Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.

Advertencia: Debussy, ataúdes, recuerdos agridulces, lenguaje...

Perdonad las erratas ya no rijo mucho a estas horas...


Claire de Lune

Cerró los ojos unos instantes tras apartar sus ojos de su melena rubia recogida en una coleta. Podía visualizar sus gráciles dedos danzando por encima de las teclas, presionándolas con delicadeza consiguiendo así arrancar las notas correctas de la canción. La suave voz de Beth acompañó a la imagen mental de ella sentada en ese taburete, su inseparable trenza en el pelo, sus grandes ojos entornados cuando la música lograba cosquillearle por dentro.

Daryl apretó los labios, su dedo pulgar descansaba sobre su pecho. Su cuerpo estaba en aquel lugar pero su mente estaba en otra parte, en otro momento lejano en el tiempo.

La nítida imagen de la pequeña del clan Greene fue mutando de forma paulatina, sus extremidades aparente frágiles fueron cobrando más fuerza, volumen. Su pelo rubio se oscureció ligeramente, sus ondas se vieron modificadas, su rostro angelical adquirió un cariz más duro pero igualmente suave. No veía más que su perfil sentado frente al viejo piano, sus manos deslizándose por el teclado de un extremo al otro. Sus labios se movían con suavidad al par que la melodía entonando una letra que sólo ella conocía, y él cuando le acompañaba en esas extrañas tardes en que nadie más ocupaba la casa. En momentos como ese, cuando volvía su rostro hacia él, sus ojos claros brillantes por la luz que se colaba por la ventana, por compartir ese momento con él; el niño que una vez fue no se resguardaba por completo bajo el escudo de su largo flequillo, o tras una sonrisa mordida y escueta. Sus labios se curvaban con más libertad, casi mostrando el blanco de sus dientes y la claridad de sus ojos azules.

Ella era quien le había acercado por vez primera a la música, a un instrumento, a uno de esos aparatos que no servían más que para ocupar espacio, polvo y del que no podían obtener ningún beneficio (hasta que su padre lo destrozó por completo usándolo como combustible para una hoguera). Se había convertido en un secreto compartido por los dos, uno de esos momentos que lograban forjar una relación más estrecha entre madre e hijo, una de esas cosas que conseguían que el recuerdo de ella aunque en un primer instante fuera robado por su fin entre las llamas, no fuera empañado por completo al escuchar el más mínimo atisbo de música y le hiciera recordar todas esas noches entre acordes, pentagramas, claves de sol y notas sostenidas.

Para cuando volvió a abrir los ojos Beth había dejado de tocar y parecía haber desaparecido en alguna de las habitaciones superiores al escuchar el crujido de tablas sobre su cabeza. No recordaba haberle escuchado marcharse o detener su canción, y mucho menos desearle las buenas noches.

Hincó el codo en el interior del ataúd y miró el brillo que las velas arrancaban a la superficie de madera del piano. Volvió su vista hacia la puerta que llevaba a las escaleras del piso superior. No veía ninguna sombra, ningún ruido. Beth parecía haberse recostado e intentado conciliar el sueño.

Intentando no hacer ningún ruido, Daryl pisó el firme suelo de nuevo al saltar del interior del ataúd. Se quedó de pie a escasos metros de distancia del instrumento, alternando su mirada entre el taburete, el teclado descubierto y la puerta a su espalda.

Abrió y cerró ambas manos sintiendo ese inconfundible cosquilleo que creyó jamás volvería a sentir. Esa misma sensación que recorrió sus dedos la primera vez que su madre palmeó el taburete a su lado, instándole a tomar asiento y así enseñarle a tocar aquel destartalado piano.

A sabiendas de que no iba a poder alejarse de él sin rozar con la punta de los dedos, se acercó a la puerta y la entornó al máximo posible, no arriesgándose a cerrarla por completo. Podría pasar cualquier cosa, Beth podría necesitar ayuda en algún momento y…

Desanduvo la distancia interpuesto y en menos de 10 zancadas, tomó asiento en el taburete frente al piano.

Su mirada se paseó por as piezas de marfil, disfrutando del fulgor que la luz de las velas arrancaba al rozarlas de forma tenue. Acercó su mano derecha tentativa, rozando las teclas sin llegar a presionarlas lo suficiente como para arrancar una nota.

Apartó la mano y la entrelazó con la izquierda contra su regazo, su labio inferior presa de sus ansias de tocar todas y cada una de las teclas y conformar la melodía que con tanta paciencia y ahínco su madre le había enseñado siendo un niño.

Miró una vez más por encima del hombro, inspiró hondo y extendió sus dedos sobre el teclado. Cada uno de ellos en la posición correspondiente para comenzar a tocar.

La primera nota era sencilla, la cadencia de la melodía pronto volvió de sus recuerdos al presente ayudándole a no equivocarse, a no tropezarse con sus propias ganas de terminar la pieza y continuar con otra.

Había algo en esa canción que siempre le había gustado aunque gente como su padre, de haberlo sabido, le habría cerrado la tapa del piano en los dedos. Ningún Dixon iba a ser un marica tocando un puto piano.

Varias notas rompieron la armonía creada hasta el momento pero pronto recuperó la compostura y el rostro, la cercanía, los ánimos, el roce de los dedos de su madre sobre los suyos contrarrestó cualquier presencia oscura y nefasta que pudiera querer alojarse en su mente en esos instantes.

Entornó los ojos hasta cerrarlos por completo, sus manos, su cuerpo moviéndose al par de las notas. Su mente rellenaba los huecos que el piano no podía llenar sólo con violines.

El último movimiento llegó casi con tanta rapidez como con la que había comenzado sumiendo la sala en un nuevo silencio, uno más cómodo, diferente.

Exhaló el aire con calma escuchando el crepitar de las velas, su propio pulso más relajado que nunca, su respiración casi silenciosa. Apartó las manos del teclado apoyándolas sobre sus rodillas, una suave sonrisa formándose en sus labios con sus ojos clavados en el instrumento frente a él.

- No sabía que supieras tocar…- Daryl se tensó al escuchar la voz de Beth a su espalda.

¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Cuánto había escuchado? ¿Qué quería decir con eso, que alguien como él no podía tocar un maldito piano?

- Era Claro de Luna, ¿no?- Preguntó la chica sin moverse desde su posición en el hueco de la puerta entreabierta contra la que se apoyaba.- Es una canción muy bonita.

Daryl escuchó el susurro de sus pasos acercándose con lentitud por la lesión, a cada paso que daba en su dirección sentía el aire estrechándose a su alrededor. Apuñó la tela de los pantalones entre sus dedos, buscando de nuevo la serenidad que aquel piano había logrado otorgarle una última vez en ese mundo.

- Siempre quise aprender a tocar "Adagio for Strings"…- Beth tomó asiento en una de las sillas de madera que poblaban la sala.- Hay algo en ella que…- Se encogió de hombros paseando su mirada por la sala buscando la forma en la que terminar la frase.

El menor de los Dixon le escuchó suspirar, guardando silencio durante varios minutos. Destensó sus dedos sobre sus rodillas, miró de soslayo con el rostro ladeado en dirección a la chica quien permanecía absorta con la mirada perdida en el ataúd abierto que hasta instantes antes había estado ocupando.

Daryl se humedeció los labios y volvió su mirada de nuevo hacia el teclado.

Estaban ellos dos solos. No sabían si volverían a encontrarse con el resto de su familia. No sabían si sobrevivirían al día siguiente. Tal vez…

Sus dedos hundieron las teclas por iniciativa propia con las primeras notas de la canción mencionada por Beth. No recordaba con tanta claridad la melodía como la de Debussy pero intentó rellenar los huecos por intuición logrando que sonara casi tan perfecta como la original.

Ambos guardaron silencio mientras una canción sucedía a otra, grandes clásicos de Bach, Chopin llenando el silencio de aquella funeraria y dándoles a ellos un breve sosiego a los acontecimientos de los últimos días.

- Ya no…- Daryl carraspeó moviéndose en el taburete, colocándose de medio lado mirándole sin mirarle directamente.- No recuerdo más.

Beth alzó su mirada serena hacia la suya con una sonrisa tranquila, descansada, aliviada y agradecida en los ojos. Sus pequeñas manos se abrazaban entre sí, su cuerpo encogido, mecido por la música escuchada.

- Gracias, Daryl.- Le dijo ella con voz queda casi en un susurro, temerosa por romper con su voz el ambiente creado por el piano. Daryl se encogió de hombros restándole importancia, pasándose una mano por el labio superior en un gesto nervioso. – Tienes talento.- Observó ella mirándole dubitativa.

Daryl dejó escapar una risotada incrédula rascándose el mentón.

- Lo digo en serio. Ha sido…- Beth alzó la mirada al techo, descendiéndola poco después.- Mágico.

- No hay nada de mágico en lo que he hecho, sólo he… tocado unas teclas.- Daryl se puso en pie, frotándose las palmas sudorosas contra la tela del pantalón.

- No todo el mundo es capaz de "sólo tocar unas teclas" como tú.- Comentó la chica intentando esconder una sonrisa que traicionaba con romper la seriedad de su rostro al hablarle.- ¿Quién…?

- Mi madre.- Dijo él en un murmullo clavando sus ojos en el suelo de madera.- Siempre… andaba escuchando música y… Tuvimos un piano durante un tiempo hasta que mi viejo decidió usarlo como fogata y…- Se encogió de hombros tirando de los pellejos de uno de sus dedos.

- ¿Te enseñó los clásicos?- Daryl asintió mordiéndose el labio inferior.- Tenía buen gusto.- El hombre asintió.- ¿Te enseñó algo más?

- No tuvo tiempo.- Dijo él en voz baja. Frunció el ceño, destensándolo instantes después.- Cuando… él ya no estaba y Merle andaba…- Gesticuló con su mano.- Durante unos meses estuve… Tocando en un local, varios pueblos más allá de donde me quedaba entonces.- Beth alzó las cejas sorprendida con la curiosidad pintada en sus irises claros. – Me sacaba unos pocos dólares cada noche pero…- Se encogió de hombros acercándose al piano, su espalda hacia la chica, sus dedos de nuevo sobre las teclas, rozándolas con una suavidad que parecía reservada sólo para él.- No me importaba el dinero.

- ¿Tocabas sólo?- Se atrevió a preguntar Beth.

- Al principio, luego apareció más gente y tocábamos juntos los fines de semana.- Asintió para sí recordando aquellas noches con un whisky sobre la tapa del piano y un pitillo encendido entre sus labios o apoyado en el borde del cenicero.- La mayoría eran piezas de jazz.

- ¿Tocarías una?- La voz de Beth era un susurro pero Daryl la escuchó con facilidad.- No tiene que ser ahora ni… Si quieres claro no tienes que…

- ¿Alguna petición en especial, Greene?- Preguntó el cazador haciendo crujir sus dedos tomando asiento una vez más en el taburete frente al piano, su rostro vuelto hacia el de la chica quien sonreía ampliamente. Beth negó con la cabeza, su coleta meciéndose de un lado a otro de su cabeza con el movimiento.- Bien, entonces…- Daryl se humedeció los labios, entrecerró los ojos repasando mentalmente todas las piezas que recordaba.- Hay una que a Steven siempre le gustaba tocar…

Sus dedos comenzaron a moverse sobre el teclado recreando la vieja melodía que durante tantas noches había repetido una y otra vez años atrás.

Beth siguió la melodía que él marcaba, uniéndose a ella con el repiqueteo de la puntera de su bota sobre el suelo. Cerró los ojos con sus manos agarradas al borde del asiento, mientras dejaba que su mente siguiera el camino mostrado por la canción que Daryl tocaba sin apenas titubear, recreando en su cabeza imágenes de lo que aquella melodía quería contarle; imaginándose a un Daryl más joven rodeado de otros músicos, subido a un escenario envuelto en el humo de puros, cigarros y alcohol disfrutando del recuerdo de su madre y forjando otros nuevos, que le habían llevado a sentarse en ese taburete en mitad de la noche en aquella funeraria para recuperar aquellas sensaciones.

La chica sonrió ante el giro inesperado en uno de los movimientos y la agilidad que demostraba Daryl al teclear sin perder el ritmo ni entonar una nota fuera de lugar.

Sí, tenía talento.


Ayer en cuanto terminé el anterior capítulo anoté la idea de este que más o menos estaba ya fraguada pero ya lo vi con algo más de claridad. Sé quien habrá que piense que Daryl tocando un piano sería como ver a un chimpancé haciendo ganchillo pero... A veces, las apariencias engañan, ¿no? Nunca se sabe.

La canción del título de este capítulo es de la canción de Debussy "Claire de Lune" o Claro de Luna, es una pieza muy mítica al piano.

Espero que os haya... ¿gustado?

Os veo en el siguiente posible oficio Dixoniano.