Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.
Advertencia: ¿Pre-slash? ¿Slash? No lo sé, pero hay cierto… roce hombre-hombre así que si no es lo que buscáis, no sigáis leyendo. Ropa que vuela, escasez de la misma, bailes, ¿rombos?, seducción, zapatos de tacón… Añadidos: no apto para cardíacos, no leer antes de dormir, si dices tres veces rickyl delante de un espejo corres el riesgo de que aparezca Daryl como en este capítulo, pensamientos impuros, babas...
La idea mutó desde su origen, iba a ser algo diferente pero tras encontrar un dibujo en Tumblr (que no tiene desperdicio), cambié de "ruta" y terminó saliendo esto.
Perdonad las erratas y la "recreación" como le llama Cass jajaja No pude evitarlo *-*
*Corre a esconderse tras el sofá*
Shut up and watch
La idea era simple, sencilla. Acercarse al campamento y en el momento idóneo, saquear sus suministros y desaparecer entre los árboles prácticamente igual que como habían aparecido.
Merle les había descubierto en uno de sus paseos vespertinos que no auguraban nada bueno y que dejaban a Daryl preguntándose a dónde diablos se iba su hermano. Pero era mejor no preguntar, era más sencillo agachar la cabeza y seguir sus órdenes.
Actuaron con total normalidad, como si no les hubieran estado vigilando durante un par de días para saber exactamente qué respuesta podían encontrarse una vez aparecieran. Condujeron su vieja camioneta, la moto de Merle en la cama de la misma bien sujeta; el mayor tras el volante y Daryl con el brazo derecho asomando por la ventanilla, cigarro entre los dedos, en el asiento del copiloto.
En cuanto pisó el freno al ver al grupo congregarse ante la llegada de un coche extraño, ambos hermanos intercambiaron una mirada silenciosa y descendieron del vehículo. Merle en primer lugar con una sonrisa que pretendía invitar a la animosidad, Daryl con la mirada ligeramente gacha y el ceño fruncido. Sus ojos azules tomando nota de cada uno de los supervivientes que conformaban el grupo. Había varios hombres, dos niñas y dos niños, de los cuales uno de ellos, en cuanto notó la mirada de Daryl sobre él, echó a correr hacia una mujer.
Los ojos de Daryl retrocedieron de forma repentina hacia los rostros de los hombres que formaban el campamento.
- Joder…- Masculló Daryl sintiendo el aire atascarse en su garganta al clavar sus ojos en los oscuros de él.
El hombre pareció molesto, casi cabreado en un principio por su mirada, pero pronto Daryl percibió cómo el reconocimiento hacía mella en sus facciones. Su boca se abrió ligeramente, sus ojos también sorprendidos, sus dedos se cerraron con fuerza en forma de puño, su mandíbula se tensó.
Era el amigo. No cabía duda.
Daryl sintió un calor sofocante ascender por su nuca hasta alcanzar sus mejillas enrojeciéndolas levemente. Sus manos comenzaron a sudar y sintió que el estómago quería retorcerse en su interior.
Intentó tomar aire y mantener la compostura. Merle no podía saberlo. No podía enterarse.
Miró de reojo a su hermano y volvió su mirada poco después de vuelta hacia el hombre. ¿Cómo se llamaba? Se humedeció los labios haciendo memoria.
Acomodó su trasero en la repisa de la ventana abierta. Las rejas impedían que nadie pudiera entrar, pero también evitaban que él saliera por ella. Lo único que se deslizaba por entre los barrotes era el humo del cigarro entre sus dedos y su propia respiración.
Se humedeció los labios y echó una mirada hacia la ventana llevándose el cigarro a la boca. Inspiró hondo sintiendo la quemazón del humo recorrer su garganta, anidándose en sus pulmones como si de garras invisibles y blanquecinas se trataran.
Podía escuchar con total claridad el bullicio de la música a todo volumen, esa clase de música que la primera vez que la escuchó pensó que tendría un ataque epiléptico. Pero no tuvo esa suerte, quizá de haberlo tenido entonces, no se encontraría dónde estaba en ese instante.
Subió la pierna derecha sobre la repisa acomodándola junto a la otra. Cabía en el hueco con cierta dificultad pero necesitaba esos minutos de calma. Su cigarro, el aire fresco de la noche y el casi silencio de su pequeño vestuario.
Apoyó la nuca contra la pared exhalando un anillo de humo con maestría, deshaciéndolo de un fuerte soplido.
Estaba a punto de alcanzar ya el filtro. Lo lanzó por entre los barrotes junto con la última exhalación de humo.
El tic tac del reloj en la pared daba fe de que el tiempo seguía corriendo, en su contra como tantas otras veces. Como tantas otras noches que tenía que ir allí a trabajar.
No había sido fácil en un primer momento aceptar ese trabajo, pero Merle había dado de nuevo con sus huesos en la cárcel y él necesitaba comer y un techo sobre su cabeza. Nimiedades pero que necesitaba aunque lo odiara.
Se frotó los ojos con la palma de la mano, parpadeando con rapidez nada más hacerlo.
Se bajó de la repisa de la ventana de un salto y cerró la ventana a su espalda. Apartó la silla que estaba en el medio y fue directo hacia la pequeña taquilla donde guardaba sus diferentes uniformes de trabajo.
Echó un rápido vistazo buscando el idóneo para la celebración de esa noche. Su jefe, Mike, le había puesto sobre aviso de algunos detalles, pero nada que realmente le sirviera para saber qué podría ser más del agrado de quienes iban allí.
Sus dedos rozaron la tela de uno de los trajes, ladeó el rostro pensativo. Su labio inferior fue presa de sus dudas hasta que al final en un arrebato, sacó el uniforme lanzándolo sobre la silla que antes se interponía en su camino.
Daryl se llevó la camiseta que lucía a la nariz, aspirando con fuerza. Apestaba a tabaco, sudor y… Mejor no pensarlo.
Necesitaba una ducha.
Miró el reloj de la pared. Tenía tiempo.
Tras una ducha rápida, salió del baño con el pelo aún empapado, el calor del local ya se encargaría de secárselo con el paso del tiempo.
Con la toalla anudada a la cintura, se colocó la ropa interior para la ocasión. Se removió inquieto en sus pies hasta que sintió que todo estaba en su sitio. De momento.
Estiró los brazos por encima de su cabeza destensando su espalda, escuchando un leve crujido.
Se deshizo de la toalla y subió un pie sobre el borde de la silla. Cogió la media derecha y la deslizó desde la punta de sus dedos por su pantorrilla hasta la mitad de su muslo. El elástico golpeó la carne en un ruido sordo. De ahí ya no se iba a mover. Se puso la otra media y se miró los dedos mientras los movía en el interior de la tela, testando que no fuera a colarse la fina tela entre ellos al primer paso que diera.
Sacó un cigarro del paquete de tabaco que había dejado tirado por ahí, y se lo encendió sujeto entre los labios. Aspiró una calada y cogió el corpiño de la silla aflojando las cuerdas lo suficiente como para colarlo por sus anchos hombros y poder ajustarlo. Con una mano sujetó el corpiño en su pecho. Mordió una de las cuerdas, mientras tiraba de la otra para apretar la pieza. Anudó ambos extremos de la cuerda en su parte baja y reacomodó el corpiño con varios estirones.
Le dio una nueva calada al cigarrillo y cogió la falda de tablas y estampado de cuadros azules y verdes. La abrochó en su cintura. A penas mostraba unos centímetros de piel desde el final de la media hasta el borde de la tela. Se aseguró de que no tenía ninguna arruga (estaba hasta las narices de que el jefe le resaltara detalles como ese).
Exhaló el humo del cigarro mientras apoyaba una mano en su cadera y observaba con detenimiento la camisa blanca sin mangas. Esbozó una sonrisa de medio lado al ver los hilos desgastados ahí donde las mangas habían sido arrancadas de cuajo.
Colocó el cigarro de vuelta en sus labios y coló sus brazos por el hueco de la manga atando varios botones, pero dejando parte de su pecho al descubierto.
Se colocó frente al pequeño espejo del que disponía y se alejó cuanto pudo para poder ver su reflejo de cuerpo entero en él. De camino hacia la pared del extremo opuesto, se calzó los zapatos de tacón para así ver el resultado final por completo. Giró sobre sí mismo y picó por encima de su hombro su silueta en el espejo percatándose de que faltaba un pequeño detalle para completar el atuendo.
Rebuscó en la taquilla lanzando al suelo lo que no necesitaba hasta que dio con ella, una corbata azul marino.
Cuando se encontraba ajustando las solapas de la camisa sobre la corbata, escuchó a alguien llamar a la puerta y abrirla sin esperar respuesta. (Otro detalle que odiaba de aquel lugar.)
Una cabeza calva le miró con el ceño fruncido.
- ¿Estás ya, chaval?- Daryl le respondió extendiendo ambos brazos para que pudiera examinar su atuendo.- Vamos, te están esperando en la sala 5.
El chico echó un último vistazo asegurándose de que llevaba todo consigo y cerró la puerta a su espalda. Tomó aire y echó a andar por el pasillo de color rojo, iluminado de forma leve por varias lámparas dispuestas estratégicamente.
A pesar de que la música sonaba a todo volumen en el bar y que llegaba a esa parte del local, Daryl habría puesto una mano sobre la Biblia y asegurado que podía escuchar el propio eco de sus pasos sobre el suelo embaldosado. Habría dicho que cualquier cliente podía escuchar su corazón latir apresurado en su pecho. Habría jurado que sus pensamientos eran de dominio público.
Pero se equivocaba.
Se cruzó con una compañera de trabajo quien le guiñó un ojo al pasar por su lado, y aprovechó para darle una palmada en el trasero soltando una carcajada. El vuelo de la falda se hizo evidente con el gesto de la mujer.
- ¡Hey!- Le espetó reacomodando la falda.
Sintió un incipiente calor cubrir sus mejillas pero logró mantener el paso sereno, tranquilo y seguro como hasta el momento.
Se detuvo frente a la puerta en la que un "5" en color negro brillante parecía reírse de él al estar ligeramente descolgado hacia un lado. Se pasó una mano por el pelo, sacudiéndola, deshaciéndose de los restos de agua y giró el pomo con energía.
Tragó saliva de forma imperceptible al encontrarse cara a cara con el grupo de hombres a quien tendría que entretener por el tiempo que habían pagado. Paseó su mirada entre ellos intentando averiguar quién era el que iba a terminar caminando hacia el altar envuelto en algún horrendo traje de pingüino, sacrificándose de por vida para compartir cama con alguna ilusa. Si pensaban que así se evitaban el morir solos, es que eran gilipollas.
Un coro de gritos y vítores junto a silbidos que amenazaban con reventarle los tímpanos, le impidieron seguir pensando con claridad.
Dio varios pasos hacia el interior de la sala escuchando la puerta cerrarse con un suave click y las miradas de todos sobre él.
Se detuvo frente a ellos quienes no apartaban sus ojos de él, recorriéndole de arriba abajo con miradas encendidas y jocosas en su mayoría. Colocó sus manos en sus caderas evitando así llevarse el pulgar a los labios, mordiéndolo levemente para así aplacar los nervios. No era ningún crío. No era la primera vez que se quitaba la ropa delante de un grupo de tíos pero estaba empezando a comprender que, era probable, que esa noche fuera la última.
Adelantó ligeramente un pie, se pasó dos dedos por el borde de uno de los pliegues de la falda y miró de forma sugerente (o eso esperaba) al grupo congregado.
- ¿Quién de vosotros es el afortunado?- Dijo con una media sonrisa fingida y una mano en la cadera.
Varios de los hombres se apresuraron en señalar a un hombre de pelo rizado, que no podría ser mucho mayor que él, y de brillantes ojos azules. El señalado en cuestión, ocultó su risa avergonzada entre sus manos intentando cubrir el resto de su rostro enrojecido.
Daryl se acercó al juego de sillas dispuesto en la sala y adelantó una al centro. Con un gesto de su mano derecha le invitó a que tomara asiento en ella.
- ¡Venga, Rick!- Le animó un moreno de ojos oscuros al igual que su pelo, luciendo una sonrisa socarrona. Le dio un empujón haciendo que el hombre tropezara ligeramente sin llegar a caerse.
Aquello arrancó una oleada de carcajadas entre los presentes. Rick miró a su amigo sin poder evitar sonreír.
- Estate quieto, Shane.- Le dijo entre risas arrastrando sus pies hasta la silla y sentándose tras un breve asentimiento hacia Daryl.
Éste le guiñó un ojo y se colocó a su espalda, ambas manos sobre sus hombros, masajeándoselos levemente. Daryl frunció el ceño y agachó su rostro lo suficiente para hablarle al oído.
- ¿Un día duro?- Le preguntó viendo con cierta satisfacción un leve tono rojizo cubrir las mejillas de Rick, una rojez que no podía atribuir a las copas que se hubiera tomado antes de entrar allí.
El hombre sentado en la silla se encogió de hombros mirándole de reojo.
- No te preocupes, yo me encargo.- Le aseguró Daryl en tono calmado y voz grave. Le dio un último apretón a sus hombros y apartó sus manos de él.
Se alejó caminando en sus tacones, deslizándose en ellos sobre el suelo entarimado con cierto golpe de cadera que había estado practicando (para que su jefe Mike cerrara su maldita boca cuando le decía que parecía un maldito cromañón en tacones).
Mantuvo su sonrisa de profesional mientras se abría paso entre los hombres para alcanzar el equipo de música y colocar la canción que tenía preparada para ocasiones como esa.
Respiró hondo y le dio al play, cerrando los ojos, disfrutando en soledad por unos instantes de los primeros acordes de la canción.
Cuando los abrió de nuevo portaba una mirada estoica pero la cual su jefe llamaba como sugerente, atractiva. Esos hombres aunque hubieran especificado que querían a un stripper masculino vestido de mujer para la despedida de soltero, lo que realmente les atraía aunque no lo reconocieran, era que un hombre fuera el que iba a desvestirse frente a ellos. Al margen de intentar ridiculizar a su amigo en el proceso.
Daryl se humedeció los labios y ladeó el rostro hacia uno de ellos, rubio y de tez morena, paseando la punta de sus dedos sobre su pecho marcando el ritmo de la música.
En un gesto fortuito e inesperado marcado por la melodía, Daryl enganchó la camisa a quien se encontraba a su izquierda. Para su sorpresa no era otro que el amigo moreno, Shane. Pero no se amilanó y cerró su puño en la camisa del hombre obligándole a retroceder varios pasos; sus cuerpos a escasa distancia mientras se movía con la música, para soltarlo después con energía.
Caminó de espaldas a Rick enviando guiños a diestro y siniestro obteniendo todo tipo de respuestas.
Mirando por encima de su hombro comprobó que se encontraba ya a escasa distancia de Rick, así que se detuvo en su sitio y comenzó a mover sus caderas, la falda agitándose con cada golpe seco y suave que iba alternando.
Se dio la vuelta y apoyó ambas manos sobre las rodillas de Rick, abriéndolas de un golpe para hacerse un hueco entre ellas. Le sonrió al hombre quien con cierto pudor se reclinó sobre el respaldo mientras veía casi sin parpadear, cómo él ascendía intentando rozar con su simple respiración su cuerpo.
Daryl ignoró los vítores y silbidos de los hombres a su espalda y se centró en la música, la calidez que desprendía el calor de su cliente, su mirada cristalina y esos malditos rizos que gritaban por sentir unos dedos enredarse en ellos.
Intentó mantener su mente en blanco, ser profesional, ceñirse a su trabajo, a ese simple baile.
Sus manos treparon de las rodillas de Rick hacia sus muslos. Le vio contener la respiración cuando alcanzó su cinturón, pero Daryl continuó ascendiendo por su pecho y deshizo varios botones de la camisa del hombre con facilidad.
- Así mucho mejor, Rick.- Le dijo con voz suave sin apartar sus ojos de los de él mordiéndose el labio inferior cuando por fin sus manos alcanzaron su cuello y de ahí sus rizos.
Daryl tragó grueso manteniendo a raya esa extraña sensación que recorrió la punta de sus dedos y que amenazaba con extenderse por el resto de su cuerpo si no los desenterraba del pelo de Rick.
Miró confuso por unos instantes a su cliente al creer haber escuchado un gruñido bajo al guardar de nuevo las distancias para seguir con el baile.
¿Eso quería decir que no le incomodaba el contacto?
Daryl sonrió ante esa nueva posible información y cogió las manos de Rick en las suyas, obligándole a colocarlas sobre sus caderas cubiertas por la falda. Le guiñó un ojo y meció su cuerpo al ritmo de la música mientras desabotonaba la camisa y deshacía el nudo de la corbata, dejándolas caer al suelo a sus pies.
Se mordió el labio de nuevo intentando así no mostrar la sonrisa que parecía querer apropiarse de su boca al sentir la punta de los dedos de Rick sobre su piel. De forma inconsciente sus manos habían ascendido en busca de su abdomen descubierto.
(Detalles como ése hacían que adorara su trabajo)
Daryl giró sobre sus pies encarando a los amigos de Rick que seguían cada uno de los movimientos de ambos hombres entre risas y bromas. Comenzó a soltar el nudo del corpiño para deshacerse de la prenda. Sus manos buscaron las de Rick y las arrastró hacia su espalda para que terminara él el trabajo.
El hombre obedeció diligente y Daryl sintió cómo poco a poco, la tela iba cediendo bajo sus dedos que, de vez en cuando, alcanzaban a rozarle la espalda desnuda.
Rick dejó el corpiño en el suelo y sin que el otro le dijera nada, sus manos volvieron a su falda.
- ¡Quítale la falda, colega!- Gritó eufórico uno de los hombros recordándole a Daryl que efectivamente, no estaban ellos dos solos en esa sala.
Daryl enarcó una ceja al mirar a Rick por encima de su hombro, expectante por saber si seguiría el consejo de su amigo o esperaría a que él lo hiciera.
Rick imitó su gesto con una sonrisa peculiar en sus labios y un brillo diferente en los ojos. Su mano derecha se acercó al cierre de la falda. Una pregunta muda en su mirada.
- Es tu fiesta.- Le dijo Daryl intentando mantener su papel unos minutos más.
El hombre amplió su sonrisa con cierto aire depredador y comenzó a abrir el cierre sin quitarle los ojos de encima. Observándose mutuamente en silencio.
Daryl pudo ver por el rabillo del ojo como Shane se llevaba su mano derecha a los labios para soltar un audible silbido en cuanto la falda cayó al suelo, desvelando su ropa interior femenina con una leve puntilla en el borde (tal y como habían pedido).
Podía percibir las miradas de todos en su trasero vuelto hacia ellos ahora, mientras con un golpe de tacón lanzaba la falda lejos de su alcance, y así poder evitar un vergonzoso tropiezo mientras continuaba con su baile.
Había quien podría pensar que con la escasa ropa que portaba encima, la vergüenza le haría encogerse sobre sí mismo en posición fetal. Pero realmente había algo liberador en ello, y más cuando veía cierto ¿deseo velado, curiosidad, atracción? En la mirada del hombre que estaba a escasas horas de casarse.
En ese instante, mejor que nunca, comprendió esa frase hecha sobre poder mirar a otros a pesar de estar en una relación.
Un leve cosquilleo anidó en su estómago, una sensación que hacía tiempo no experimentaba: poder sobre otra persona. Rick se la había servido en bandeja. No pensaba dejar marchar esa sensación con facilidad, iba a deleitarse cuanto pudiera de ella.
Se dejó llevar por la música, por las vibraciones que despedía, por los "inocentes roces" de las manos de ese hombre entre cuyas piernas se encontraba, por la caricia de su aliento contra su piel ahí donde la distancia era mínima. Por unos minutos olvidó que era un trabajo más y que se suponía no debía disfrutar con ello.
Por unos segundos olvidó que se suponía que debían tocarse lo justo y necesario, que no debía dejarse llevar, que debía controlar lo que hacía pero… Esos malditos ojos…
Pegó su mejilla a la de Rick respirando prácticamente en su cuello y dibujó un breve camino húmedo con la punta de su lengua por él, aprovechando que la postura evitaba que nadie más pudiera ver lo que estaba haciendo.
Vio a Rick apretar con fuerza los reposabrazos de la silla y le miró por el rabillo del ojo sin poder evitar sonreír con cierta malicia.
Volvió a hundir sus dedos entre sus rizos dándoles algún leve tirón pero sin llegar a hacerle daño, lo justo para obligarle a pegar su cara contra su pecho desnudo mientras no dejaba de moverse.
La canción dejó de sonar poco después cuando aún tenía un puñado del suave pelo de Rick en su mano, de tal manera que su rostro estaba vuelto hacia el suyo, mirándose.
Todos comenzaron a aplaudir, vitorearles pero Daryl no le soltó de inmediato, aguantando su mirada y permitiéndole por una fracción de segundo volver a retomar el poder de la situación cuando le vio humedecerse los labios.
Un paso, y otro más, y Daryl salió del encierro de las piernas de Rick y se volvió hacia su grupo de amigos exagerando una reverencia encendiendo más los ánimos.
- ¡Otro baile!- Pidió uno de ellos entre risas.
Daryl soltó una pequeña carcajada y recogió sus ropas del suelo.
- Lo siento, chicos. ¡Sólo habéis pagado por uno!- Les dijo guiñándoles un ojo echándose la camisa al hombro junto a la falda.
Se quitó los zapatos mientras veía cómo todos formaban un corrillo comentando la noche, y rellenaban sus vasos con las botellas que habían comprado en la barra del local antes de entrar en la sala.
Sus dedos estaban a punto de alcanzar la corbata que había olvidado recoger cuando la mano de Rick se la arrebató.
No pudo evitar que un ligero rubor cubriera sus mejillas cuando le vio acercarse a él y colar la prenda por su cabeza hasta acomodarse en su cuello. La mano de Rick se deslizó por la corbata, alisándola hasta alcanzar su borde rozando de forma imperceptible su pecho. Sus ojos azules no se apartaron de los de Daryl.
- Gracias por el baile.
Daryl asintió mordiéndose el interior de la mejilla, encogiéndose ligeramente de hombros. Rick apartó su mano y dio un paso atrás recuperando el espacio perdido.
Un brazo aterrizó sobre los hombros de Rick sobresaltándoles a ambos. Un sonriente y ligeramente borracho Shane les miró.
- Espero verte en mi despedida.- Le dijo a Daryl guiñándole un ojo.- Tendrás que encargarte tú de que venga, Rick.
- Eso está hecho.- Dijo curvando sus labios en una leve sonrisa. Daryl no pudo evitar sonreír a su vez.
Shane, recordó finalmente. Ése era su nombre. El amigo moreno de Rick.
Hacía tanto de aquello, pero una vez su mente comenzó a divagar en el pasado no había tardado en darle nombre y forma a sus rostros.
Cuando los conoció le había parecido que eran buenos amigos, casi como hermanos. Entonces, ¿dónde estaba él?
Shane apartó su mirada de él respondiendo sin palabras la pregunta clara en sus ojos.
Rick no estaba allí.
*sale de detrás del sofá por unos segundos*
Si lo habéis leído sin querer matarme, os lo agradezco, si queréis lanzarme a una cuneta, lo siento pero no os doy mi dirección.
Si alguien tiene curiosidad por ver el dibujo del que hablo, poned lo siguiente después del mítico "http" : sayaunsheathe punto tumblr punto com/post/96895714696/daryl-trying-a-strip-tease-probably-gonna-stumble
Gracias por vuestra infinita paciencia pues hace mil que no actualizo esto pero quería que éste capítulo fuera el siguiente y hasta que no salió, no quise empezar otro oficio Dixoniano. Y permitirme también darle las gracias en especial a C por ser mi conejillo de indias lectoril en esta ocasión *-*
¡Nos leemos!
