Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.
Advertencia: Violencia, lenguaje, juramentos varios, alcohol...
NOTA: Éste oficio en concreto va a ocupar varias entregas, os lo aseguro desde ya, más que nada porque fue el precursor de toooda esta locura, la razón de ser de este crack!fic. El trabajo en cuestión aún tardará en aparecer pero... lo hará, lo averiguaréis y espero que os guste.
Namaste
Alzó el botellín de la cerveza sujeto entre los dedos hasta sus labios. Dejó que el frescor que aún conservaba la bebida recién conseguida en el bar, arrastrara cualquier sabor amargo que pudiera tener en la boca.
Paseó su mirada calmada por la clientela que abarrotaba el local esa noche. Miró hacia las mesas de billar donde varios hombres discutían a gritos por el juego limpio. Sonrió internamente al reparar en la ironía de las palabras que salían escupidas por boca del grupo que rodeaba una de las mesas.
- Con un poco de suerte, le saltan los dientes a uno de ellos y nos dejan la mesa libre para nosotros.- Daryl bebió en silencio otro trago de su cerveza, secándose con el dorso de la mano la comisura de los labios al dejar el botellín sobre la barra.- Podríamos desplumar a unos cuantos imbéciles esta noche, hermanito. ¿Qué dices?- Le insistió Merle agarrándole del cuello con su inmensa mano, obligándole a agachar la cabeza hacia él, antes de que pudiera librarse, revolviéndose.
- Déjame beber en paz, Merle.- Le espetó el menor de los Dixon mirándole airado. Estaba harto, por no decir, que estaba hasta los cojones de las gilipolleces de su hermano.
Se maldijo a sí mismo por haber sido lo suficientemente estúpido de aceptar la invitación de su hermano para dejarse caer en el bar y tomarse unas cervezas. Obviamente el dinero había salido de su bolsillo, como tantas otras veces antes. Y como en tantas otras ocasiones anteriores, Merle convertía lo que en principio parecía una salida tranquila de dos hermanos, en un modo de conseguir un puñado de dólares y unos cuantos golpes en el cuerpo.
Daryl comenzaba a estar harto de esa maldita rutina en la que se había convertido sus noches de los viernes.
Volvía a casa de donde fuera que se hubiera largado al no necesitarle su hermano, y ambos acababan en uno de los bares de la zona, emborrachándose. Había días en los que la borrachera era reemplazada por un achispamiento suficiente para lograr engatusar a alguna mujer con o sin dinero de por medio, con la que pasar la noche. Había días en los que terminaban con los nudillos pelados, la nariz sangrante y la promesa velada de que aquello no había terminado ahí.
Con el tiempo y conociendo a su hermano como lo hacía, Daryl se dio cuenta que realmente lo que Merle buscaba en esas últimas noches, era deshacerse de cualquier atisbo de debilidad que pudiera tener su hermano pequeño. Parecía haber convertido en su cruzada particular la necesidad de hacer de su hermano un hombre de verdad. Sólo los hombres de verdad eran capaces de sobrevivir la mísera vida que les había tocado. Sólo los hombres de verdad eran capaces de coger lo que quisieran y hacer con ello lo que les viniera en gana, fuera un ser vivo o no. Sólo los hombres de verdad sabían que las mujeres eran de usar y tirar, que no servían para nada más que para mantener la cama caliente durante un rato.
La sabiduría de su hermano no tenía límites, Daryl en ocasiones se regía por esos mismos límites, en otras ocasiones se cuestionaba si realmente su hermano se creía sus propias gilipolleces…
Ese viernes era uno de esos días en los que se cuestionaba qué diablos estaba haciendo con Merle en ese bar.
Se apartó el pelo de la cara y abrazó el botellín de su cerveza ya vacío, mentón apoyado contra la boca mientras sus ojos recorrían el local.
Parecía que la pelea entre los jugadores de la mesa de billar iba a escalar hasta el punto por el que Merle era capaz de sacar billetes inexistentes de su bolsillo y apostar por uno u otro.
- ¿Te pongo otra, encanto?
La camarera señaló su cerveza vacía bajo su cabeza. Daryl asintió en silencio con un gruñido sin prestarle demasiada atención. La mujer no tardó en regresar con su cerveza en la mano. La dejó frente a él acomodándose sobre la superficie de madera, exagerando el ya de por si generoso escote que lucía.
Daryl le dio un trago a su cerveza y se giró sobre su taburete, dándole ligeramente la espalda a la mujer quien, no dándose por vencida, deslizó su mano sobre la barra hasta rozar su brazo. El cazador la apartó de un manotazo y mirada furiosa.
- ¿No tienes cervezas que poner?- Siseó antes de dar un trago a su cerveza.
- Capullo…- Farfulló ella entre dientes alejándose de él, caderas contoneándose a cada paso. Con semejantes tacones no comprendía cómo no se había partido ya el cuello varias veces durante la noche.
- Zorra estúpida…- Murmuró él bebiendo medio botellín del tirón, ahogando un eructo contra su puño cerrado.
- ¿Cómo eres tan imbécil?- La pregunta de Merle fue seguida de un fuerte golpe en su coronilla que casi logra romperle un par de dientes contra el botellín.- ¡Te estaba pidiendo a gritos que te fueras con ella al baño a hacerte un par de favores y la mandas a tomar por culo!- Merle le miró con incredulidad y una sonrisa.- A veces dudo de que seas mi puto hermano…
- Yo también.- Replicó Daryl entre dientes antes de beber, viéndose incapaz de llevarse un nuevo golpe en la cabeza por parte de su hermano.
- Quizá tu estés bien con cascártela solo esta noche, pero yo no…- Merle abandonó el taburete en el que estaba mirando con fijeza a una de las camareras del bar que recogía vasos vacíos. Hacía rato que no le quitaba el ojo de encima, Daryl se había percatado, y a juzgar por la mirada de la mujer, ella también.
- Piérdete, Merle y déjame en paz.
Daryl vio a su hermano alejarse hacia su objetivo con su mejor sonrisa de depredador en la cara. A veces no entendía cómo lo conseguía. Merle le llamaba el "Encanto Dixon", decía que era cosa de familia, aunque cada vez que veía a su hermano pequeño en acción, dudaba de que fuera así. Él en cambio acusaba su éxito a su labia y a que la mayoría de las mujeres que iban tras su hermano, iban también tras las drogas que él pudiera ofrecerles. Ahí radicaba la gran diferencia entre ambos.
Con la sana intención de no tener que ver la lengua de su hermano meterse hasta la garganta de la camarera, Daryl se levantó de su taburete y se dirigió hacia una de las mesas de billar que ya había sido vaciada. Cogió uno de los palos y lo apoyó contra el canto de la mesa, comenzando a colocar las bolas para empezar la partida.
- Esta mesa es nuestra.- Daryl ajustó las bolas en el interior del triángulo de plástico. Quitó el triángulo y lo dejó a un lado tomando el palo para comenzar. Miró de soslayo al hombre que le había hablado, era uno de los capullos que se había peleado antes por ese sitio.
- Cuando he llegado no había nadie. Ningún nombre.- Contestó él con templanza preparando el palo con el taco. Por el rabillo del ojo pudo ver a otro hombre posicionándose a su derecha.
- Pues ya lo tiene.
La fanfarronería, el pecho hinchado y la mirada de desprecio y desdén volatilizaron cualquier intención que pudiera albergar de no meterse en una pelea por esa noche. Estaba cansado, estaba harto.
Se volvió hacia su interlocutor y se acercó a él con paso calmado, el palo aún en la mano. Podía oler el whisky que el muy capullo se había estado bebiendo antes.
- Sí, el mío.- Siseó Daryl entre dientes pasando a su lado, golpeando su hombro contra el de él de forma deliberada.
- Mira capullo…- Comenzó a hablar el hombre a lo que Daryl se giró hacia él, agarrándole de la chaqueta, pegando sus frentes.
- Escucha tú imbécil. He venido a jugar una partida, y no pienso largarme sin hacerlo.- Le soltó con fuerza, dándole un empujón hacia atrás alejándole de él.
- ¿Tú y cuántos más?- Dijo una voz a su espalda.
Daryl se pasó la mano por debajo de la nariz y clavó su codo en las costillas del hombre que estaba a sus espaldas. Un puñetazo aterrizó contra su cara, tirándolo al suelo como un saco de cemento. El cazador no tardó en ponerse en pie y partir el palo del billar contra el costado de quien se había proclamado dueño de la mesa.
Una patada y el grito de dolor de su víctima al rompérsela, o al menos dislocársela, fue carne de cañón para la tensión que se había visto creada en el bar. Pronto las sillas volaron contra los cuerpos de unos y otros, los golpes cayeron sobre su cuerpo hasta que logró abrazarse a uno y empotrarlo contra una de las columnas del local. Su puño derecho se estrelló contra la cara del tipo varias veces hasta que cayó al suelo inconsciente.
Se secó la sangre de la nariz con la manga de la chaqueta sintiendo como le levantaban del suelo sin previo aviso, lanzándolo contra la mesa de billar. El aliento se congeló en sus pulmones por el golpe, y regresó a él de forma súbita al partir el palo aún intacto de la mesa contra su cuerpo. El fragmento que quedaba en las manos de su atacante, se hincó contra su cuello, presionando su tráquea impidiéndole respirar.
Agarró el cuello del hombre que estaba intentando ahogarle pero las fuerzas comenzaron a fallarle por la falta de oxígeno. Una certera patada logró tirarle al suelo, cayendo Daryl junto a él tras rodar de la mesa tosiendo en busca de aire.
La música que sonaba por los altavoces se vio acallada por las sirenas de varios coches de policía aparcando de forma precipitada en la entrada del bar.
Estaban jodidos.
Daryl se revolvió entre los brazos del agente que intentaba esposarle a duras penas. Un empujón logró pegar su mejilla contra el maletero del coche patrulla, arrancándole un quejido sordo de dolor.
- ¡Brutalidad policial!- Masculló encogiéndose al escuchar el ruido de las esposas cerrándose en torno a sus muñecas, contra su espalda. El agente se inclinó contra su rostro con una sonrisa sardónica en la cara.
- ¿Quieres que hablemos de brutalidad policial, paleto?- La rodilla del agente se clavó contra su muslo, Daryl cayó al suelo, su espalda contra el coche.
- Maldito capullo.- Farfulló el cazador conteniéndose a tiempo de pegarle una patada en la espinilla al policía que le tirara al suelo, pero estaba aún lo suficientemente lúcido como para no agredir al agente. Eso significaría la cárcel.- Gilipollas…- Masculló librándose de la mano del policía para ponerse en pie.
- ¿Te metes tú solo ahí dentro, o tendré que dejarte inconsciente?- Le espetó con bravuconería el agente, sus narices casi se rozaban.
- Oblígame.- Dijo con calma esbozando una sonrisa de medio lado salpicada por la sangre de su labio partido.
- Será un placer.- El policía abrió la puerta trasera y forcejeó con él, agarrándole del cuello hasta lograr meter su cabeza en el interio.
- ¡SUELTA A MI HERMANO CAPULLO DE MIERDA!- Gritó Merle desde el coche contrario, esposado en el asiento trasero.
- Veo que lo vuestro es genético.- El agente escupió accidentalmente al interior del coche patrulla acertándole a Daryl en la nuca. Un nuevo empujón y el menor de los Dixon se dio de bruces con el cuero del asiento. – Escoria…- Cerró la puerta con violencia y se metió en el asiento tras el volante.
Daryl resoplaba furioso, intentando incorporarse en el asiento ayudándose con los hombros y las rodillas para así poder sentarse. Estaba seguro que el imbécil que le había esposado se había saltado la mayoría de los protocolos de la policía, pero no esperaba algo diferente. Todos eran iguales. Unos estirados que se creían superiores a cualquier otro ser humano cuando eran tan capullos como cualquiera de los que estaban en aquel bar. La diferencia entre unos y otros es que llevaban una placa y tenían permiso de armas.
Hincó los dientes en la tapicería logrando por fin clavar una rodilla en el asiento y erguirse en él. La sonrisa que se formó en su cara desapareció al golpearse de lleno su mejilla contra la mampara metálica que le separaba del policía.
- Me caguen la…- Podía sentir un fino hilo de sangre descender por su sien hasta morir en el cuello de la camisa.
- Un gato se cruzó en la carretera, lo siento colega.- Se disculpó el policía con falso tono de disculpa.
- Que te jodan.- Espetó Daryl en un murmullo, echándose hacia atrás con fuerza, acomodando sus muñecas esposadas entre su espalda y el asiento.
Clavó su mirada en la hilera de farolas iluminadas que volaban a la par que el vehículo aceleraba hacia la comisaría local. Su respiración acelerada parecía ir apaciguándose a medida que se alejaban de aquel bar. Agitó la cabeza y apoyó su pie derecho contra el asiento delantero.
Sabía que debía estar preocupado por lo que pudiera pasar cuando llegaran a la comisaría. No había calculado realmente que la situación se le fuera de esa manera de las manos pero, no se arrepentía. Aquel imbécil había estado buscando pelea desde el instante en que había puesto un pie en el bar. Él simplemente se había presentado voluntario para mandarle a tomar por culo esa noche.
No era su estilo, parecía más bien una de las tantas riñas de su hermano Merle. Rascó la frente contra el cristal ahogando un suspiro. Parecía que en el fondo Merle y él no eran diferentes.
Las luces de la comisaría le arrancaron de sus ensoñaciones. El policía abrió la puerta y tironeó de su brazo, obligándole a salir casi perdiendo el equilibrio por la brusquedad del gesto.
- ¡Más cuidado, joder!- Se quejó ganándose un meneo que le empujó contra la valla metálica que protegía las escaleras de la entrada.
- Hoy no es mi día, colega.- Se disculpó el policía una vez más abriendo la puerta de la comisaria, deslizándose ambos por el hueco.- Te traigo a quien ha comenzado la pelea en el bar de Jameson.- Comentó el policía al agente que estaba en la entrada.
- Yo no he iniciado una mierda.- Dijo con tono hosco, deshaciéndose de la mano que se había aferrado a su brazo, quedándose de pie frente a ambos policías, su mirada en todas partes menos en ellos.
- Eso ya lo veremos.- Dijo el hombre con bigote absurdo y gafas de pasta tras el mostrador.- Llévalo a la sala 2, Jones no tardará en pasarse por allí.
- Vamos, artista.- Le espetó el policía empujándole hacia el pasillo que llevaba a las salas de interrogatorios.
Daryl estiró los brazos contra la mesa metálica agradeciendo momentáneamente que le hubieran quitado las esposas, dejándole solo en la sala. Se frotó las rozaduras en ambas muñecas, ahogando un siseo al rozar la piel rasgada por el metal.
Sus ojos pasearon por la sala, terminando por clavarse en el cristal de espejo frente a él. Agachó la cabeza y se reclinó ligeramente sobre la mesa con los hombros encogidos y la mirada en sus manos sobre la superficie metálica.
La piel de sus nudillos estaba rasgada, rota y salpicada del rojo de su propia sangre y de quienes habían sido víctimas de ellos. Rozó con la yema de sus dedos izquierdos las heridas en su mano derecha, apretando con fuerza la más profunda en su dedo anular. Su mano se cerró en un puño al par que sus ojos, su respiración se aceleró por unos segundos.
La puerta se abrió y Daryl se ladeó en el asiento, mirando de soslayo a quien acaba de ingresar en la sala. Camiseta negra, pantalones vaqueros, placa sujeta en el bolsillo de su pantalón a la vista de cualquiera. Un puto capullo orgulloso de serlo. Daryl clavó de nuevo su mirada azul en sus manos, prestando su total atención a ellas.
- No tengo el placer de conocerte, a tu hermano en cambio sí.- Dijo el policía tomando asiento en la silla al otro lado de la mesa frente a él.- Merle y Daryl Dixon, hijos de Will Dixon.- Las uñas de su mano derecha se clavaron en el interior de su palma. – Me estaba preguntando cuándo harías una aparición por aquí.- El cazador mantuvo el silencio a pesar del tono condescendiente y socarrón del policía. No iba a caer tan fácilmente en su juego.
- Conozco mis derechos, no pienso abrir la boca a menos que haya un abogado delante.- Murmuró con veneno en la voz sin mirarle a la cara.
- Acabas de hablar, ¿no? ¿O tal vez me lo he imaginado?- El agente rio, sacó un cigarrillo de su paquete y lo dejó sobre la mesa. La mirada de Daryl se posó en el paquete.- Mi compañero Parks cree que tu hermano y tú sois la misma escoria que se esconde en los bosques de este estado haciendo el gilipollas.- Daryl apuñó las manos y alzó la mirada hacia el policía. Éste sonrió de medio lado con el cigarro encendido sujeto entre los labios de forma precaria.- Pero yo discrepo con él.- Chasqueó la lengua, reclinándose en el respaldo de la silla, ambas manos entrelazadas contra su estómago. Se giró en la silla clavando su mirada en la cristalera a su espalda.- Le he dicho al muy capullo que… tú eres peor.-El policía ignoró la ira velada en los ojos de Daryl fijos en él.- Tu hermano tiene la excusa de que es un puto drogadicto, ¿pero tú? Lo tuyo es gratuito, colega.- Remató con una risa, mirándole por fin.- Corrígeme si me equivoco.- Daryl se mordió el labio y guardó silencio.- Me lo imaginaba…- El policía dio otra calada a su cigarrillo, el humo acabó estrellándose contra la cabeza gacha de Daryl.
El menor de los Dixon sentía el corazón palpitando a toda velocidad contra su pecho. "Tú eres peor…" El muy imbécil no le conocía, no sabía una mierda de él y se atrevía a juzgarle de esa manera. "Lo tuyo es gratuito" ¿Qué cojones sabía ese tío de él? ¡Era la primera vez que acababa detenido en la comisaría, joder! ¡Y por una puta pelea en un bar! ¡A la mierda!
- Pensaba que Merle era la viva imagen de vuestro padre pero…- silbó de forma prolongada- puede que tú te lleves la palma, Daryl.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Daryl se levantó como un resorte de la silla. Rojo. No veía nada más. Sólo le veía a ese inútil y su bocaza enorme que no sabía mantener cerrada.
Un brazo se cruzó contra su pecho con firmeza, obligándole a alejarse del agente Jones quien permanecía sentado con calma en su silla ajeno a sus aspavientos y gritos. Un cuerpo firme bloqueó el suyo contra la pared, un brazo se clavó contra su esternón mientras el otro bloqueaba su hombro.
- ¡Suéltame, maldito imbécil!- Le espetó Daryl al rubio que había logrado placarle.
- ¡Será peor si lo hago!- Le aseguró él, luchando por mantenerle a raya. Daryl se revolvió de nuevo pero no podía hacer nada, aquel maldito retaco podía con él.- ¿Te vas a estar quieto o tendré que volver a esposarte?- Le espetó con furia apoyándose más contra él, Daryl se encogió en el acto siendo consciente del peso sobre él, de la cercanía. – No le des la razón.- Daryl tragó grueso, sus ojos abandonaron la sonrisa sardónica de Jones clavándose en el mar calmado de los ojos del agente frente a él.- No sois la misma persona.
Varios minutos pasaron tras las palabras del agente Parks hasta que Daryl se tranquilizó y aseguró que no intentaría arrancarle la cabeza de cuajo el chulo de su compañero. Parks arrastró su silla para que tomara asiento de nuevo en la silla e indicó a su compañero que le acompañara al exterior de la sala.
La puerta no tardó en abrirse dejando pasar esta vez a Parks sólo con un vaso de agua que dejó frente a él.
- Es sólo agua. No hay razón para que no la bebas.- Le aseguró el rubio sentándose en la silla antes ocupada por su compañero. Daryl deslizó el vaso hacia uno de los extremos de la mesa, arrastrándolo con el dorso de la mano.- Como quieras…- Dijo con voz cansada el policía, revolviéndose el pelo.- Voy a ser honesto contigo. Los tíos con los que te peleaste no han dicho una sola palabra a favor o en contra tuya. Una de las camareras nos ha explicado la refriega en la que se metieron a cuenta de una de las mesas antes de que tú metieras el morro. – Daryl le escuchaba en silencio, intentando prever a dónde quería ir el tío con tanta cháchara.- Es más, tengo entendido que se tiraron encima cuatro a la vez.- Sonrió con cierta admiración.- Parece que no se te da mal defenderte…- El cazador bajó la mirada hacia sus manos.- La cuestión es que, aunque ellos no digan nada, todos sabemos que no te puedes largar de aquí, así como así… Y menos después de que casi le partas la cara a mi compañero.
- Si supiera mantener la boca cerrada, no habría pasado nada.- Siseó Daryl mirándole de soslayo sin levantar la cabeza.
- ¿Sabes por qué creo que no eres peor que Merle?- Daryl ignoró su pregunta y miró hacia la puerta de la sala, deseando que se abriera y una fuerza invisible le absorbiera, sacándole de allí. – Tu hermano es violento por naturaleza, le gusta buscar pelea… Disfruta pegando hostias a la gente y poniéndose hasta arriba de meta o de lo que pille.- Daryl se pasó la mano por debajo de la nariz, rascándose el labio mirándole con mirada airada.- Pero tú no pareces un yonki.
- Esas mierdas no sirven de nada…- Dijo revolviéndose incómodo en el asiento bajo la mirada del policía.
- Me alegra ver que piensas así. – Parks se reclinó contra la mesa, sus manos extendidas frente a él.- Yo te creo, pero no convences a Nate.- Señaló con el pulgar la cristalera tras él. Daryl rodó los ojos en un gesto de hastío deslizándose en el asiento hasta casi el borde. – Y tampoco convencerás a muchos con esos… arranques de ira que tienes.
- Yo no…- El policía alzó una mano mandándole callar.
- Te vas a ir de aquí con cargos, eso te lo aseguro,- gesticulaba con ambas manos, enfatizando cada una de sus palabras- si no es uno, será otro quien termine echándote el muerto de lo que pasó o te denuncie por lesiones, conducta violenta contra ciudadanos o funcionarios, y si eso pasa, el estado decidirá meterse de por medio. Tienen mucho tiempo libre últimamente.- Daryl apuñó una mano contra su boca, apretando los labios en una fina línea. – Si fuera tú, me preparaba e intentaba relajarme un poco para el día de la citación.
- Yo no empecé la pelea.
- Te creo, pero no es a mí a quien tienes que convencer, Daryl Dixon.- El hombre miró al agente en silencio.- Relájate o acabarás en la cárcel compartiendo celda con tu hermano tarde o temprano.
¡Buenas noches a todo el mundo! Al final me he animado a subir la primera entrega de "Namaste" en este crack!fic. La tengo escrita desde hace meses realmente pero hasta ahora no me atrevía a subirlo jajaja He intentado captar ese carácter arisco del Daryl que pudimos ver al inicio de la primera Temporada y multiplicarlo un poco para mis fines :) Perdonad si alguno de los hermanos está algo fuera de su tiesto habitual.
Como decía al inicio, el trabajo tardará algo más en aparecer pero... Creo el proceso hasta conseguirlo, merece ser contado.
Cualquier cosa, ¡ya sabéis dónde encontrarme! Sugerencias, invocaciones, peticiones, opiniones: un review gratuito.
Nos leemos,
Ekhi
