A TODOS!- Proclamó un hombre abriéndose paso entre la gente y posicionándose en medio del corro que habían abierto para él.- ¡BIENVENIDOS AL COMBATE DE ESTA NOCHE!- Una ronda de vítores y aplausos se elevó hacia el cielo nocturno.

Daryl cerró los ojos unos segundos respirando profundamente varias veces seguidas, alzó la cabeza y la giro de un lado a otro, desentumeciendo sus hombros y su cuello. Se quitó la chaqueta de cuero y se la dio a Merle quedándose en una camiseta negra de tirantes.

- ¡Esta noche damas y caballeros… Tenemos un combate muy especial para vosotros!- Exclamó con un grito eufórico el maestro de ceremonias.

- No podría cerrar ya el pico…- Masculló Daryl entre dientes dando unos pequeños saltos para soltar los músculos agarrotados de sus piernas.

- ¡A mi izquierda tenemos a un nuevo luchador en nuestras calles! Pero no os dejéis engañar por su aspecto, esperad a verle en movimiento. – Extendió su brazo izquierdo en dirección al oponente de Daryl de esa noche.- ¡Dadle una calurosa bienvenida a La Pantera de Georgia!- El hombre se adelantó siendo bañado por una multitud de vítores e insultos mientras alzaba los puños en alto, acercándose al árbitro de la noche.- ¡Muy bien! Y ahora… A mi derecha, a quienes todos estabais esperando…- Varios gritos se elevaron sobre el murmullo de voces.- Un viejo conocido por todos. Uno de esos luchadores que nunca se rinden aunque las cartas estén en su contra. Un animal encerrado en la piel de un hombre… ¡La Bestiaaaa Dixon!- Merle le dio una palmada en el hombro y Daryl se abrió paso entre la gente escuchándose un grito de victoria al unísono nada más ser visto por todos en el espacio central.- Bien chavales, quiero ver juego limpio.- Un coro de risas recorrió las filas de gente.- En vuestros puestos…

Antes de que el árbitro gritara el 3, Daryl esquivó el puñetazo que iba directo hacia su nariz, devolviéndole el golpe con ansia estrellándose en la mejilla izquierda de la Pantera que cayó al suelo. Un fino hilo de sangre descendía por su fosa nasal que no tardó en limpiarse en el envés de su mano y sonreír. Daryl reconocía esa sensación, él la había sufrido.

El menor de los Dixon dio varios pasos con calma esperando a que se levantara del suelo para propinarle otro golpe.

Con el paso de los minutos, sus cuerpos se fueron cubriendo de la sangre del contrario y la suya propia. Varias cejas partidas, una nariz que parecía estarlo, raspones en antebrazos al caer al suelo.

Daryl aprovechó una distracción del contrario y acertó su puño en el la zona lumbar viéndole hincar la rodilla en el codo como acto reflejo. No titubeó un instante y clavó su rodilla contra su pecho con fuerza lanzándolo de espaldas al suelo. No tardó en colocarse encima de él, apuñar un trozo de la camiseta ensangrentada en su mano izquierdo y golpearle una y otra vez con el derecho hasta que le vio cerrar los ojos medio inconsciente.

- ¡Wooohoooo!- Gritó el árbitro eufórico acercándose a ellos. Golpeó con la punta del pie el cuerpo de la Pantera quien soltó un gemido de dolor entre dientes.- ¡TENEMOS UN VENCEDOR!- La mano del árbitro se cerró en torno a la muñeca izquierda de Daryl y alzó sus brazos al cielo.- ¡LA BESTIAAAA DIXON!

Los gritos del público congregado eran ensordecedores. Daryl paseaba su mirada entre las caras de esos desconocidos intentando recuperar el aliento y disfrutando de la calma y la ausencia de dolor que le regalaba la adrenalina y la euforia del momento. Una media sonrisa ensangrentada decoró su magullado rostro.

El ruido de las sirenas de la policía acercándose fue el pistoletazo de salida para que el gentío se disolviera e intentara huir antes de ser detenidos.

Daryl agradeció con un gruñido doliente el brazo que su hermano le pasó bajo los hombros para arrastrarle hacia el coche y salir a tiempo de allí. El menor de los Dixon se dejó caer en el asiento trasero sintiendo el peso de su chaqueta y la bolsa con el dinero ganado caer a su lado en el suelo del vehículo.

Las ventanillas abiertas le dejaron escuchar las voces de los agentes mientras Merle echaba la marcha atrás quemando rueda alejándose de allí lo más rápido posible.

- ¡VE POR LA IZQUIERDA RICK YO CUBRO ESTE LADO!


¿Quién no se imagina a Daryl en plan "Street Fighter" en los callejones oscuros de algún pueblucho o ciudad? Seguro que no se le daría del todo mal...Nunca he visto una pelea en vivo y en directo pero he visto unas cuantas en películas y series, y bueno, los huecos los rellena la imaginación no? Probablemente podría haber entrado más en la refriega pero tampoco es cuestión de rebozarse en los golpes, ¿no os parece?

¡Os veo en el siguiente oficio no oficial del pequeño Dixon!

¡Gracias por leer y comentar, me alegráis el día!