Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.
Advertencia: Lenguaje, uniformes, cadáveres, sueños recordatorios a modo de flashback...
Do not cross the line
Su cabeza estaba en cualquier parte excepto entre esas cuatro paredes de hormigón y las rejas abiertas que intentaban darles una sensación de privacidad, de seguridad. Pasó la yema de su dedo pulgar por encima de sus cejas, de izquierda a derecha, sus ojos fijos en los muelles del colchón de la cama superior.
Era irónico que se encontrara a ese lado de la puerta y no al contrario como había sido habitual en el mundo de antes. Pero, tal vez, sí que el mundo había cambiado y ese colchón era el lugar que le correspondía.
Se mordió la piel levantada de su labio inferior recordando el rostro de la joven rubia cuando le había dado la mala noticia. Recordaba su mirada, sus palabras… Y le recordaba a él. A Zach y su curiosidad de crío de 5 años, a él y sus ganas de saber, de conocerle o simplemente de matar el tiempo a costa de otros. Pero sobre todo recordaba la risa de Michonne, incrédula, como si hubiera dicho el mejor chiste de la historia al imaginarle a él con una placa.
Cerró los ojos recordando las palabras de la morena. Parpadeó calmado en la penumbra y silencio del bloque pensando en que no tenía por qué sorprenderse si cada vez que alguien le ligaba a él con la ley era para colocarle un par de esposas en las muñecas.
Rio quedo en la oscuridad pasándose el dedo índice por los labios, recordando la única vez en la que terminó con las esposas puestas. Fue en la Academia cuando aún era un novato y el capullo de su compañero pensó que sería divertido aprender a colocarle las esposas a alguien, olvidándose de la llave para soltarle después. El Capitán acabó montándoles una bronca mientras Richard, así se llamaba el inútil de su compañero, agachaba la mirada; y Daryl hacía un repaso mental de lo que tenía en la nevera pensando en pasarse por la tienda de ultramarinos después de las clases.
En su momento pensó en tirar la toalla más de una vez, odiaba estudiar, odiaba los tests de aptitud aunque las prácticas de tiro… ¡Eso sí que estaba de puta madre! Había algo casi excitante al poder descargar el cargador de un arma sin escuchar las sirenas de la policía o sin terminar con una bala en la sien que lo lanzara al asfalto. Sabía que el resto de compañeros le miraban por encima del hombro, como si fuera escoria, como si no fuera nada, como si realmente estuviera en el lugar equivocado. Un par de golpes, y unas cuantas palabras de las que Merle habría estado orgulloso de haberlas oído, y a partir de entonces todo fue como una balsa de aceite. Se centró en las clases, en memorizar datos y en no cagarla antes de tiempo.
Se giró sobre el colchón reacomodando la almohada bajo su mejilla derecha. Escuchó el silencio roto por breves pasos y la suave voz de Beth cantando con suavidad a la pequeña Grimes para que volviera a conciliar el sueño sin levantar a todo el mundo. Escuchó su voz a la par que cerraba los ojos, dejándose llevar por la calma de la canción.
"Una carpeta amarilla aterrizó sobre su escritorio, varias fotografías salieron disparadas desperdigándose sobre los papeles que ya sumían en un ligero caos su mesa. Frente al bote lleno de bolígrafos mordisqueados y una navaja, se podía ver en brillantes letras doradas: Detective D. Dixon.
Merle se había mofado de él hasta la extenuación cuando le visitó un día y vio su mesa con su nombre en ella. "Ya puedes decir que eres dueño de algo, hermanito", le dijo su hermano mayor dándole una palmada que casi lo tira de la silla donde estaba sentado. Tuvo que hacer verdaderos esfuerzos por no pegarle un codazo en sus partes nobles, era lo más a mano que tenía de él.
- Tenemos un nuevo caso, chicos.- Les comentó el Capitán mirándoles a ambos, Daryl y su compañero desde la Academia, Richard.
Sí, no había logrado librarse de él durante el proceso de selección… A esas alturas, comenzaba a tolerar con bastante facilidad su presencia, sus preguntas y su sonrisa habitual cuando aparecía con dos cafés en la mano, uno para él.
Richard cogió los papeles del informe preliminar mientras Daryl se dedicaba a echar una ojeada al set de fotografías como hacían siempre. Ambos podían revisar cualquier elemento del informe, pero siempre terminaban repartiéndose el trabajo de esa manera.
Daryl alzó la vista de las fotografías al ver que el Capitán seguía junto a sus mesas. Le miró expectante, esperando una respuesta a su comportamiento. Masters tomó asiento en la esquina de su escritorio, apartando con el muslo varios informes pendientes de terminar y firmar para ser entregados. Aquel gesto atrajo la atención de los dos detectives quienes volvieron su atención hacia él.
- No es seguro pero…- Les miró con gesto serio.- Puede que estemos ante un asesino en serie.
Los dos hombres intercambiaron miradas silenciosas. ¿Un asesino en serie, allí? Bueno, parecía que era una práctica que iba proliferando cada vez más a lo largo del país, y más en verano. No había una razón aparente para la estacionalidad de los sucesos, quizá el calor volviera loca a la gente, o el frío les obligara a recluirse junto a las chimeneas de sus casas invitándoles a no salir a la calle. Fuera lo que fuese, era una putada igualmente.
- Éste…- Depositó otra carpeta sobre la ya abierta.- Es un caso de hace cinco años y…- Señaló un montón de papeles de la última tanda, su dedo sobre las fechas.- Y esto es de hace dos. El modus operandi es muy similar, marcas de estrangulamiento, tierra arcillosa sobre las uñas, ni una sola muestra de ADN que no fuera de la víctima.
Daryl sujetó una fotografía en su mano derecha, sus cejas se fruncieron nada más ver el rostro de la víctima.
- Sí, sólo tenía 12 años.- Dijo con calma el Capitán.- Creemos que fue la primera de todo esto.
Daryl le escuchaba en silencio observando el perfil de la niña de la fotografía. Pelo castaño, media melena y lo que parecían haber sido unos vivos ojos marrones. Exhaló un suspiro, días como ese odiaba con todas sus fuerzas su trabajo y a la vez lo adoraba porque podía encerrar a unos cuantos desgraciados, asegurarse de que no volvieran a ver la jodida luz del sol.
Podían verse las marcas amoratadas de dedos en su cuello, los puntos rojos en los ojos oculares fruto de la asfixia, el tono azulado de su boca infantil entre abierta.
Se llevó el pulgar a la boca buscando la calma en ese escenario que se desarrollaba en su mente, recreando la escena, imaginando cómo fueron sus últimos minutos de vida con su mirada fija en la de su asesino. ¿Llevaría un pasamontañas? ¿Habría sonreído al hacerlo? ¿Habría disfrutado? Seguro que sí, puto enfermo de los cojones…
- En los papeles están los nombres de los detectives que llevaron los otros casos. Seguro que os son de ayuda.- El Capitán se levantó echándoles un último vistazo.- La dirección de la última víctima está en el informe que tienes tú Summers, ya he avisado de que probablemente os paséis por allí. Los agentes que llegaron primero os estarán esperando.
- ¿Vamos?- Preguntó Daryl poniéndose en pie guardando la placa en el bolsillo de su pantalón y cogiendo la chaqueta de cuero del respaldo de su silla.
Richard siguió sus pasos fuera de la comisaria alzando la vista al cielo plomizo que parecía amenazar lluvia.
- Espero que hayan recogido cualquier rastro antes de que la tormenta lo arruine todo.- Murmuró el pelirrojo bajando la escalinata hacia el vehículo.
- Mueve tu culo, Summers.- Le apremió Daryl esperando a que abriera el coche con el mando de las llaves y así colarse en el asiento del copiloto.
Rodaron por las calles de Atlanta en dirección sur donde había sido encontrada su última víctima. Mientras esperaban en uno de los semáforos que les separaba de su destino, Daryl ojeó el informe sobre sus piernas.
- Lauren Creek.- Dijo en voz alta mirando la fotografía de la joven.- 26 años, soltera, trabajadora de una tienda de ropa en el centro.- Leyó en voz alta los pocos datos que les habían dado.- Nada ni nadie vio nada. Qué raro…- Dijo con sorna sacando un pitillo de la cajetilla de tabaco sin quitarle ojo de encima a los papeles. – Cuando acabemos con la escena del crimen tenemos que pasar por la morgue.
- Lo que tú digas, Dixon.- Dijo Richard apoyando el codo en el hueco de la ventanilla bajada.
Pocos minutos después Richard aparcó junto a la línea de plástico que marcaba que allí había ocurrido un homicidio a pesar de la ausencia del cadáver. La mancha de sangre sobre el asfalto, ya seca y absorbida por la grava, daba fe de que aquella línea no estaba allí por mera decoración.
Junto a la baliza amarilla dos agentes de uniforme les esperaban enfundados en sus uniformes.
- ¿Los Detectives Summers y Dixon?- Preguntó uno de ellos con los pulgares colgando del cinturón. Richard se adelantó dándoles la mano a modo de saludo.
- Yo soy Summers, éste es Dixon.- Dijo indicando con un gesto de mentón a Daryl quien tras apagar el pitillo, se coló bajo la banda ignorando las formalidades.- Es un poco antisocial.
- Te he oído capullo.- Comentó entre dientes el hombre agachándose frente a la mancha de sangre en el suelo.
Sus ojos recorrieron el escenario, cada piedra movida de sitio, cada salpicadura que aún perduraba en el asfalto, cada roce. Se irguió de nuevo mirando el suelo y el escenario que les rodeaba. Casas, algunas de ellas vacías.
- ¿Volvía a casa del trabajo?- Les preguntó a los agentes observando la escasez de iluminación en esa parte de la calle.
- Sí, había salido de trabajar y regresaba a casa. Una compañera suya dijo que llevaba ahorrando un dinero para comprar un coche de segunda mano.
Daryl clavó sus ojos de nuevo en la mancha del suelo y en la fina línea de tiza que no tardaría en desaparecer bajo la lluvia que amenazaba desde lo alto. Richard se acercó a él y dio varios pasos en dirección contraria poco después, alejándose de la escena.
- ¿Estrangulamiento, no? – El agente asintió.- ¿Se llevó algo, dinero, joyas, teléfono…?- Enumeró Daryl mirándole de soslayo.
Nada, su bolso estaba intacto. Cosa sorprendente la verdad por esta zona.
El detective asintió recordando las veces que habían sido llamados para cubrir incidentes en esa parte de la ciudad.
- Nadie vio nada…- Se alejó de la zona acotada y echó un nuevo vistazo a la calle.- No hay cámaras que puedan haber captado lo ocurrido. De puta madre.- Masculló entre dientes rascándose la nuca. No iban a sacar mucho de ese lugar.
- Interrogamos a varios de los que viven por la zona. Solían verla pasar a diario de camino al trabajo o a casa.- Comentó uno de los agentes señalando una de las puertas más alejadas de la calle.- El tío del segundo piso afirma no haber escuchado nada a la hora en la que el forense estima que fue asesinada.
- Seguro que estaba acojonado porque quisieras registrar la casa y encontrar su alijo de crack o lo que sea...- Murmuró para sí Daryl volviéndose hacia Summers.- ¡Hey! Ve con ellos a hablar con quienes estaban en casa cuando ocurrió todo mientras doy una vuelta por la zona.
- A sus órdenes, milord.- Dijo con ironía Richard echando a andar con los dos policías mientras Daryl volvía sobre sus pasos y caminaba en sentido contrario el camino que se suponía Lauren había recorrido.
Mientras Summers se entretenía llamando puerta a puerta Daryl intentaba imaginar el andar de la chica por la calle, despreocupada, confiada al andar por un camino conocido aunque no fuera el más recomendable.
Se detuvo en seco y se colocó de cuclillas junto a una breve porción ajardinada de acera con una papelera rebosante de basura. Ladeó el rostro identificando varias colillas consumidas en el interior de la papelera, un paquete de tabaco arrugado. ¿Tal vez no había sido casual y el sujeto le había estado esperando allí consciente de que Lauren era una criatura de costumbres? Sacó un pañuelo del bolsillo y sin tocar los filtros cogió varios guardándolos a buen recaudo en el pañuelo y éste en su chaqueta. Quizá en el laboratorio tuvieran suerte y encontraban algo. O quizá estaba dando palos de ciego.
Tenían que ir a ver el cuerpo de la víctima, conocer el informe completo del forense y no el preliminar que les habían entregado.
Sacó el teléfono del bolsillo y marcó el número de su compañero.
- No tienes que andar vendiendo Biblias a domicilio, Summers, tienes que saber si lo que dijeron en un primer momento a los policías era cierto o no- Le dijo para que se diera prisa.
- Sé cómo hacer mi trabajo, capullo.
Daryl se llevó un nuevo cigarro a los labios y lo encendió echando un vistazo a las ventanas del edificio en el que había entrado su compañero. No tardó en dar con él en una de ellas.
- Te espero en el coche en 15 minutos.- Dijo cortando la llamada acercándose al coche aparcado.
Se apoyó en el lateral del maletero, su mirada azul fija en la mancha oscura del asfalto. Se reclinó sobre el coche y observó con calma consumiendo el cigarro, cómo el gris del cielo adquiría un tono más amarillento. Exhaló el humo, aspirando el inconfundible olor que precede a la lluvia. Un trueno resonó con violencia en la lejanía."
Daryl abrió los ojos como un resorte con la respiración ligeramente acelerada. Unos segundos después un nuevo rayo rompió la quietud de la noche en la prisión.
Se giró de nuevo sobre el colchón y cerró los ojos abrazándose a la almohada, el rostro amoratado de Lauren Creek junto a tantos otros esperándole en su mente nada más hacerlo.
Obviamente este oficio debía salir tarde o temprano, teniendo en cuenta que fue uno de los que salió en la serie y que Daryl negó con ironía a Zach. No sé vosotras pero yo echo de menos al chaval, y creo que Daryl un poco también jejeje
Éste capítulo (aunque no ha sido el mejor, lo sé) se lo dedico a todas y cada una de las personas que en algún momento han leído alguno de los capítulos, hayan dejado constancia o no de su paso por aquí. Gracias por vuestro seguimiento desde las sombras de cualquier país del que "me visitéis".
Me voy fuera unos días, a ver si vuelvo con las pilas recargadas para subir algún oficio más pronto :)
PD: Perdonad las erratas ^^'
