Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.

Advertencia: Violencia, lenguaje.

NOTA: Si hay alguna incongruencia muy gorda la culpa es de Hotarubi por presentarme a Perla Shumajer y de Cassandre por dejarse poseer por ella.


15.000 $

El pálido sol del atardecer se colaba entre las lamas de la cortina de la ventana de la habitación. Tumbado en la cama con el antebrazo ocultando sus ojos cerrados, Daryl permanecía quieto, piernas estiradas entrecruzadas a la altura del tobillo.

El sonido de la estática rompió una vez más la voz del locutor de la radio dando los titulares del día. Se rascó con el meñique la frente ante la noticia de la fuga de un interno de la Prisión Estatal de Arrendale. Había sido detenido por doble homicidio y estaba a la espera de que se cumplieran las pocas semanas antes de ser ejecutado bajo la pena capital. Los federales estaban batiendo la zona con perros pero no habían dado aún con él y parecía que no iban a tener demasiada suerte en las siguientes horas.

Daryl se incorporó en la cama y buscó el móvil, encendiéndolo con una mano mientras con la otra buscaba el mechero en su bolsillo. Se encendió un cigarro viendo aparecer varios mensajes en la pantalla.

Abrió el primero exhalando una gran bocanada de humo viendo que era la llamada de un número desconocido. El segundo era un mensaje de texto de ese mismo número. El mensaje era breve, críptico pero muy claro: "15.000. M Taylor. Vivo." Daryl miró el mensaje durante un minuto completo mientras fumaba. Guardó el teléfono en el bolsillo del pantalón vaquero y cogió el chaleco de la silla a los pies de la cama. Coló los brazos por el hueco del chaleco y se agachó junto a la cama, estiró el brazo bajo el colchón y tironeó de la bolsa que había bajo ella hasta sacarla. Abrió la cremallera y revisó el contenido de la misma: cuerda, varias armas, cinta aislante, varios cuchillos de caza. Volvió a cerrar la cremallera y se puso en pie con la bolsa a la espalda. Recogió las llaves de la camioneta de la mesita de noche, vació el cajón con las pocas pertenencias que tenía y dejó la habitación del motel vacía.

La bolsa aterrizó bajo el asiento de la camioneta junto a su vieja ballesta, el paquete de tabaco sobre el salpicadero junto a su cartera. Una beretta terminó escondida en la cintura del pantalón a su espalda, clavándose en ella sentarse en el asiento tras el volante. Entre la documentación del coche y un viejo trapo rojo en la guantera, su teléfono quedó silenciado.

Antes de abandonar el parking del motel, tanteó la superficie bajo su asiento rozando la bolsa en la que guardaba el rifle. Estaba todo en su sitio.

Ajustó el retrovisor, encendió el motor de la camioneta y se internó en la carretera secundaria rumbo al Penal. Desde ahí comenzaría a buscar.


Bajó la ventanilla en cuanto entró en la autopista, su brazo apoyado en la puerta mientras se rascaba la incipiente barba que comenzaba a cubrir su mentón y parte de sus mejillas. Miró hacia el espejo retrovisor encontrándose con una docena de vehículos que seguían su ruta sin reparar en él. Encendió la radio y buscó una emisora de música hasta que dio con una que no pusiera la mierda de música actual que escuchaban los adolescentes en la parte trasera de sus coches en el parking del instituto.

Se acarició la sonrisa que luchaba por aparecer en sus labios y fijó su mirada en las vallas informativas a la orilla de la carretera. En media hora habría llegado a su destino.


Aparcó el coche junto a una pequeña casa que probablemente usaban algunos de los trabajadores de la prisión estatal. Ésta estaba ubicada al otro lado de las vías de tren que cruzaban en paralelo a la penitenciaria, junto a la autopista de Gainesville.

El tráfico no era muy ajetreado a esa hora. Aún había dos patrullas de la policía apostados en las inmediaciones con la vana esperanza de encontrar alguna pista para dar con Taylor. Daryl volvió a recuperar su teléfono de la guantera y buscó la fotografía que le habían enviado. No tardó encontrar el perfil y la foto frontal que le habían hecho llegar para identificar al fugitivo. Bajó del vehículo y cogió la bolsa con lo que creía necesario. De momento dejaría el rifle y la ballesta en la camioneta.

Oscureció sus ojos con unas gafas de sol a pesar de que el sol comenzaba a ser engullido en el horizonte en espera de un nuevo día. Cerró el coche y comenzó alejarse hacia la zona oeste por donde creía había logrado escabullirse el preso.

El cigarrillo que sujetaba entre sus labios le servía como entretenimiento para enmascarar la tensión que sentía a cada paso que daba en dirección a la prisión. Sabía que las cámaras podrían registrarle, o que los guardias se percatarían de su presencia, tenía ser cuidadoso, ágil e intentar no llamar demasiado la atención.

No estaba haciendo nada enteramente ilegal, estaba paseando. ¿Estaba viviendo en un país libre, no? Quizá no pensaran que el arma que aún llevaba en la cintura de su pantalón perteneciera al mercado negro. No estarían equivocados, pero estaba allí por un bien común. Iba a encontrar a aquel malnacido de Taylor y se lo iba a entregar a quien fuera para que cumpliera su condena por los crímenes cometidos. Que fuera a llevarse 15 de los grandes por ello no era relevante.


Reajustó el asa de la bolsa a su espalda y se agachó en mitad del prado, varias millas al oeste de la prisión. Era algo tenue, podría haber sido equivocado con la huella de algún animal al pasar por allí pero era bien diferente. Parecía una huella parcial de un pie. Sonrió satisfecho al comprobar que pocos metros más adelante otra huella similar se adivinaba entre la hierba.

Rozó con la yema de los dedos el contorno de la huella y alzó la mirada hacia su espalda en dirección a la prisión. Parecía un buen camino a seguir para intentar alejarse de allí. Tal vez alguien le estuviera esperando más adelante en el encuentro con una carretera secundaria.

Se puso en pie y continuó andando para comprobarlo.

De vuelta en la camioneta sacó la pequeña libreta de la bolsa y usando la luz que proporcionaba la luz de la cabina, anotó lo que había encontrado.

Efectivamente había una carretera en la que Taylor podría haber sido recogido por algún cómplice. Tras una breve conversación con la anciana de la única casa que había en la zona, supo que la noche en la se había fugado un sedán azul oscuro había pasado por aquella carretera dirección norte.

Puso el motor del vehículo en marcha de nuevo. Iba a tener que hacer algunas averiguaciones sobre el pasado de Taylor.


Soltero y sin hijos. Tenía una hermana que vivía en Kentucky pero que prácticamente había renegado de él en cuanto fue detenido por la policía. Sus padres habían muerto años atrás y vivía sólo en un piso en Atlanta cuando sucedió todo.

Pero había alguien a quien el muy capullo podría haber ido a ver. Su novia, ¿o ex novia? Esperaba que aún mantuvieran el contacto. Puso el vehículo dirección Norcross.


La casa de Stacey era lo que cabía esperar. Pequeña, de paredes de color amarillo y con una maldita veleta con forma de gallo en el tejado. El jardín delantero parecía recién cortado. Un grupo de hortensias decoraba un extremo del mismo, junto a ellas había una pequeña mesa de camping con dos sillas.

Cruzó la pequeña puerta del cercado que llegaba hasta su cintura y echó un vistazo a la casa mientras se acercaba siguiendo el camino empedrado que llevaba hasta la entrada. Miró su reloj, eran las 9 de la noche así que imaginaba que estaría ya en casa de vuelta de su trabajo como cajera en el Wallmart.

Golpeó con el puño dos veces la puerta y esperó. Pronto escuchó el inconfundible sonido del repiqueteo de unos tacones acercándose a él. Miró una vez más hacia la carretera y volvió su mirada hacia la puerta a tiempo de ver a Stacey mirarle con curiosidad.

- ¿Sí?- La mujer apoyó su hombro contra el quicio de la puerta. La mirada que le dirigió a Daryl le incomodó sobremanera pero no iba a darse la media vuelta.

- ¿Stacey verdad?- Le preguntó esbozando una sonrisa de medio lado que jamás creyó llegaría a aparecer en su cara realmente.- Soy Devan, un viejo amigo de… ¿Matthew?- Arqueó una ceja y metió ambas manos en los bolsillos del pantalón relajando su postura, resultando lo más inocente y genuino posible.

Ante la mención del nombre de Matthew, Daryl percibió la tensión en la figura de la chica. Su fina mano se apoyó en la pared junto a la puerta bloqueándole el paso y la vista. De forma imperceptible entornó más la puerta contra su cuerpo y le sonrió.

Taylor estaba allí.

- Matthew está en Arrendale.- Le dijo ella encogiéndose de hombros.

Daryl agachó la mirada al suelo esforzándose en que la excitación por ver la misión casi cumplida pudiera con él. Cuando alzó su vista de nuevo hacia ella una amplia sonrisa decoraba su cara, una auténtica sonrisa de depredador. Antes de que la mujer pudiera cerrarle la puerta en la cara, Daryl coló su rodilla en el hueco y le dio un fuerte empujón tirándola al suelo, entrando así en la casa.

Con el eco del grito de Stacey avisando a Matthew que corriera, recorrió el largo pasillo hasta la habitación. La cortina ondeaba por la brisa nocturna cuando saltó a través de ella siguiendo la silueta oscura que se afanaba en alejarse de él.

Cuando pasó junto a los cubos de basura en la parte trasera recuperó la ballesta que había ocultado en caso de que algo como eso ocurriera. Tenía que llevarlo de vuelta con vida, cómo lo hiciera era asunto únicamente suyo.

Daryl corría con la ballesta bien sujeta al hombro sorteando vallas, cubos de basura y cualquier cosa que el muy imbécil le tirara para intentar obstaculizarle el camino. Lo malo de intentar algo así, es que al perder la vista en su espalda y no en el camino por delante de él acabó tropezándose y cayendo al suelo de forma estrepitosa. Daryl aprovechó la ventaja y disparó una flecha que atravesó su pantorrilla derecha impidiéndole terminar de levantarse.

Su aullido de dolor fue música para los oídos del cazador quien sacó varias bridas de plástico de su bolsillo y las usó para maniatar a Matthew. De un fuerte tirón le obligó a ponerse en pie y entonces le arrancó la flecha.

- Hijo de…- Un codazo en la cara le hizo trastabillar pero no soltó su agarre en el preso y le devolvió el golpe en forma de cabezazo.

- ¡Déjale en paz!- Daryl apuntó con la ballesta a Stacey quien esgrimía una escopeta. Sonrió por la sangre que descendía de su nariz hasta sus labios y negó con la cabeza.

- Yo que tú no haría eso querida. Si lo haces, ya no serás únicamente cómplice de mantener a un preso oculto. – A cada palabra que decía Daryl la postura de la mujer cambiaba. – Una mujer como tú no merece acabar en una celda por un capullo como éste, ¿no te parece?- El cañón de la escopeta descendió hacia el suelo.

Daryl clavó su rodilla derecha tras la pierna herida de Matthew cayendo éste al suelo. Aprovechando que tenía una mano libre apoyó su pie derecho sobre el pecho del preso y sacó su teléfono del bolsillo.

- Sonríe capullo.- El flash de la cámara iluminó el rostro de Matthew. Daryl le envió la imagen a su contacto con una sola pregunta: "¿Dónde entrego la basura?"


Y he aquí el "Cazarrecompensas Dixon" haciendo amigos allá donde va. Éste capítulo se lo dedico a Boba Fett por ser el cazarrecompensas más conocido de toda la Galaxia XD

Cualquier idea que se os ocurra de oficio para el amigo Dixon, ¡no os cortéis y dádmela a conocer!

Hasta luego cocodrilo