Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.

Advertencia: Lenguaje, Ángel Cristo, alcohol, oscuridad...

NOTA: Éste capítulo ha surgido a raíz de una conversación a cerca de las películas Disney, de dibujos en general. Cuando terminéis de leerlo, sabréis de qué película hablo. Sé que es algo diferente a los anteriores pero... creo que tiene su razón de ser.

Cass, va por ti y el muerde bolis.


Aliento de Fuego

La silla de camping sobre la que se sentaba rechinó al moverse sobre ella, ajustando su postura contra el respaldo, si es que a ese cacho de tela roído por varias ratas se le podía llamar respaldo. Estiró las piernas al máximo y coló su mano derecha en el bolsillo de su pantalón rescatando un palo de canela. Se lo llevó a los labios, llenando su boca de su fuerte sabor, secándole la lengua y casi hasta la garganta.

Se frotó los ojos con el puño de la mano derecha, parpadeando con rapidez soltando un gran bostezo mientras miraba por el borde del tejado hacia la oscuridad. No había visto un solo caminante en lo que llevaba de guardia, y aún le quedaban unas cuantas horas más para que se terminara.

La silla volvió a crujir una vez más esa noche al volverse hacia la puerta que llevaba hacia la azotea. A penas sacaban ruido las bisagras al abrirse pero la quietud y el silencio propio de la madrugada, agudizaban sus sentidos al máximo. Achicó los ojos vislumbrando la forma de la silueta que se colaba por el hueco abierto antes de cerrar la puerta de nuevo. Ladeó el rostro al reconocer a quien se acercaba, su inconfundible melena rubia suelta en una maraña cubría sus hombros tapados con una larga camisola.

- Hey.- Le saludó ella escueta recolocándose varios mechones de pelo tras la oreja, acercándose a él.- ¿Te importa?- Le preguntó señalando el taburete vacante a su lado.

- Tú misma.- Le dijo él como respuesta extendiendo su mano hacia el taburete.

La joven Greene se sentó en él y se llevó las manos al rostro, frotando sus mejillas. Estiró al máximo las mangas de la camisola queriendo cubrir sus manos. Su mirada cristalina no tardó en perderse en el vasto y silencio paisaje oscuro que les rodeaba, las sombras de los árboles meciéndose entre crujidos por la suave brisa que soplaba. Daryl imitó su postura y paseó su mirada por la oscuridad hasta que la escuchó tragar grueso, hasta que escuchó su respiración algo entrecortada. Cuando volvió su cabeza hacia ella pudo adivinar el brillo de un par de lágrimas escurriéndose por sus ojos, no tardó en secarlas.

Daryl carraspeó algo incómodo, removiéndose en la puta silla que no dejaba de sacar ruido. Asqueado se puso en pie y le pegó una patada lanzándola a la otra punta de la azotea. El palo de canela acabó hecho añicos entre sus pies al haberse escurrido de sus labios. Resopló y se volvió hacia Beth al escuchar su risa queda.

- ¿Algo gracioso, Greene?- La chica esbozó una sonrisa decorada de ojos brillantes.

- Puede ser, señor Dixon.- Le respondió mordiéndose el labio.

Desafiando a todas las leyes de la física, la química y hasta la física cuántica si le apurabais, Beth subió sus pies descalzos al borde del taburete abrazándose a sus piernas. No se cayó ni perdió el equilibrio. Su gracilidad al moverse le asustaba y más en esa oscuridad. Ella le miró con una expresión confusa ante su mirada fija.

La inocencia en sus ojos, esa sonrisa que había visto brillar instantes antes, ese modo de llamarle le hizo recordar a aquella jodida cabaña y el whisky casero que se tomaron. Mirándola a los ojos, a su expresión momentáneamente taciturna, a su insomnio; pensó que quizá era el momento idóneo para descubrir su particular adquisición en la última salida a por provisiones.

Le dio la espalda a la chica y se dirigió hacia el rincón donde había lanzado la silla, haciéndola a un lado para descubrir una maceta con una planta ya muerta en ella. Removió la tierra y descubrió una botella medio vacía de whisky casero. Sonrió para sí volviendo sobre sus pasos con la botella en la mano. La agitó triunfal en el aire viendo a la chica fruncir el ceño en un inicio para romper a reír poco después.

- ¿De dónde la has sacado?- Le preguntó ella viéndole rescatar del suelo la taza que había servido para beber café. Tiró lo poco que quedaba azotea abajo y sirvió un poco tendiéndole la taza.- Gracias.- Aceptó ella con una sonrisa arrimando la nariz, reconociendo en el acto el inconfundible olor del whisky.

- Lo encontré esta mañana en la salida.- Comentó él instándole con un gesto de cabeza a que bebiera un trago. El agarró el cuello de la botella y se la llevó a los labios bebiendo un trago, la quemazón del líquido arrasó su garganta hasta explotar en su estómago.

- Dios…- Beth tosió ante el ardor repentino pero vació lo que Daryl le había servido y extendió su mano hacia él, pidiéndole una nueva dosis.

- No hay ninguna prisa, Greene.- Le dijo él viéndola sonreír animada por el alcohol, los buenos recuerdos y la calidez que poco a poco se iba apoderando de su cuerpo.

Daryl se sentó de medio lado en el borde de la azotea, pudiendo vigilar así el exterior y a su compañera por esa noche. Bebió otro trago del whisky secándose los labios con el dorso de la mano. Acomodó la botella entre sus piernas sobre el cemento, un leve tintineo acompañó la acción. La uña de su pulgar no tardó en hincarse sobre la etiqueta precaria que cubría un lateral de la botella, rasgando un trozo.

- Tuve una pesadilla y no podía volver a dormirme…- Confesó Beth dándole un trago a su taza. La punta de sus dedos tamborileaban sobre la superficie de cerámica de la taza.- Soñé con papá…- Siguió hablando.

- ¿Por qué una pesadilla?- Le preguntó él con curiosidad pero sin mirarle, dándole tiempo y espacio para no contestarle si quería.

- Porque tenía miedo de despertarme y ver que él no estaba.- Bebió otro largo trago y apoyó su mentón entre sus rodillas.- Era consciente de que era un sueño, de que no era real pero estaba ahí y…- Exhaló un suspiro apoyando la frente contra sus piernas desnudas. Negó en silencio con la cabeza.

Siguieron bebiendo sin mediar palabra, vaciando poco a poco la botella entre los dos. Con el alcohol jugando con sus mentes, sus inhibiciones, sus lenguas, Daryl comenzó a hablar en voz baja y ronca.

- Cuando era un crío… Creo que tenía… 5 o 6 años…- Frunció el ceño intentando recordar con exactitud pero el whisky había nublado ligeramente ciertas partes del recuerdo que pensaba compartir con la joven rubia. – Una de las veces en las que Merle desapareció por varios días de casa, me largué a…- Gesticuló con su brazo hacia la masa de árboles que escondía aquella edificación de cualquier otro grupo de supervivientes.

- ¿Al Bosque?- Preguntó Beth con voz pastosa, intentando apartarse el flequillo con manos erráticas por la borrachera.

- Sí, al bosque.- Daryl asintió y parpadeó fijando su mirada clara en la linde.- No… No quería quedarme en casa con el hijo puta de mi padre así que…- Se humedeció los labios asintiendo para sí, recordando aquel día. Una media sonrisa rompió la seriedad en su rostro.- Era un crío que no pesaba ni 30 kilos en mojado…- Una carcajada ahogado rasgó su garganta.- Dios qué viejo soy…- Beth le miró en silencio, su mejilla apoyada en sus rodillas.- Ese día me fui al bosque, me aburría de perseguir arañas, saltamontes y de mear en los agujeros donde se escondían los grillos.- Escuchó a Beth reír a su espalda.- Así que…- Tragó grueso y bebió un sorbo más del alcohol.- Comencé a imaginar cosas…

- ¿Qué imaginabas?- Preguntó Beth haciendo verdaderos esfuerzos por mantenerse erguida en el taburete.

- Lo que más me gustaba imaginar era que… tenía un dragón.- Miró a la chica con las mejillas encendidas y no por la incipiente borrachera que llevaba encima. No estaba borracho, estaba alegre, desinhibido.- Era negro y de grandes ojos azules como los tuyos.- Le señaló con el mentón mientras le veía a ella bordear sus ojos con la yema de sus dedos.- Era enorme y podía volar.- Aquella afirmación arrancó una sonrisa nostálgica al cazador.- Podía volar lejos, cuanto quisiera y quedarme allí para nunca volver.- Su voz fue enmudeciendo a cada palabra que salía de su boca.- Me gustaba imaginarme… Enseñándole cosas al dragón como…

- ¿Escupir fuego?- Preguntó ella arqueando las cejas.

- Sí, eso sobre todo. Me imaginaba cazando algún animal y… al dragón encendiendo la hoguera para cocinarlo todo.- Rio quedo agachando la cabeza, negando ante la ingenuidad que mostró siendo un crío. – Aprendía rápido el muy cabrón.

- ¿Le pusiste nombre?- Preguntó Beth con curiosidad apoyando ambos pies en el suelo al haber estado a punto de caerse en un mal movimiento sobre el taburete.

- Na, eso es cosa de niñas y muñecas.- La chica ahogó una carcajada contra su pecho, sonriéndole divertida. Le señaló con el dedo índice, el resto ocupados sujetando la taza en la mano.

- No te pases, Dixon.- Le advirtió, él alzó ambas manos a modo de defensa.

- Era…- Suspiró.- Me gustaba…- Susurró él mirando de nuevo hacia el exterior, la botella olvidada sobre el borde de la azotea.

Beth se levantó del taburete con cuerpo tambaleante, y se acercó a él, aferrándose a su chaleco para evitar caerse al otro lado del muro que bordeaba la azotea.

- Estabas equivocado, Daryl.- Él le miró con una ceja arqueada, la sonrisa temblorosa de Beth le obligaba a imitarla aun no queriendo hacerlo.- Sí que fuiste alguien antes de esto.- Amplió su sonrisa al verle agachar la cabeza y ver su cuerpo agitarse por una risa queda.- Estoy segura de que fue un gran entrenador de dragones, señor Dixon.- La chica asintió con gesto serio y teatral, palmeó su hombro de forma amistosa.- El mejor de todos. Me habría gustado tener un trabajo así…- Desvió su mirada soñadora hacia la oscuridad, sus pies se movieron de forma inconsciente haciendo que parte de su cuerpo reposara sobre el de él, ayudándole así a mantenerse erguida.

- Sí, era el mejor trabajo del mundo.- Respondió él sin mirarla, escuchándola murmurar algo cerca de su oído.- ¿Hum?- Le preguntó mirándola de soslayo. Beth alzó su taza vacía hacia a la noche en gesto solemne.

- Por el entrenador de dragones Daryl Dixon.- Brindó ella chocando su taza con la botella ya vacía de él.- ¡El mejor del mundo entero!.- Su sonrisa repentina le contagió, haciéndole reír entre la cálida neblina creada del whisky.


Quien no haya visto "¿Cómo entrenar a un dragón?" ya está tardando en buscarla para verla ya. Imaginar a un Daryl pequeño a lomos de un dragón me puso una sonrisa en la cara, espero que a vosotr s también!

Gracias por seguir leyendo y no morir en el intento ;) Cualquier comentario, maleficio, invocación mariana, sugerencia, petición es más que bien recibida.

¡Os leo!